3.2 Raman characterisation of carbon materials
4.1.2 Beam parameters for contamination formation
En La Bruja, el estilo narrativo está compuesto por recuerdos encadenados a ciertas situaciones que vive la bruja durante su vida. Sin embargo, hay entradas del autor que él diferencia de las intervenciones de los personajes por medio de paréntesis, en algunas ocasiones, pero las más importantes están incluidas bajo el nombre de ‘Diario de campo’ y son anotaciones sobre el proceso investigativo,
DIARIO DE CAMPO:
Domingo 7 de noviembre.- No trabajamos durante la mañana. Amanda está impresionada con lo de ayer, Comulgó en misa de siete, Al medio día intentamos hablar pero volvió a palidecer y
pidió que apagara la grabadora. Dice que continúa con angustia y regresa a la iglesia. (Castro, 1996, p. 52).
De esta manera Castro Caycedo revela al lector detalles de las situaciones que vivió mientras La Bruja le contaba su historia y lo llevaba a conocer los lugares donde trascurrió gran parte de su vida.
Hay en esa misma página dos intervenciones más del autor que añaden acciones en el proceso que realizaba con la bruja y que afectan el curso del relato, le imponen un ritmo más lento y hacen que el lector entienda la gravedad de las cosas realizadas en ese momento y el impacto que tuvieron en la vida de Amanda. Las intervenciones llegan cuando Castro y La Bruja visitaban una casa a las orillas del río Cauca, donde Amanda se reunía con un médico nuevo en Fredonia a hacer brujería.
“Subimos al segundo piso pero no escucho traquear la escalera. Abren una habitación en una de las esquinas y prenden un par de lámparas. Hay una luz abundante: (…)” (Castro, 1006, p. 52). Un párrafo después, donde habla Amanda contando que en esa habitación hacían rituales para atraer fortuna, Castro Caycedo añade,
Antes de las nueve de la noche abandonamos La Casa. Amanda parece muda, Cuando llegamos a Marsella hace detener el auto frente a una iglesia, entra y al salir dice que se confesó con el padre Mario Mejía. Una vez regresamos a Fredonia cuenta que esta tarde sintió que volvía a estar cerca de Satanás. Tiene angustia.
Estas intervenciones muestran al lector las impresiones y los detalles de lo que Germán Castro vio y sintió durante sus entrevistas con Amanda; plasmar esas sensaciones es mediar en ellas,
pues él transmite lo que ya le ha sido transmitido a él por la bruja y lo que a la bruja le transmite el recuerdo.
Una relación dialéctica que puede verse como un espiral donde la relación testimoniante-testigo- lector comienza en un punto que es modificado por el recuerdo. La memoria reconstruida hace que el lector esté frente a una síntesis de la historia contada. El recuerdo de Amanda Londoño y su voz es la tesis del relato; el recuerdo plasmado, las transcripciones y las intervenciones de Germán Castro Caycedo son la antítesis de la historia, que de alguna manera gana terreno en la comprensión y modificación de la memoria porque es diferente el tiempo de lo narrado del tiempo en el que se narra y es esa diferencia la que crea un vacío o abismo que es llenado por el lector, la síntesis de la historia, responsable de darle significación, sentido y vitalidad a las letras escritas por el testimoniante que a su vez tuvo que actualizar el relato del testigo. Una dialéctica que se forma y que genera una estructura de espiral, va en círculo completándose y, al mismo tiempo, avanzando en la historia que se dirige al final del narco y al exorcismo de La Bruja. Para la construcción de esta dialéctica son necesarias las intervenciones y las muestras de que hay entre el testigo y el testimoniante una mano que agarra ciertas cosas y deja ir otras que, a su criterio, no son relevantes para el desarrollo de la narración. Podría decirse que los vacíos o abismos en la historia, las emociones vividas en el pasado tienen que ser llenados por un segundo recuerdo, el del testimoniante, a esto se le denomina registros textuales, los cuales están determinados por señales que le indican al lector que el periodista atraviesa el umbral y su participación deja de ser pasiva y se convierte en una parte fundamental de la dinámica de la narración. Los registros textuales son entonces lo que el escritor quiere que se le atribuya y además constituyen la evidencia de su mediación en el relato, la ayuda para que el lector una los puntos de situaciones emocionales en los que no estuvo presente. El relato se convierte entonces
en la unión de varios elementos sueltos que, convocados y organizados por un ‘maestro de ceremonias’, cuentan las partes de la historia de la cual tienen absoluto y profundo conocimiento. De esta manera el ‘maestro de ceremonias’ le entrega al lector un documento que contiene todos los puntos de la cadena a su servicio para que, al leer, no sienta la necesidad de ir a otros lugares para complementar la información o los detalles de las vidas de los personajes; detalles como los rituales de oración que Amanda adquirió después del exorcismo y que a lo largo de las conversaciones salen a flote,
DIARIO DE CAMPO:
Amanda suspende el relato y se va a rezar. En su habitación hay una decena de figuras de ángeles y un pequeño altar con una hostia consagrada dentro de un relicario. Lo abre, se hinca y clava el mentón contra el pecho. Está pálida. Son las nueve menos cinco minutos del 20 de noviembre. Cuando termina dice que siente angustia. (Castro, 1996, p. 222).
Este tipo de rituales de oración son introducidos por Castro para ilustran al lector gestos y situaciones que, según su criterio, son necesarias para el desarrollo del testimonio. Los Diarios de Campo se convierten entonces en la voz explícita del mediador a lo largo de la obra.