CHAPTER 4: CASE STUDY OF PAVEMENT OVERLAYS
4.3 Algorithm for Maintenance Optimization
4.3.2 Before and After Optimization Results Comparison
La revolución ateniense alarmó a las regiones vecinas, dominadas aún por la oligarquía terrateniente. Además, los beocios, desde la pérdida de Platea, tenían motivos de enemistad con Atenas. De modo que se formó una potente coalición contra los atenienses: Esparta a la cabeza de la confederación del Peloponeso, los beocios, Calcis y, algo más tarde, también Egina.
Clístenes se dirigió al sátrapa Artafernes, en Sardes, con lo cual los Alcmeónidas mantenían antiguos vínculos, proponiéndole alianza y solicitando su ayuda. Artafernes exigió «tierra y agua», lo que significa el sometimiento de Atenas a Persia. Los embajadores se arriesgaron a aceptarlo, mas en Atenas las exigencias de los persas fueron rechazadas y los embajadores condenados.
A comienzos del año 506, el Ática fue agredida simultáneamente desde tres puntos. Desde el Sur irrumpieron las milicias del Peloponeso, que ocuparon Eleusis; desde el Oeste los beocios y desde el Norte los calcidios. Atenas se enfrentó a la liga del Peloponeso, pero la batalla no se llevó a cabo. Los corintios, amigos de Atenas, abandonaron las milicias del Peloponeso. Tras ellos siguió el segundo rey espartano, Demarato, enemigo de Cléomenes, y finalmente se dispersó todo el ejército. Libres de la amenaza de la confederación del Peloponeso, los atenienses se dirigieron sin tardanza contra los beocios, que trataban de unirse con los calcidios y, habiéndolos derrotado, el mismo día atravesaron el estrecho de Euripo. Después de triunfar también sobre los calcidios, los atenienses se apoderaron de su ciudad, Calcis. En las tierras quitadas a los nobles terratenientes de Calcis instalaron cuatro mil clerucos atenienses.
Sin embargo, con esto no había terminado aún la guerra. Los tebanos continuaron la lucha; se les unieron los eginetas, fuertes competidores comerciales de Atenas. Los tebanos fueron derrotados por segunda vez, pero simultáneamente los eginetas destruyeron el puerto ateniense de Falero y una serie de poblaciones costeras. Los atenienses comenzaron a prepararse para la guerra contra Egina, pero surgió una nueva amenaza desde el Peloponeso. Cleómenes hizo venir de Sigeión a Hipías para restablecerlo en Atenas. Pero como los aliados de Esparta en el Peloponeso, los corintios en primer término, estaban contra una nueva intervención, Hipías tuvo que regresar a Sigeión.
Al fin de cuentas, Atenas no sólo había triunfado sobre la coalición enemiga, sino que había ensanchado y fortalecido sus cleruquías en Salamina, Lemnos e Imbros. Entre tanto, Hipías no perdía esperanza de poder retornar y se dirigió a Sardes en busca de cooperación. La embajada ateniense mandada a Artafernes, con el fin de neutralizar las intrigas de Hipías, obtuvo en respuesta la exigencia de que se admitiera a Hipías en Atenas. Esta exigencia y la negativa de Atenas fueron el comienzo de la enemistad de ésta con Persia.
El desarrollo económico-social del Ática, causa de la aparición de la desigualdad económica entre los miembros de la comunidad, del desarrollo de la propiedad privada sobre los medios de producción, del nacimiento de clases antagónicas, condujo finalmente a la desaparición de la propiedad comunal y a la creación del Estado esclavista ateniense, llamado a convertirse en el guardián de los intereses de la propiedad individual.
Sin embargo, el pleno desarrollo de la economía mercantil monetaria resultó imposible en la época de la democracia esclavista. Las obligaciones o impuestos naturales eran la base de la vida económica de los atenienses y la economía monetaria no abarcaba el proceso del trabajo en su totalidad. En eso consistía la contradicción del procedimiento esclavista de producción.
La ciencia histórica burguesa, sólo debido a la extrema modernización de los fenómenos históricos, encuentra en la Grecia antigua la producción capitalista desarrollada según el modelo actual, identificando arbitrariamente el trabajo de los esclavos con el de los proletarios de la época capitalista.
La escasez de fuentes de información niega la posibilidad de seguir detalladamente en todo su curso el desarrollo económico-social del Ática durante el período preestatal; proveen de materiales mucho más abundantes sobre la historia política de Atenas. Pero los cambios en las formas de administración social en el transcurso de varios siglos, las reformas políticas de Solón y de Clístenes culminadas con la afirmación en el poder de los esclavistas reflejan el proceso del desarrollo de la economía ateniense, el establecimiento de las clases antagónicas, la lucha de clases y el triunfo del método esclavista de producción hacia el siglo V a. C.
«Con las premisas históricas del mundo antiguo y especialmente las del griego, el paso a la sociedad basada en los contrastes clasistas pudo haberse realizado únicamente en forma de esclavitud», escribe F. Engels. El establecimiento de la esclavitud, que conservaba la vida de los prisioneros de guerra y daba la posibilidad de emplear su trabajo en la creación y acumulación
de los bienes materiales, era un progreso considerable en el desarrollo de la sociedad. Sólo más adelante, cuando la esclavitud desplazó el trabajo de la población libre y creó un concepto despectivo hacia el trabajo productor, las esclavitud se convirtió en un freno para el ulterior desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad.
Muchos aspectos de la historia de la aparición del Estado ateniense no están totalmente claros ni plenamente estudiados; todavía hay mucho en discusión, sin establecer, considerando de diferentes modos; sin embargo, la historiografía marxista, armada con el método de la concepción materialista del proceso histórico, encuentra reglas fundamentales en el desarrollo del Ática del período inicial y establece los principales jalones en el camino del surgimiento de la sociedad clasista precoz.
En las obras de los historiadores soviéticos (Serguéiv, Mishulin, Kovaliov, y otros), la temprana historia de Atenas dejó de ser la de personajes públicos destacados, Dracón, Solón, Pisístrato y Clístenes, y se explica partiendo de la correcta compresión de las reglas generales del establecimiento de la sociedad clasista que sustituyó las relaciones primitivas gentilicias. En el curso de este proceso inevitablemente se destacaban políticos que contribuían con su actividad a la realización de las reformas necesarias, frecuentemente revolucionarias.
CAPÍTULOVIII
EL DESARROLLO ECONÓMICO DE GRECIA
EN LOS SIGLOS VII Y VI A. C.
Los siglos VII y VI a. C. fueron, y no solamente en Grecia, sino en gran medida también en la
historia de toda la época antigua, un período de desarrollo excepcionalmente impetuoso e intenso de las fuerzas productivas. Precisamente en esta época se observan grandes adelantos en todas las ramas de producción. Glaucos, de Quíos, inventó el procedimiento de soldadura del hierro, y Recos y Teodoros, maestros de Samos, introdujeron en Grecia el arte de la fundición, ya conocido en aquel tiempo en el Oriente. El tratamiento caliente del metal, su fundición y templanza, eran conocidos también en la época anterior, pero entonces la fundición se realizaba vertiendo el metal líquido en pequeños moldes; las piezas de pequeñas dimensiones se fundían íntegras. Con semejante procedimiento era imposible fabricar objetos de gran tamaño; éstos se hacían remachándolos con martillo sobre un patrón de madera, es decir, con un procedimiento aún muy imperfecto.
La época anterior tampoco había conocido la explotación regular de minas. En la época homérica, en Grecia, no había minas de hierro o cobre y los pedazos de metal se adquirían, por trueque, a los comerciantes orientales. En la época a que nos referimos, las minas de hierro aparecieron en muchos lugares de Grecia. El cobre se extraía principalmente de Chipre, Eubea y la Argólida. Comenzó también una intensa extracción en otros yacimientos. El oro se extraía en cantidad considerable de las islas de Sifnos y Tasos, de Tracia y también de algunos lugares del Asia Menor; la plata se obtenía en el Ática de las minas de Laurión y también de Sifnos, Tracia, Macedonia, Epiro y Lidia. Antes se suponía que el estaño llegaba a Grecia importado desde España y el lejano norte de Europa. Actualmente se han encontrado yacimientos y antiguas minas de estaño en el mismo territorio griego, en las cercanías de Delfos, donde todavía seguía extrayéndose, aunque en cantidades insignificantes, durante la época bizantina. Por lo visto el estaño era obtenido también en Tracia. Para el tratamiento del mineral fueron inventados pequeños hornos. Samos, Cnosos, Corinto, Calcis, Laconia, Egina y Lesbos se erigieron en centros principales de la metalurgia griega.
Se observó también un considerable progreso en la producción de tejidos. El hilado y el tejido en la Grecia temprana habían sido predominantemente una producción doméstica, en la cual el trabajo fundamental era realizado por las esclavas bajo la supervisión del ama de casa. Sin embargo, ya en la Grecia homérica eran apreciados los tejidos finos, obra de artífices fenicias (de Sidón). La difusión del lujo en la vida de la aristocracia de Jonia, que imitaba las costumbres de Lidia, originó la demanda de ricos tejidos purpúreos y de otros colores, lo que a su vez contribuyó a la aparición de talleres textiles que trabajaban para el mercado.
La población del litoral griego del Asia Menor, igual que Frigia y Lidia, se ocupaba de la ganadería ovina. Tenían fama especial las ovejas de Mileto por la suavidad de su lana. En la época a que nos referimos se desarrolló mucho el arte de batanar. El teñido de los tejidos se hacía con diferentes procedimientos. En la isla de Creta se empleaba el zumo de una planta local. Los moluscos purpuríferos que abundan en las cercanías de las costas del Asia Menor eran empleados en gran escala para teñir tejidos. Los tejidos de color para la vestimenta y las alfombras de Mileto tenían salida en todo el litoral mediterráneo, hasta sus confines occidentales. La producción textil que se desarrolló en Samos competía exitosamente con Mileto en la fabricación de telas de color. El tirano de Samos, Polícrates, invitó con este fin a los artesanos de Mileto y del Ática e importó ovejas famosas por su lana. Entre otros centros de la producción textil, más tarde se destacó Megara. Pero allí se fabricaban telas y ropas groseras que eran vendidas a la parte menos acomodada de la población de las ciudades griegas.
La fabricación de tejido de lino no tuvo en esta época gran difusión en Grecia. Se prefería importarlos de Egipto. La isla de Amorgos, famosa por sus finos tejidos de lino, era un excepción.
Alcanzó un particular desarrollo en muchas ciudades, ante todo en Atenas y Corinto, la producción de cerámica. Servía para satisfacer la demanda más variada. Se empleaba tanto como recipiente para el transporte y conservación de vinos y aceite de oliva, como para toda clase de vajilla, vasijas de tocador, estatuillas de terracota, tejas, cráteras artísticamente pintadas, en las cuales a veces se representaban escenas que describían las condiciones de trabajo en los talleres de cerámica. Una curiosa escena aparece representada en una vasija de figuras negras. El dueño del taller está sentado, en una mano sostiene una copa y con la otra amenaza a un esclavo que escapa con tres copas. Otro esclavo examina una vasija recién cubierta con laca; a su lado hay un pote con laca y pincel. No presta ninguna atención a una escena que, por lo visto, le es familiar: un hombre, quizá también un esclavo, castiga con un látigo a otro esclavo, colgado del techo de una pierna y un brazo. Esta escena reproduce muy elocuentemente las condiciones de trabajo de los esclavos en un taller de cerámica.
Corresponde señalar que el desarrollo de la producción de cerámica seguía no tanto la vía de la aplicación de nuevos procedimientos técnicos o de creación de nuevas formas en las vajillas, cuanto la vía del crecimiento cuantitativo de la producción en muchos talleres y de la elevación de la calidad artística de los dibujos. También otros oficios artesanales se desarrollaron ampliamente.
Con el desarrollo de las ciudades como centros artesanales, comerciales y políticos, surgieron nuevas necesidades edilicias que las murallas ciclópeas ya no satisfacían. Aunque en la construcción de viviendas particulares las formas cambiaron relativamente poco y el material empleado —madera y adobe— era el mismo de antes, en la construcción de los templos y edificios públicos se crearon no solamente nuevos tipos arquitectónicos, sino también una nueva técnica.
Antiguamente, la madera era el material básico en la construcción de los templos y edificios públicos. En el siglo VII los templos ya se construían con adobe, aunque las columnas se hacían
de madera. En los primeros templos de piedra se utilizó la caliza. Sólo a finales del siglo VI
comenzó a emplearse el mármol, mas no en calidad de material básico, sino para la ornamentación.
La forma poligonal característica de la época micénica se conservó en la construcción de las murallas alrededor de las ciudades y de los muros de sustentación de las terrazas. Para los templos, la piedra se tallaba en forma de paralelepípedo rectangular. En el siglo VI la
construcción se hizo más racional, ya que las muescas entre las piedras no se colocaron una sobre otra, gracias a lo cual se consiguió mayor resistencia y estabilidad. Las paredes de los templos se revistieron con estuco y se pintaron. Las columnas se componían de varios cilindros y con frecuencia se hacían monolíticas. El proceso de la construcción se dividía en una serie de operaciones: se extraía la piedra de las canteras, se la sometía a un tratamiento previo, se la transportaba al lugar de la construcción y allí se tallaba definitivamente con el escoplo, la escofina de escultor, muchas clases de cinceles y una sierra sin dientes para piedras duras. Jercifronte, el constructor del templo de Artemisa en Efeso, inventó un dispositivo especial en forma de marco biciclo para el transporte de bloques y columnas.
Mucho menos notable fue el progreso técnico en la agricultura. Esta se consideraba entre los griegos como una ocupación honrosa en los siglos VII-VI a. C., producía ingresos seguros y las
personas vinculadas con la tierra, especialmente los grandes terratenientes, en muchos lugares conservaban una posición dirigente en la vida política. No obstante, la técnica de la agricultura quedó en un estado relativamente primitivo. En todos los lugares, los campos se subdividían en dos partes: una estaba sembrada y la otra quedaba en barbecho; esta parte se abonaba, se araba tres veces y en otoño se hacía la siembra, dejando la primera parte en barbecho; es decir, la rotación era bienal. El arado era de estructura muy sencilla, sin reja metálica. La tracción la efectuaban bueyes, o con menor frecuencia, mulas. Los terrones eran desmenuzados con azadas, se segaba con una hoz curva y trillaba en la era, utilizando a los vacunos como fuerza de
tracción. Se cultivaba mayormente cebada y escanda. En los terrenos más fértiles, especialmente en las colonias, se cultivaba trigo. En las grandes propiedades, el grano no se trituraba ya con molinos de mano, sino en grandes molinos cuyas muelas eran accionadas por burros, mulas o esclavos que trabajaban bajo el látigo de los guardianes.
Entre los cultivos especiales, el del olivo, muy poco desarrollado en la Grecia homérica, en los siglos VII-VI adquiere una creciente difusión, particularmente en el Ática, donde el aceite de
oliva era un importante artículo de exportación. El cultivo del olivo en Atenas era fomentado con medidas legislativas. Sin embargo, el nombre griego pentacosiomedimnos (medimno era una medida de cuerpos áridos) demuestra que también en el Ática la agricultura ocupaba un lugar mucho más importante que la olivicultura, ya que esa denominación correspondía a la primera clase, según el censo de su fortuna.
La ganadería estaba menos desarrollada que la agricultura. El consumo de carne por la mayoría de la población disminuyó en las ciudades griegas. La carne se comía principalmente en los banquetes que eran acompañados de sacrificios. De ahí proviene que el acto de matar animales domésticos se llame «sacrificarlos». La carne se sustituía por el pescado. El lago Copais, en Beocia, era famoso por sus anguilas. Además de carne y pescado, los griegos, especialmente los atenienses, consumían gran cantidad de hortalizas y verduras que se cultivaban en las afueras de las ciudades. Mas en la fuentes de información nada se dice acerca de una horticultura metódica.
Paralelamente con el desarrollo de la técnica en los medios de producción aumentó la división del trabajo. El trabajo rural (agropecuario) se separa del trabajo urbano (artesanía); se especializan los trabajos artesanales. Así en la metalurgia se diferencian las especialidades del herrero y del fundidor; en la cerámica, las de los alfareros y de los artistas pintores de las vasijas, etc. Al mismo tiempo, se observa la especialización de las ciudades en diferentes industrias. En Mileto, por ejemplo, se concentró la industria textil, en Corinto la de corazas y cerámica, en Calcis la de armamentos, etc. Los artesanos en estas ciudades trabajaban contando con amplia demanda para su producción.
La aparición en todas partes de monedas y sistemas generales de pesas y medidas demuestra el desarrollo de la producción mercantil y del comercio en los siglos VII-VI a. C. En esta época,
en la Grecia continental, se difundieron dos sistemas de pesas y medidas: el euboico y el egineta. El sistema euboico tomaba por unidad el peso de un pie cúbico de agua, correspondiente a 26,2 kilogramos; una vez y media el volumen de estos cubos constituía la unidad de medida de los líquidos, el metrete, igual a 39,3 litros; el volumen de los cubos era la medida de los áridos, el medimno, igual a 52,4 litros. La base del sistema de pesas era el talento. El talento era también la base del sistema monetario. El talento euboico pesaba 26 kilogramos, el egineta 37. Tanto uno como otro se dividían en sesenta minas, la mina en cien dracmas o cincuenta estáteras y el dracma en seis óbolos. En la reforma monetaria de Solón, que hizo adaptar a Atenas el sistema euboico, se nota la tendencia al aumento del peso del dracma ático, que a mediados del siglo VI a. C. alcanzó a 4,36 gramos. De otros sistemas monetarios merece
mención el de Corinto: la estátera corintia se dividía no en dos, como la euboica-ática, sino en tres dracmas (de 2,78 a 2,91 gramos). El sistema corintio estaba difundido en todas las regiones vinculadas económicamente con Corinto: Italia, Sicilia, la Calcídica. (Corcira, por rivalidad con Corinto, estableció su propio sistema monetario.) El sistema egineta conservó su posición en el Peloponeso, la Grecia central y muchas islas (Rodas entre ellas), hasta mediados del siglo V
a. C.
Con la aparición de la moneda como medida de valor, la circulación monetaria se hizo cada vez más amplia en la vida económica. Es muy ilustrativo, en este sentido, el hecho de que al mismo tiempo fue desapareciendo la costumbre de colocar en los sepulcros el oro y las alhajas. No obstante, grandes cantidades de oro y plata, en forma de donaciones, continuaron afluyendo a los tesoros de los templos, desapareciendo de este modo de la circulación.