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Los procesos de formulación y negociación se constituyen en espacios en los cuales se construye, a partir de los diferentes relatos culturales cargados de significaciones comprensiones y entendimientos sobre las problemáticas de las mujeres. Es decir que se constituye en el escenario en el que se interpretan y clasifican, en relación a las diferentes concepciones que encarnan los actores negociadores, el deber ser de la mujer.

Este deber ser está íntimamente relacionado con la percepción que la mayor parte de los actores tienen del papel de las mujeres en el espacio privado. Como vimos en el imaginario se ha posicionado históricamente a las mujeres en el ámbito doméstico y con roles específicos relacionados con el cuidado: madre, reproductora y esposa, aspectos que privilegian en su mayor expresión el espacio privado y por ende el espacio doméstico.

En lo referente al mercado laboral y las políticas encaminadas a garantizar este de manera equitativa, no hay mayor variación frente a la situación que se ha mencionado anteriormente. Las políticas públicas laborales dirigidas a las mujeres se han formulado e implementado a partir de la concepción de la mujer como trabajadora, pero también como madre, reproductora y esposa.

Así la inserción de la mujer al mercado de trabajo parece no ser suficiente para garantizar su independencia y autonomía en lo laboral, pues se mantiene una naturalización de la distribución genérica del trabajo en el hogar y en la sociedad.

Así las cosas, es preciso dejar constancia de lo que menciona León cuando afirma como, las políticas públicas para la mujer se dan de manera contradictoria, pues si bien se abre un espacio para tomar en cuenta la situación de las mujeres, el contenido de la misma limita y restringe el mismo desarrollo de la mujer como sujeta de derechos políticos y sociales.

Este aspecto se ve reflejado en el Plan de Igualdad de Oportunidades, pues si bien es preciso reconocer el importante aporte a las políticas de igualdad y equidad de género en Bogotá ya que en esta se hace evidente el enfoque de derechos y la

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premisa de considerar a las mujeres como ciudadanas, aún se evidencia una especie de tendencia en las estrategias y acciones planteadas que reproducen los imaginarios que posicionan a las mujeres en determinadas labores y en determinados procesos productivos.

Aspecto que se vio reflejado más concretamente en el reconocimiento económico de las labores domésticas, que las mujeres realizan típicamente, a través de la economía del cuidado. Una medida que resalta la importancia y el bienestar que traen a la sociedad las labores domésticas, pero que principalmente se queda en un reconocimiento desde y para las mujeres, impidiendo una transformación de la distribución sexual del trabajo en el hogar.

Igualmente dentro de las estrategias planteadas, se identificó como los proyectos de generación de ingresos se constituyen en una medida que pretende empoderar y dar autonomía económica a las mujeres pero que, al ser considerados como una alternativa al desempleo, se configuran más como una medida paliativa y superficial. Lo anterior se suma a que esto no genera los beneficios económicos esperados, pues al permanecer las mismas estructuras de la división del trabajo entonces las jornadas de trabajo llegan a doblarse o triplicarse.

Ahora bien, es preciso mencionar como estas propuestas planteadas fueron esbozadas desde lo que se reconoció como las principales problemáticas y necesidades de las mujeres bogotanas en materia laboral, una identificación que según lo descrito están más en relación con la división sexual del trabajo y por tanto con lo que ha implicado toda la construcción de las mujeres y su deber ser en la sociedad.

Además de ello, también se identifica como estas propuestas y acciones planteadas a partir de la identificación de las problemáticas y las necesidades de las mujeres en materia laboral, están enmarcadas en unos enfoques desde los cuales se implementan las políticas de igualdad y equidad de género. Y son estos enfoques que, por un lado caracterizan y definen las problemáticas de las mujeres desde cierta perspectiva, y por otro, determinan cuál debe ser el aporte y el rol que las mujeres deben desempeñar en un contexto de desarrollo económico.

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Entonces el reconocimiento de la economía del cuidado y la generación de proyectos productivos se enmarcan en un entorno de desarrollo económico en el que se busca resaltar la productividad de las mujeres, ya sea desde el espacio privado, es decir como madres y cuidadoras; o desde el espacio público, es decir estas como mujeres empoderadas, autónomas e independientes que generan sus propios ingresos y aportan a la economía del país, en este caso a la economía del Distrito.

Es, bajo esta perspectiva, que las problemáticas de las mujeres fueron identificadas y abordadas en el Plan de Igualdad de Oportunidades y que como tal, generaron un tratamiento específico a las condiciones materiales y las necesidades prácticas de las mujeres, pero descuidando o no dándole mayor relevancia a medidas que permitan reconfigurar aquellos imaginarios que han generado problemáticas estructurales que mantienen y reproducen una posición de la mujer en desventaja. Y qué mejor que concluir estas reflexiones con lo que menciona León, cuando afirma que “hoy día se tiene certeza que un mejoramiento en los roles productivos y en la productividad no es suficiente para superar las condiciones y la posición de la mujer en la sociedad” (1993, p.51).

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