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México es un país pluriétnico, ya que en él se encuentran presentes múltiples grupos culturalmente diferenciados, distribuidos en diferentes partes del país, que a lo largo de la historia han superado diferentes tipos de adversidades, desde despojos, discriminación y pobreza, entre otras. De acuerdo con García et al. (2006), la población indígena es un sector que tiene profundos rezagos y desventajas sociales; además de ser uno de los grupos poblacionales con mayor pobreza y rezago socioeconómico. Entre la población indígena, gran parte de las muertes de adultos y niños se deben a enfermedades que se pueden prevenir a bajo costo y que se asocian con altos índices de desnutrición.

La situación de las comunidades indígenas es precaria, desde la salud, educación, vivienda, alimentación; de ahí emanan otros problemas, como la carencia de infraestructura educativa en sus comunidades de origen, que ocasiona que la población de las comunidades indígenas no acceda a un grado mayor de preparación. Asimismo, la insuficiente o mala calidad de

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servicios médicos afecta la situación de salud y con ello se presenta una alta tasa de mortalidad asociada a enfermedades que no son de gravedad en otros espacios sociales. De acuerdo a INEGI (2004) en el XII Censo General de Población y Vivienda 2000, la mortalidad entre la población indígena es muy alta. A escala nacional, el dato indica que fallecieron 16 hijos de cada 100 mujeres hablantes de lengua indígena, mientras que en el ámbito estatal, los mayores porcentajes se registraron en Chihuahua, Guerrero, Puebla, Nayarit, Tlaxcala, México y Querétaro.

Las carencias que se viven en las comunidades indígenas afectan de manera diferencial a hombres y mujeres. De igual manera, los servicios que se ofrecen privilegian a unos sobre otros, por ejemplo, en lo que concierne a los servicios de salud, García et al. (2006) mencionan, que la atención no ha sido equitativa, y que las mujeres campesinas e indígenas han sido las menos favorecidas. En México las poblaciones rurales e indígenas concentran la menor proporción de recursos para el cuidado de la salud y tienen, por tanto, un acceso más reducido a los mismos.

Si se toma en consideración que el género, la etnia, y el parentesco influyen de manera importante en las relaciones sociales, es posible percatarse de que ser mujer indígena no es fácil, puesto que ellas tienen que soportar discriminación dentro y fuera de su lugar de origen. Calfio y Velasco (2005) señalan que las mujeres indígenas tienen dos vías de presión hacia una condición precaria, el hecho de ser mujer y el de pertenecer a una población diferente a la dominante. La etnicidad cobra mayor relevancia cuando un estado somete por la fuerza a un pueblo, lo discrimina lo excluye.

Las comunidades indígenas, como se mencionó en un principio, constituyen el sector de la sociedad con más carencias en todos los aspectos, desde el ámbito laboral, de educación, ingreso, salud y acceso a servicios públicos. Esta situación afecta a todos los integrantes de las comunidades, pero en particular a las mujeres, niños y ancianos. La realidad, como mencionan Calfio y Velasco (2005) muestra la mala situación de las mujeres indígenas, las cuales son discriminadas por los hombres indígenas de su sociedad (sea padre, hermanos o pareja), y también por otros actores sociales como profesores, transportistas, comerciantes,

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personal médico y agentes (hombres y mujeres), promotores/as de desarrollo, o por personas de otros grupos étnicos o mestizos con las que establecen algún contacto o relación.

Ponce y Flores (2010) ofrecen datos sobre el nivel de educación, seguridad y vivienda en las comunidades indígenas, estos autores señalan que el 72.5% de la población indígena no aparece cubierta por los sistemas de seguridad social oficiales, el 25.5% es analfabeta, no sabe ni leer ni escribir, el porcentaje de la población que habita en viviendas sin agua entubada es del 29.5%; con piso de tierra 38% y sin drenaje 44.4%. La población indígena en México, apenas alcanza 4.5 años de escolaridad promedio. Entre los indígenas, los hombres tienen 1.2 años más de escolaridad que las mujeres.

Los problemas sociales que enfrentan las mujeres van desde inseguridad, analfabetismo, discriminación, a los cuales se suman otros, como el alto número de hijos que llegan tener durante la edad reproductiva, y el factor cultural y de género de cada comunidad que influye de manera importante en la vida de las mujeres indígenas, permitiendo el matrimonio a edad temprana y la procreación de varios hijos. Calfio y Velasco (2005) comentan que del matrimonio precoz, derivan aspectos como: abandono temprano de la escuela, alto número de hijos, mayor exposición a la violencia de pareja, pocas posibilidades de trabajo asalariado. Ponce y Flores (2010) hacen una comparación de la edad a la que llegan a embarazarse por primera vez las mujeres indígenas y no indígenas, indica que: el 44.6% de las mujeres indígenas tienen su primer embarazo antes de los 17 años, mientras que solamente 29.7% de las no indígenas están en esta situación. El embarazo a temprana edad de las mujeres rurales les impide seguir preparándose, esto condiciona su incorporación a trabajos públicos, limitando su independencia, autonomía y libertad. En muchas comunidades indígenas las mujeres desde muy temprana edad deben cumplir una serie de tareas domésticas predeterminadas: cuidar a los hermanos menores, ayudar en la cocina, la limpieza del hogar, entre otros; adicionalmente sus espacios se restringen sólo al ámbito hogareño y, desde esa perspectiva, se deben fomentar otro tipo de cualidades (Calfio y Velasco, 2005).

Algunos problemas y carencias que predominan en las comunidades indígenas de México, se pueden solucionar con la intervención del Estado a partir de la dotación de infraestructura y servicios para el bienestar de la comunidad. Sierra (2008) indica que grupos organizados de

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mujeres indígenas han cuestionado y señalado la responsabilidad del Estado en la violación de sus derechos al no garantizar las condiciones económicas, sociales y políticas que les permiten tener una vida digna.

Dado el maltrato que reciben las mujeres indígenas y la discriminación y exclusión que sufren por parte de las mismas personas que las rodean ya sea en el ámbito comunitario o en su propia familia, es importante empezar a cambiar la cultura y la construcción genérica dominante y promover un trato más equitativo entre hombres y mujeres. La erradicación de la discriminación y exclusión hacia las mujeres es tarea de todos, incluyendo gobiernos, académicos, sociedad civil, entre otros.

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