En este apartado se discute sobre el patrón de residencia o sistema familiar mesoamericano, se analiza el proceso de desarrollo del grupo doméstico, la forma cómo se van heredando los bienes entre los integrantes de la familia, así como la vigencia y las modificaciones que se han ido dando en el trascurso del tiempo sobre el sistema familiar mesoamericano.
El sistema familiar alude a la forma cómo se van desplegando los grupos domésticos en el proceso de desarrollo, para Harrell (1997) citado por Robichaux (2007), está conformado por procesos particulares, secuencias específicas de determinados ciclos de desarrollo de los grupos domésticos, como el lugar de residencia post-marital y los derechos de los distintos
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miembros de la prole en relación al grupo, a través de la herencia o transmisión de derechos de pertenencia, según su orden de nacimiento o sexo.
Esta forma de organización de los grupos domésticos prescribe cómo se trasmiten los recursos por herencia. Robichaux (2002) señala que dicho sistema corresponde a un tipo específico el cual ha sido ampliamente descrito para México y los países centroamericanos, dentro del territorio tradicionalmente considerado como Mesoamérica. Lo que caracteriza el patrón de residencia mesoamericano, es su forma de organización, la cual define desde cómo se establecen las relaciones entre hombres y mujeres y quiénes poseen derechos para adquirir bienes como: tierra, casa, y quién puede seguir viviendo bajo el mismo techo de los padres. El patrón de residencia típico de los grupos domésticos mesoamericanos consta de varias etapas, según Robichaux (2005): a) la virilocalidad, los varones llevan a la casa paterna a sus respectivas esposas que llegan en calidad de nueras, estos arreglos no son permanentes, ya que el destino de las parejas es construir su vivienda propia en terrenos generalmente cedidos por el padre; b) las mujeres van saliendo de la casa de sus padres para iniciar su vida marital en casa de sus suegros; y c) el último hijo varón y su esposa se encargan de cuidar a los padres y los reciben en la casa.
Este sistema familiar o patrón de residencia implica que las mujeres salgan de su casa y se integren en el grupo doméstico de los suegros, mientras los hombres se quedan en la casa de los padres temporalmente, así sucesivamente los grupos domésticos nucleares mutan a extensos y el último hijo es el que se queda a vivir con los padres. Otra de las características del patrón de residencia mesoamericano de acuerdo a Robichaux (2002), es la denominada herencia masculina preferencial igualitaria, en donde se busca heredar partes equitativas a todos los varones. Esto se traduce en una marcada preferencia por los hijos varones y en exclusión hacia las mujeres en el reparto de bienes. Estas prácticas son manifestaciones de sistemas de valores que se asocian con determinadas tradiciones culturales.
Bajo el sistema familiar mesoamericano, cada integrante del grupo doméstico recibe un trato diferente. Por lo regular las mujeres viven bajo dominación de los hombres, sin tener acceso al patrimonio de la familia. Por otro lado, las mujeres jóvenes, al ir a vivir a la casa de los padres del novio, tendrán que adaptarse a las reglas de convivencia de su nueva residencia. De
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esta manera, la residencia patrilocal tiene implicaciones en la condición y posición de las mujeres al colocarlas en una situación de vulnerabilidad (Ruíz, 2006).
Las mujeres tienen la tarea de acatar las decisiones masculinas, y se les asignan las labores domésticas, donde se hace evidente su posición subordinada en la estructura familiar, ya que la propiedad de los recursos naturales y productivos les corresponde a los hombres. Bajo el patrón de residencia patrilocal, los padres toman las decisiones sobre el trabajo de sus hijos, los ingresos y los bienes que habrán de heredar. La nuera es apreciada si sabe trabajar y obedecer, la suegra le dicta sus responsabilidades domésticas y de ella depende su libertad de movimiento.
Robichaux (2007) afirma que los miembros de estas dos familias nucleares pueden comer juntos y compartir gastos, constituyendo un solo hogar. Pero pronto surgen presiones de fisión, algunas de los cuales se desprenden de la relación entre suegra y nuera, las cuales pueden manejar gastos independientes bajo el mismo techo. Conforme aumenta la presión de convivencia se van desgajando las nuevas familias nucleares, estableciéndose los varones con sus esposas en viviendas independientes contiguas, en el mismo solar o alrededor del mismo patio.
El desarrollo del sistema familiar mesoamericano se reproduce en comunidades de origen milenario que hasta el día de hoy cuentan con formas propias de organización y una base territorial que hacen posible un proceso de reproducción cultural diferente del que se registra en los sectores de las clases medias urbanas Robichaux (2002). A pesar de los cambios tecnológicos que influyen de manera importante en las tradiciones y culturas, dicho sistema sigue vigente en las comunidades o pueblos que están dentro de la zona conocida como Mesoamérica. Un estudio realizado en Motozintla, Chiapas, por Ruíz (2006) encontró que el patrón de residencia patrivirilocal tiene plena vigencia, ya que todas las mujeres al casarse o unirse se incorporaron a la familia de su esposo, y en algunas ocasiones los grupos domésticos extensos estaban conformados por dos, tres y hasta cuatro generaciones y tenían de una a tres nuevas parejas.
El mismo Ruíz (2006) menciona que la pareja recién formada accederá a los recursos para su subsistencia a través del jefe de la familia, y que en general los grupos domésticos de acogida
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experimentarán cambios en su composición y dinámica para dar lugar a grupos domésticos extensos. El periodo durante el cual la pareja convive con los padres del novio oscila de los tres a los doce años, por lo que el establecimiento del hogar propio es un evento que las mujeres esperan con especial interés.
En resumen, se puede afirmar que el sistema familiar mesoamericano, implica el paso de los grupos domésticos de nucleares a extensos, así también distintos derechos y obligaciones a los miembros de la familia según su orden de nacimiento o sexo; por lo regular son los varones quienes heredan el patrimonio familiar y es el último hijo varón el que se queda a vivir con los padres para cuidarlos y protegerlos. Dicho sistema es por lo regular fuente de conflictos, ya sea por la disputa de bienes, por desobediencia al jefe de la familia, entre otras causas. El patrón de residencia mesoamericano es patrilineal, ya que privilegia a los varones en la distribución de bienes; asimismo, cuando las mujeres se casan se ven obligadas a integrarse a un nuevo grupo doméstico y a someterse a la autoridad del jefe o jefa de la familia que las recibe. Todo lo anterior se traduce en la exclusión y subordinación de las mujeres dentro de este sistema.