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El manuscrito de Almonacid comprende, como se ha visto antes, más sermones que los habituales en los códices de sermones de Ibn Nubāta. Se trata de sermones anónimos añadidos, fragmentos, que se manifiestan a través del estilo. No alcanzan la
calidad de Ibn Nubāta y a menudo no son ni siquiera prosa rimada. En alguno de ellos
se da una indicación para el culto, se explica cómo sacrificar la víctima para la fiesta. Un problema adicional lo constituye el hecho de que algunos de estos sermones son en parte de Ibn Nubāta y en parte anónimos.
Estos sermones están dedicados a las dos fiestas del año musulmán: ‘Id al-Fiṭr, Ruptura del ayuno y ‘Id al-Aḏḥ, Fiesta de los sacrificios. A estas dos fiestas los moriscos las llamaban las Pascuas (del Ramadán, del Sacrificio).
Como todos los predicadores musulamnes, Ibn Nubāta empezaba estos
sermones con la glorificación de Dios, usando la misma estructura que en los sermones anteriores. En algunas ocasiones las alabanzas son más largas de lo habitual. “Su grandeza está más allá de los elogios de los que lo glorifican”1.
También en estos sermones Ibn Nubāta no dejaba de afirmar que esta vida es
engañosa, pues no debemos confiar en su tranquilidad, porque no perdura, quita todo lo que te da, es una vida llena de desgracias. Pero el hombre siempre acude a ella olvidando que la muerte está esperando.
El autor nos amonesta para no caer en los pecados siguientes: el politeísmo, la desobediencia a nuestros padres, maltratar a nuestras esposas y a nuestros hijos, beber vino, cometer adulterio, mentir, no guardar la hacienda del huérfano, practicar la usura, jurar en falso, etc.
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En estos sermones de las dos fiestas, Ibn Nubāta nos recuerda que debemos cumplir los preceptos divinos, que son: creer en Dios, en sus ángeles, en sus libros, en sus mensajeros, en el Último Día, en todo lo que nos relató nuestro Profeta que la paz sea sobre él.
Ibn Nubāta califica la oración como la mejor obra que podemos hacer “y será lo primero que nos preguntará el día de la Exposición”1. El azaque purifica nuestras almas y nuestras haciendas. Ayunar en Ramadán y la peregrinación a la Casa Sagrada de Dios son otros preceptos.
En cuanto al Ŷihād, Ibn Nubāta lo ve como “el pilar de la religión” y añade que la
guerra santa hizo de sus combatientes “unos comerciantes prósperos”,2 porque
hicieron un buen negocio con Dios.
Ibn Nubāta nos invita a tratar bien a nuestra familia, a los demás, y en especial a ayudar a los pobres y a los necesitados. Nos llama la atención en la importancia de obedecer a los padres, pues “La obediencia a los padres es un precepto de la religión porque Dios unió el agradecimiento a los padres con el agradecimiento a Él.”3.
‘Id al-Fiṭr es un día para comer y beber, así que está prohibido ayunar en este día tan especial. En este día es obligatorio dar la limosna a los pobres antes de acudir a las mezquitas
“Dad esta limosna antes de ir a rezar”4. Después de la oración debemos saludarnos y perdonarnos unos a otros y visitar a los parientes para mantener siempre los lazos. En este día hay que exigir el perdón de Dios para que nos libre del fuego de la Gehena “¡Oh Dios! Hoy salimos esperando tu recompensa, creyendo en Ti, dando fe de tu Libro, siguiendo la tradición de tu Profeta. Tú nos has ordenado rogarte y pedir
1 Traducción: sermón nº 55, p. 94. 2 Traducción: sermón nº 55, p. 99. 3 Ídem. 4 Traducción: sermón nº 56, p. 100
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tu misericordia. Nosotros te estamos pidiendo tal como nos has ordenado. Atiéndenos
tal como nos has prometido. No nos castigues”1
La pascua de ‘Id al-Aḏḥ es la segunda fiesta religiosa. Todos los musulmanes la
celebran en décimo día del mes de Ḏu l-ḥiŶŶa junto a sus hermanos que están en la
Meca cumpliendo uno de los pilares del Islam. Dios ha hecho del día de la Pascua ocasión para la reunión de los musulmanes.
Continuamente, Ibn Nubāta nos recuerda el temor a Dios, la muerte y su agonía,
la sepultura y sus tentaciones. La fiesta de los sacrificios es un día de perdón y gran recompensa. En ella sacrificamos en el nombre de Dios, siguiendo al Profeta Abraham, quien “En este día Dios reunió la luz, la prueba, el perdón, los sacrificios. Quiso probar a su siervo y amigo Ibrāhīm, puso a prueba su paciencia en lo del sacrificio de su hijo el sublime Ismā’īl. Dios se lo dijo a Ibrāhīm en sueños, y la confirmación de ello está en su Libro.”2.
[Una mano anónima añadió: Los musulmanes deben sacrificar después de sus imāmes, de este modo, todos los sacrificios hechos antes no serán válidos. Hay que escoger los mejores animales, de los que no tengan defectos, dirigiéndóles hacia la Meca. Al mismo tiempo debemos mencionar el nombre de Dios. El autor dice “Haced morir el animal de una manera fácil, y sacrificadlo sin hacerlo sufrir”3.]
En estos sermones Ibn Nubāta pide la bendición divina sobre nuestro Profeta, sus amigos, sus seguidores, los califas rectos, todos los gobernantes - en especial cita al califa ‘Abd Dios, es decir Sayf al-Dawla. “Que Dios bendiga a Mahoma y a su familia,
y se apiade de Mahoma y de su familia, tal como se apiadó y bendijo a Ibrahīm y a su
familia”4. V.D. Rogativas de lluvia. 1 Traducción: sermón nº 56, p. 109. 2 Traducción: sermón nº 58, p. 112. 3 Traducción: sermón nº 58, p. 144. 4 Traducción: sermón nº 59, p. 135.
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Una parte considerable del manuscrito, en el centro, está ocupada por oraciones de rogativas de lluvia. Están copiadas por el mismo amanuense que copió la primera parte. Son oraciones conocidas, y que aparecen en aljamiado en el manuscrito J-XXX, que fue estudiado y transcrito por Pedro Longás, La vida religiosa de los moriscos, pp.153-157, pp.165-181
Nada hace suponer que estas oraciones sean de Ibn Nubāta, pero su inclusión
nos hace pensar en las frecuentes sequías que sufría Aragón. Muchos de los códices encontrados en Almonacid contienen rogativas por la lluvia.