México y su cultura, han sido tema de infinidad de estudios antropológicos, y sus instituciones no son la excepción. Para una mejor comprensión de la institución del servicio social en México, la presente investigación revisa sus orígenes, su carácter histórico, partiendo de la aseveración de que para comprender el presente es necesario conocer el pasado, para entonces tener una perspectiva adecuada en torno a la problemática actual.
Es necesario analizar brevemente el contexto histórico del servicio social en México para poder entender la situación actual del mismo. Consultando el libro “El servicio social: una institución para el desarrollo municipal”, publicado por la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), Maldonado, Hoyo y Martínez (1999) mencionan que desde la época prehispánica, hubo grupos como los aztecas, quienes mediante el calpulli institucionalizaron la ayuda a la comunidad como un valor importante en la sociedad. Esto se vio reflejado también durante la colonia, bajo la iniciativa de Vasco de Quiroga, quien vinculó la escuela con el hospital para prestar ayuda en beneficio de los indios. Después del doloroso proceso de independencia, ya durante la época del Porfiriato, México y su educación sufrieron una importante reforma con la intervención del maestro Justo Sierra, quien creó el Consejo Nacional de Educación en 1910, enfatizando la necesidad de que el
profesionista fuera partícipe y colaborador de las necesidades y problemática que aquejaban al país.
Pero es posterior al proceso revolucionario de 1910, durante la dirigencia de José Vasconcelos, quien al frente de la educación pública de México, establece como requisito obligatorio para obtener un título profesional, la prestación del servicio social en beneficio de los más necesitados. Vasconselos señalaba que “La técnica y el arte tienen como mira final servir al hombre del pueblo. La Universidad dejará de producir profesionistas decimonónicos:
individualistas, egocentristas y simuladores. En cambio, se forjará al profesional capaz y solidario” (Mungaray y Ocegueda, 1999).
A su vez, don Alfonso Caso señalaba que el profesionista debe retribuir algo, de lo mucho que el Estado aportó en su preparación. De modo que durante el mandato presidencial del General Lázaro Cárdenas, a finales de la década de los 30’s, se iniciaron las primeras brigadas multidisciplinarias para apoyar a pequeñas comunidades aisladas. Estas brigadas estaban compuestas por pasantes de medicina, odontología, biología, veterinaria, química,
arquitectura, ingeniería y derecho. Muchas de estas brigadas participaron también apoyando los programas impulsados por el presidente Lázaro Cárdenas, tal es el caso de la nacionalización de la industria petrolera y las reformas sociales y económicas que dieron origen a los ejidos, (Mungaray y Ocegueda, 1999).
En sus inicios, el servicio social tenía por objetivo apoyar a las comunidades carentes de servicios médicos, por lo que solamente los profesionales de esta área estuvieron obligados a prestar sus servicios
comunitarios. Posteriormente se incluyó a las escuelas de enfermería y
odontología para dicho propósito. Abarcando la totalidad de las profesiones, el servicio social quedó establecido legalmente en México en mayo de 1945 en los artículos 4° y 5°, concernientes al ejercicio profesional y el reglamento que se expide para esta ley posteriormente (Maldonado et al. 1999). Este reglamento establecía como requisito para la titulación de los pasantes de profesionista del Distrito Federal, la prestación de servicio social. Después, ya en 1952, durante la presidencia de Ávila Camacho, se generalizó esta ley para todos los
estudiantes del país de nivel superior, y se estableció la prestación del servicio para un periodo de 6 meses a 2 años. En primera instancia, fueron las
instituciones educativas las encargadas de controlar las actividades
relacionadas con la prestación de servicio social de sus alumnos (Maldonado et al.). Ya para 1978 se creó la Comisión de Coordinación de Servicio Social para los Estudiantes de Instituciones de Educación Superior (COSSIES), conformada por las secretarías de Educación Pública, las de Programación y Presupuesto, y las instituciones de educación superior. Este organismo intentó subsanar la falta de coordinación del programa de servicio social.
En 1985 desapareció la COSSIES y se creó la Dirección de Apoyo al Servicio Social de Estudiantes y Análisis del Empleo (DASSEAE). Luego en 1989, la DASSEAE se convierte en la Dirección de Apoyo al Servicio Social, un organismo que se creó con la finalidad de encaminar la acción social hacia comunidades rurales, indígenas y urbano-marginadas (Maldonado et al. 1999).
Actualmente es la SEDESOL el principal organismo gubernamental encargado de encausar el trabajo de servicio social en la República Mexicana, con
programas como: Jóvenes por México.
México, a través de su historia, se ha visto envuelto en diversos movimientos sociales de carácter interno, uno de ellos, fue el movimiento estudiantil del 68’, que de alguna manera redefinió las relaciones entre las universidades y los movimientos sociales: universidad-revolución y universidad- Estado (Rodriguez y Casanova, coord. 1994 p.95), La intervención universitaria dio en aquel entonces, fuerza a este movimiento social del cual se obtuvieron beneficios para las universidades, además de beneficios sociales, haciendo posible el acceso a la educación superior para las clases sociales menos favorecidas. La universidad fungió entonces como “conciencia de la sociedad, de formadora de individuos responsables defensores de la democracia”
(Rodriguez y Casanova). Sin embargo, la situación a 30 años de distancia es muy distinta, ahora la universidad pareciera estar sujeta a las decisiones del Estado en un sentido unilateral, haciéndose evidente la necesidad de un cambio universitario, una adecuación a las necesidades actuales de las sociedad y del propio desarrollo universitario. La universidad debe convertirse en “un ente activo y lograr ingerencia real en la toma de decisiones y en la inserción de sus conocimientos y logros científicos en la sociedad” (Rodriguez y Casanova, p.96).
Dentro del contexto nacional descrito anteriormente, la universidad encuentra en la prestación del servicio social, un vínculo directo con su comunidad. Entonces se debe partir de la comprensión de lo que puede entenderse por servicio social, por lo que se definirá como: “prestaciones técnicas relacionadas con necesidades humanas especialmente cualificadas” (Casado 1987 p. 150). Este servicio social tiene como finalidad proporcionar “atención a grupos de población que, por sus circunstancias o condiciones, están en situación de necesidad o marginación” (López, 1992 p.105). Otros autores como Gómez Serra, mencionan también que los servicios sociales deben dirigirse al conjunto de la población, y “no solamente deben facilitar acciones de carácter asistencial, sino también de prevención, promoción y desarrollo a nivel individual, familiar, grupal y comunitario” (Gómez, 2004 p.31).
2.2.3. El servicio social en México, su contexto actual y generalidades.