La RECC es una de las áreas de mayor riqueza en diversidad florística y avifaunística del Ecuador, es parte de la formación biogeográfica del Choco, una de las zonas más importantes para la conservación del mundo. Encierra en más del 90% de su superficie, áreas actualmente inalteradas caracterizadas por bosques tropicales húmedos, muy húmedos y hasta pluviales. Lo agreste de su topografía y la inaccesibilidad hacia sus territorios, tanto a nivel de las zonas bajas sobre los 38 msnm y en las partes altas sobre los 4.000 msnm, han sido las mejores defensas naturales que han evitado hasta ahora que sufran incursiones, invasiones y destrucción de los recursos naturales de manera indiscriminada.
Sin embargo, las diferentes presiones por el avance del desarrollo y la colonización de nuevas tierras, así como por la extracción y uso de los recursos naturales, tanto en las zonas bajas así como en las altas, son cada vez mayores y los esfuerzos limitados por parte de la entidad responsable de la administración y manejo de esta área protegida, puede dar paso a agresiones y alteraciones graves a los ecosistemas protegidos.
La apertura en los últimos 10 años de carreteras como Ibarra-San Lorenzo, Borbón-Maldonado-Mataje, la Intero- ceánica y la reciente posibilidad de unir Selva Alegre con Quinindé, sumado a los diferentes caminos de segundo y tercer orden que, también han impulsado la colonización espontánea y en consecuencia la explotación de los recursos naturales que guardan muchas Áreas Protegidas en la región, caso de las misma RECC (invasiones, deforestación, avance de la frontera agrícola, en sectores del río Bravo, Corriente Grande, Cordillera de Lachas, Cordillera de Toisán, San Vicente Alto), la Reserva Awá, la Gran Reserva Chachi y gran parte del área biogeográfica del Chocó ecuatoriano, las cuales están a expensas al avance de la colonización y de la explotación irracional de sus recursos naturales.
En las zonas altas de la RECC, los ecosistemas de páramo, no están libres de usos inadecuados de sus recursos. El deterioro progresivo de las fuentes de agua es evidente, principalmente por los usos causados por el desa- rrollo ganadero en las grandes haciendas existentes dentro de los límites y el progresivo crecimiento de grupos humanos derivados de los huasipungos y/o relaciones de trabajo jornalero alrededor de la compañía agrícola de Piñán con sus propiedades privadas de Parcacocha, Gualaví, Pantaví, La Ciénega, Piñán y la Hacienda Chinchiví, así como de pobladores de diferentes comunidades como San Francisco de Sachapamba, Yanacocha, Imantag, Irubín, Pitsiga, Cazarpamba y Ayavi. Esto torna un panorama de alerta hacia los administradores del área protegida e invita a iniciar de manera urgente, procesos de gestión y administración que den respuestas adecuadas y opor- tunas acorde con las circunstancias que está viviendo el área protegida.
En forma general, lo que sucede alrededor y dentro de la RECC, es parte de la situación del país y demuestra que la pobreza se han incrementado y esta pobreza vinculada a las corrientes capitalistas extractivas que ofrecen fuentes de trabajo, como es el caso de las actividades madereras, mineras, hidroeléctricas, implantación de monocultivo, ganadería y otros, se han convertido en las grandes fuentes de presiones degradantes del entorno natural.
En este contexto, las Áreas Protegidas, como el caso de la RECC, se constituyen en el principal medio de conser- vación in situ de la diversidad biológica. A la vez es un patrimonio único e insustituible de todos los ecuatorianos. Muy de acuerdo con que las políticas de Áreas Protegidas fortalezcan las tendencias y apunten a la capacidad de que éstas áreas puedan y deban satisfacer las necesidades de las poblaciones humanas; sin embargo, su uso debe orientarse dentro de un marco de sustentabilidad que garantice el usufructo de los recursos naturales renovables sin deterioro del capital natural.
Lastimosamente, muchas políticas, especialmente los modelos de desarrollo de nuestro país, están orientadas a la explotación acelerada de los recursos naturales con escasas consideraciones de control y protección ambien- tales; por ello, el papel de las Áreas Protegidas dentro de los marcos político, económico y social es todavía secundario.
Sin embargo, es hora de que los bienes y servicios que las áreas brindan a la sociedad sean adecuadamente valorados y científicamente manejados, como provisión de agua, o mantenimiento de los procesos ecoló- gicos naturales que son verdaderos bancos genéticos y laboratorios naturales para el avance de la ciencia y la tecnología, así como beneficios económicos directos mediante las oportunidades de recreación, turismo, educación ambiental.
Estas tareas a las que los apunta la RECC, sin embargo, no son sencillas, el esfuerzo humano desarrollado por los administradores y responsables del área, a los que por Ley les corresponde manejar este patrimonio, no es ni será suficiente si no se busca la integración y grandes acuerdos interinstitucionales y de diferentes grupos humanos. La consigna de que la conservación del ambiente es tarea de todos, debe más que nunca primar, fortalecerse y aplicarse para el caso de la Reserva.
Con mucho optimismo se observan los esfuerzos desarrollados por los gobiernos seccionales tanto de Cotacachi, Urcuquí, San Lorenzo y Eloy Alfaro, cabildos más directamente relacionados con la RECC, por fortalecer y aplicar los conceptos ambientales desde la perspectiva del desarrollo y el bienestar ciudadano. Muestra de ello es el impulso que están dando a la conformación y funcionamiento de las unidades ambientales en sus dependencias, alrededor de las cuales se están forjando y construyendo los planes de desarrollo cantonal, con insumos orien- tados hacia la conservación y protección de la naturaleza.
El papel del MAE y las diferentes dependencias locales y regionales con responsabilidad del manejo del área prote- gida, y de la manera en que lo direcciona el presente Plan de Manejo, debe fortalecer esfuerzos encaminados a buscar estas alianzas y acuerdos a nivel local y regional; la identificación y ejecución de proyectos conjuntos con la cooperación nacional e internacional deben buscar balancear los objetivos económicos, sociales y medioam- bientales, y lograr que la presión sobre los recursos naturales frágiles y amenazados, especialmente dentro del área protegida, sean adecuadamente manejados.
Por otra parte, la Reserva Ecológica Cotacachi-Cayapas (RECC) es el área protegida de mayor superficie de la costa ecuatoriana, por lo que potencialmente es la fuente para la reproducción de individuos, los cuales se mueven desde la RECC hacia otras áreas aledañas51. A pesar de que no se han hecho estudios para determinar
la relación que cumple la RECC como área fuente, la caracterización ecosistémica y evaluación de efectividad de manejo de los bosques protectores y bloques del patrimonio forestal ubicados en la zona norte del sector ecuatoriano del Corredor de Conservación Chocó-Manabí, realizada en el 2006 por el Ministerio del Ambiente y EcoCiencia, demostró que los bloques de patrimonio forestal 10 y 11, y el Bosque Protector Los Cedros en el sector de la Magdalena, son las áreas de mayor aptitud para conformar los elementos de conexión con la RECC y para mantener la integridad de la Reserva.
Hacia el norte y noroccidente de la RECC, los bloques forestales 11, 10 y 13 son los más importantes pues permiten la integración de los territorios Awá y la Gran Reserva Chachi con la RECC. Su mantenimiento y manejo adecuado 51 En las áreas fuentes la población se mantiene mediante su reproducción, mientras que en las otras áreas, muchas especies se
permitiría afirmar la conexión altimétrica así como la posibilidad de lograr que los ecosistemas del piedemonte pacífico ecuatoriano se mantengan conectados con sus pares colombianos (Cuesta-Camacho, et al., 2006). Se debe señalar que desde el 2002, Fauna y Flora Internacional y la Fundación Sirúa, han promovido la creación del Corredor Biológico Awacachi, el cual permite la conectividad entre la RECC y el Territorio Indígena Awá. Adicional- mente, desde el 2004, Conservación Internacional y la GTZ han apoyado a tres Centros Chachi localizados en la zona de amortiguamiento de la RECC, para la creación y el manejo de un área de conservación comunitaria deno- minada la Gran Reserva Chachi. Actualmente existe el interés por parte de otros Centros Chachi y de una Comu- nidad Afroecuatoriana, de que se replique la experiencia de la Gran Reserva Chachi en sus territorios, mediante lo cual se crearán nuevas áreas de propiedad de los Centros Chachi y Territorios Afroecuatorianos, mediante las cuales se fortalecerá la zona de amortiguamiento de la RECC.
Hacia el sur de la RECC, los patrones de remanencia y el contexto paisajístico de los bosques protectores siguiendo los páramos y bosques altoandinos de la cordillera de Toisán, Mindo-Nambillo y Guayllabamba, si son mane- jados adecuadamente, permitirán garantizar la conectividad de esta zona con la Reserva Ecológica Ilinizas. Así, los bosques protectores localizados en estas cordilleras cobran una importancia enorme desde el punto de vista estratégico para mantener poblaciones viables de especies que puedan emigrar desde la RECC hacia los bosques protectores y la Reserva Ecológica Ilinizas, y que puedan inmigrar a la RECC desde estas áreas (Cuesta-Camacho, et al., 2006). Iniciativas que promuevan la conservación de la biodiversidad, como es el caso de la Reserva Maqui- pucuna, deben ser apoyadas y fomentadas, ya que la gestión adecuada de los remanentes de vegetación es la única alternativa que permitirá la conservación de la biodiversidad en el noroccidente de Ecuador.
Desde Julio de 2006, CI-Ecuador apoyó a la Dirección Nacional Forestal y EcoCiencia en la “Caracterización ecosis- témica y evaluación de efectividad de manejo de los bosques protectores y bloques del patrimonio forestal ubicados en la el sector ecuatoriano del Corredor de Conservación Chocó-Manabí”. El objetivo central del estudio fue identificar los bosques protectores y/o los bloques forestales con mayor aptitud para conformar los elementos de conexión entre los núcleos del corredor CCCM en la porción norte ecuatoriana. A continuación están los párrafos que resumen los resultados obtenidos:
Los resultados obtenidos del análisis de integridad ecosistémica evidencian la existencia de un núcleo •
central en el área de estudio conformado por la RECC, los bosques protectores (por ejemplo, El Chontal) y los dos bloques forestales (bloque 10 y 11) localizados en su área periférica. Estos bosques y bloques forestales son fundamentales para mantener la integridad del núcleo central del CCC-M. Hacia el norte y noroccidente de la RECC, los bloques forestales 11, 10 y 13 son los más importantes pues permitirían la integración de los territorios Awá y la Gran Reserva Chachi con la RECC. Esto permitiría afirmar la conexión altimétrica así como la posibilidad de lograr que los ecosistemas del piedemonte pacífico ecuatoriano se mantengan conectados con sus pares colombianos.
Los patrones de remanencia y el contexto paisajístico de los bosques protectores localizados hacia el sur de •
la RECC, siguiendo los páramos y bosques altoandinos de la cordillera de Toisán, Mindo-Nambillo y Guaylla- bamba, permitirían garantizar la conectividad de esta zona con el núcleo más austral del área del Corredor, la Reserva Ecológica Ilinizas. Así, los bosques protectores localizados en estas cordilleras cobran una impor- tancia enorme desde el punto de vista estratégico y de factibilidad del corredor de conservación.
Adicionalmente, los datos de remanencia y uso del suelo del área de estudio evidencian también la casi •
imposible tarea de conectar a la Reserva Ecológica Mache-Chindul (REMACH) con algún otro núcleo del corredor. En este contexto, es más factible concebir a la REMACH como un núcleo aislado que puede ser trabajado independientemente a través de la incorporación de los bloques forestales asociados a su área periférica (bloque 1, 2 y 5) y en donde procesos de restauración orientadas a mejorar la permeabi- lidad del paisaje son fundamentales (por ejemplo cacao de sobra, cultivos por estratos) (Cuesta-Camacho et al., 2006).
En este marco, el Corredor de Conservación Chocó-Manabí (CCCM) es una iniciativa que promueve la conecti- vidad entre las Áreas Protegidas, bosques protectores, áreas comunitarias de conservación y reservas privadas localizadas en el noroccidente ecuatoriano. Mediante esta iniciativa se busca mantener poblaciones viables de especies que puedan emigrar e inmigrar de una zona a otra, logrando de esta manera reducir los impactos
ocasionados en la zona por las actividades agropecuarias y extractivas. La RECC, al ser el área de mayor superficie dentro del CCCM es de suma importancia como área fuente, por lo que como se mencionó anteriormente, varias organizaciones se encuentran trabajando en crear oportunidades que permitan el fortalecimiento de la zona de amortiguamiento de la Reserva, y que faciliten la conectividad entre la RECC, los bosques protectores, las áreas privadas y comunitarias de conservación, que es precisamente la política y la visión del nuevo Plan Estratégico del Sistema Nacional de Áreas Protegidas del MAE.
En este contexto, el esquema de manejo de la Reserva propuesto en el Plan de Manejo, apunta a desarrollar las necesarias acciones de protección de los recursos sobresalientes o en peligro de extinción, el uso racional de los recursos tanto dentro como fuera de sus límites, en una búsqueda permanente de soluciones a la diversa proble- mática social y económica vigente en las diferentes regiones que se relacionan directa o indirectamente con la dinámica de esta área protegida.
Por lo anteriormente señalado, las acciones y actividades del nuevo Plan de Manejo de la RECC, se dirigen a: Desarrollar los esfuerzos necesarios que asegure la protección y conservación de los ambientes ecoló- •
gicos únicos del área, y que albergan la diversidad de especies de fauna y flora, muchos de ellos en peligro de extinción.
Impulsar y fortalecer las tareas de investigación científica como eje transversal a todos los procesos del •
manejo, esto como herramienta básica que permita conocer los procesos ecológicos del área y proyectar formas adecuadas de uso y aprovechamiento de los recursos naturales.
Promover de una manera técnica y científica el uso y aprovechamiento racional de los bienes y servicios •
que ofrece el área.
Fomentar y capitalizar la integración interinstitucional así como a nivel de los diferentes grupos humanos, •
organizaciones civiles y otras, relacionados directa e indirectamente con el área protegida, capaz que permita lograr un gran acuerdo local y regional, y que de las pautas para un manejo sabio y adecuado de los recursos naturales, tanto dentro como en las zonas de amortiguamiento de la Reserva.
Fortalecer las capacidades técnicas, operativas, logísticas y de manejo, que le permita a la administración •
del área, enfrentar adecuadamente los retos que demanda el manejo de un área protegida de muy alto valor ecológico y de biodiversidad, pero a la vez con iguales o mayores presiones por el uso de sus recursos que otras Áreas Protegidas del Ecuador.