4.6 Western TX case study
4.6.1 Building the power system model and optimisation script
Con base a la investigación realizada se concluye que:
La evolución política en Estonia dio un giro trascendental, pasando de ser una economía totalmente dominada por la Unión Soviética a una economía liberalizada, en relativamente corto tiempo. El paso que tenía significaba cortar de raíz las políticas soviéticas, que le venían causando una alta dependencia al sistema, limitando su crecimiento económico y social que no se comparaba a algunos de sus vecinos, como Finlandia. Entonces debía dar paso a políticas que permitieran la democratización del estado, con lo que se corría el riesgo de entrar en grandes conflictos de intereses y provocar incluso un caos interno en Estonia, lo que al final no terminó siendo el caso pues las medidas implementadas supieron darse en la forma correcta y transmitiendo el mensaje, al seguir modelos de éxito como el de Alemania y buscando que los cambios fueran por el bienestar del país y de la población. En el caso contrario de El Salvador, que no venía de pertenecer a un totalitarismo, el proceso podría haber sido menos caótico y por tanto sin generar conflicto social, pues el cambio no parecía ser tan drástico; sin embargo, se entró en un periodo de conflicto que solo dio paso a que las opiniones políticas y sociales se dividieran, y el proceso de liberalización de El Salvador solo tuviera retrasos y menos efectos positivos que los planteados, por lo que aún hoy la democracia en El Salvador no deja de vivirse sin el toque de la polarización política y la limitada cabida a la alternancia en los poderes del estado.
En el caso del entorno macroeconómico, Estonia venía de una época en que sus indicadores se habían deteriorado seriamente por la dominación soviética y los efectos que esta tuvo en la economía, como es el caso de la alta dependencia de su comercio hacia Rusia. Por tanto las medidas económicas, luego de su independencia, eran urgentes y necesarias para sacar al país de una condición que, de continuar así, podía provocar una seria crisis no solo económica; se puede decir que el éxito en el rumbo de Estonia, luego de su independencia, estaba asegurado al haberse planteado claramente las metas a alcanzar y las sendas que seguirían; una de ellas fue que desde el inicio tenían como principal objetivo formar parte de la Unión Europea, lo que le ha valido ahora no sólo para tener indicadores macroeconómicos estables, sino que incluso de los más sobresalientes en la región Europea. Por su parte, El Salvador venía de una época de oro (década de los 70) en la que sus tasas de crecimiento eran las más altas de la región y hacían parecer que se contaba con un rumbo sostenible en el país; sin embargo, las diferencias políticas que desembocaron en el conflicto social, hicieron que esta época de bonanza se derrumbara y que, incluso después de aplicar las políticas de liberalización en los 90, la “senda del éxito” no lo fuera más y no volvieran a recuperarse las cifras macroeconómicas antes alcanzadas, sino que más bien se deterioraran, por lo que El Salvador ahora se encuentra incluso por detrás del promedio macroeconómico de la región centroamericana.
Para denotar el crecimiento económico, se puede concluir en base a los datos favorables del PIB y PIB per cápita de Estonia, este país lo debe a una exitosa reestructuración de su economía, pasando a enfocarla en servicios especializados
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y productos tecnológicos y dejando un poco de lado los temas de agricultura, agregando a esto los altos flujos de IED en bienes raíces; además se puede atribuir el incremento de los ingresos y la mejora en los niveles de vida, a un enfoque del comercio fuera de Rusia y más a los países miembros de la Unión Europea. Para El Salvador, luego del conflicto armado, las tasas de crecimiento de estos mismos indicadores no reflejan una mejora significativa, más que en el periodo inmediato post-conflicto (1992-1995), en el que se dio una expansión de la economía por los altos flujos de IED que iban a la compra de empresas nacionales y para invertir en el sector construcción (reconstrucción post-guerra); además el proceso de liberalización dio paso a la firma de algunos Tratados de Libre Comercio (TLC) que ayudaron al crecimiento de sectores de la economía como el textil, con el TLC ESA- EE.UU.; sin embargo, luego de este tipo de negociaciones y de la alta migración de compatriotas a Estados Unidos en la época de los 80, El Salvador empezó a tener una alta dependencia a la economía estadounidense por lo que los movimientos macroeconómicos han ido en línea e influenciados por este país, en gran parte por el flujo de remesas y de inversión estadounidense.
En el caso de Estonia, se presentó un periodo de alta inflación en el momento que dejo de depender económicamente de Rusia, al dejar de percibir los beneficios de los planes de subsidios que tenía hacia los miembros pertenecientes de la URSS, por lo que Estonia pasó a enfrentarse a la economía y los precios de mercado, provocando incrementos en éstos y desembocando en una hiperinflación. Sumado a esto, también se dio la implementación de una nueva moneda (La Corona) que se regiría ya no por el Rublo sino que por el Marco alemán, provocándose más inestabilidad en los precios. Estonia supo manejar su política monetaria apegándose al tratado de Maastricht buscando pertenecer a la Unión Europea, lo que planteaba un objetivo claro y un principal motivador que llevaría a la implementación de políticas de estabilización de precios. En El Salvador no se muestran periodos graves de inflación, más bien ha seguido un tendencia estable en cuanto a precios, que solo ha tenido períodos de alza notoria con las alzas en el precio del petróleo y con la adopción del dólar en el año 2001. Sin embargo, con esta última medida, ahora los niveles de precio dependen altamente de Estados Unidos y de los demás socios comerciales principales. Aunque los niveles de inflación sean solo de una cifra, no quiere decir que el país se encuentre en situación favorable, sino que incluso puede atribuirse al estancamiento de la economía, debido a la baja productividad de los sectores.
En el caso de la política monetaria se puede concluir que tanto Estonia como El Salvador, carecen del instrumento de emisión de moneda ya que ambos países han adoptado una moneda extranjera, en el caso de Estonia ha sido el Euro y en el caso de El Salvador el Dólar estadounidense. Sin embargo, la diferencia radica en los motivos que llevaron a adoptar estas monedas, para Estonia el principal motivante siempre fue la estabilización macroeconómica, controlar la alta inflación y lograr la adhesión a la Unión Europea; mientras que en el caso de El Salvador, los motivos para adoptar el dólar aún no son lo suficientemente claros e incluso el proceso de adopción se ejecutó en un periodo en donde el país no enfrentaba inestabilidad monetaria, por lo que mucho suele atribuirse esta adopción más por intereses políticos que económicos.
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De los factores sociales analizados en el trabajo, Estonia sobresale en educación principalmente porque el nivel de inversión respecto al PIB es mucho mayor que el de El Salvador e incluso que el promedio mundial, mientras que en temas de salud y empleo los promedios de inversión entre ambos países son casi similares. La diferencia en factores sociales radica en la continuidad que se le da a los programas. En el caso de Estonia las metas sociales son a largo plazo, mientras que en El Salvador las metas van cambiando a medida que entra un nuevo gobierno, es decir que no se le da seguimiento a los programas sociales por conflictos de interés político, afectando a la población cuando se retiran programas que plantean temas ambiciosos y que podrían proporcionar mejores estándares de vida.
El proceso de liberalización de las economías en ambos países hizo que se implementaran políticas de apertura comercial, Estonia se abrió al mercado Europeo, mientras que El Salvador fortaleció sus relaciones con Centroamérica y Estados Unidos. Pero si se analizan las cifras de comercio, ambos países se encuentran con déficit comercial, siendo más severo el de El Salvador por su tendencia alcista, mientras que Estonia tiene cifras de déficit más estables. En el caso de El Salvador, el problema puede atribuirse a que los productos de exportación no son comparables en temas de calidad a los de nuestros pares, por lo que no tienen una ventaja competitiva o un valor agregado que los diferencie del resto; por otro lado, si se analizan los datos en cuenta corriente, se encuentran saldos negativos en ambos países, aunque los saldos negativos de El Salvador serían más graves si el flujo de remesas no amortiguara el efecto.
Se puede concluir en tema de política fiscal que la diferencia entre Estonia y El Salvador radica en que el primero tiene metas de mantener una política fiscal sostenible en el largo plazo, además de bajos niveles de deuda pública y superávit presupuestario, garantizándose así la salud de las finanzas públicas. Caso contrario pasa en El Salvador, donde los niveles de deuda sobrepasan el 50% del PIB y continúa en aumento, no existe una adecuada política tributaria que haga que los niveles de recaudación tengan el efecto de incrementar los ingresos presupuestarios, lo que deteriora las finanzas públicas que buscan siempre como único recurso recurrir a la deuda. El Ministro de Finanzas de Estonia, sostiene que “lo más lógico es que el gobierno gaste de acuerdo a sus ingresos, ajustándose al ciclo económico en la medida de lo posible para promover el balance presupuestario” [Ligi, Jürgen, 2012]; por otro lado, ha tenido un efecto positivo el cambio de mentalidad en los ciudadanos que se quería lograr después de la independencia, que se basaba en mentalizar a la población a dedicarse a trabajar y no acostumbrarse a recibir subsidios, por el cambio del sistema socialista a uno capitalista.
En general, se puede concluir que el proceso de liberalización económica aplicado en ambos países no tuvo el mismo efecto a pesar de encontrarse en similares situaciones que daban paso a la necesidad del proceso de transición. Estonia logra sobresalir por el nivel estricto con el que implementaron las reformas políticas, económicas y sociales, logrando destacar como modelo a seguir para otros países que estuvieron en la esfera soviética (Letonia y Lituania, por ejemplo). Estonia básicamente siguió metas más ambiciosas que trazaban un rumbo claro, mientras que El Salvador implementó políticas que no tenían un rumbo claro y que solo
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buscaban satisfacer medidas de corto plazo. Al final se puede aducir estas diferencias entre Estonia y El Salvador, al seguimiento que se le da las políticas económicas, fiscales y a los programas sociales; por otro lado, Estonia apostó desde un principio a pertenecer a la Unión Europea, mientras que El Salvador se ha conformado en complacer intereses políticos que no transmiten la bonanza a toda la población.
Con base a las conclusiones planteadas anteriormente, se puede recomendar que: Se recomienda para El Salvador una reducción de la alta polarización política
además de proponer planes y hacer campañas que disminuyan la “cultura de odio” que se vive en el país, donde los mayores conflictos sociales siguen teniendo como causa principal los temas no resueltos en la guerra de los 80.
Para el entorno macroeconómico favorable, es recomendable que El Salvador se enfoque seriamente en ampliar los mercados y buscar invertir en el desarrollo de productos más calificados que compitan mejor internacionalmente; por otro lado, debe dejar de lado los planes de corto plazo y enfocarse a planes más ambiciosos que fijen metas claras a alcanzar en cuanto a los indicadores macroeconómicos. El crecimiento económico de El Salvador irá bastante ligado al cumplimento de las
metas puestas en cada uno de los indicadores macroeconómicos, al lograrse la estabilidad en éstos los efectos positivos se logran transmitir a toda la población, incrementando los niveles de producción y la calidad de vida para cada uno de los habitantes; por tanto la recomendación se resume en el planteamiento de un rumbo claro a seguir y metas ambiciosas a alcanzar.
En temas de estabilidad de precios, se recomienda mantener la estabilidad interna en El Salvador. Esto debe trabajarse en la línea de lograr que se vuelva sostenible la dolarización, la que se ve claramente amenazada por un manejo irresponsable de la política fiscal.
En política monetaria, El Salvador tiene limitado nivel de acción, por lo que la principal recomendación es mantener la adopción de la moneda actual, pues en caso de querer revertirlo y volver a moneda nacional, los efectos serían desastrosos por efectos de devaluación. Se debe mantener entonces una sostenibilidad en la dolarización a través de una disciplina fiscal que se aplique en un adecuado manejo en tasas de interés, masa monetaria, encaje legal y otros instrumentos que inciden en la política monetaria del país.
En cuanto a los indicadores sociales analizados, la recomendación para El Salvador es reestructurar los niveles de inversión (como % del PIB) que van dedicados a los sectores educación, salud y empleo, estableciendo ese orden de prioridad. Se debe entonces recortar del presupuesto general, los montos que van destinados a gastos corrientes. Al dedicar altos flujos de inversión a estos factores sociales, el nivel de calidad de vida se ve mejorado por lo que se desencadena un
círculo virtuoso en esa misma línea.
El objetivo de esta reestructuración debe ir enfocado no solo en asignar fondos a líneas prioritarias de servicios y prestaciones sociales, sino que también debe procurar hacerlo bajo una metodología de inversión que tenga un enfoque de mejora en la provisión de los servicios, haciéndolos más eficientes y buscando el logro de indicadores concretos de desarrollo.
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En cuanto a la política comercial, El Salvador debe ampliar sus mercados de destino, pues al depender altamente de Estados Unidos, los shocks en este país afectan gravemente el flujo comercial, además debe buscar ser más intensivo en servicios especializados y productos con mayor competitividad en el mercado, pues si sigue con la oferta de servicios basados en mano de obra barata y productos con escaso valor agregado, el competir por calidad y precios es una estrategia casi nula.
El Salvador tiene una recomendación clave que seguir sobre el caso de éxito de Estonia, y que desemboca en un adecuado manejo de la política fiscal, y es que todo empieza con la exigencia a los políticos, funcionarios y empleados públicos además de establecer una visión de País, más que una visión de gobierno. Se deben adoptar políticas públicas que procuren la austeridad y disciplina en las finanzas así como la reducción en los niveles de deuda pública, que no sobrepasen los límites manejables (no más del 40% del PIB).
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