Sin embargo, esta constatación no fue óbice para que, desde la prensa ilustrada limeña, se intentase construir los cimientos de la diferenciación entre los espacios
65COSAMALÓN AGUILAR, Jesús. Indios detrás de la muralla, pp. 41-50; ZEGARRA FLÓREZ,
Margarita. “El honesto velo”, pp. 187-190; HAITIN, Marcel. Op. cit., pp. 48, 103-121; FLORES GALINDO, Alberto. Op. cit., pp. 54-61, 72-84, 117-128, 148-162; AGUIRRE, Carlos. Agentes de su propia libertad. Los esclavos de Lima y la desintegración de la esclavitud, 1821-1854. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial, 1993, pp. 29-60. Véase también de este autor su artículo “Patrones, esclavos y sirvientes domésticos en Lima (1800-1860)”. En AGUIRRE, Carlos. Dénle duro que no siente: poder y transgresión en el Perú republicano. Lima: Fondo Editorial del Pedagógico San Marcos, 2008.
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público y privado, así como una redefinición de los roles generacionales y de género que necesariamente tenían que pasar por el tamiz de la familia y el matrimonio. Con la confianza puesta en la educación, el proyecto reformista borbónico hará de la prensa periódica uno de sus instrumentos fundamentales para modelar y construir la nueva sociedad66. En ese sentido, pasarán por las páginas de estos periódicos, especialmente del Mercurio Peruano que contó con el auspicio del Estado, imágenes estereotipadas, representaciones y modelos arquetípicos de hombres y mujeres, tanto jóvenes como adultos, solteros y casados, que sirvieron para reprobar o elogiar conductas sobre diferentes tópicos vinculados al quehacer cotidiano de la gente en los espacios propiamente públicos, así como dentro de la esfera privada, esto es, dentro del hogar y en relación con los integrantes de la familia. La idea de encomiar o censurar comportamientos tenía una finalidad pedagógica que no era otra que la de construir los nuevos hombres y mujeres que el proyecto reformista ilustrado reclamaba. Por ello, desde el ángulo de la privacidad, se abordarán temas como la sexualidad femenina, el honor, la belleza, la vestimenta y el maquillaje mujeril, el amor y el matrimonio, la maternidad, la educación, el papel de la pareja dentro del matrimonio, entre otros67. Interesan destacar algunos de éstos, básicamente por que atañen directamente a los roles de género en el matrimonio y en la familia y, en consecuencia, a lo que los ilustrados esperaban de las mujeres y de los hombres, pero también por el hecho de que no necesariamente tales roles eran tan nuevos como pudieran parecer.
En efecto, en la prensa ilustrada limeña se continuaba considerando a la mujer como un ser inferior al varón, débil, vulnerable y necesitado de protección. Como en la literatura preceptiva del barroco, ella seguía siendo identificada con el mal, la incontinencia, el erotismo y la animalidad y se la consideraba inconstante, frágil e irracional, recomendándosele vergüenza, modestia, obediencia, prudencia, recato y respeto en el trato con los padres y los adultos, y si era casada en relación con el marido. En tanto la castidad era una virtud superior, esta debía protegerse, empezando por la
66 ROSAS LAURO, Claudia. “Educando al bello sexo”, pp. 370-374; ZEGARRA FLÓREZ, Margarita.
“La construcción de la madre”, pp. 173-179. Entre los principales periódicos se encontraban el Semanario Crítico, aparecido en 1791; el Diario de Lima, que empezó a publicarse en 1790; la Gaceta de Lima, surgida en 1793 y el Mercurio Peruano, el más célebre y exitoso de todos, que empezó a circular en 1791 contando con el aval y el patrocinio de las autoridades virreinales. Ninguno de ellos alcanzó a tener una duración sostenida de varios años. Sobre el papel de la prensa periódica escrita, el rol de la lectura y la difusión de noticias, revisar también GLAVE, Luis Miguel. La república instalada: formación nacional y prensa en el Cuzco 1825-1839. Lima: IEP/IFEA, 2004, capítulo I.
67 ROSAS LAURO, Claudia. “Jaque a la dama” y “Educando al bello sexo”; ZEGARRA FLÓREZ,
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doncella y continuando en el matrimonio con la casada, pues este era el objetivo que debía perseguir toda mujer para su realización personal y para lo cual era educada: la condición de esposa y madre como una especie de oficio femenino68. Se esperaba, además, que dentro del matrimonio ella fuese una administradora idónea del hogar, que evite el despilfarro del patrimonio familiar, que se aleje del ocio y sus tentaciones, que preferentemente permanezca en la casa y que sea, asimismo, un respaldo afectivo del esposo y la encargada de la crianza y educación de los hijos. El recogimiento, promovido por el ideal mariano de conducta, sostenía estas pautas modélicas que, también, incluían continencia, moderación, frugalidad, discreción, humildad y altruismo69. El discurso católico ilustrado a este respecto era coherente con la tradicional legislación civil relativa a la mujer y al matrimonio que seguía considerando a ésta como menor de edad con derechos restrictivos, a la vez que protegida y sometida a la patria potestad del padre, en principio, y del marido, posteriormente.
Pese a que los roles, tanto generacionales como de género, que se proponían en la prensa ilustrada limeña eran en gran medida tradicionales y reafirmaban estereotipos y representaciones ya habituales, coincidiendo con los planteados por las aún populares enseñanzas de los escritores moralistas, habían aspectos novedosos y otros que, quizás
68 Como se verá más adelante, consideraciones de esta naturaleza colocaban en la mira de la reprobación a
las “solteronas” o, peor aún, a las madres solteras.
69Ibid. Contrástense estas apreciaciones con aquellas que difundían la literatura preceptiva de los siglos
anteriores, los manuales de confesión, los catecismos, los sermonarios y hasta la propia legislación y se observará que el discurso es prácticamente el mismo. Para mayores detalles, revísense las partes 2.1 y 2.2 pertenecientes al capítulo anterior de la presente monografía. Debe tenerse en cuenta que varios de los escritores moralistas ampliamente populares en los siglos XVI y XVII, tuvieron sucesivas reediciones de sus obras y que éstas seguían siendo aún utilizadas como marco de referencia. Fray Luis de León, el célebre escritor del Siglo de Oro español y autor de La perfecta casada, fue uno de ellos. Otros más cercanos en el tiempo, como Fray Antonio Arbiol, también alcanzaron una popularidad enorme. El franciscano Arbiol redactó en 1715 una obra de teología moral, La familia regulada. Con doctrina de la Sagrada Escritura y Santos Padres de la Iglesia Católica, que alcanzó una amplia difusión tanto en España como en América, al extremo que llegó a tener hasta 28 ediciones hasta el siglo XX (20 de ellas solo en el XVIII), varias de las cuales, hasta donde se sabe, se encontraban también en bibliotecas americanas. Véanse: KLUGER, Viviana. Escenas de la vida conyugal. Los conflictos matrimoniales en la sociedad virreinal rioplatense. Buenos Aires: Editorial Quorum, 2003, pp. 23-37 y CANTERO ROSALES, M. Ángeles. “De ‘perfecta casada’ a ‘ángel del hogar’ o la construcción del arquetipo femenino en el siglo XIX”. Tonos. Revista Electrónica de Estudios Filológicos. N° 14, Murcia, 2007, pp. 11-12. Incluso una célebre escritora ilustrada del talante de la española Josefa Amar y Borbón, autora del Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres (1790), pese a protagonizar una corriente de opinión que abogaba por una más completa educación para las mujeres que las hiciera acreedoras a una mayor consideración y respeto como seres humanos, no dejó de creer en los tradicionales roles de género para la pareja en el matrimonio: CANTERO ROSALES, M. Ángeles. Op. cit., pp. 4-5, 43-45; LAVRIN, Asunción. “Investigación sobre la mujer de la colonia en México: siglos XVII y XVIII”. En LAVRIN, Asunción (comp.). Las mujeres latinoamericanas: perspectivas históricas. México D.F.: Fondo de Cultura Económica, 1985, p. 41; LÓPEZ-CORDÓN CORTEZO, María Victoria. “Texto y contexto de una dama española: Josefa Amar y Borbón”. En CALERO SECALL, Inés y María Dolores FERNÁNDEZ DE LA TORRE MADUEÑO (eds.). El modelo femenino: ¿una alternativa al modelo patriarcal? Málaga: Universidad de Málaga, 1996.
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no siéndolo tanto, se enfatizaban o se reiteraban de modo insistente pues se relacionaban con la prédica racionalista y secularizante del discurso ilustrado y con el contexto de cambios, contradicciones, avances y retrocesos que experimentaban las sociedades coloniales hispanoamericanas, especialmente las urbanas. En ese sentido y como consecuencia de ello, la prensa limeña dieciochesca hará referencia a un conjunto de juicios de valor sustentados ya no solamente en los tradicionales marcos de referencia religiosos o metafísicos, sino también en bases críticas y empíricas (o supuestamente empíricas) provenientes de la ciencia. La ciencia médica en especial, pero igualmente la biología, las ciencias naturales y hasta la historia y la geografía, constituirán el nuevo soporte intelectual que servirá también para justificar los roles de género y los generacionales, “naturalizando” las diferencias entre hombres y mujeres. De esta manera, reflexiones sobre la preñez, el parto, la importancia de la lactancia materna, los hábitos de lectura, la educación de los niños (un tema tan caro a la Ilustración), las diferencias entre hombres y mujeres y hasta el amor, aparecerán en los periódicos de la capital peruana validados o justificados por esta doble vertiente epistemológica.