5 Rainfall Runoff, Catchment Scale Modelling
5.3.3 Calibration 1 (3)
un especialista
Francisco J. Ocharan Dpto. de Biología de Organismos y Sistemas
Universidad de Oviedo. 33071 Oviedo Email: [email protected] / [email protected]
La restauración de medios acuáticos aplicada a los Odonatos debe seguir las mismas reglas generales de cualquier restauración bien planificada, aunque es verdad que 1) presenta los problemas particulares de los medios acuáticos y 2) en el caso de pretender la protección de una especie concreta es mucho más delicada de efectuar, ya que debe recrear las condiciones requeridas por ella.
Un editorial de la revista Ecological Restauration and Management (2003: 4-3) se refiere a una cues-tión básica para cualquier restauración, la experiencia del especialista: La práctica de la restauración debe
basarse no sólo en información científica sino también en los conocimientos adquiridos por una experiencia de campo acumulada, más “intuitiva” (sic). Esta información acumulada por los especialistas es
efecti-vamente crucial sobre todo cuando la información científica específica es escasa o nula (este método heurístico también debe considerar toda la información científica existente).
A efectos de restauración podemos considerar a los Odonatos como un grupo paraguas. Este criterio de grupo paraguas ya se aplicó en la elaboración del Libro Rojo de los Invertebrados de España (Verdú & Galante, 2006). Si restauramos los medios donde se reproducen, estaremos restaurando los biotopos apropiados para un gran número de especies y grupos taxonómicos, en muchos casos menos aparentes que ellos. Este carácter de grupo paraguas es discutido por Acorn (2004), sin llegar a una conclusión clara; en efecto, existen especies de odonatos que pueden vivir en aguas muy degradadas, pero en su conjunto creemos que el grupo sí tiene este carácter. Las dos ventajas principales de utilizarlos en con-servación y restauración derivan de su carácter predador: son animales vistosos fácilmente localizables en la naturaleza y las alteraciones de las redes tróficas repercuten antes en ellos que en otros animales
carroñeros o fitófagos. La restauración de los medios acuáticos donde viven o podrían vivir los Odonatos debe tener como fin último la restauración global de estos ecosistemas en su conjunto. De hecho, la restauración generalista de humedales tiene un efecto positivo sobre el grupo, aumentando el número de especies y de poblaciones presentes en la zona (p.ej. Roush & Amon, 2003, en Ohio).
La Restauración de un medio consiste en el conjunto de actuaciones que intenta devolver a un ecosis-tema la estructura y el funcionamiento que tendría en condiciones naturales, es decir sin ninguna afección producida por el hombre. Los conceptos de restauración y conservación/manejo, se solapan en muchos casos, ya que la conservación y el manejo de determinadas especies o medios, conlleva generalmente la toma de medidas que podrían considerarse como de restauración.
Como especialista en el grupo, aunque no en tareas de restauración, comentaré algunas cuestiones que me parecen importantes en un proyecto de este tipo. En su mayor parte resultan obvias, al menos para un biólogo, pero no deben resultar tan obvias cuando vemos determinadas actuaciones de restau-ración. Podemos diferenciar cinco fases en la elaboración de un proyecto de restauración de un medio acuático (modificado de González del Tánago, 1996):
1) Inicio del Proyecto de Restauración 2) Redacción de la Memoria Técnica 3) Ejecución del Proyecto
4) Mantenimiento y comprobación del grado de cumplimiento de los objetivos.
En cada una de ellas debe intervenir el especialista, tanto con su conocimiento “intuitivo” como con datos estrictamente científicos. Y no sólo el biólogo especialista, sino tambien el geólogo que debe señalar cuestio-nes, p. ej. de hidrología, que también pueden resultar poco evidentes para un biólogo o un ingeniero.
Inicio del Proyecto de Restauración
La restauración de estos medios acuáticos está impulsada normalmente por organismos oficiales: go-biernos, confederaciones hidrográficas... Estos organismos no siempre tienen claro el objetivo final del proce-so restaurador. La fijación de este objetivo debe hacerse entre administración y equipo redactor del plan.
Hay que involucrar en el proyecto a grupos cívicos, asociaciones y científicos externos que son poten-ciales colaboradores de estos proyectos. Todos ellos pueden proporcionar información importante, tanto científica como “intuitiva” sobre el pasado de la zona a restaurar. Es necesario explicar además el proyecto a personas y colectivos de la zona que pueden resultar nuevas fuentes de degradación del medio ya res-taurado, fundamentalmente agricultores, ganaderos, industrias y pescadores.
Una vez fijado el objetivo, el siguiente paso será estudiar el estado actual del medio, identificando qué factores lo degradan y/o impiden que se recupere de forma natural. El proyecto de restauración debe revertir esta situación, anulando los factores degradantes y permitiendo la autorecuperación natural. Aquí nuevamente, la tarea de los expertos es fundamental, pues deben explicar los objetivos últimos, tanto a gran escala como a pequeña, al resto del equipo redactor, geólogos e ingenieros fundamentalmente, que son los que deben decir cómo se pueden conseguir dichos objetivos y redactar el plan técnico de ejecución del proyecto.
Redacción de la Memoria Técnica
El especialista, tanto biólogo como geólogo, deben estar a disposición del equipo redactor para alertar de peligros que éste quizás no vea debido a su formación.
Ejecución del Proyecto
La ejecución del proyecto debe hacerse desde un punto de vista biológico y no industrial, como suele ocurrir. La utilización de maquinaria pesada en los cauces o humedales produce alteraciones muy graves, a veces funestas, sobre las poblaciones naturales. Esta maquinaria debe reducirse al mínimo o evitarse en las zonas acuáticas. Normalmente no es necesaria, salvo para destruir o reformar actuaciones anteriores culpables del deterioro existente. Basta la utilización de herramientas manuales para limpiar un pequeño cauce o eliminar materia muerta de una charca, pero también con este tipo de herramientas se puede reconstruir la presa de un molino, ...
Esta fase de ejecución debe servir además para que el especialista restaurador actúe como un artesa-no relojero. Lo mismo que un relojero debe comprender como funciona un reloj concreto para arreglarlo, el restaurador puede aprender mucho sobre un ecosistema cuando está arreglándolo (Jensen, 2002).
Mantenimiento y comprobación del grado de cumplimiento de los objetivos
Una vez acabado el proceso, deben existir unas condiciones topográficas y acuáticas similares a las “naturales”. La mejor alternativa entonces es dejarlo funcionar sin interferencias. El medio recuperará progresivamente condiciones físicas, vegetación ribereña y sumergida, y comunidades animales. Hay otra alternativa más rápida y más vistosa: realizar plantaciones vegetales e introducir especies animales. Esta segunda alternativa es más cara, no suele respetar la genética de las poblaciones locales y suele fallar, al menos parcialmente.
La recolonización natural no quiere decir que no hagan falta nuevas intervenciones sobre el medio. Apenás acabada una restauración debe comenzar su seguimiento y mantenimiento. El seguimiento de re-sultados permite entender mejor las comunidades presentes ,y detectar y corregir errores o desviaciones del plan. Una restauración ideal, haría que no fuera necesario su mantenimiento, pero nuestro mundo está muy modificado y hay que reemplazar procesos que ya no se dan, como la actividad de los herbívoros y de los animales que deberían beber en estos medios: si no existen, debe ser el hombre el que aclare determinadas orillas o riberas...
El especialista en Odonatos y la restauración de los medios acuáticos donde éstos viven.
En estas Jornadas, el profesor Adolfo Cordero habló de un libro interesante a este respecto y que es obligado recomendar. Se trata de “Oaks, dragonflies and people” de Norman Moore. Es el relato de cómo el autor creó un pequeño paraíso para la fauna (odonatos también) junto a la propia casa. Aunque se trata de la creación de una charca, puede tomarse como un ejemplo de restauración.
En estas restauraciones se olvidan con frecuencia características del medio que resultan vitales para la vida de las larvas de odonatos. Comentaremos algunas
En el caso de la vegetación de ribera y sumergida, surgen cuestiones que resultan poco evidentes. Un río con un bosque de ribera muy desarrollado, que sombree por completo las aguas de un río, no es de-seable. Ese bosque de ribera debe tener una anchura mínima adecuada, pero en algunas zonas se debe aclarar con objeto de que en el tramo penetre el sol y la orilla tenga sólo vegetación herbácea, es decir, el efecto que producirían los herbívoros al beber. En esos tramos soleados vivirán especies que no lo harán en los tramos sombreados y mucho más frescos.
El especialista debe indicar qué profundidades (diferentes) debe tener una charca o un riachuelo: normal-mente deberán preferirse pequeñas profundidades diferenciadas en distintas zonas: esto creará microhábitats apropiados para una variedad de especies, sin embargo será deseable alguna zona con mayor profundidad. En el caso de los ríos, el asunto de la profundidad parece menos importante ya que se trata de restaurar un cauce original, sin embargo es conveniente, nuevamente, que existan zonas o tramos de poca profundidad.
Laguna artificial de La Furta (Asturias). A pesar de su gran extensión, es bastante somera en su mayor parte. La vegetación de ribera ha progresado demasiado y debería ser aclarada, en algunas pequeñas playas al menos.
La restauración de los cauces tiene que contemplar la reposición de la llanura inundable y la conecti-vidad del río con las zonas encharcables, de forma que aparezcan otra vez estas charcas y brazos aban-donados que tan rica odonatofauna albergan.
Brazo abandonado y sometido a las crecidas del río adyacente. Provisto de una rica vegetación, es el hábitat del aésnido
La restauración del caudal biológico, tiene que incluir sequías o inundaciones naturales y debe con-templar las cualidades originales del agua. Los ríos ibéricos en verano suelen soportan periodos de sequía más o menos completa y sus especies están adaptadas a ello. Si dotamos al cauce de un flujo estival continuo, estamos dañando a las poblaciones naturales al intentar protegerlas. Lo mismo ocurre con las aguas estancadas: las que son temporales o semitemporales, deben seguir siéndolo.
La cuenca del río Segura sirve como paradigma de río mediterráneo destrozado. Uno de sus mayores problemas es sin duda la regulación brutal que ha convertido esta cuenca en un sistema de riegos donde los mayores caudales se dan en verano y no
existen sequías ni avenidas.
Un grave peligro que sufren las restauraciones es la introducción de fauna alóctona, las temibles es-pecies invasoras. En el caso de los odonatos, los peligros se dan por la introducción de peces exóticos o, posiblemente, de cangrejos extraños. La presencia de peces, hace que determinadas especies no pongan en esas charcas o ríos: las hembras detectan su presencian mediante luz polarizada. En el caso de los cangrejos, no se ha estudiado su efecto directo, por competencia o predación, pero debe existir.
Charca costera mayor en las dunas de Xagó (Asturias). La restauración-creación fue todo un éxito, pero han introducido en ellas peces y cangrejo americano que han diezmado la fauna y ahora deben ser eliminados.
Bibliografía
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