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4 Topographic Reconstruction and Change Analysis

4.1 Structure from Motion – Topographic Reconstruction

4.2.3 Results

4.2.3.2 Errors

Pedro Velasco Ortega Director Gerente MICROFAUNA, S.L. Descripción taxonómica:

Desde su descubrimiento en 1849 esta especie ha estado clasificada, primeramente entre los

Sa-turniidae BOISDUVAL, habiendo sido descrita como Saturnia isabelae GRAELLS, posteriormente en la

familia Syssphingidae HAMPSON y más tarde en la familia Attacidae BURMEISTER. Actualmente se mantiene como uno de los cinco integrantes ibéricos de dicha familia junto a las especies Saturnia pyri,

Eudia pavonia, Aglia tau y Antheraea pernyi (esta última asilvestrada en Baleares, aunque no existen

re-gistros modernos, siendo originaria de China Central, de donde fue importada a finales del siglo XIX con objeto de aprovechar su seda para fines comerciales). Es el único representante del género Graellsia GROTE, separado del genereo Actias al que anteriormente estaba adscrita, y creado específicamente para esta especie en reconocimiento a Graells, su descubridor, y está llamada isabelae en honor a la entonces reina de España, Isabel II, a cuya majestad fué dedicado el hallazgo de tan bella mariposa nocturna.

Descripción de adultos:

Anatomía: Cuerpo grueso y peludo, fuerte complexión y gran robustez. Alas anchas y amplias de color verde, con venaciones gruesas rojizas parduscas, decoradas en el centro de cada una por un ocelo polícromo parcialmente ventaneado de transparencia. Envergadura alar de unos 9 cms. Los machos (Fig. 1) antenas pectinadas en forma de pluma y unas largas colas como final de sus alas traseras, mientras que las hembras tienen las antenas casi filiformes (con peines poco desarrollados) y alas inferiores con las terminaciones más cortas.

Figura 1: Macho adulto de Graellsia isabelae.

Fases preimaginales:

Los huevos son casi esféricos de color aceituna jaspeados y aparecen depositados en pequeños gru-pos adheridos fuertemente a las aciculas de sus plantas nutricias, los pinos.

Las orugas (Fig. 2) son en su primera fase grises con pelos blanquecinos para cambiar después de su tercera muda a verdes con rayas disruptivas oblicuas blancas y rojizas que las permiten camuflarse con el medio donde viven. Alcanzan un tamaño final de unos 9 cms.

Las crisálidas se forman en el interior de capullos de seda basta y apergaminada y son gruesas, cortas y rechonchas de color marrón rojizo, con cerdas en el cremaster.

Ecologia y Fenologia:

Se trata de una especie primaveral ligada a los montes de pinar, tanto albar como negral, que vuela a partir del crepúsculo y hasta pasada la media noche bordeando los claros de los bosques y remon-tando las copas de los pinos con un vuelo rápido y potente. Es fuertemente atraída por la luz artificial a la que acuden indistintamente ambos sexos, así como los machos son reclamados por las hembras núbiles de la especie que ejercen desde la distancia una gran atracción sexual debido a las feromonas que exhalan.

Figura 2: Oruga de Graellsia isabelae.

Su tiempo de vida oscila entre los 3-4 dias de los machos y los 6-8 dias de las hembras. Durante ese tiempo no se alimentan de nada ya que ni siquiera poseen espiritrompa, y viven exclusivamente a expensas de las reservas acumuladas durante su etapa de oruga. Tienen enemigos naturales, como los murciélagos, que las cazan al vuelo y las consumen frecuentemente a pesar de su gran tamaño. En la etapa de oruga y crisálida son atacadas por pájaros insectívoros, carábidos, avispas y formícidos. La fecha de eclosión de los adultos varía según las condiciones climatológicas de la primavera y los enclaves de las diferentes colonias bien sean más meridionales o septentrionales, abarcando -según los años- desde últimos de marzo a principios de julio, aunque los picos de máxima aparición se sitúan normalmante a finales de mayo y principios de junio.

Las hembras depositan sus huevos en las acículas (Fig. 3) de pino a las que los adhieren fuertemente con un líquido pegajoso y de ellos emergen las orugas a los 10-11 dias de la puesta. Cada hembra puede poner entre 100 y 200 huevos.

Nada más nacer las orugas comen las acículas de pino comenzando a roerlas desde las puntas y muerden sólo el borde dejándolas con un característico aspecto aserrado. No consumen los brotes tier-nos del año sino las acículas del año anterior, no afectando por tanto al crecimiento de los pitier-nos. Las oru-gas se desarrollan durante aproximadamente cinco semanas con una dieta exclusiva de acículas de pino, siendo en sus primeros estadios grises con pilosidad blanca y luego, a partir de la tercera muda, verdes con lineas transversales blancas y rojas y largos pelos blancos.

Figura 3 : Puesta de Graellsia isabelae.

Se alimentan preferentemente de pino albar y negral en el centro y noreste peninsular y de pino laricio en las zonas meridionales de la península. Al final de su crecimiento aparecen más rechonchas y lisas conservando solo una pequeña parte de los largos pelos blancos sobre el dorso. Una vez completadas las 4 mudas y pudiendo haber alcanzado los 9 cms descienden de los pinos y comienzan a tejer un capullo con seda áspera y correosa en cuyo interior se encierran para convertirse en crisálida. El capullo suelen hacerlo entre la pinastra caida o el musgo cercano a la base de los pinos y allí permanecen desde finales del verano hasta mediada la primavera, que es cuando eclosionan las mariposas.

Distribución:

La especie fue descubierta por primera vez en Pinares Llanos, en el término municipal de Peguerinos, en la provincia de Avila, de donde fue descrita por D. Mariano de la Paz Graells en el año 1849. Sus colo-nias tiponominales se extienden por la Sierra de Guadarrama hacia el norte y este llegando a localidades como La Acebeda, ya en Somosierra, pareciendo progresar de forma discontinua hacia la sierra de Ayllón

y encontrándose de nuevo abundante en Guadalajara, los Montes Universales de Teruel y la Serrania de Cuenca, donde mantiene fuertes y saludables colonias una vez recuperadas de la merma que les supuso el uso desmedido de insecticidas como el DDT y el Lindano durante la mitad del siglo pasado. Aunque las colonias del Guadarrama y las del Sistema Ibérico son consideradas la misma especie tiponominal, nuestras observaciones nos hacen pensar que estas últimas podrian adscribirse a distinta subespecie, vista la diferencia de tamaño, algo menor, y complexión y aspecto general diferente de los imagos de unas y otras localidades.

Como subespecies distintas se han descrito las de las colonias del pirineo y prepirineo de Navarra y Huesca que corresponden a la subsp. roncalensis, las de la zona baja del pirineo gerundense y provincia de Barcelona que corresponden a la subsp. paradisea y las situadas en las sierras de Cazorla, Segura, Alcaraz y La Sagra, descritas como subsp. ceballosi, que viven exclusivamente sobre pino laricio. Coloniza asimismo enclaves intermedios como el pirineo leridano, el puerto de Tortosa en Tarragona y las sierras del Maestrazgo en Castellón y Valencia. También se han registrado citas de Srra. Guillimona y recientemente colonias en Sierra Maria, ya en la provincia de Almería.

Aparentemente no existen enclaves en los pinares de Soria, de Burgos, ni en los de La Rioja, a pesar de la gran superficie de masa forestal que ocupan, así como tampoco en los de la Sierra de Gredos, en los cuales podria desarrollarse perfectamente la especie. No obstante existe una cita publicada en 2000 (Nuevos datos sobre la fauna de macroheteróceros de la provincia de Cáceres III. Rev. Shilap, 110:173-186), reportando el hallazgo de alas de esta mariposa –cuya presencia en vivo necesitaría con-firmación- correspondiente a la localidad de Hervás, entre la Sierra de Béjar y el cacereño Valle del Jerte, en Extremadura.

Fuera de la Peninsula Ibérica se conoce un solo enclave aislado en los Alpes franceses donde al pare-cer se desarrolla de forma contínua la subsp. descrita como galliaegloria.

Status y población:

Graellsia isabelae, ha sido repetidamente incluida en las listas rojas de lepidópteros ibéricos como especie

escasa y por tanto a proteger, pero lo cierto es que no se trata en absoluto de un taxón en peligro de extin-ción. Esta inclusión, pensamos que es más bien fruto de la espectacular belleza de la especie, que despierta fácilmente el sentimiento conservaciónista de cualquier legislador al que se le muestre un ejemplar, teniendo a favor ese atractivo frente a especies más “discretas” que, aunque verdaderamente más raras, no sean tan admirables. No obstante merece estar en las listas de conservación no ya por su rareza sino por constituir un endemismo ibérico, prácticamente limitado a los pinares de nuestra península, digno de conservar como uno de los valores naturales -joya de la entomología- propios de nuestra riqueza biológica.

Si bien es verdad que durante la década de los 50 del siglo anterior la presencia de la mariposa dismi-nuyó en muchas sierras de pinar por el uso persistente de insecticidas usados a gran escala para combatir plagas como la de la procesionaria del pino (Thaumetopoea pytiocampa), poco a poco la especie se ha ido recuperando paulatinamente hasta el punto de ser una de las mariposas nocturnas más comunes, junto a Hyloicus pinastri en pinares silvestres y de repoblación no tratados con productos fitosanitarios.

Actualmente la mayoría de sus colonias presentan poblaciones vigorosas y saludables y en algunos ca-sos en aumento de su densidad y expansión geográfica ocupando incluso nuevos pinares de repoblación donde no se habia censado antes el taxón. Los estudios iniciados este año por los entomólogos Carlos López-Vaamonde de INRA (Instituto Nacional de Investigación agronómica) y Marta Vila de la Universi-dad de La Coruña, en relación a la variabiliUniversi-dad poblacional y a la validez genética de las poblaciones de las distintas subespecies de este taxón, utilizando hembras criadas en cautividad para atraer a machos silves-tres al reclamo, ha constatado, al igual que los trabajos de campo realizados por nosotros durante varios años con trampas de luz para censar las diferentes colonias, la abundancia de esta especie en diversas sierras de pinar españolas, siendo llamativa su abundancia especialmente en algunos biotopos catalanes así como en los de la Sierra del Guadarrama y Serranía de Cuenca, donde prefieren pinares viejos bien establecidos. Con estos estudios y observaciones es pues lógico que, actualmente, la especie aparezca en el Libro Rojo de los Invertebrados de España (Galante y Verdú) como “preocupacion menor”.

La mayor amenaza para esta especie es la común a la mayoría de las especies forestales y se concreta en la pérdida de hábitat natural derivada de la transformación de estos ecosistemas y en el tratamiento artificial con insecticidas que puedan sufrir los pinares para mejorar su rendimiento. Asimismo el uso ac-tual de diflubenzurón y otros compuestos aromáticos inhibidores de formación de quitina, usados contra plagas forestales puede dañar también el ciclo biológico de esta mariposa. Dado que se trata de una especie de hábitos nocturnos, la instalación de alumbrado cercano a los pinares produce daños en las colonias al ser atraídos los individuos adultos por la luz artificial, muriendo bajo las farolas sin posibilidad de reproducirse ni desovar en un ambiente apropiado.

Cria en cautividad:

Con unos conocimientos básicos de cria y mantenimiento en cautividad de invertebrados la especie se adapta perfectamente a su manejo en laboratorio y desarrollo en cautividad.

Durante varios años hemos tenido la oportunidad de criar esta especie de forma controlada y a salvo de los enemigos naturales habiendo así obtenido un porcentaje de éxito de cria cercano al 80% de los ejemplares mantenidos desde su estadio inicial de huevo. Normalmente ha sido alimentada con Pinus

silvestris, pero también en ocasiones ha sido criada a base de Pinus nigra y en una ocasión, con la ayuda

de nuestro amigo entomológo Francisco Noguerol, llevada a Canarias donde bajo notario hay fé de haber salido adelante con éxito su cría con dieta exclusiva de Pinus canariensis

Los métodos de cria han sido variados, aunque pueden simplificarse en dos: uno en el interior de jaulas de cria y otro sobre los propios pinos silvestres.

Para ambos casos se ha partido siempre de hembras fecundadas bien silvestres, o procedentes de cepas de cria cruzadas con machos silvestres. Una vez obtenida la puesta se ha guardado esta con ven-tilación y humedad media durante el periodo de incubación que dura unos diez dias.

En el caso de optar por la cria controlada en laboratorio, nada más salir de los huevos, las orugas han de instalarse en pequeños recipientes plásticos transparentes herméticos, con el fin de guardar la humedad, donde se les debe suministrar pequeñas ramitas de pino con acículas frescas que han de ser

cambiadas cada 2-3 dias, durante la primera y segunda muda. Al completar la segunda muda las orugas se han de separar a recipientes mayores del mismo material, ya con agujeros de ventilación para evitar en lo posible la aparición de bacterias y en ellos se atienden hasta la tercera muda para, una vez alcanzados los 5 cms, trasladarlas en grupos de 10-15 ejemplares a grandes recipientes para controlar la posible pro-pagación de enfermadades víricas. En estos grandes recipientes, cerrados por los laterales pero con una amplia tela de ventilación en las tapas, se han seguido alimentando ya con ramas terciadas de pino que se han cambiado con la frecuencia necesaria, limpiando a diario cuidadosamente los fondos para retirar las deyecciones acumuladas. En estos recipientes han permanecido las orugas hasta el momento de la crisalidación, el cual se evidencia al observar en ellas un cambio de coloración y un deambular acusado. Las orugas con esos sintomas se han llevado a una jaula de cria provista de abundante musgo y acículas secas entre las cuales puedan tejer los capullos.

Una vez completado el proceso de transformación en crisalída, a mediados del verano, la jaula se guarda en un lugar seco y fresco hasta el otoño. En octubre-noviembre los capullos se despegan de la capa de musgo y acículas de las jaulas de cria y son introducidos en un frigorífico, donde se mantienen a unos 5ºC durante todo el invierno tratando de reproducir las condiciones climatolológicas que se darian en el exterior durante esa epoca del año en el campo, pulverizando agua sobre ellos cada quince o veinte dias. Por último, a últimos de marzo los capullos con las crisálidas en su interior son sacados de la nevera y expuestos en la jaula de cria a la temperatura ambiente en espera del momento propicio para la eclosión de los adultos, que comenzará a producirse al alargarse el periodo de luz diurno y al templar las noches de la primavera. Entonces comenzarán las eclosiones de las nuevas mariposas, normalmente a partir del mediodia y hasta las 6 ó 7 de la tarde para así tener tiempo de secar bien sus alas una vez completamente desplegadas y extendidas, tarea que les puede ocupar más de 2 horas. De esa forma al anochecer estarán listas para emprender el vuelo.

El otro método de cria consiste en la fabricación de bolsas de tela de malla fina que, a modo de man-gas, puedan instalarse atadas rodeando las ramas de los pinos y alli, meterse las orugas después de haber pasado el proceso descrito hasta la segunda muda, de modo que puedan desplazarse entre las acículas pero protegidas de los predadores por dicha red.

La manga de tela ha de cambiarse a otra rama a medida que las acículas vayan siendo consumidas por las orugas. La ventaja que este método tiene es que no hay que estar tan pendiente de la asepsia ya que están mejor ventiladas que en los recipientes plásticos y requiere menor cuidado ya que no hay que ir cambiando la comida con tanta regularidad. El inconveniente es que no se pueden monitorizar con continuidad al estar en el campo y ello posibilita que algún agente externo como las tormentas o los pájaros las dañen.

Programas de conservación:

Con la experiencia acumulada tras varios años de cria en cautividad de esta especie en nuestro laborato-rio junto a otras interesantes especies como Parnassius apollo, Ocnogyna latreillei y Saturnia pyri, hemos crea-do una línea de conservación destinada a la disponibilidad de ejemplares de estas especies para posibles programas de cria y reintroducción en colaboración con las Consejerias de Medio Ambiente de las distintas

Comunidades en las que pueda resultar de interés ambiental o educaciónal la realización de estas activi-dades. En este sentido años atrás iniciamos una colaboración con la Consejeria de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid, durante la cual realizamos varios muestreos en la Sierra de Guadarrama-Somosierra (Fig. 4) para estudiar el status de las poblaciones de Graellsia isabelae en la zona y comenzamos a desarrollar una cria en cautividad mediante el procedimiento de las mangas sobre los pinos silvestres durante las tem-poradas de 2002 y 2003, pero que quedó paralizada posteriormente por falta de interés y de presupuesto para destinar a estos planes de manejo de especies silvestres de invertebrados.

Figura 4 : Muestreo de Graellsia isabelae.

Desde aquí ofrecemos a las Administraciones y entidades públicas interesadas en la conservación de dicha especie la posibilidad de desarrollar con la empresa Microfauna nuevos programas de cria, mante-nimiento y reintroducción de Graellsia isabelae en los pinares silvestres o de repoblación de los diferentes parques naturales españoles.