3.3 Geometric Analysis
3.3.2 Camera Motion Between +C, ¬C and C 0
"Y así, uno recibe del Espíritu un hablar con sabiduría; otro, un hablar con ciencia, según el mismo Espíritu; otro, por el mismo Espíritu, la fe. Uno, por el mismo Espíritu, esas manifestaciones de la gracia (=carismas) que son las curaciones; otro, esas obras de las posibilidades. Uno, una profecía; otro, el discernir las inspiraciones. Uno, una fuerte oración en lenguas; otro, el orar con lengua comprensible. El mismo y único Espíritu obra todo esto, repartiendo a cada uno en particular como a Él le parece” (vv. 8-11).
Para entender correctamente estos versículos hemos de tener en cuenta que San Pablo, después de haber indicado que las manifestaciones del Espíritu son para la construcción de la comunidad ("para el bien común"), fija su atención en un aspecto concreto, en la fuente y culmen de la comunidad cristiana, es decir, en la asamblea eucarística.
Es por eso que los vv. 8-10 son un descripción de las distintas manifestaciones del Espíritu que se dan en la asamblea. Esto nos indica que no podemos reducir los
carismas, es decir, la manifestaciones del Espíritu a esta breve lista de nueve. El Apóstol ha indicado ya que toda la vida del cristiano, desde lo más grande hasta lo más pequeño, e una continua manifestación de la gracia de Dios, un servicio a los demás, una acción de Dios en medio de nosotros
Teniendo esto en cuenta, las tres primeras indicaciones que hace San Pablo deben ser leídas formando una unidad (así, ya santo Tomás de Aquino en ST 1-2, q. 111 , a 4c): palabra de sabiduría, palabra de ciencia y fe, ¿qué significan?. San Pablo está hablando de la primera parte de la asamblea eucarística lo que hoy llamamos liturgia de la Palabra; en ella, en una comunidad viva, se presentan tres hechos diversos: las personas que escuchan con fe (“fe”)42, el sacerdote o catequista que instruye con la ciencia del Señor (“una palabra de ciencia”)43 y, por último, alguna vez se presenta el caso de alguien que habla con un fuego y una penetración especial (“una palabra de sabiduría"), San Pablo las coloca en orden decreciente según el grado de espectacularidad.44 La persona que ha hablado llena de sabiduría en el Espíritu, el catequista que ha dado su enseñanza con la ciencia del Señor y el resto de la asamblea que ha acogido con fe la Palabra. Todo es manifestación del Espíritu para la construcción de la comunidad. No se puede reducir el carisma, como hacían lo corintios, únicamente a lo espectacular.
A continuación, San Pablo pasa a lo que tradicionalmente se realiza en la asamblea eucarística entre la liturgia de la Palabra y la liturgia eucarística: la oración de los fieles y la colecta. Cuando la comunidad ora por las necesidades de la Iglesia, del mundo y de la propia comunidad, es normal que ore de un modo especial por los enfermos presentes. A veces, atestigua San Pablo, (y no olvidemos que nos encontramos hablando de comunidades vivas), algún enfermo es curado por el Señor. Es esto ciertamente una manifestación de la gracia de Dios. A continuación se realiza la colecta de los bienes que los miembros de la comunidad han traído para compartir con los más necesitados. En esos momentos, se dan en las comunidades vivas hechos de gran generosidad, como nos atestiguan ya los Hechos de los Apóstoles: "Bernabé... tenía un campo y lo vendió; llevó el dinero y lo puso a disposición de los apóstoles" (Hech 4, 36-37). En esta colecta cada uno entrega según sus posibilidades, las
posibilidades económicas y las posibilidades de la fe.45 Ciertamente es mucho más espectacular una curación que un compartir generoso, pero San Pablo indica a los
42Se han dado otras muchas interpretaciones de lo que significa aquí “fe”: 1) "una supereminente certeza de fe, que
hace al hombre capaz de instruir a otros en las cosas que pertenecen a la fe" (Sto. Tomás de Aquino, ST 1-2, q. 111, a. 4, ad. 2); 2) una fe que es capaz de trasladar montañas, es decir, de hacer milagros; 3) una fe que ayuda a los demás a mantenerse firmes en la fe. Todas estas explicaciones no tienen suficientemente en cuenta el texto y parten del presupuesto que no se puede estar hablando de la fe como gracia santificante. Pero, ¿qué hay que ayude más a la construcción de la comunidad que el contemplar la fe de los demás? Esta fe es llamada carisma por san Pablo no en cuanto es un fenómeno extraordinario de unos pocos, sino en cuanto se manifiesta y, al hacerse palpable, construye la comunidad.
43El denominar "palabra de ciencia o de conocimiento" al anuncio de una curación que Dios está realizando en ese
momento, es una novedad que no hemos encontrado en ningún escritor antiguo y que no tiene ningún fundamento bíblico.
44Este orden decreciente de "espectacularidad- queda reflejado en el uso de las preposiciones en el texto griego: 1a
primera (dia) significa la acción directa y exclusiva del Espíritu Santo, que forma él mismo los pensamientos en la inteligencia del hombre espiritual que pronuncia los discursos de sabiduría; mientras que la preposición kata indica la conformación a las inspiraciones divinas de los pensamientos producidos por el intelecto humano como causa propia; es siempre el Espíritu que obra, pero su función aquí no es más que directora" (E.M. ALLO, op. cit., p. 325).
45El texto griego habla de” energémata dynameónn (o dynarneós, según algunos códices)", lo que viene traducido
corintios que tanto una cosa como la otra son una manifestación del Espíritu y que no se pueden hacer distinciones. Se manifiesta la gracia de Dios cuando hay una curación, y se manifiesta la gracia de Dios cuando hay un acto de compartir. Hay que notar, de paso, que el Apóstol no habla aquí de la curación como de alguien que tiene el poder (o el carisma) de curar, sino que se fija en la curación en sí misma como manifestación de la gracia de Dios: se ha manifestado la gracia de Dios, a una persona se le ha concedido (¿al enfermo o a la persona que oraba?)46 una manifestación de la benevolencia de Dios (un carisma). La gracia se ha manifestado, en primer lugar, en la persona curada; no se puede hablar, pues, de una persona que tiene el carisma de curaciones (Santo Tomás de Aquino, ST 2-2, q. 178, a. 1, ad 1: ”es imposible que el principio de obrar los milagros sea alguna cualidad habitual en el alma”). Es como si san Pablo nos estuviese advirtiendo que cuando se da alguna curación demos gracias a Dios y alabémosle sin fijarnos en el instrumento, sin decir “fulanito” tiene el don de curar.
En tercer lugar, San Pablo se fija en la última parte de la asamblea eucarística, la parte propiamente dicha de oración eucarística (plegaria eucarística y comunión). En ella San Pablo se fija en dos hechos. En primer lugar, en los que dicen alguna palabra inspirada, alguna profecía. Frente a este hecho más notorio, el Apóstol recuerda que hay otro elemento más modesto que no se puede olvidar: el discernimiento de la asamblea que sabe reconocer en las palabras de un hermano la exhortación de Dios, o bien que las sabe escuchar como los pensamiento piadosos de una persona, o que las rechaza como las palabras de un exaltado. Tan manifestación de la gracia es la profecía como la actitud de discernimiento de toda la asamblea.
El segundo hecho en el que se fija San Pablo en esta parte final de la asamblea eucarística, es en la oración. Hay, en algunos momentos, hermanos que oran con una lengua inteligible, y que es gracias a esta oración inteligible que la oración de la comunidad tiene un sentido. Hasta tal punto que la oración eucarística no puede ser hecha en lenguas, porque de lo contrario la asamblea no podría contestar "Amén" a una oración que no ha entendido (cf. 14, 16); y si no hay nadie que sepa dar sentido a las oraciones en lenguas, éstas no deben hacerse (cf. 14, 28). Tan manifestación del Espíritu es, por lo tanto, la un poco “chocante”oración en lenguas, como la sencilla oración realizada en la propia lengua.