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Camera Motion Simulation for Eight Possible Camera Motion

4.4 Experimental Results

4.4.3 Camera Motion Simulation for Eight Possible Camera Motion

España no creo que quepa otra cosa más que una acción de gracias continua y emocionada por esta obra maravillosa y por los abundantes frutos pastorales que produce. Estamos rodeados de "una nube de testigos" que estarían dispuestos a testificar todo esto. Muchos de nosotros podemos dar el testimonie de que nuestra vida ha cambiado en profundidad, se ha dado en ella un cambio cualitativo y hemos descubierto la clave para transformar en alabanza hasta los más pequeños actos de cada día. El Espíritu del Señor Jesús se ha hecho presente con fuerza pode rosa en nuestras vidas, y en El hemos experimentado que Jesús está vivo, que sigue amando, salvando y construyendo su Iglesia como signo de salvación para todos los hombres. Y todo esto con una experiencia personal, dentro de la fe y la obediencia de la Iglesia, que hace se perciba todo ello con un talante de frescor, de juventud, de renovación, de actualidad, de presencia viva de, Señor en medio de nosotros y de todo el pueblo de Dios.

La Iglesia renueva continuamente su juventud, "como la del águila", y la presencia del Señor es siempre joven en gloria y poderío. Yo jamás pensé que la reforma de la Iglesia siguiera estos caminos. Pensé que con amor, con entrega y dedicación, evitando antitestimonios, sobre todo en la pobreza, con muchas reuniones y cambiando las estructuras ya estaba todo hecho. La lucha era contra estructuras viejas y caducas, ya no reales, que se empeñaban en perseverar, y que en el fondo escondían mucho: privilegios personales, mecanismos de defensa y posturas estereotipadas. La verdad es que el Espíritu del Señor me ha abierto lo: ojos. Y me ha enseñado que El es la fuerza y el poder, que su Iglesia es un don maravilloso suyo, que lo nuestro es la acogida de ese don, que El es el Señor y que no cede su gloria a nadie. El actúa con poder en su pueblo creándolo y haciéndolo crecer, y que no se trata de correr y esforzarse desde nosotros, sino de que El tenga misericordia.

Una de las formas en las que el Señor se muestra maravilloso es regalando a su Iglesia lo que llamamos carismas. Son dones especiales que tienen como función construir la Iglesia y darle consistencia. Carismas de santidad, de apostolado, de gobierno, de discernimiento, de profecía, de liberación, de curación, de todo tipo de compromisos, incluyendo a otros más pequeños como el de lenguas, que, por ser también don del Espíritu, es algo sagrado y digno de toda estima. Gracias a Dios, en la Renovación Carismática estas cosas han dejado de ser teorías para convertirse en una experiencia viva en medio de la Iglesia de hoy.

Ahora bien, el Señor actúa con nosotros, un pueblo histórico, pesado y de dura cerviz, poco convertido y siempre en peligro de prostituirse con toda clase de ídolos. De esta forma, somos una continua rémora para los planes y grandezas del Señor. Un pueblo que necesita profetas que le hablen de parte del Señor, que necesita signos, que

necesita conocimiento, que necesita perdón y liberación. Por eso se nos invita a la escucha, a espabilar el oído y a descubrir los caminos del Señor.

El Señor, en este momento, quiere manifestarse actuando algunos carismas al parecer un poco dormidos en los últimos tiempos. Nos está enseñando el poder enorme de construcción que tienen en la Iglesia. Los carismas, por ejemplo, de curación, tanto interior como física, sirven de maravilloso despertador de la fe, pues al ser dones del Espíritu no actúan sólo espectacularmente, sino con fuerza interior en los corazones. Lo mismo, un carisma de santidad, de liberación, la aparición de verdaderos profetas, el despertar de algunas vocaciones en la pura fe, y en definitiva la aparición de grupos y comunidades de oración y de apostolado en su Iglesia.

Aquí en España, este año pasado, el Señor ha querido regalarnos una comprensión más profunda de todo esto con la venida del padre Tardiff, la Asamblea Nacional y los retiros dados por los hermanos hispano-venezolanos Nicolás y M. Carmen. Hemos comprendido, al escucharlos y al ver cómo el Señor actuaba por medio de ellos, que el apellido de "carismático" en la Renovación no es algo secundario. Que nos tenemos que tomar en serio todo esto y creer en ello, para que la Iglesia de España perciba también los frutos que el Señor quien derramar a nivel mundial. En definitivo que tenemos que estar abiertos al Espíritu, sin prevenciones y sin medida, para no ahogar el plan de Dios que siempre va a ser más maravilloso que todo lo que podamos pensar. El Señor quiere hacer verdad aquella recomendación de san Pablo: "Aspirad a los carismas superiores" (1Co 13, l), "Aspirad a los dones espirituales" (Ibid. 14,l). La teología de la Iglesia viene a confirmarnos esta diciéndonos por boca de Tomás de

Aquino: "Los dones espirituales no reciben a no ser que se deseen" (In Iohannem, 14,

6).

SOMETIDOS AL DISCERNIMIENTO DE LA IGLESIA

Ahora bien, ni en esto ni en nada podemos independizarnos del Magisterio de la Iglesia, pues como suele decirse: los individuos ni los grupos tienen teléfono directo con el Espíritu Santo. Es Iglesia la que posee todos los dones todos los carismas: ella es la que pe dona los pecados, ella la que bautiza, que predica, la que tiene el don de curación, de profecía y todos los demás

También el de discernimiento. Ninguna de estas cosas es de administración privada. Por eso hay que estar atentos a la enseñanza de la Iglesia para que el diablo no nos tiente de nuevo diciendo: ¿Por qué no vas a comer esta manzana?. Juan Pablo II nos exhortaba en Roma a la "fidelidad a la auténtica doctrina de la fe; todo lo que contradice a esta doctrina no viene del Espíritu". Esto evidentemente se refiere no sólo a la teoría sino también a la praxis.

Pues bien, en lo que se refiere al deseo y ejercicio de los carismas hay una enseñanza de la Iglesia últimamente que nos marca la pauta a seguir. Coincide con Pablo en elogiar la grandeza de los dones de Dios y la gratitud con que se deben recibir. Pero siempre se añade la coletilla: "Los dones extraordinarios no deben pedirse temerariamente, ni hay que esperar de ellos con presunción los frutos del trabajo apostólico". Así hablaba el Vaticano 11, L.G., 2, 12. Juan Pablo II, en la Catechesi

tradendae 72, dice: "La Renovación en el Espíritu será auténtica y tendrá una verdadera

cuanto si conduce al mayor número posible de fieles, en su vida cotidiana, a un esfuerzo humilde, paciente y perseverante para conocer siempre mejor el misterio de Cristo y dar testimonio de El". El mismo Juan Pablo II en el Congreso de Roma nos decía: "Estad abiertos a los dones del Espíritu, sin exagerada concentración en los dones extraordinarios".

"ASPIRAD A LOS CARISMAS SUPERIORES..."

De aquí se sigue como consecuencia clara algo que ha causado inquietud en algunos grupos de España. El discernimiento acerca de si un grupo va bien o no va bien no se puede hacer a nivel de carismas extraordinarios, o sea, don de curaciones, de profecía, carismas especiales de discernimiento, palabras de ciencia, poder de expulsar demonios; y el menos bueno sería el que careciera de estos dones. No se puede hacer este juicio. Sería irnos por las ramas y edificar sobre arena. Lo mismo le sucedió a Pablo con Corinto y Tesalónica. Corinto fue la comunidad de los grandes dones que traían de cabeza a Pablo. En Tesalónica, por el contrario, no brillaba al parecer ninguno de los dones extraordinarios y, sin embargo, ved que derroche de ternura y de elogio derramó Pablo en sus dos cartas a los Tesalonicenses. De todas formas también les amonestaba: "No extingáis el Espíritu, no despreciéis las profecías" (1Ts 5, 19).

En una tesitura semejante a la nuestra se encontraba Pablo cuando escribió a los corintios el famoso himno a la caridad, de 1Co 13. Empieza así: "Aspirad a los carismas superiores, pero os voy a mostrar un camino mejor. Es decir, aspirad a todo, pero el camino básico es este... Y sigue diciendo: "Aunque hablara las lenguas de ángeles y tuviera todos los dones de la tierra y el cielo, si no tengo amor no sería nada". El discer- nimiento hay que hacerlo siempre a nivel de realidades esenciales y de intenciones fundamentales. El problema aquí es que estas realidades e intenciones suelen ser menos llamativas, más ocultas y halagan menos el triunfalismo inconsciente que anida dentro de cada uno de nosotros.

La Teología de la Iglesia distingue desde antiguo tres clases de gracia: a)

santificante, que se objetiva en la caridad, el servicio, la negación de uno mismo en la

pobreza... b) actual, se refiere a mociones del Espíritu, fundamentalmente en orden a la santificación, y e) gratis datae, es decir gracias gratuitas, o sea doblemente gratis, que son los carismas. Estos sirven para edificación de la Iglesia, y Dios los distribuye según épocas, según naciones, según el estilo e idiosincrasia de las gentes y los pueblos. En unos, dones de sabiduría, en otros, de milagros, en otros, de sencillez, y siempre para la máxima edificación y testimonio de su Iglesia.

ABRIRSE A TODOS LOS DONES DEL ESPIRITU

Por eso debemos estar abiertos a los dones del Espíritu, dejándole al Señor la libertad de distribuirlos según el beneplácito de su sabiduría y voluntad. Pero, eso sí, abiertos a esos dones, valorándolos, recibiéndolos con gratitud y poniéndolos al servicio de la comunidad "como buenos administradores de la múltiple gracia de Dios" (1P 4-10). Es necesario desearlos, aspirar a ellos. Una cosa es poner con presunción la confianza en ellos, y otra muy distinta es recelar o cerrarse a ellos. También de esta segunda forma se puede pecar contra el Espíritu Santo, y por cierto, se hace con más frecuencia. Unas veces por temor al ridículo, otras, amparados en las ideologías u opiniones humanas, según las cuales estas cosas sólo fueron necesarias al principio de la Iglesia, cuando aun no estaban sus estructuras suficientemente consolidadas. La

renovación carismática es toda ella un don de Dios, y lleva el apellido de "carismática" como expresión de la voluntad de Dios para nuestro tiempo, porque si de una cosa estamos seguros es de que esto no nos lo hemos inventado nosotros. El mundo de hoy necesita signos, necesita muestras especiales del amor de Dios, hundido como está en la desesperanza y en la falta de motivaciones para vivir, necesita que la Iglesia sea reconstruida, y finalmente necesita percibir que Jesús vive y actúa en medio de su pueblo. Por lo tanto, los que hemos sido llamados a esta renovación bloquearíamos la acción de Dios si, despreciando los carismas, nos conformáramos con intensificar un poquito la piedad y devoción en nuestras vidas. Dejemos que el Espíritu se muestre poderoso en nosotros, dejemos actuar en su Iglesia la poderosa virtualidad de la sangre y la resurrección de Cristo. Aspiremos a los carismas superiores: un sacerdocio renovado, una teología viva, una alabanza que estalle en lenguas, unas estructuras revitalizadas. Aspiremos a que el Señor cure y libere a su pueblo, a que nos envíe verdaderos profetas, que nos comunique palabras de conocimiento, dones de interpretación y discernimiento y que en definitiva la predicación del evangelio se vea acompañada de signos de toda clase como nos tiene prometido en su Palabra.

La Renovación Carismática es un ámbito donde por gracia de Dios existe un clima de fe propicio para que el Señor actúe de esta manera. Pero por eso mismo, porque lo sublime está cerca de lo ridículo, tenemos que extremar entre nosotros las precauciones y el discernimiento. Pablo VI describió la Renovación como una flor delicada y como una oportunidad para la Iglesia. Esto último lo volvió a subrayar Juan