STUDY SITES AND METHODOLOGY
3.3 Research framework and methods
3.3.7 Capacity research in action
Tanto en los momentos excepcionales (la fiesta o el luto), como en los cotidianos (la comida y la charla), los seres humanos han contado con la presencia estimulante de las bebidas alcohólicas. El efecto que tienen dichas bebidas en el estado de ánimo y en la percepción de quienes las prueban, llevó a las primeras culturas a considerarlas como un auténtico producto divino. Sin embargo, también es cierto que estos efectos pueden mostrar un lado oscuro a quienes prolongan su consumo más allá de lo conveniente, ya que las consecuencias de este exceso son resentidas no sólo por el cuerpo del individuo, sino por la familia y la sociedad en su conjunto. Entre estas perspectivas extremas respecto a las bebidas
alcohólicas (el deleite y el exceso) prevalece la mesura en su consumo, no solo como un producto disfrutable, sino en ocasiones, hasta saludable.
Diversos estudios a nivel mundial han indicado que la tendencia sobre el consumo de alcohol, como el realizado por la revista The Economist en la cual se publicó el mapa del mundo y los lugares donde se consumió más alcohol en los años 2003-2005. Sudamérica continúa siendo un mercado influenciado hacia esta cultura. Todo esto se puede observar en la Figura 18.
Figura 18. The Economist: El primer mapa mundial del consumo de bebidas alcohólicas
(2003- 2005). Tomado de “Drinking habits”, por The Economist, 2011. Recuperado de
http://www.economist.com/blogs/dailychart/2011/02/daily_chart_global_alcohol_consumptio n
En la actualidad el mercado de licores en Colombia tiene una gran variedad, pero se destaca el consumo del aguardiente como bebida alcohólica líder en eventos, fiestas, etc. Dentro de este sub-mercado existe una oportunidad de negocio, ya que hay consumidores que están interesados en el consumo de este licor por sus efectos y precio, sin embargo no lo adquieren por que suele ser muy fuerte o tiene el sabor del anís concentrado.
En Colombia no hay una tradición por una bebida alcohólica específica, pues existe una gran variedad de licores que se consumen según preferencias y varios factores
socioeconómicos. En primera instancia se puede deducir que el ingreso por habitante es un factor importante en el momento de elegir el tipo de bebida.
Los hábitos de consumo en el país son muy cambiantes, lo cual refleja un entorno inestable para este segmento del mercado, que induce a que las empresas licoreras busquen innovar constantemente con el fin de satisfacer las nuevas preferencias de los consumidores. Dicho proceso de innovación en Colombia tiene como resultado la especialización del producto para la ocasión, de modo que se puede ver por ejemplo varias presentaciones de un mismo producto en el caso del ron o el aguardiente.
El factor geográfico tiene gran influencia, ya que al estar ubicada en Sudamérica, la cultura de consumo de bebidas alcohólicas está fuertemente marcada, y aunque las
preferencias sean diferentes, el alcohol se consume en grandes cantidades.
La costumbre de beber es definitivamente un acto social que refleja en cierto modo la personalidad de una cultura. Las consecuencias del consumo de alcohol han sido de interés permanente para la economía y la salud pública. Los abordajes teóricos para comprender los problemas derivados han ido, desde postulados biológicos y sociales, hasta culturales. A pesar del avance en la comprensión de los mecanismos que explican el consumo y las
consecuencias negativas del mismo en individuos y grupos sociales, su prevención y control, son limitados. En Colombia, durante los últimos 20 años la cantidad de alcohol consumida, el consumo problemático, la dependencia y la mortalidad y morbilidad asociadas con el
consumo de alcohol, han aumentado de manera sostenida; por ello, los entes gubernamentales prevalecen en mantener controles permanentes en la población más vulnerable en el consumo del alcohol (ver Figura 19).
Figura 19. Encuesta de convivencia escolar y circunstancias que la afectan, para estudiantes de 5° a 11° de Bogotá (2011). Tomado de “Proyecto de Acuerdo 174 de 2012”, por Concejo
de Bogotá D.C., 2012. Recuperado de
http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=48273
Esta problemática ha sido confirmada por la encuesta realizada en el 2011 por el Departamento Nacional de Estadísticas DANE, en convenio con la Secretaria de Educación Distrital, la cual arrojó los siguientes resultados en el consumo de alcohol de estudiantes de 5° a 11°, edades promedio entre los 14 y 16 años.
El consumo de bebidas alcohólicas aumenta con la edad del estudiante, tal como se observa en los resultados para la alternativa "Nunca" de la pregunta "¿Con qué frecuencia consumes bebidas alcohólicas?". En el grado 5°, el 93.7% de los estudiantes manifiesta no haber tomado nunca licor; entre los grados 6° a 9° el número de estudiantes que nunca han consumido licor disminuye a 63.1%, y en los grados 10° y 11° esta proporción desciende a 30,2%.
La desagregación por sexo de las frecuencias en el consumo de bebidas alcohólicas indica que el 59.4% de los hombres y el 60.9% de las mujeres nunca han consumido licor. La proporción de mujeres que consumen bebidas alcohólicas, menos de un día al mes, es 19.4%
y la proporción de hombres que registran esta frecuencia en el consumo es 17.2%. Las mayores frecuencias en el consumo de licor se registran en los hombres, así por ejemplo el 6.8% de los hombres manifestó consumir bebidas alcohólicas uno o dos días a la semana, frente al 4.4% registrado para las mujeres.
El perfil o tipo del consumidor, del consumidor problemático y del dependiente del alcohol, ha sido objeto de estudio en la práctica clínica, la epidemiológica y la salud pública. La tipología obedece a un macro-indicador, que por un lado, aumenta la capacidad
discriminatoria y de otro, representa integralmente un fenómeno complejo. La clasificación del consumo es un mecanismo útil en el establecimiento de relaciones causales.
El alcohol no es un producto como cualquier otro, pues ha formado parte de la civilización humana durante miles de años y aunque muchos lo asocian al placer y la
sociabilidad; el abuso en su consumo también tiene consecuencias perjudiciales sobre quienes lo ingieren.
La censura indiscriminada en el consumo de bebidas alcohólicas propicia la
producción y el consumo de productos clandestinos, generalmente mucho más nocivos, pues carecen de una supervisión adecuada, no cumplen con la normatividad sanitaria y al evadir impuestos, ocasionan gran perjuicio a la industria formal y al erario público.