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espinas. Yo estoy agradecido de que

las espinas tengan rosas.

Alphonse Karr, escritor y editor francés

interpretación

Etapa de la percepción en la cual determinamos el significa- do de un acontecimiento o de una interacción.

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Inferencia de datos.

Otra estrategia que utilizamos para interpretar las per- cepciones es inferir datos, es decir, completar los vacíos entre estímulos. La inferen- cia nos ayuda a leer las palabras en los bordes de los márgenes cuando recibimos un documento en el que faltan las últimas letras al final de cada línea, por ejemplo:

El consejo directivo, de acuerdo c la recomendación del Presidente y d Facultad de Humanidades de la U

Sabemos que las letras faltantes completan las palabras “con”,”de la” y “Universidad”. De la misma manera, podemos leer las páginas de las impresoras que necesitan cartuchos nuevos; faltará la mitad inferior de cada renglón, pero aún así seremos capaces de leer el impreso. Interpretamos las placas que se colocan en algunos auto- móviles utilizando el cierre y probablemente podamos completar las letras faltantes en los ejemplos siguientes:

HMBR GRND HNRBLE YNTMNT PRSDNT

Lo mismo sucede cuando personas que se conocen bien terminan las oracio- nes que el otro pronuncia. En todas estas situaciones, la inferencia nos permite con- cluir con base en información no acabada, incompleta o limitada.

Atribuir significados.

Obtener conclusiones en base a nuestras percepcio- nes de palabras e imágenes puede parecer relativamente sencillo. La interpretación se dificulta cuando intentamos explicar el conocimiento de los demás. Cuando atri- buimos significados a nuestras acciones y a las de los demás, las dotamos de sen- tido. (Aronson 1984). Por ejemplo, un amigo adulto puede disfrutar de contemplar el cielo y de encontrar formas de animales en las nubes. Tú podrías pensar que la conducta de tu amigo es infantil o lo parece, según cómo pienses que es tu amigo y cómo interpretaste la actividad. Supón que estás hablando con una persona que fre- cuentemente ve qué hora o voltea a ver quién más a llegado a la habitación. Si acabas de conocerla, quizás clasifiques su conducta como la de una persona impaciente. Si la conoces, decidirás qué significa ésta en el contexto de tu relación. ¿Tiene que ir a algún otro lado que es más importante, o le aburre lo que le estás diciendo? ¿Hay al- guna necesidad física inmediata que tiene que resolver, o hay alguien más con quien preferiría hablar? Las atribuciones de significado que hagas respecto a sus comporta- mientos indicarán el paso de organizar tus percepciones a interpretarlas.

Atribuciones de significado externo e interno En general, interpretamos las acciones de los demás como consecuencia de fuerzas externas, tales como la situa- ción social o el ambiente físico, o internas, como las características de la personali- dad y las creencias individuales. Cuando percibimos que la gente actúa de manera consistente y constante, atribuimos su conducta a causas internas. Cuando una si- tuación específica parece provocar un comportamiento, consideramos que éste se debe a razones externas. Los padres luchan con esto cuando intentan determinar si el comportamiento de su hijo se debe a una fase pasajera o es indicativo de una predisposición duradera. Los padres que perciben el llanto histérico de su hijo de tres años como parte de una fase pasajera probablemente le responderán más gentilmente que aquéllos que concluyen que ese despliegue emocional se repetirá durante su infancia. Si un automóvil se te atraviesa en una carretera, puedes pensar que se trata de un chofer que tiene prisa por una emergencia, o de alguien agresivo y enojado. Los gestos no verbales que hagas (desde alejarse hasta agitar tu mano con ira) reflejarán la atribución de significado que elaboraste. En el primer caso, el com- portamiento se ha atribuido a una ocurrencia externa específica; en el segundo, se

atribuir significados

Asignar significado a nuestras acciones y a las de los demás.

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percibe como el resultado de una situación estable interna. Cada atribución de sig- nificado conduce a diferentes estrategias de comunicación como respuesta.

Juzgamos las atribuciones de significado externo e interno, en parte basados en nuestras categorías conceptuales para las personas. Por ejemplo, se han realizado muchas investigaciones en las que se demuestra que nuestros esquemas de género o nuestras categorías conceptuales con respecto a lo que significa ser hombre o mujer, determinan la manera en que calificamos el éxito de hombres y mujeres. Cuando un hombre tiene un buen desempeño, es probable que tanto hombres como mujeres atribuyan su éxito a factores internos, como son sus capacidades y talentos indivi- duales. Cuando una mujer tiene éxito, es probable que algunas personas lo atribuyan a fuerzas externas, como la suerte (Valian 1998). Estas atribuciones de significado relativas al género afectan negativamente a las mujeres en diversas ocupaciones que van desde profesoras a matemáticas y científicas de la computación (Bachen y McLoughlin 1999; Doyle 2000).

Nuestra decisión de interpretar comportamientos con base en fuerzas externas o internas a menudo depende de qué tanta responsabilidad consideremos que los demás tienen en sus acciones. Esas decisiones influyen entonces en cómo tratamos a los demás y en cómo nos comunicamos con ellos. Por ejemplo, a lo largo de la his- toria hemos utilizado las clasificaciones de enfermedad para explicar el grado de responsabilidad que la gente tiene en sus acciones. Como demostró Joseph Gusfield (1981), es posible considerar que las personas que manejan bajo la influencia del alcohol son bebedores sociales que pueden involucrarse en accidentes, como “borra- chos asesinos”, o bien, que son personas que están luchando con la enfermedad del alcoholismo. La manera en que definamos a las personas que toman y manejan deter- mina la manera en que respondemos a ellas. Las trataremos de manera distinta si las consideramos como personas enfermas y no como criminales.

La manera en que organizamos nuestras percepciones se relaciona directamente con nuestra interpretación de las causas internas y externas. Si nos agrada la gente, veremos sus penas como provocadas por causas ajenas a su control; si no nos agrada, probablemente la responsabilizaremos de lo que les sucede. Imaginemos el siguiente ejemplo de cobertura periodística de dos atletas que contrajeron el virus del SIDA: Greg Louganis, clavadista olímpico, y Magic Johnson, estrella de la NBA. En un análi- sis de la cobertura de prensa de ambos, Wachs y Dworkin (1997) demostraron cómo se presenta a Louganis, un homosexual que se identificó a sí mismo como tal, como una víctima o como transmisor de la enfermedad, y a Johnson, heterosexual, se le de- fine como héroe. Al primero se le considera responsable de contraer la enfermedad y a Johnson, que admitió que participó en conductas promiscuas y de alto riesgo, no se le ve como alguien que participó en conductas que provocaran que contrajera la enfermedad. Debido a estas diversas atribuciones de significado, se exigía que Louganis tuviera estándares más elevados de moralidad, mientras a Johnson se le perdonaba su comportamiento.

Piensa en la última vez que te enojaste con alguien. Quizás se trató de un conduc- tor que cambió de carril en forma arriesgada, de un cliente que no te dejó propina, o de un amigo que no te regresó una llamada. ¿Supones que el comportamiento fue intencional, por ejemplo, el conductor era grosero y el cliente corriente? ¿O lo atri- buyes a una causa externa, por ejemplo, el amigo que debió llamarte estaba inusual- mente ocupado? ¿Cómo fue que la atribución que hiciste de las acciones de la otra persona influyeron en la manera en que le respondiste? ¿Cómo cambiarías tu guión si modificaras tu atribuciones de significado?

Atribuciones de significado prejuiciosas.

Nuestras atribuciones de