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2.6 Summary and Knowledge Gaps

3.3.1 Case Studies Research

No leí de joven a Galdós –afirma el novelista argentino en la nota que es objeto de estas páginas–, pero hace veintitantos años que no salgo de vacaciones sin varias de sus novelas, retomando así el único encuentro con él, mientras cursaba el tercer año del bachillerato,7 al leer La de Bringas, que me impresionó mucho.

El azar que gobierna las lecturas desordenadas demoró este reen- cuentro. (Verbitsky, 1978)

Más allá de su acercamiento a la narrativa del escritor español como lector común, lo que no parece recordar aquí es que 20 años antes había postulado la importancia de volver a Galdós como un mo- delo de literatura que convoca a los lectores, por su representación de las realidades auténticas de una sociedad y una época.

En un artículo que será objeto de polémica, publicado en la revista Ficción, que dirigía el editor Juan Goyanarte, Verbitsky desarrolla lar- gamente una problemática que en esa época convoca la preocupación

6 En el mismo número, la reseña de Horacio de Marinis sobre una novela hoy

olvidada (El fundo del miedo, de José Murillo, en Editorial Futuro) recibe en cambio un vibrante elogio por su mensaje de denuncia de las condiciones de trabajo en las haciendas de Jujuy.

7 No disponemos de información sobre el lugar de sus estudios secundarios;

pero podemos apuntar que en Hermana y sombra, tal vez la más autobiográfica de sus novelas, el protagonista concurre al Nacional Mariano Moreno, en Almagro.

de escritores y críticos: la distancia que separa a los escritores argentinos de su público, que se muestra ajeno a la literatura nacional. A pesar de las numerosas editoriales que promueven la publicación de narradores argentinos (Losada, Kraft, Goyanarte, entre otras) el lector común no frecuenta su lectura. El tema había sido objeto, poco tiempo antes, de un libro de Adolfo Prieto (Sociología del público argentino, 1956), que inauguraba, como tantos otros trabajos suyos, una fecunda línea de aná- lisis sobre el campo de lectura y recepción de nuestra narrativa. Prieto apuntaba a una serie de factores de índole sociológica para indagar en las causas y avanzar respuestas posibles para esa problemática.

Por su parte, Verbitsky va a centrarse en un cuestionamiento a los círculos que considera hegemónicos –como el grupo de la revista

Sur–, que instalan un canon donde los modernos escritores promocio-

nados por ellos se consagran como modelos de buena literatura. En cambio, cuestiona el autor, se dejan en un oscuro segundo plano a los autores nacionales que representan la realidad urbana, la vida de las provincias, las historias del campo y del mundo del trabajo. Después de pasar revista a una larga serie de autores y novelas recientes –entre los cuales menciona a Raúl Larra, Elvira Orphée, José Bianco, David Viñas, Arturo Cerretani, Juan José Manauta, Silvina Bullrich, Adolfo Bioy Casares y Juan Carlos Onetti (nuevamente apropiado para las letras argentinas)–, señala: “Esto [de] que casi todo ha sido escrito en los últimos quince años y merece ser leído, sería leído si el lector co- nociese la existencia de tales libros, en los que se habla de su país, su ciudad, sus propios problemas” (B. Verbitsky, 1958, p. 11).

Pero no se trata de una reivindicación chauvinista. Lo que cues- tiona es la inquietante posibilidad de que los jóvenes lectores crean que “la literatura argentina se compone de Camus, Borges y Lanza del Vasto” (en obvia alusión a los autores promovidos por Sur). Para Verbitsky, se trata de recuperar los verdaderos modelos, los autores clásicos que proponen los grandes problemas del ser humano, sin ape- lar a innovaciones efímeras y al sensacionalismo de los valores falsos.

Este aspecto del problema nos habla de los graves problemas es- pirituales que debió soportar la juventud argentina que por un lado sufría todas las restricciones de origen oficial y por otro era de- formada en su mentalidad por ciertos círculos que nunca tienen la menor duda sobre su propio refinamiento y que ejercen sobre la vida literaria su propia dictadura implacable.

Todo esto ha dejado desgraciadamente huellas inclusive en las mentes más libres y mejor dispuestas, como se advierte en el mis- mo campo de la crítica de izquierda, por así decir. En el terreno de la novela hay toda una promoción cuyos miembros son hijos es- pirituales de un extraño contubernio: el de la ya nombrada revista

Sur y de Roberto Arlt, cuyo talento es tan grande como peligrosa

su influencia sobre mentes en formación. Estos escritores jóvenes han leído a Hemingway, pero quizás no conozcan a Dostoievsky [sic] o a Tolstoi o a Dickens. Frente a esta situación se desearía sostener un extremo opuesto y lanzar una exhortación como ésta:

‘Volvamos a Galdós’. Sería más saludable para nuestra literatura.

Por el otro camino hemos llegado a contar con novelas de la ciu- dad que reflejan un Buenos Aires de película francesa, y novelas que pretenden ser de nuestro campo y que solo pintan el campo de Erskine Caldwell.

Es una situación en la que se debe reflexionar, analizándola, en primer lugar, y conociendo los valores reales de nuestra literatura. (…) Sería tema para otro trabajo examinar las muchas razones que crean un verdadero foso entre el escritor argentino y el público para el que lógicamente escribe, pero lo real es que el momento es favorable para salvarlo. La gente está ansiosa por comprender la realidad de su país y terminará por aprender que la literatura también sirve para profundizarla. (B. Verbitsky, 1958, pp. 10-11)8

8 El artículo de Verbitsky será objeto de una respuesta bastante enojada de Ismael

Viñas, que se siente aludido como integrante de la “crítica de la izquierda”, a partir del número de Contorno sobre la literatura argentina que ya mencionamos. El artículo