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Case study I: the Added Distributed Data centers (ADD) scenario

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5. Case study I: the Added Distributed Data centers (ADD) scenario

En el pasado, el estrés era contemplado como un concepto unidimensional –es decir, como un continuo que oscilaba de bajo a alto, un concepto superfi- cialmente análogo al arousal o activación (Duffy, 1962). Durante un tiempo, hubo cierto interés en el concepto de activación, lo que vinculaba una dimensión psicológica, que oscilaba desde la somnolencia hasta la excitación en estado de alerta con una dimensión de actividad e inactividad en partes del sistema ner- vioso –específicamente el tronco del encéfalo y el sistema nervioso autónomo.

Sin embargo, hubo dos esfuerzos iniciales por dividir el estrés en tipos, y ambos han sido influyentes. En uno, el distinguido fisiólogo Hans Selye (1974) sugería dos tipos: Distres (dolor, angustia) y eustres. El primero es un tipo des- tructivo, ilustrado por la ira y la agresión y se dice que es perjudicial para la salud. El eustres es el tipo cognitivo, ilustrado por emociones asociadas con la preocupación empática por los demás y con los esfuerzos positivos que benefi- ciarían a la comunidad, y se dice que es compatible o que protege la salud del individuo. Esta importante hipótesis sigue siendo vaga y controvertida y, a pesar de su extendido interés, no ha sido debidamente defendida ni refutada por la investigación empírica.

En un segundo esfuerzo, diferencié tres tipos de estrés psicológico, daño/pérdida, amenaza y desafío, y defendí que las valoraciones asociadas a cada una eran diferentes (Lazarus, 1966). El daño/pérdida se vincula con el perjuicio o pérdida que ya se ha producido. La amenaza se relaciona con daño o pérdida que no se ha producido aún, pero que es posible o probable en un futuro cer-

cano. El desafío consiste en la sensibilidad de que, aunque las dificultades se interponen en el camino del logro, pueden ser superadas con entusiasmo, per- sistencia y confianza en uno mismo. Cada uno de ellos se maneja de forma dife- rente y tiene unos resultados psicofisiológicos y de ejecución diferentes.

A pesar de estas subdivisiones de los tipos de estrés, la idea típica del estrés es mucho más sencilla que la de las emociones. Bien como una dimensión sim- ple, o con sólo unas pocas categorías funcionales, el estrés nos dice relativamen- te poco sobre los detalles de la lucha de la persona por adaptarse. La emoción, por contraste, incluye como mínimo 15 variedades diferentes, ampliando la riqueza de lo que puede decirse sobre los esfuerzos de adaptación de la persona. La idea de las emociones múltiples cualitativamente diferentes se opone al enfoque que previamente dominaba la psicología de la emoción, en la que la emoción se reducía a unas pocas dimensiones independientes, como agradable- desagradable, excitación-relajación y positiva-negativa. En este contexto debe- ría mencionar a uno de los recientes pioneros en este campo, Silvan S. Tomkins, cuya obra de dos volúmenes, Afecto, Imaginación y Conciencia, Vol. 1: Los Afectos Positivos, y Vol. 2: Los Afectos Negativos ha sido publicada por la Editorial Springer (New York). Hacia el final de su vida elaboró otros dos volúmenes, Vol. 3: Afecto, Imaginación, Conciencia: Los Afectos Negativos, Ira y Miedo (1991) y Vol. 4: Afecto, Imaginación, Conciencia: Cognición, Duplicación y Transformación de Información (1992) y que también han sido publicados por la Editorial Springer. Tomkins fue uno de los primeros psicólogos modernos que contempló con seriedad las diferencias entre multitud de emociones de interés que ya se reco- nocían en la Antigua Grecia, que son mencionadas por Platón y Aristóteles y que adoptó un enfoque categorial frente al dimensional. Tomkins reconoció la sorpresa (alarma), la alegría, la angustia, la ira, el miedo y la vergüenza y des- cribió con cierto detalle las psicodinámicas que las caracterizan. Fue un erudi- to extraordinariamente abierto que adoptó un enfoque intensamente evolutivo, genético y basado en la fisiología del cerebro, lo que difiere sustancialmente de las teorías cognitivas-mediadoras actuales. Es conocido también por haber usado la oportuna metáfora electrónica para las emociones como amplificado- res de la actividad cognitiva que ayudan a las personas y animales a evaluar sus encuentros adaptativos y a sobrevivir.

Tomkins no estaba particularmente interesado en los factores cognitivos como la valoración, que influye sobre las emociones, y se mostraba receloso ante la insistencia moderna por dichos factores. La idea de la mediación cogni- tiva le parecía un modo excesivamente intelectualizado para refrescar o tamizar las emociones cálidas, una postura que rebato en el Capítulo 4, donde defien- do la teoría de la valoración.

Su interés evolutivo-fisiológico le condujo a defender que el patrón de expresiones no sólo indicaba automáticamente el tipo de “afecto” (la palabra que usó en lugar de “emoción” para referirse a la experiencia psicológica de la emoción) que se había provocado, sino también a decir que éste era el causan-

te del afecto, una postura que no coincide con los teóricos e investigadores cog- nitivos. En cualquier caso, su énfasis en la expresión facial le condujo a ser el mentor de dos de las investigaciones actuales más activas sobre la expresión facial y la emoción: Carroll E. Izard y Paul Ekman.

Pero volviendo a mi propio enfoque categorial, mi listado de 15 emociones incluye la ira, la envidia, los celos, la ansiedad, el temor, la culpa, la vergüen- za, el alivio, la esperanza, la tristeza, la felicidad, el orgullo, el amor, la grati- tud y la compasión, y por el momento es uno de los listados más amplios en este campo. Cada emoción nos dice algo diferente sobre el modo en que una persona ha valorado lo que sucede en una transacción adaptativa y el modo en que lo maneja dicha persona. En efecto, cada emoción tiene un escenario o his- toria diferente sobre una relación continua con el entorno.

Por lo tanto, si sabemos qué significa experimentar cada emoción –es decir, la trama dramática de cada una– entonces conocer la emoción que se experi- menta nos proporciona una visión inmediata de cómo transcurre. Esto permi- te disponer de un insight clínico substancial sobre las dinámicas de la vida adaptativa de dicha persona. No deberíamos permitir que este logro potencial sea pasado por alto en nuestra investigación sobre el estrés, olvidando conside- rar las emociones implicadas en el estrés y la adaptación.

Por ofrecer unos ejemplos breves, la ira se refiere a ser degradado o despre- ciado. La culpa a un lapsus moral. La esperanza se vincula con una amenaza o promesa cuyo resultado es incierto pero podría realizarse posiblemente. La feli- cidad se refiere al logro de una meta que uno ha estado buscando o en cuya dirección ha progresado. La compasión se vincula con el hecho de sentir empa- tía por el dolor de alguna otra persona –y así con las restantes emociones, cuyas psicodinámicas se describen con mayor detalle en el Capítulo 9.

Existe otro logro potencial derivado del conocimiento de la emoción expe- rimentada y de la historia que revela sobre la relación persona-medio. Si alguien responde habitualmente en muchos encuentros con la misma emoción, digamos, ira, ansiedad, tristeza o felicidad, disponemos de una característica estable de la vida emocional de dicha persona –es decir, evidentemente se expo- ne a ser una persona airada, ansiosa, triste o feliz, o quizá es preferible decir que la relación persona-medio es estable. Se puede decir que la respuesta emo- cional transciende al contexto situacional en cierto grado; hemos descubierto un rasgo de personalidad y hemos aprendido algo estructuralmente importan- te sobre el modo en que esta persona se relaciona con el mundo.