como casi toda la población había huido de la ciudad, fue fácil para ellos tomarla, incluyendo la fortaleza del Capitolio, digan lo que digan las anécdotas con las que los romanos quisieron velar este desagradable epi sodio de su historia (cf. Tito Livra, V 47-49, 7).
104 D IÁ L O G O S
ornamento de la condición humana ni concebimos una ima gen inmensa de una falsedad, sino que, tal cual lo describi mos, lo hemos exhibido, lo exhibiremos, quizá raras veces y uno solo a grandes intervalos de tiempo; pues las cosas gran des y que sobrepasan la medida vulgar y corriente no se pro ducen frecuentemente. Por lo demás, me temo que este mismo Marco Catón, con cuya mención ha empezado este debate, está por encima de nuestro modelo.
En suma, más potente debe ser lo que hiere que lo que es herido; ahora bien, no es más fuerte la maldad que la virtud; luego el sabio no puede ser herido. Un ultraje contra los buenos no lo intentan sino los malvados: para los buenos hay paz entre ellos, los malvados son para los buenos tan perniciosos como entre ellos. Y si no puede ser herido sino el más endeble y de otro lado el malvado es más endeble que el bueno y los buenos no deben temer un ultraje más que por parte de sus contrarios, el ultraje no cae sobre el hombre sabio. Pues ya no tengo que recordarte que nadie hay bueno sino el sabio. «Si Sócrates», dice, «fue condena do injustamente, recibió un ultraje». En esta cuestión con viene damos cuenta de que puede ocurrir que alguien me haga un ultraje y yo no lo reciba: igual que si uno pusiera en mi casa de la ciudad algo que hubiera robado de mi villa: él habrá cometido un hurto, yo no habré perdido nada. Puede alguien hacerse dañino por más que no haya causado ningún daño. Si uno se acuesta con su esposa igual que con la de otro, será adúltero, por más que ella no sea adúltera. A l guien me ha administrado veneno, pero al mezclarse con la comida ha perdido su poder: él se ha comprometido con el crimen por administrarme el veneno, aunque no me ha cau sado daño. No es menos asesino aquél cuyo puñalada se evitó porque se interpuso la ropa. Todos los crímenes, inclu so antes de su ejecución, quedan consumados por cuanto
SO BRE L A F IR M E Z A D E L SABIO 105
hay culpabilidad suficiente. Ciertas cosas son de esta natu- 5 raleza y se relacionan según la alternativa siguiente: la una puede existir sin la otra, la otra no puede sin la una. Intenta ré dejar claro lo que digo. Puedo mover los pies aunque no corra: correr no puedo sin que mueva los pies; puedo, por más que esté en el agua, no nadar: si nado, no puedo no es tar en el agua. De la misma suerte es también esto de que se 6 trata: si he recibido un ultraje, es preciso que se me haya he cho; si me ha sido hecho, no es preciso que yo lo haya reci bido. Pues pueden sobrevenir muchos accidentes que recha cen el ultraje: como alguna casualidad puede abatir la mano amenazadora y desviar los dardos arrojados, igual alguna circunstancia puede repeler cualquier ultraje y eliminarlo en pleno curso, de modo que haya sido hecho tanto como no recibido.
Además, la justicia no puede padecer nada injusto, puesto 8 que los contrarios no casan; ahora bien, una injusticia no se puede hacer más que injustamente; luego al sabio no se le puede hacer ultraje: no puede uno ni siquiera favorecerlo. De un lado, al sabio no le falta nada que pueda recibir como regalo, de otro el malvado no puede otorgar nada digno del sabio. Pues debe tener antes de dar, por el contrario, nada tie ne que el sabio se complazca en que se transfiera a él.
Luego uno no puede dañar al sabio o favorecerlo, ya que 2
lo divino ni desea ser ayudado ni puede ser herido y por su parte el sabio se sitúa próximo y cercano a los dioses, se mejante a un dios, exceptuando su condición mortal. En tanto aspira y se dirige a aquel estado excelso, ordenado, imperturbable, que discurre con un curso igual y concorde, tranquilo, benévolo, creado para el bien común, beneficioso para él mismo y para los demás, no anhelará nada rastrero, no llorará por nada. El que, apoyándose en la razón, avanza 3
106 D IÁ L O G O S
tiene dónde recibir un ultraje. ¿Piensas que digo tan sólo de parte del hombre? N i siquiera de parte de la suerte, que cada vez que ha ido a enzarzarse con la virtud, nunca se ha reti rado empatada. Si lo supremo, más allá de lo cual no tienen nada con que amenazar las leyes airadas y los déspotas más crueles, en lo que la suerte malgasta su poder, lo aceptamos con ánimo apacible e imparcial y reconocemos que la muer te no es una desgracia y por ende ni siquiera un ultraje, mu cho más fácilmente toleraremos lo otro, daños y dolores, deshonras, cambios de lugar, pérdidas de familiares, separa ciones, cosas que al sabio, aunque lo rodeen todas al tiem po, no lo hunden, y con más motivo no se aflige ante la arremetida de cada una por separado. Y si soporta resigna- damente los ultrajes de la suerte, ¡cuánto más los de los hombres poderosos, que sabe que son agentes de la suerte!
9 A sí pues, todo lo sufre del mismo modo que el rigor del
invierno y la inclemencia del clima, que las fiebres y enfer medades, y lo demás que sucede al azar, y de nadie tiene tan buena opinión que piense que ha hecho algo con reflexión, caso que sólo se da en el sabio. Lo propio de todos los otros no son las reflexiones, sino los engaños, las trampas, los arrebatos desordenados de los espíritus, cosas que cuenta entre los imprevistos. Ahora bien, todo lo fortuito se ensaña a nuestro alrededor y contra nuestros inferiores.
2 Piensa también que para los ultrajes se abre un amplio campo (en) aquellas ocasiones en que se busca un riesgo pa ra nosotros, como con un acusador sobornado o con una delación calumniosa o con el encono de los poderosos azu zado contra nosotros, y otras insidias que se dan entre los togados 16. Es frecuente también el ultraje cuando se han
16 Vale por decir los ciudadanos romanos, caracterizados por el vesti