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3.4 9/11 AS A CATALYST OF BORDER AND BORDERLAND CHANGE

3.7 CASES IN TRANSBOUNDARY ENVIRONMENTAL CO-OPERATION

“Te amo”

El amor es quien abre las puertas del corazón y nunca es rechazado por la mente. Es un tema similar al de los Derechos Humanos porque tampoco nadie queda afuera; pero tenemos varios tipos de amor. Cuando imparto el curso de hablar en público, solicito a una pareja de hombre y mujer, antes les he advertido que el ejercicio consistirá en que el hombre enamorará hipotéticamente a la mujer, en este ejercicio el público goza y ríe con amplitud. De esta manera el público observa como el lenguaje corporal aflora, desde los movimientos totales del cuerpo como las manos, la mirada, la inclinación de la cabeza, la colocación de las piernas. Cuando enamoramos sacamos lo mejor de cada quien. A veces pregunto ¿Quién enamora, el hombre o la mujer? Yo creo, les digo que es la mujer quien nos enamora, pero nos dejan creer que somos los varones, ¿Acaso no nos acercamos a una mujer que nos ha dado señales y signos de que no vamos a ser rechazados?

El amor al Medio Ambiente Sano o Ecología tiene como fundamento al Oikos del griego antiguo y que significa: Nuestro hogar, y este hogar es nuestro planeta tierra. El “Eros” o amor de pareja; la filosofía o el amor al conocimiento; el amor a nuestros hermanos que se denomina fraternidad; la amistad o amor a las personas que configuramos mediante la confianza y la lealtad; el amor a la Patria; el amor a nuestra casa de Estudios. Hay tantos tipos de amor, pero este tema unifica al auditorio con la persona oradora.

Una de las anécdotas que menciono nos dice que en una oportunidad me contrataron para dar pláticas a campesinos sobre los valores. Estos campesinos estaban organizados por

cooperativas y me daban el espacio para hablar cuando los hombres realizaban su Asamblea General, En un momento les solicité a los coordinadores de estas actividades que también deseaba darles las pláticas a las mujeres, pero me respondieron que estaban en la cocina, pero insistí y empezaron a convocar a las mujeres. Cuando llegué a una cooperativa, los hombres aún estaba realizando su Asamblea General, pero allí están las mujeres para que les de la plática -me dijeron-los cooperativistas. En efecto estaban aproximadamente 150 mujeres reunidas, al llegar me identifiqué inmediatamente con ellas, al decirles:

“Ahora que los hombres están reunidos en otro lugar, vamos hablar solo entre mujeres, pero que una de ustedes se coloque en la puerta y nos avise si viene algún hombre. Dentro de una hora tendré la oportunidad de hablar con los hombres de esta cooperativa y les prometo que los pondré de pie y los haré jurar en nombre de Dios, ya no con la palabra de honor, pues se ha perdido, que les den lo que ustedes necesitan y para esto, se integrarán diez grupos de quince personas cada uno, esto lo tendremos que terminar en menos de una hora, así que tienen treinta minutos para que se pongan de acuerdo sobre lo que les pediré a los hombres, digan lo que necesiten, que cada una tengo el derecho a expresar su pensamiento y sentimientos. Piensen un televisor, una refrigeradora, una máquina de coser, todas esas cosas que les han dicho que son para ustedes, pero que en fondo son para toda la familia. A ver, empiecen.”

Al final todos los grupos estaban de acuerdo con lo que pedirían y cuál fue mi sorpresa que lo que me pedían era que los formara y bajo juramente ante Dios, prometieran que antes de que terminara el día les dijeran que las amaban, que las querían. Me explicaron que por mis palabras sobre la televisión, la refrigeradora y tantos objetos más, entendieron que no eran regalos para ellas, sino para todo el hogar y que habían comprendido que se les había hecho creer algo equivocado, ahora querían algo para ellas. Una me dijo: “Mi marido quiere

más a su caballo que a mí, por él se preocupa y hasta se levanta en la noche para ver como está” Otra me dijo: “Las botas de mi marido son lo más importante para él, cada rato me dice de

que cuero son y que la punta de metal es de acero, pero no se preocupa si a mí me falta algo” y así, la mayoría se expreso.

Entonces sentí el poder de la palabra.

Al finalizar la Asamblea General de los Cooperativistas, les hable sobre los valores del ser humano y especialmente del amor, luego todos parados, levantaron la mano derecha y juraron ante Dios que antes de que terminara el día le dirían a su mujer que la amaban. Luego hubo una celebración tomando cerveza y chicharrones con Yuca, en eso, se me acercó un cooperativista y me hablo en voz baja como pidiéndome ayuda “Oiga mi amigo,

yo prometí decir a mi mujer que la amaba ¿Cómo le hago?”

Estaba a punto de darle algunas soluciones cuando vi sus botas con la punta de metal y levantando la mirada le dije: “Es muy

fácil, sólo dígale te quiero” “Ja, me respondió, si le digo eso, la tengo en el cuello todo el día, las botas me las pongo y van a donde yo diga y a donde yo quiero, pero esta mi mujer debe saber quién manda porque últimamente no quiere obedecer” “Pero es su mujer, su compañera, no su hija, le agregué” “Bueno hay otro camino, tome un papel, escriba el nombre de su esposa y ponga la palabra que tiene más fuerza: Te amo, y fírmela” “¿Y si se lo va a enseñar a todo el mundo?” me pregunto. “Pues se van a dar cuenta de que tiene esposa y lo más natural es que la ame o ¿no dijo usted eso cuando se caso? “Bueno, por el temor a Dios tengo que cumplir, no sabe en el lío que me ha metido”

Que la palabra sirva para decir que amamos, haga este ejercicio: Dígale a las personas más cercanas a usted que las ama y verá el poder de Dios, pues Dios es amor.