Inheritance of alignment specifications
11.4 Table rendering by non-visual user agents
11.4.2 Categorizing cells
en la dinámica de la
economía. Los resultados
pueden ser ilustrativos
para reflexionar sobre
posibles efectos en otros
países que intenten
practicar políticas
similares.
L
as reformas que experimentó la economía mexicana durante las dos últi- mas décadas del siglo XX han subrayado la necesidad de abrir la economíay hacer de la dinámica de la demanda externa un factor fundamental para el desarrollo. El acceso a un mercado mayor amplía las posibilidades de crecimien- to, y por otra parte exige una mayor competitividad de los productores naciona- les; en ambos casos se consigue un mayor nivel de bienestar para la población. En la práctica, la adopción de esta estrategia ha incluido como un elemento central la firma de tratados de libre comercio con varios países y áreas econó-
micas, siendo el principal el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan) con Canadá y Estados Unidos, que entró en vigor en enero de 1994. La importancia de este acuerdo para México radica en dos aspectos principales: primero, es difícil desestimar el tamaño del bloque económico norteamericano; y segundo, EEUU ha sido por largo tiempo el principal socio comercial, ade- más de la primera fuente de flujos de capitales y en general principal referente para México en la economía mundial. En efecto, uno de los argumentos esgri- midos para adoptar tal estrategia de crecimiento es que el sistema de protec- ción bajo el que se desarrolló la economía desde, por lo menos, 1952 fomentó la formación de un aparato productivo ineficaz, puesto que la competencia inter- na no basta para inducir a los empresarios a tomar las decisiones más eficien- tes. De hecho, existen ejemplos donde se han generado estructuras de mercado que han amagado la competencia, ya que propician que pocos agentes gocen de grandes cuotas y poder de mercado; tales estructuras no garantizan la mejor asignación de recursos. Así, los empresarios imponen precios superiores a los internacionales y extraen parte del excedente del consumidor, gozando de cuasi- rentas cuyo costo social es superior a los beneficios de la protección. Luego –si- gue el argumento– el bienestar se maximiza ceteris paribus, abriendo la econo- mía al mercado internacional.
Sin embargo, los defensores de la protección siempre argumentaron que tal práctica sería temporal, y que al final de la etapa de industria infante quedaría formado un aparato productivo más diversificado, que no habría existido sin esa estrategia, y cuya presencia hace posible generar mayor valor agregado y mejores niveles de empleo, incluyendo trabajo de mejor calidad, entre otros beneficios (Bruton). Probablemente la acumulación interna de capital entre 1940 y 1970, producida al amparo de la protección durante la posguerra, explique la estabilidad que gozó la economía en esos años. No obstante, un argumento a favor de las reformas es que no hay evidencia de que los empresarios hayan tenido disposición a aprender, por lo cual siguen siendo no competitivos luego de décadas de proteccionismo. De cualquier modo, una tesis más importante es que la protección ha dado origen a un aparato productivo que no responde a las ventajas comparativas del país, dando lugar a costos altos y a usos ineficientes de los recursos escasos. De manera que, otra vez, para que el bienestar no sea inferior al óptimo posible bastaría con que se eliminaran esas distorsiones. Por otra parte, en las últimas décadas se observa en la economía internacional una tendencia a constituir bloques económicos, frecuentemente sancionados por tratados internacionales. Sin embargo, estos bloques contravienen la teoría pura del comercio internacional, puesto que favorecen el intercambio entre los
países miembros en detrimento de la libre competencia entre productores de diferentes naciones en el mercado mundial (Panagariya). La cercanía geográfi- ca, las diferencias entre las asignaciones iniciales de recursos y los perfiles de especialización distintos, entre otros determinantes, explican la conformación de estos bloques económicos «naturales» (Frankel et al.). Las similitudes cultu- rales que permiten la existencia de patrones de consumo comparables entre países sería otro argumento a favor de la conformación de bloques no necesa- riamente compactos geográficamente, sin contar con los costes de transporte o de transacción cuando se trata de países lejanos. De todos modos, puede postu- larse que los miembros de un bloque se especializan y acceden a economías de escala mayores, lo que les asegura también mayores niveles de bienestar. Los países no miembros del bloque, sin embargo, probablemente enfrenten me- nores oportunidades de comercio, mientras quedan por verse las consecuencias en el intercambio de los miembros de bloques no sustentados en flujos comer- ciales «naturales». Es decir, los acuerdos políticos no necesariamente inducen mayores volúmenes de manera inmediata, aunque, desde luego, pueden facili- tar los existentes y probablemente fomenten los futuros. Otro punto importan- te es si los intercambios provocados por la existencia de estos acuerdos econó- micos responden a las condiciones de eficiencia que reivindica la teoría del comercio internacional (Panagariya). En todo caso, puede demostrarse que el bienestar global es mayor en condiciones de libre comercio internacional, y que a medida que aumenta el número de bloques, la pérdida de bienestar es mayor (Frankel et al.). Ahora bien, puede postularse que los grupos de países con gran- des intercambios comerciales constituyen bloques económicos naturales y que, en la medida en que comercian, se trata de sistemas integrados. Si además ha- blamos de comercio de mercancías empleadas en la producción, tal integración será de carácter estructural y su profundidad dependerá de qué tan necesarios sean esos bienes para la continuación de la actividad productiva en cada país involucrado. Allí, las peculiaridades de la estructura productiva de cada siste- ma son importantes para definir la forma de la integración o de la dependencia entre los sistemas implicados (Motohashi).
El propósito de este documento es reconsiderar algunos hechos referentes al proceso de integración de México en el bloque de América del Norte, y en este marco examinar algunas consecuencias para el desarrollo de la economía mexi- cana. Así, el resto del documento está organizado como sigue: el primer aparta- do considera algunos rasgos del proceso de conformación de dicho bloque, así como algunas consecuencias observadas en las estructuras económicas de los países miembros; la segunda sección revisa determinados datos sobre los inter-
cambios comerciales en América del Norte frente a la dinámica económica; el tercer punto plantea consideraciones acerca de los impactos que han tenido estas tendencias del sector externo y de la estructura productiva en el creci- miento. Por último, el cuarto apartado presenta algunas reflexiones en torno del problema del desarrollo, a la luz de los hechos aquí revisados.
Comercio e integración en los países de América del Norte
En enero de 1994 entró en vigor el Tlcan. Este tratado se monta sobre unas tendencias a la integración regional que ya estaban en marcha, si bien puede decirse que las ha acelerado, sin modificar de manera notable lo existente. Así, por un lado, Canadá y EEUU han comerciado entre sí extensamente por déca- das, y habían firmado una serie de acuerdos y trata-
dos comerciales de diverso alcance a partir del pacto sobre la industria automotriz de 1965, y hasta el Acuerdo de Libre Comercio de 1987, que tenía un carácter estrictamente bilateral (Klein/Salvatore; Thompson). México y EEUU, por su parte, han comer- ciado por largo tiempo y, como aparece en la intro- ducción, habían sido principales socios comerciales mutuos antes de 1994. México y Canadá, sin embar- go, mantienen una relación económica distante (v.
cuadros 1 y 2). De este modo, la integración norteamericana marcha a contra- pelo de los fenómenos europeos, del Mercosur o del Pacto Andino, por ejem- plo, puesto que en esos casos los tratados y acuerdos anteceden a las dinámicas de integración. Asimismo, estos acuerdos se firman a partir de consideraciones estratégicas de desarrollo entre los países miembros, donde la voluntad políti- ca y el designio de largo plazo explican los términos de los convenios firmados. Volviendo al bloque norteamericano, es interesante notar en los cuadros 1 y 2 cómo el peso de las relaciones bilaterales difiere entre los tres socios comercia- les. Es decir, en el caso de México, para la década pasada un promedio de 85% de las exportaciones totales se dirige a EEUU y se nota la tendencia hacia la concentración, mientras que solo 2% de aquéllas va a Canadá y la cifra tiende a disminuir. Como contraparte, apenas 12% de las exportaciones estadouniden- ses de 2000 se destina a México y 16% a Canadá. Éste, por su parte, envía 85% de sus exportaciones a EEUU y 3% a México. Desde el punto de vista mexicano el origen de las importaciones ha tendido a diversificarse (un poco) en el senti- do de que la participación de aquellas provenientes del área norteamericana ha fluctuado a lo largo de la década pasada, llegando a 73% para las que vienen de