3.2 EGFR targeting and shielding of pDNA lipopolyplexes via bivalent
3.2.4 Cellular binding and internalization of bivalent post-PEGylated polyplexes
empresa teórica que requiere el mayor esfuerzo integrador (Hudson, 2005) producto de la gran variedad de información resultante de los distintos niveles de análisis (multinivel) y de las numerosas disciplinas del conocimiento (multidisciplinar) a las que se debe recurrir para su completo abordaje.
Dicha complejidad analítica obedece, en parte, a la diversidad de actores, temas de agenda, objetivos y medios con los que debe enfrentarse el relacionamiento externo de los estados, máxime si se trata de actores con importante gravitación en el escenario internacional. Por tal motivo, analizar el “todo” de una política exterior con rigurosidad y abundancia empírica no es tarea sencilla. Como técnica para sortear dicho problema, muchos analistas -entre ellos Roberto Russell- han “parcelado” el objeto de estudio marcando áreas específicas de la política exterior.
103 Siguiendo el concepto de dicho autor, compartimos la visión referida a que las dimensiones político-diplomática, militar-estratégica y económica pueden ser “analíticamente separables” en tanto recurso metodológico válido a los fines de aprehender una política pública compleja como lo es la política exterior. Además, podemos destacar que las tres dimensiones señaladas han estructurado la evolución histórica de los estudios de política exterior83.
No obstante, ante determinadas coyunturas, el abordaje fragmentado del accionar externo de un país no es suficiente para explicar aspectos puntuales de la política exterior. Analizar aisladamente la dimensión “económica” o “estratégico-militar” de la “político-diplomática” (Gráfico N°10, modelo A) implica subestimar que, independientemente de la especificidad y dinámica propia de esta última área, la misma permea las otras dos dimensiones, jugando un papel relevante tanto para los resultados esperados como para los alcanzados84. En nuestro caso de estudio, la llegada de Lula al poder implicó, a diferencias de sus predecesores, la complementación de la tradicional visión economicista de la PEB con un mayor acompañamiento político de las acciones externas del país en todas las áreas de cuestiones.
En consecuencia, el esquema analítico que aquí se propone (Gráfico N°9, modelo B) integra la dimensión política a las demás áreas de cuestiones, en nuestro caso, al estudio de la inserción económica internacional del Estado.
83 Los estudios de política exterior transitaron desde la primitiva concepción de política exterior como
mera práctica diplomática (Nicolson, 1939) al predominio de las cuestiones militares -entendida como “alta política”- y la preocupación por la supervivencia de los Estados (Morgenthau,1963), hasta el énfasis puesto por la academia en enfatizar los atributos económicos en un contexto de globalización e interdependencia en el sistema internacional (Cooper, 1972, Almeida,2009)
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A su vez, la propia enunciación de la dimensión “político-diplomática” es problemática. Como señala Amado Cervo (2008), la política exterior es la que le da contenido a la diplomacia, ya que ésta última sin política no pasa de conducta vacía, de movimiento sin rumbo, es acción externa sin estrategia. De este modo, la diplomacia o práctica diplomática es el instrumento político por excelencia de la política exterior (Gráfico N°9, modelo B).
104 Gráfico N° 10: La política exterior y sus dimensiones
Modelo A Modelo B
Fuente: elaboración propia
La dimensión política de la política exterior a la que hacemos referencia es entendida de manera dual. Por un lado, en el plano internacional, cualquier acción (como la firma de un tratado comercial) se enmarca en una orientación política determinada. El rechazo de Brasil al ALCA implicó mucho más que una medida comercial. Asimismo, otro ejemplo -que profundizaremos más adelante- fue la decisión de los gobierno petistas de financiar obras de infraestructura en los países vecinos, medida que, en principio, se encuadra en la dimensión económica de la política exterior pero que, al mismo tiempo, responde a una estrategia regional con una visión política determinada (Capítulo V).
Por el otro lado, en el plano doméstico, siguiendo a María Regina Soares de Lima (2000), entendemos que las consecuencias de la política externa tienen impactos diversos en la distribución de bienes (materiales y simbólicos) en el sentido de que costos y beneficios no se distribuyen igualmente en la sociedad, motivo por el cual, la política doméstica ejerce influencia en la formulación de la política externa. Cualquier política exterior, como toda política pública en un contexto democrático, está sujeta a múltiples intereses y a diversos puntos de vista85. Este grado de
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Es un lugar común entre los internacionalista aseverar que en el relacionamiento externo todo país debe desarrollar una “política de estado” que defienda el “interés nacional” en el largo plazo y no una “política partidaria” de corto plazo y atada a intereses particulares. Si bien muchas veces es deseado que diferentes gobiernos continúen con líneas de política exterior dado que los resultados trascienden
105 politización no debe ser entendido desde una concepción faccionaria, sino resaltando el rol de “lo político”, es decir:
“La politización entendida como ampliación de la agenda de política exterior y la formación de preferencias en el plano doméstico, anteriormente inexistentes, representados por grupos de intereses directo o indirectamente afectados por las acciones externas como por ejemplo, las asociaciones empresariales o los grupos de sindicatos en las cuestiones comerciales” (Soares de Lima, 2013:2).
Por todo lo mencionado anteriormente, analizaremos el impacto de la consolidación de la internacionalización de capitales brasileños bajo la dimensión político-económica de la PEB86. La estrecha relación entre el aspecto político y el económico en las RRII se constituye en el núcleo de la EPI y, a su vez, es el centro de la obra de Robert Gilpin, la cual forma parte sustancial de nuestro marco teórico. De acuerdo a la reflexión de Amado Cervo:
“La internacionalización del capital en Brasil no es solamente una cosa económica, es también política porque el poder se basa tanto en la sustancia económica como en la militar. Es un recurso de poder. El gobierno de Lula concibió esta cuestión porque quería que Brasil tuviera un rol más importante y más determinante sobre las relaciones internacionales, sobre el orden internacional. Pretendía que Brasil tuviera una voz un poco más importante que en el pasado, entonces la internacionalización de las empresas es un recurso de poder importante para ello”87
La disyuntiva brasileña de avanzar en la negociación de Tratados Bilaterales de Inversiones (BITs por su sigla en inglés) evidencia como el aspecto político- en sus los tiempos democráticos, coincidimos con Marco Aurelio García (2010:194) “que en todos los gobiernos existe un tono partidario. La implementación del interés nacional no es un mero ejercicio técnico. El interés nacional es interpretado por el partido o la colisión de turno que la sociedad llevó a la dirección del Estado”.
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La dimensión político-económica de una política exterior tiene puntos de contacto con lo que Kees Rade (2013:49) denomina “interpretación amplia” del concepto de diplomacia económica. Según el autor, existe, en contraposición a esta, una noción limitada de dicho concepto que puede ser definida como “el uso de las relaciones e influencia de un gobierno para promover los intereses comerciales de una empresa nacional, o de un grupo de ellas, en un país extranjero”. Sin embargo, al analizar el caso de Holanda, Rade señala que diplomacia económica debe ser interpretada de “manera amplia”, incluyendo tanto los fines económicos como los políticos. El uso de políticas e instrumentos económicos tiene metas de índole económica, como por ejemplo, expandir el comercio y las inversiones nacionales. Al mismo tiempo, pretende objetivos políticos, como pueden ser la seguridad o el esquema de alianzas. De este modo, “la diplomacia económica no es práctica aislada, ella hace parte de un conjunto de relaciones bilaterales y multilaterales de un país” (Rade, 2013:50).
87 Reflexión realizada por Amado Cervo en el marco de una entrevista realizada por el autor el 24 de
106 dos niveles, el internacional y el doméstico de la política exterior- se entrelaza con cuestiones de naturaleza puramente económica. En el plano internacional, para los países en desarrollo receptores de IED, dichos tratados han tenido una fuerte connotación política y simbólica, asociada a esquemas de asimetría de poder típicos de las relaciones Norte-Sur. Para Brasil en particular, avanzar en esa dirección con países de menor desarrollo, a la par de los beneficios económicos, también trajo consigo implicancias políticas considerando que su política exterior se jactó, desde el 2003, de estar anclada en el denominado “Sur”. Paralelamente, a nivel doméstico, las asociaciones empresariales como la Federação das Indústrias do Estado de São Paulo (FIESP) y la Confederação Nacional da Indústria (CNI) han sido actores con voz e influencia para tratar de lograr algún grado de protección de las inversiones realizadas por el capital brasileño. Este último ejemplo da cuenta de la necesidad de estudiar aspectos o problemáticas de naturaleza económica de la política exterior desde la dimensión político-económica (profundizaremos este punto en el Capítulo IV).