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El testimonio evangélico debe tener una fundamentación Bíblica; por eso Se presentan a continuación algunos referentes que soportan las ideas referentes de comunidad y espiritualidad como plataforma de lucha por la libertad desde el Evangelio. Plantear el respeto por los derechos humanos, como un punto de referencia de las comunidades afrocolombianas implica un horizonte teológico, evangélico y sacramental en miras a la

87CFR. Boff Leonardo, Los Sacramentos De La Vida, colección alcance:

https://pochiteo.files.wordpress.com/2010/03/sacramentos-vida-boff.pdf

88 CFR. Boff Leonardo, Los Sacramentos De La Vida, colección alcance:

https://pochiteo.files.wordpress.com/2010/03/sacramentos-vida-boff.pdf

89 Cfr. Programa de Formación y Acción Social, Propuesta Educativa 9, ACODESI, Asociación de Colegios

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66 construcción del reino de Dios, que permite comprenderlos de cara al sujeto que está en

constante búsqueda de respuestas frente al amor del Padre.

En este sentido, las comunidades afrocolombianas, como personas cristianas y vivientes de una espiritualidad trinitaria, han decidido asumir una opción dentro de la cual se le exige un “plus” que lo distinga por su forma de vivir cristianamente, por su espiritualidad, por su encarnación en la realidad y opción como una práctica comprometida con el proyecto del Reino.

Como afirma Jon Sobrino, “La lucha por los derechos humanos es una exigencia ética ineludible para todo hombre, no sólo que sea una parte muy importante de la misión de la Iglesia y de la praxis cristiana, sino que se afirma en su dimensión divina y teológica.”90 Es claro que la apuesta y la opción cristiana deben encontrarse en la realidad de cara al otro. En este sentido “no puede haber vida espiritual sin vida real e histórica; no se puede vivir con espíritu sin que el espíritu se haga carne”91. Es en este horizonte donde los

afrocolombianos y sus comunidades se enmarcan y reflejan como espíritu vivo de la humanidad y del testimonio de cristo en miras a la predica y construcción de un reino en el que todos realmente fuéramos hermanos, creyendo en el otro y propiciando para este siempre lo mejor.

La realidad de los seres humanos hoy en día presenta el drama de lo humano; es decir, los hombres y las mujeres en concreto que hacen parte de la realidad de exclusión, negación y explotación por parte de otros sujetos, que se traduce en dolor, angustia, desesperanza, hambre e injusticia. Realidades bien conocidas por el pueblo afrocolombiano, pero que han encontrado en una espiritualidad viva y evangélica, asidero para desde la comunidad procurar una dinámicas distintas de vida y esperanza. Estas realidades interrogan a la teología sobre la forma como el Dios de la Vida actúa, de la manera como se hace presente paradójicamente en medio de la cotidianidad de la vida.92

90 Sobrino, Jon. Liberación con Espíritu. Apuntes para una nueva espiritualidad. Universidad

Centroamericana José Simeón Cañas. San Salvador: 1994. p. 127.

91 González Faus, José Ignacio. Derechos humanos, deberes míos. Bilbao: Sal Terrea, 1997. p. 13.

92 Garcia Duran, Mauricio, S.J. El conflicto desde una lectura teológica: una aproximación teológica-pastoral

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67 Es en la vida diaria, donde a la luz de la Palabra y de la orientación de algunos documentos

eclesiales, que se quiere leer la realidad como expresión de una historia de liberación que revela el rostro del Dios de la Vida en medio de situaciones de muerte, es en la vida, en la experiencia de la comunidad afrocolombiana, asidero para una espiritualidad que alimenta esta experiencia de vida y testimonio evangélico.

A continuación veremos algunos textos evangélicos que confirman que la lucha por al libertad, experiencia que las comunidades afrocolombianas evidencia a través de su vida en función de la construcción de un reino de libertad y fraternidad alimentado por la espiritualidad propia de un pueblo, sometido, pero nunca caído, veamos estos textos leyéndolos a través de la experiencia de las comunidades afrocolombianas que ampliamente se ha referenciado en este documento:

 El Evangelio, la Buena Nueva de Jesús es el Reino de Dios y su anuncio lo realiza con su vida misma; su forma de proceder muestra cómo Dios mismo actúa en Él y en todos los seres humanos; con sus actuaciones realiza el nuevo “orden” que Dios tiene para la humanidad (Lc 4,16-21).

 El Reino de Dios en la predicación inicial de Jesús de Nazareth (Mt 4, 17; Mc1, 14- 15; Lc 4,22-44) significa el designio, plan o proyecto de Dios para con el mundo o lo que, más genéricamente dicho, se denomina “la voluntad de Dios” (Mt 6,10).

 El Reino de Dios se revela, se testifica, se anuncia, se proclama, se asume en la fe, se vive en la esperanza, se realiza en el amor; y así, a través de estas frases, progresivamente e históricamente, se va dando cuerpo y expresión al Reino de Dios. El Reino de Dios inspira, estimula y dirige la configuración del mundo según el plan para el que ha sido creado.

 El ser humano ha sido creado necesariamente como un ser de libertad y como un ser capaz de realizarse por la relación amorosa con sus semejantes. Las estructuras injustas son producto del pecado de hombres y mujeres que, en lugar de optar por la

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68 fraternidad, lo cual corresponde a su vocación más íntima, se ha expresado en

desamor93.

 Cada una de las experiencias de la comunidad afrocolombiana tiene una fundamentación bíblica que hace referencia directa a la situación que se vive. Ejemplo de ello lo encontramos en los siguientes textos bíblicos:

o La parábola de la semilla de mostaza. Marcos 4, 30-32 o La creación. Génesis, capítulo 1

o Parábola del buen samaritano. Lucas 10, 25-37 o Las obras de misericordia. Mateo 25, 31-46 o La parábola de la gran cena. Lucas 14, 15-24 o Jesús y Zaqueo. Lucas 19, 1-10

o Reino de justicia. Isaías 32, 17

En cada uno de los textos antes mencionados se revela una identidad común con todos los cristianos, y no solo es la realidad del testimonio bíblico, sino una realidad común de opresión en la que Jesús testimonio la invitación a que junto a él, transformemos esta realidad y confluyamos juntos en la construcción del reino de Dios.

Las prácticas religiosas del pueblo afrocolombiano, fruto amalgamado de la vida e historia de estos en américa latina bajo el yugo del mayoral y en medio de la muerte y discriminación, se conjugan con la vida cristiana propuesta por los evangelizadores, de forma homogéneizante, incluso adoctrinante, pero nunca ubicada en la situación de este pueblo, o en clara línea del evangelio de liberación y salvación.

El testimonio evangélico es junto a la añoranza de lo perdido en África, es quizás el mayor aliciente para la lucha comunitaria de las comunidades afrocolombianas por su libertad y salvación, todo lo anterior es el combustible de la espiritualidad afrocolombiana, es en ella

93 De Unciti Manuel. El Reino de Dios en la Pastoral actual. Revista católica internacional.

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69 donde encuentra asidero la vida del pueblo afro, donde cada acción de este cobra sentido.

El pueblo afrocolombiano a nacido para tener vida en abundancia, y su espiritualidad lo mueve a luchar y conseguir esta realidad94.

6.7 ¿La Comunidad afrocolombiana un testimonio del anuncio del amor y la misericordia de Dios junto a quienes están condenados a ser no – personas?

Responder a esta pregunta solo se puede si partimos del hecho de que solamente anunciando a un Dios vivo y liberador, aliado de los pobres y excluidos; es como se pude llegar a comprender un atisbo de esta respuesta. En consecuencia, se asume un enfoque evangélico para el contenido de la vivencia espiritual de las comunidades afrocolombianas, donde su comportamiento parte de esta experiencia de fe evangélica de un Dios vivo, que acompaña siempre al pueblo sufriente, pobre y oprimido; para Dios y para cada uno de los cristianos, opción preferencial por los pobres, es una opción por el prójimo y es testimonio de una vida en Dios.

En este sentido, las comunidades afrocolombianas, son una de las que buscan dar respuestas al llamado que Jesucristo hace, entre otros, desde el texto de San Mateo: “En verdad os digo que lo que hicisteis a unos de estos hermanos míos, más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mateo 25, 40). Es así como en Jesús de Nazaret, en la entrega total de su vida, llegamos a entender el Amor incondicional de Dios para con nosotros, y la inseparable conexión del amor a Dios y al prójimo, es por ello que la comunidad en la que confluyen los afrocolombianos, directa o indirectamente, busca responder a este llamado hecho por cristo, digo indirecto, porque en algunos casos la evangelización ha sido pobre o incluso inexistente, y aun así, el mensaje a calado y propiciado esta experiencia de fe.

El amor de Dios que es universal, desde la clara predilección por las personas pobres y excluidas que viven al margen de todos los beneficios sociales (Lc. 4, 16-21). Este es un llamado al que, por principio, no se puede ser indiferente desde el compromiso social cristiano de bautizados; los afrocolombianos desde el bautizo y nuestras primeras

94 Cfr. Programa de Formación y Acción Social, Propuesta Educativa 9, ACODESI, Asociación de Colegios

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70 catequesis, las que recibimos en el hogar, no hacemos conciencia del genocidio, sino del

compromiso con el otro, con ese prójimo que al igual que nosotros debe vivir una experiencia de vida en abundancia y en gracia, el enfoque no es la tragedia, sino la vida en abundancia.

El espíritu y esencia de la tarea que nos dejó Jesús fue la construcción de su reino, como un reino de justicia. Por eso la respuesta que damos, a la realidad del mundo, a las comunidades afrocolombianas, inspiradas en el testimonio de Jesús; no puede ser para los cristianos y mucho menos para los negros, en ningún momento, motivo de indiferencia o simple crítica, sino que debe ser una llamada a la acción responsable y comprometida a nivel personal y social. Así lo dice la Constitución G.S. en su numeral 27,1: “Cada uno, sin ninguna excepción, considere al prójimo como otro yo, cuidándolo y dignificándolo y teniendo siempre en cuenta principalmente, sus necesidades vitales y los medios conducentes para una vida digna” . De una manera concreta, la persona cristiana, las comunidades afrocolombianas, animadas por una espiritualidad cristiana, deben trabajar, con actitud de fe y servicio en la vida cotidiana, por la defensa y promoción de los derechos humanos, que son tareas que se imponen de una manera apremiante a la conciencia cristiana en una sociedad que clama equidad, igualdad y justicia social.

En coherencia con estas afirmaciones podemos ver a tantas y tantas comunidades afrocolombianas en el caribe y pacifico colombiano, construyéndose en medio de las más infames atrocidades y violencias; pero que pese a todo eso llegan a Bogotá y deciden construir pequeños kilombos y palenques urbanos en los cuales reconstruyen su experiencia de servicio y comunitariedad. Es por eso que creo en la experiencia de tantas y tantas mujeres, que desde la preocupación por el bien común, construyen experiencias en las que se testimonio mucho más a cristo y su testimonio que en muchos lugares que se predican así mismos focos de cristiandad. Creo que la meta de estas comunidades y su objetivo es formar hombres y mujeres que no vivan para sí, sino para toda su comunidad, propiciando sin querer un espacio para Dios y para Cristo; para aquel que por nosotros murió y resucitó; en estas comunidades se propicia un espacio en el que hombres y mujeres viven la experiencia de ser para los demás, es decir, que no conciban el amor a Dios sin el amor al hombre y viceversa; un amor eficaz que tiene como primer postulado la justicia que es la

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71 única garantía que nuestro amor a Dios no es un farsa, una mentira como todo alrededor

nos vehicula95.

6.8 Conclusión

La espiritualidad del pueblo afrocolombiano es muy nutrida y llena de múltiples dinamismos, con muchísimos autores y caminantes del proceso, en ella no solo se ven prácticas, sino que se encuentra una dimensión política, social y económica que está involucrada en todo el sentir de un pueblo, el cual se ha construido a través de una historia construida a través del colonialismo, pero que pese a esto no fue capaz de disolver la creatividad del africano, el cual fue capaz de gestar nuevas dinámicas para conservar y reconstruirse en estas Américas, que le trajeron enajenación y desconsuelo.

La vida espiritual y religiosa de este pueblo es abundante y significativa, está plenamente llena de africanidad y de cristiandad, en ella en completa sinergia están las dos, dándole sentido a un pueblo, llenándole de esperanzas y permitiendo continuar día tras día, con una injusticia y en algunos casos dolorosa existencia, fruto de la violencia y desamparo estatal, el cual aún hoy le sigue dejando al margen del goce efectivo de los derechos.

El siguiente capítulo, estará permeado por la pedagogía, y una búsqueda de dinámicas que permitan introducir a la ERE, dentro de los dinamismos de la espiritualidad afrocolombiana, a la base pretenderé utilizar la experiencia e investigación de un gran pedagogo como lo es Paulo Freire, el será una clave, aunque el contexto es distinto, sus propuestas de liberación son la base sobre las que buscare construir esta propuesta pedagogía, para una ERE liberadora, capaz de hablarle a un pueblo que siempre ha luchado por la libertad, la emancipación y la justicia.

95 Cfr. Programa de Formación y Acción Social, Propuesta Educativa 9, ACODESI, Asociación de Colegios

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7. Capitulo # 3

7.1.1 La comunidad afrocolombiana y la libertad, una propuesta temática desde la educación religiosa escolarizada

7.2 Introducción

En los capítulos anteriores se ha presentado exhaustivamente el tema de la comunidad y la influencia de esta sobre el pueblo afrocolombiano, sin comunidad el pueblo afrocolombiano se hubiese extinguido por completo en la tragedia que vivió en medio de la diáspora africana y la posterior esclavitud a la que fue sometido; reitero que el ámbito comunitario, esa familia extensa que hoy sigue siendo criticada por algunos arrendatarios en Bogotá, al encontrarse que donde hay uno aparecen cientos, los cuales todos se hacen llamar pariente, familia o hermano; quizás ese ejemplo no es tan significativo, como el de los millares de afrocolombianos, que ya se cuentan como desarraigados, explotados laboralmente y olvidados por el estado; ese olvido del estado colombiano se ve dramáticamente ejemplarizado en la situación de la educación étnica, una propuesta hecha por la nación en el marco de la nueva constitución política de 1991, una que nos consagro no al sagrado corazón de Jesús, pero si a la plurietnia, pluriculturalidad y aún más a la vocación de alcanzar la paz. Este país se lanzó hacia un territorio desconocido, su salto de fe le mostro al resto de naciones suramericanas que Colombia en el tema constitucional era una potencia y un abanderado en procesos de renovación, novedad y derechos humanos, una apuesta que le hacía ver como un país del primer mundo, abierto, dinámico y capaz de responder a las necesidades del mundo, a la vez que lo hacía con las carencias de su pueblo, los cuales en ese momento eran muchas y apremiantes. Colombia se consagro hace más de dos décadas como la Atenas de américa, capaz de vivir los más altos sueños de democracia mundial; lamentablemente eso es un espejismo, pero también una gran beta de lucha y desafío para los más intrépidos soñadores de una educación incluyente, vivaz y capaz de dinamizar un país que no se reconoce, y que aún no ve los problemas que le aquejan con seriedad y capacidad crítica para enfrentarlos y encontrarles solución.

Colombia es un sueño, pero este sueño puede ser una realidad si la población toma la decisión de hacerlo realidad; muchos hombres y mujeres le han apostado a una educación incluyente, capaz de vencer la barrera de la discriminación, ejemplarizante y formativa, que

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73 nos ayude a dar respuesta a la realidad del mundo y especialmente de este país; dentro de

estos sueños está el de una formación étnica y racial, con enfoque diferencial, capaz de orientar al estado colombiano frente a un pueblo desarraigado y olvidado como lo es el afrocolombiano, a la vez que pueda poner a este pueblo frente a su historia, sus desafíos y aun mas frente a una democracia que en su incapacidad, o simple ignorancia, necesita que los afrocolombianos se apersonen de su situación y ellos mismos dinamicen el cambio cierto, que desde ellos y ellas pueda dar a luz una nación que pueda entenderse realmente integrada, unificada y construida por la historia, cultura, tradiciones, éticas, religiosidades de muchos. Quizás en este proceso podremos construir un verdadero proyecto de nación y de pueblo.

Todo lo anterior, dentro de este tercer capítulo pretende acercarse a la educación como una apuesta para un proyecto de nación, en la cual se entienda que se deben aunar esfuerzos por ser una comunidad integrada, que se reconozca plurietnica y pluricultural, que luche por la paz y el valor de la convivencia; todos estos anhelos los alcanzaremos si apostásemos todos por un modelo educativo que conscientemente luche y crea en este proyecto; para ello no debemos crear nuevas estructuras, decretos o leyes, solo es necesario aplicar de forma consciente y coherente lo que ya está a disposición, es por eso que la catedra de estudios afrocolombianos debe hoy ser coherente con su desafío y aun mas lo debe hacer la educación religiosa escolarizada, la cual apuesta por un hombre en busca de sentido, capaz de entenderse frente al misterio del trascendente y la experiencia de este dinamizando la vida de los hombres. Este capítulo intenta presentar estas dinámicas, y ofrecer entre las dos una apuesta temática que permita enriquecer sus desafíos académicos dentro del PEI y dentro de la educación colombiana.

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