5.2 Centralized sensor deployment with a network lifetime constraint
5.2.3 Centralized Lloyd-like Algorithms
Se ha expresado ya la dificultad que supone la comprensión y el análisis de la serie de transformaciones profundas que tuvieron lugar en Europa entre los siglos IX y XII a través de las categorías modernas de economía, política y religión. Por este motivo, se ha optado por categorizar los diferentes factores de cambio mediante la diferenciación analítica de dos formas sociales que consideramos más apropiadas al ordenamiento de la época medieval, sin dejar de emplear ocasionalmente y como recurso heurístico la distinción de lo religioso, lo económico y lo político, ineludible para salvar la distancia semántica con nuestra época. Estas dos formas sociales prototípicas de la conformación del periodo plenomedieval –más propiamente el plenomedieval– son la relación feudal basada en el dominium –también denominado
feudalismo, feudalidad o sociedad feudal– y la ecclesia como organización eclesiástica
y como comunidad de fieles –progresivamente equiparadas con la Cristiandad latina bajo la potestad de la Iglesia romana–. Se trata de dos formas sociales o dimensiones intrínsecamente vinculadas entre sí, cuyas conexiones se expondrán en el siguiente capítulo, cuando se esboce el modelo de Iglesia plenomedieval, y no mediante una explicación causal. Tales vínculos se harán manifiestos también en este capítulo, cuando se traten algunos de los factores de cambio y característicos de época plenomedieval, pero no específicamente eclesiásticos, tales como las relaciones de parentesco, la organización de la vida material en estructuras espaciales y territoriales particulares como el señorío o la ecología, los modos de ocupación del suelo o las formas de obtención de recursos.
Es preciso aclarar que, si bien la noción de feudalismo ha sido ampliamente debatida en el medievalismo, muchos medievalistas no disponen de una definición precisa de lo feudal o una teoría del sistema feudal25. No obstante, a pesar de que se está
25 Para una síntesis de los principales usos analíticos y debates, puede consultarse: Brown, E. A. R., “La
tiranía de un constructor: El feudalismo y los historiadores de la Europa medieval”, en Little, L. K. y Rosenwein, B. H. (eds.), La Edad Media a debate, Akal, Madrid, 2003, pp. 239- 272.
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lejos de haber llegado a algún consenso sobre su valor como categoría analítica, su empleo sigue siendo recurrente. Frecuentemente esta recurrencia se justifica tanto por su utilidad como concepto tipológico como porque posibilita el diálogo analítico dentro del campo del medievalismo donde está ya ampliamente extendido. De manera sintética y, por ello, simplista, se pueden identificar tres dimensiones típicas en el empleo de la noción de feudalismo por parte del medievalismo –económica, política e ideal/mental–, cuyo propósito ha sido caracterizar la especificidad de la relación feudal en la Edad Media occidental. En primer lugar, la dimensión política del feudalismo alude a la fragmentación de las potestades y jurisdicciones contraponiéndolo con otras constituciones políticas en las que la soberanía estaría concentrada en una única institución26. Por su parte, el aspecto económico del modelo feudal ha puesto el acento tanto en la red de dependencias por las que la tierra es objeto de posesión o usufructo, como en la apropiación de parte de la renta campesina por la clase señorial27. En tercer lugar, proliferaron en las dos últimas décadas del siglo XX los estudios que singularizan lo feudal poniendo el énfasis en las particularidades de las mentalidades e imaginarios28. En este capítulo se ha tratado de integrar aspectos de estas tres dimensiones con el fin de obtener una plural mirada prismática al proceso de feudalización específicamente plenomedieval. No se ha tratado de realizar una síntesis a partir de los estudios más actuales para presentar un estado de la cuestión histórica. Lo que se presenta es un modelo del proceso de feudalización que combina dos perspectivas historiográficas sobre el feudalismo medieval que han sido influyentes en la historiografía posterior. Por una parte, el modelo de análisis que ofrece de M.Bloch, continuado y desarrollo por la llamada la escuela de los anales. Y, por otra parte, la conceptualización de R. Hilton del feudalismo cuya influencia es manifiesta en los
26 Esta ha sido una de las perspectivas clásicas: “The combination of personal and tenurial dependence
brings us close to feudalism, but something is still lacking. It is only when rights of government (not mere political influence) are attached to lordship and and fiefs that we can speak of fully developed feudalism in Western Europe. It is the possession of rights of government by feudal lords and the performance of most functions of government through feudal lords with clearly distinguishes feudalism from other types of organization. This means that Western European feudalism is essentially political – it is a form of government. It is a form of government in which political authority is monopolized by a small group of military leaders, but is rather very distributed among members of the group.” Strayer, J. R., “Feudalism in Western Europe”, en Coulborn, R. (ed.) Feudalism in History, Princeton University Press, Pricenton, 1956, pp. 15-25, aquí pp.16-17.
27 Cfr. Grabowski, R. “Economic Development and Feudalism”, en The Journal of Developing Areas, 25,
1991, pp. 179-196.
28 Este enfoque analítico se ha desarrollado a partir de la obra de G. Duby, uno de los precursores de la
Historia de las Mentalidades, y un referente de la corriente historiográfica que ha venido a denominarse como tercera generación de los Annales. Véase: Duby, G., “La Féodalité? Une metalité médiévale”, en
Annales. Économies, Sociétés, Civilisations, Vol.13, núm.4, 1958, pp. 765-771; Duby, G., Féodalité,
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estudios del materialismo histórico británico sobre la Edad Media. Asimismo, otra de las perspectivas sobre el feudalismo que se ha tenido en consideración para conformar esta narrativa plural o conceptualización prismática del proceso de feudalización ha sido el trabajo de Otto Brunner, dentro del marco de la historia constitucional germánica. Debido a que el propósito de este capítulo es el de contextualizar la formación de la Cristiandad latina plenomedieval, solo se analizará el feudalismo entre los siglos IX y XII.
En particular, el ordenamiento feudal al que nos referimos caracterizaría –junto con el ordenamiento eclesiástico– el modelo de época medieval que sigue –sui generis– al propuesto por el historiador A. Guerreau29. De esta suerte, con feudalismo medieval se hace referencia, de manera amplia, a una serie de fenómenos organizados sobre la base de un tipo de vínculo particular: el dominium. Se trata de una relación de dependencia personal entre hombres que, al mismo tiempo, vincula a éstos a la tierra en tanto que territorio. El estudio del campo semántico del término dominium en la Edad Media llevó a A. Guerreau a concluir que esta noción “engloba simultáneamente el poder sobre la tierra y el poder sobre los hombres”30. Otros términos empleados con un sentido parecido –que designan una acción social similar– fueron también los franceses
demaine, poesté o seignorie , al igual que ocurriría con el término latino de potestas o seiglzorie en alemán vulgar. Desde esta perspectiva y a pesar de las particularidades
locales, la semántica histórica parece indicar que se extiende –al menos por los territorios poscarolingios– un modelo de relación basada en el dominium que comprendía simultáneamente a hombres y tierras.
Esta aclaración semántica introduce un matiz importante en las concepciones del dominio feudal como relación dependencia personal basada en la desigual posesión de la tierra o sustentada sobre la coacción militar –antes expuestas–, y generalizadas a partir de una recepción simplista de la Escuela de los Anales o del medievalismo marxista. Sin embargo, hay que destacar que la sujeción del hombre a un dominio territorial vinculada a la subordinación de éste a un señor presupondría ya necesariamente un vínculo previo entre el hombre y la tierra. De ahí que en el vocabulario medieval no sea fácil diferenciar entre poder, posesión o propiedad y que,
29 A. Guerreau propuso unas líneas analíticas para la elaboración de un modelo teórico sobre la Edad
Media o el Feudalismo en su libro El feudalismo. Un horizonte teórico (1984), después de ofrecer una revisión crítica de la historia del medievalismo y las interpretaciones de los historiadores más destacados.
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consecuentemente, el dominio feudal exceda la idea de explotación económica vinculada a una perspectiva economicista o de sujeción absoluta por coacción ligada a una visión jurídico-político reduccionista. Precisamente, lo que el campo semántico medieval de términos como dominium, potestas o seniores, manifiesta son analogías etimológicas con el vocabulario eclesiástico o “religioso”, especialmente el litúrgico. Por ejemplo, el término latino seniores, que hacía referencia en principio a los “notables de una comunidad cristiana”, termina por emplearse para aludir a las comunidades monásticas31. La modelización de la relación feudal medieval integra, por ello, diversas praxis analíticamente diferenciadas, tales como los modos de obtención de la subsistencia, la organización de la producción agropecuaria, las prácticas de artesanía, manufactura y el comercio, los vínculos de parentesco, la estratificación social –clases sociales y condición personal– o las instituciones en torno a las cuales se organizan las comunidades. Desde esta perspectiva, la categoría de feudalismo plenomedieval –como
dominium– se emplea en un sentido amplio y tipológico, como también ocurrirá con la
de Cristiandad latina –ecclesia–32.
Tiempo antes de que feudalismo fuese empleado para categorizar únicamente las relaciones vasalláticas establecidas mediante códigos jurídicos y en la ceremonia del homenaje entre un señor y un vasallo a partir de la obra de L. Ganshof El feudalismo (1985)33 –perteneciente a la corriente institucionalista–, en su génesis durante el absolutismo monárquico del siglo XVIII el término hacía referencia a elementos característicos de la época inmediatamente precedente. Desde un ímpetu revolucionario y una consciencia de sí como época, con el término feudalismo se identificaban las formas privadas de gobierno; así, al remitir a lo feudal, se diferenciaba la fragmentación de la soberanía propia de la civilización medieval -distribuida entre señores, príncipes, reyes o ciudades- de la forma de poder absolutista que, bajo el principio monárquico de
31 “El dominum es una relación social, un complejo de relaciones sociales o, más bien, una relación
multifuncional: es esa necesaria multifuncionalidad lo que hace de él una noción clave; entre esas funciones, los aspectos materiales, aunque no distintos, son muy importantes, ya que comprenden cualquier dependencia de hombres y tierras: no se avanzará pues mucho al decir que el dominium comprende lo esencial de lo que se sitúa analíticamente en la categoría de relaciones de producción (control del acceso a los recursos, del proceso de trabajo y de la distribución de productos).” Guerreau, A.
El feudalismo, op. cit., pp. 207-208.
32 Una concepción que, por otra parte, es casi un prepuesto de la historiografía contemporánea que ha
asumido/integrado tanto las perspectivas historiográficas e interpretativas de la denominada Escuela de los Anales y las aportaciones del marxismo/materialismo histórico, en tanto que integradas como premisas en la medievalística. A. Guerreau ha tratado de un paso más allá de la integración de enfoques, temáticas e interpretaciones sobre el feudalismo y proponer un esquema de trabajo para la elaboración de una teoría del sistema feudal que muestre las conexiones entre los diferentes elementos.
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gobierno, concentraba la soberanía en una sola institución34. Si bien ya en el siglo XVII los juristas ingleses recurrieron al término de feudalismo, su difusión tuvo lugar durante el periodo de la Revolución francesa (1789). A través de la obra de Montesquieu se popularizó la noción de régimen feudal, aparecida ya en 1727 en las Lettres Historiques
sur les Parlaments de Boulanvilliers, pero que tuvo su entrada triunfal en la historia en
la Declaración de la Asamblea Nacional francesa35. Concretamente en el artículo primero del decreto del 4 de Agosto de 1789 se enuncia que: “La Asamblea Nacional destruye totalmente el régimen feudal y decreta que, los derechos y obligaciones tanto feudales como censuales, que se deben a la mano muerta real o personal y a la servidumbre personal y a quienes las representan, son abolidos sin indemnización, y todos los demás declarados redimibles”.36 La proclama revolucionaria de la abolición del régimen feudal, que habría de convertirse en una de las consignas legitimadoras del reclamo de una nueva época, vinculaba el feudalismo con una forma de régimen señorial basado en relaciones de servidumbre personal, así como en los derechos jurisdiccionales, fiscales y labores dentados sobre los siervos.
Hay que esperar hasta mediados del siglo XX para que se generalice el empleo del feudalismo como categoría analítica reducida a caracterizar las relaciones emanadas de la institución del vasallaje, codificadas en documentos en los que se menciona al feudo y ritualizadas en una ceremonia de homenaje. Esta categorización que enfatiza la dimensión jurídica y política reduce lo feudal a la relación institucionalizada que vincula al señor y al vasallo –ambos pertenecientes a la aristocracia– a través de un pacto ritualizado por el que se establecen obligaciones mutuas. El señor concede al vasallo el beneficium, normalmente en forma de feudo –feodum– a cambio de la promesa de que cumplirá con las obligaciones de auxilium y consilium –protección militar y favor político–. En 1944 L. Ganshof en su libro Qu´est-ce que la féodalité? lo define “como un conjunto de obligaciones que crean y rigen obligaciones de obediencia y servicio –principalmente militar– por parte de un hombre libre, llamado vasallo, hacia un hombre libre llamado señor, y obligaciones de protección y sostenimiento por parte
34 La distinción entre lo público y lo privado conduciría directamente al problema de la soberanía que
sería un problema moderno vinculado al Estado absolutista en su origen. La idea de soberanía remite a la existencia de un poder unitario estatal, un territorio, una población y un cuerpo de súbditos, inexistente en el mundo medieval. La visión del Estado en la Edad Media basada en la idea de soberanía del gobernante –como principio monárquico de gobierno– implicaría la interpretación errónea del concepto medieval de
jurisdictio como derecho público en oposición a imperium como forma de ley privada. Cfr. Schmitt, C., Teoría de la Constitución, Alianza, Madrid, 1982.
35 Bloch, M., La sociedad feudal, Akal, Madrid, 2009, pp. 20-21.
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del señor respecto del vasallo, dándose el caso de que la obligación de sostenimiento tuviera la mayoría de las veces como efecto la concesión, por parte del señor al vasallo, de un bien llamado feudo”37. Esta concepción jurídico-política que equipara feudalismo a la institución feudo-vasallática supone una restricción en el empleo de la categoría a un marco temporal y espacial concreto: los territorios pertenecientes al Imperio carolingio situados entre los ríos Loira y Rin, así como a la clase aristocrática.
Las críticas y contrapropuestas a este modelo conceptual se difundieron principalmente desde dos corrientes historiográficas, la historiografía marxista y la denominada Escuela de Annales38, que apostaron caracterizar como feudal –mediante las categorías de feudalismo y sociedad feudal respectivamente– diversos aspectos que singularizarían a la época medieval. Ambas perspectivas analíticas compartieron la idea de que lo feudal estructuraba las relaciones políticas, económicas y culturales de toda una época y que se caracterizaba por el establecimiento de relaciones de dependencia directa o personal que, a nivel global, se fundaban sobre una asimetría en terminos de clases sociales.
En particular, la historiografía marxista39 ha empleado la categoría feudalismo para designar un tipo de modo de producción no acotado a la Europa occidental medieval. El énfasis interpretativo de este marco analítico recae sobre la relación de explotación entre dos grupos sociales. La relación de clase emerge así de la posición asimétrica que ocupa cada grupo en relación a la producción material de bienes –para la subsistencia y la reproducción socio-cultural– y a la propiedad o usufructo de los medios de producción, especialmente la tierra40. La clase dominante o señorial se
37 Ganshof, L. F., Qu´est-ce que la féodalité?, Lebègue, Bruxelles, 1944. Citado de la versión castellana:
Ganshof, L. F., El feudalismo, op. cit., p. 17.
38 Algunas de las obras más representativas sobre el feudalismo de la Escuela de Annales fueron: Duby,
G., Féodalité, op. cit.; Bloch, M, La sociedad feudal, op. cit. Y del medievalismo marxista: Hilton, R,
Conflicto de clases y crisis del feudalismo, Crítica, Barcelona, 1988; Parain, C.; Vilar, P.; Soboul, A. y
otros, El feudalismo, Ayuso, Madrid, 1975.
39 Entre los historiadores marxistas se ha dado un amplio debate sobre la génesis de los modos de
producción y sus crisis. Este se ha plasmado en la polémica en torno a las transacciones del modo de producción antiguo y esclavista al feudal, así como del feudal al capitalista. Sobre la génesis del feudalismo se pueden distinguir, sintéticamente, dos interpretaciones. Por un lado, la encabezada por Perry Anderson –o clásica– que considera al feudalismo como la síntesis de los modos de producción esclavista y el germánico; mientras que otro marxismo más heterodoxo –mutacionista– propone la existencia de una transformación profunda y repentina en la organización socio-política entorno al año 1000 que daría lugar al feudalismo.
40 Un buen resumen de los postulados marxistas sobre el feudalismo: “Por lo tanto, una sociedad feudal
históricamente determinada, a la que se denomina de manera más propia formación economicosocial feudal, es un real concreto histórico en el que es hegemónico el modo de producción feudal y en la que pueden existir también otros modos de producción subordinados.El modo de producción feudal hegemónico en estas formaciones agrarias precapitalistas se caracteriza a su vez porque: las relaciones de producción se establecen en torno al objeto de producción que es la tierra; el trabajador agrícola (que es
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apropiaría sistemáticamente del excedente de producción de la clase campesina –el sobrante de lo necesario para su reproducción material– recayendo sobre ésta última la labor de producir y aportar los bienes necesarios para la reproducción de ambas clases. Para la historiografía marxista, lo que permitió en última instancia la perpetuación de esta explotación directa habría sido que la clase señorial estaba en condiciones de ejercer una dominación político-militar, abierta y no mediada, sobre el campesinado; incluso a pesar de la autonomía campesina sobre el proceso de trabajo y control exclusivo sobre algunos de los medios de producción41. Una asimetría fundada en la superioridad militar de la aristocracia sobre el campesinado que, sin embargo, se efectuaba regularmente a través de la jurisdicción señorial sobre el campesinado y la presión fiscal sobre la cantidad pagada en forma de renta.
El modelo analítico marxista del feudalismo está atravesado por una comparación sistemática con el modo de producción capitalista. Es desde esta conceptualización comparativa desde donde surgen las categorías que explican la particularidad de la explotación económica medieval, es decir, la apropiación del excedente mediante una dominación política. En este sentido, se parte de la idea de que en ambos modos de producción –o formaciones sociales– existe una relación de explotación: la apropiación de la clase dominante de parte del trabajo –en forma de bienes o servicios– producido por la clase trabajadora y que excede lo necesario para su reproducción. Desde esta simetría se conceptualizan las diferencias entre capitalismo y feudalismo. Por una parte, el capitalista burgués extrae el excedente –producido por los trabajadores asalariados– en forma de beneficio empresarial ya que lo obtiene