• No results found

De forma incipiente el pensamiento cien-

tífico impulsó el esclarecimiento de las montañas y el posterior desarrollo del mon-

tañismo. En el siglo XVIII, la Ilustración propone dos alternativas de estudio para las montañas: una centrada en la teoría gene-

ral sobre su génesis y otra centrada en la labor de campo, recabando datos para co-

nación por los valles de los Alpes como mar-

co para el desarrollo del ambiente propuesto por el espíritu «helvetista», que animó a la

clase culta europea a introducirse en el terri-

torio de montaña. Un entusiasmo por lo in-

habitable que continuará con autores como Ramond, Víctor Hugo, Senancour o Reclús. Por su parte, Rousseau logró que los paseos por la naturaleza y las montañas fuesen po- pulares entre la alta sociedad del último ter-

cio del siglo XVIII, e incitó a experimentar recorridos por las montañas. Además, traba-

jos como el de Conrad Gesner conformaron el deseo por ascender a estas al tiempo que constituyeron una actitud ante el paisaje que se convirtió en corriente cultural como for-

ma de convergencia entre la sensibilidad y la ciencia. Muy reseñable es el papel de Éli-

sée Reclus, quien hace de puente entre sus antecesores y los naturalistas del siglo XX;

se introduce en los Alpes he incorpora co-

nocimientos recientes mediante un método narrativo en el que se aúna la observación directa, la descripción y el sentimiento y que muestran una montaña tanto física como humana. Reclus en 1869 advertía de que «los sabios se habían hecho nómadas y que la tierra entera era ya su gabinete de estudio, desde los Pirineos al Himalaya, porque para apreciar la montaña “hay que recorrerla en todo los sentidos, subir a todos los peñas-

cos”» (Martínez de Pisón, 2002: 53).

De este modo, la cultura se introdujo en las montañas y la relación entre la Ilustración y el Romanticismo construyó un nuevo marco cultural para ellas. Un proceso de descubri-

miento y configuración de las montañas en el que De Saussure convirtió al Mont Blanc en el símbolo de la Razón. De la exploración mediante el conocimiento, del entusiasmo por la naturaleza y de la impresión del alpi-

nismo: «De Saussure inauguró un estilo y un vitales” que serán desde entonces los ci-

mientos del alpinismo» (Martínez de Pisón, 2002: 41).

El objetivo de las expediciones desde la perspectiva de los ilustrados es la de car-

tografiar el mundo bajo un racionalismo científico, mientras que, para los román-

ticos, es la de poetizar subjetivamente el mundo descubierto. Ante el proceso de humanización de la alta montaña existen dos formas de comportamiento modernas: la aceptación de la imposibilidad de poder humanizarla, la cual se manifiesta en la lu-

cha por tratar de lograrlo caracterizada por la postura anglosajona, o tratar de analizar-

la como la postura germana.

La conversación entre la Ilustración y el Romanticismo nos ha dejado un legado histórico, científico y artístico que ha con-

solidado una nueva visión de la montaña mediante un acercamiento físico pero tam-

bién sentimental al paisaje de montaña. De esta manera, el proceso de descubrimien-

to cultural del paisaje de este se constituye desde la interacción del sentimiento entre los románticos e ilustrados. La perspecti-

va romántica prima la emoción en la ex-

periencia, una pasión que los naturalistas entregan en su estudio a la naturaleza y al paisaje de montaña, al sentir mediante el viaje y el trabajo de campo pero tienen en el dato preciso y la observación rigurosa sus principios esenciales.

Esta fuerza emotiva modificó la mirada de los hombres y forjó el carácter de la pasión que mueve al montañero mediante el traba-

jo de autores de diferentes tendencias cultu-

rales. Así, Jean-Jacques Rousseau establece el germen de los comienzos del gran peregri-

naje hacia los Alpes en busca del paisaje y de la serenidad del espíritu; indujo a la peregri-

ella, para hacerla objeto poético, para me-

dirse con ella. Algo tan elemental y hermo-

so como inútil, privado de contenido mate-

rialista» (Martínez de Pisón, 2002: 42). De Saussure unió de forma inevitable a la montaña y al alpinismo con las ideas de la Ilustración y su avance de la razón, la li-

bertad y la justicia. Construyó un modelo

cultural de la alta montaña como una idea

en la cual «tan importante como la reali-

dad material de la montaña, lo es la idea que nos hagamos de ella, su transfiguración en sentimiento y en razón» (Martínez de Pisón, 2002: 41). La realización de esta as-

censión llevada cabo por Gabriel Paccard y Jacques Balmat al Mont Blanc en 1786 marca un punto de inflexión entre lo que

eran simples incursiones en la montaña a

lo que se convertiría en un verdadero entu-

siasmo por la ascensión a las cumbres. La repercusión que tuvo esta ascensión fue tal que se expandió la asimilación de la idea del deseo del ser humano por alcanzar los lugares más altos de la tierra de una for-

ma universal. Se considera a De Saussure como un punto de inflexión entre la mon-

taña ignorada y temida por el hombre y la

montaña como elemento iluminado por la

Ilustración en donde desarrollar una activi-

dad como el alpinismo. Su gran logro fue el de ser capaz de avanzar hacia lo desconoci-

do y tener afán de aventura.

Una nueva actitud