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Challenges with Current Funding Structures and Sources for College Aboriginal Programs and Services

4. Funding Sources and Challenges

4.3 Challenges with Current Funding Structures and Sources for College Aboriginal Programs and Services

ejemplo la fe en la astrología y en los sueños, esté al mis­ mo nivel e incluso haya sido superado en un punto esen­ cial -q u e podríamos tom ar como referencia para com­ probar el progreso mental en este período- por Bruno y Campanella. Para Bacon, Copérnico, Kepler y Galileo habían trabajado en vano, ya que él se adhería obstina­ damente al viejo sistema geocéntrico.

Hemos de recordar también que el principio sobre el cual basó su ambicioso programa de reforma de la cien­ cia -q u e la experimentación es la clave para descubrir los secretos de la naturaleza- no era nada nuevo. No ne­ cesitamos insistir en el hecho de que esto lo había antici­ pado Roger Bacon; sin embargo, las ideas de ese maravi­ lloso pensador no habían cobrado vigencia en una edad inm adura para comprenderlas. Pero la interrogación di­ recta a la naturaleza ya estaba reconocida tanto en la teo­ ría como en la práctica en el siglo xvi. Bacon no hizo sino insistir con mayor fuerza y más explícitamente so­ bre ese principio, formulándolo con mayor precisión. Esclareció y explicó las ideas progresistas que inspiraron el pensamiento científico del último período del Renaci­ m iento europeo, del cual, en m i opinión, no puede ser disociado.

Pero al esclarecer y definir esas ideas progresistas, hizo una contribución al desarrollo del pensamiento humano que tuvo gran importancia y reviste especial significa­ ción para nuestro tema. En la esperanza de un gradual crecimiento del saber había sido precedido por Roger Bacon, y antes por Séneca. Pero con Francis Bacon esa idea adquiere un valor completamente distinto. Para Séneca, la exploración de la naturaleza constituía el m e­ dio de escapar a las sórdidas miserias de la vida. Para el fraile de Oxford, la principal aplicación de la extensión

del saber era prepararse para la venida del Anticristo. Francis Bacon dio el tono moderno; para él, el fin del co­ nocimiento es la utilidad.

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El principio de que el verdadero fin del saber es mejorar la vida humana, acrecentar la felicidad de los hombres y mitigar sus sufrimientos -commodis humanis inservire- fue el norte y guía de Bacon a lo largo de toda su labor intelectual. Declaró que el avance de la «felicidad del gé­ nero humano» era el propósito principal de las obras que había escrito o pergeñado. Consideraba que todos sus predecesores se habían equivocado porque no caye­ ron en la cuenta de que el finis scientiarum, el verdadero y legítimo fin de las ciencias es «dotar a la vida hum ana de nuevas invenciones y riquezas», e hizo de este propó­ sito el punto de referencia para comparar el valor de las diferentes ramas del saber.

El verdadero objeto, por tanto, de la investigación de la naturaleza no es, como pensaban los griegos, la satisfac­ ción especulativa, sino el establecimiento del dominio hum ano sobre la naturaleza; y Bacon consideraba que ello era posible, con tal de que se introdujesen nuevos métodos para afrontar los problemas. Aparte de lo que podamos pensar de su osado acto de hacer descender a la ciencia natural desde las nubes y destinarla a la función de atender a las conveniencias materiales y al bienestar humano, podemos criticar a Bacon por su doctrina de que cada rama de la ciencia debería ser estudiada con la vista puesta exclusivamente en su finalidad práctica. Pen­ saba que las matemáticas deberían comportarse, en caso necesario, como humildes sirvientes sin aspiraciones

2. LA UTILIDAD COM O FINALIDAD DEL SABER: BACON 63

propias. Sin embargo, no ha sido éste el rumbo que ha tomado el dominio del hombre sobre la naturaleza desde tiempos de Bacon. La mayor parte de las cosas valiosas y sorprendentes que ha logrado la ciencia para la civiliza­ ción no se habrían realizado nunca si cada rama del sa­ ber no hubiera estado guiada por su propio ideal, inde­ pendiente de la totalidad especulativa1. Pero ello no invalida el principio pragmático de Bacon ni disminuye la importancia del hecho de que, al sostener la perspecti­ va utilitaria del conocimiento, contribuyó a la creación de un nuevo clima mental sobre el que habría de desa­ rrollarse posteriormente la teoría del Progreso.

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El respeto de Bacon hacia los antiguos y su familiaridad con sus escritos aparecen casi en todas sus páginas. Sin embargo, una de sus principales tareas consistía en sacu­ dir el yugo de su autoridad que consideraba un obstácu­ lo fatal para el desarrollo de la ciencia. «La verdad no ha de buscarse en la buena suerte de una determinada co­ yuntura temporal»; alcanzarla depende de la experiencia y la de los antiguos era muy limitada. En su tiempo, el conocimiento del tiempo y del mundo era estrecho y escaso, no tenían ni siquiera mil años de historia dignos de ese nombre, sino meras fábulas y tradiciones antiguas, no conocían más que una pequeña porción de las regiones y países del mundo.

En todos sus sistemas y especulaciones científicas «ape­ nas si hay un solo experimento que tenga por fin ayudar a la humanidad». Sus teorías se fundaban sobre la opi­ nión y ésta es la razón de que la ciencia haya estado pa­ ralizada durante los últimos dos mil años, mientras que

las artes mecánicas, fundadas en la naturaleza y en la ex­ periencia, crecen y aumentan.

En conexión con esto, Bacon señala que la palabra «antigüedad» es equívoca y hace una observación sobre la cual volverán una y otra vez los escritores de las gene­ raciones posteriores. Antiquitas seculi inventus mundi, lo que denominamos antigüedad y reverenciamos como tal, era la juventud del mundo. Pero es al ir pasando los años y envejeciendo el mundo, es decir, el tiempo en que vivimos, cuando realmente puede hablarse de antigüe­ dad. Los verdaderos antiguos somos nosotros, pues los griegos y los romanos eran mas jovenes que nosotros en cuanto a edad del mundo. Y de igual modo que espera­ mos de un anciano mayor conocimiento de las cosas que de un joven, igualmente tenemos buenas razones para esperar mucho mejores cosas de nuestro tiempo que de la Antigüedad, pues, en el ínterin, el bagaje de conoci­ mientos se ha enriquecido con un interminable número de observaciones y de experimentos. El tiempo es el gran descubridor y la verdad es hija del tiempo, no de la auto­ ridad.

Tomemos tres inventos desconocidos para los anti­ guos: la imprenta, la pólvora y la brújula...

Estos han cambiado la apariencia y el estado del mundo entero, primero en literatura, luego en la guerra y finalmente en la na­ vegación; de ellos se han derivado tantos cambios, que no pa­ rece que ningún imperio, secta o estrella hayan ejercido mayor influencia sobre las cosas humanas que estos descubrimientos mecánicos.2

Tal vez lo que más impresionó a Bacon, igual que a Bodino, fueron los resultados de la navegación y la ex­ ploración de tierras desconocidas. Citaré un pasaje: