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Nuestro enfoque se base en aquella parte de la teoría de las comunicaciones que Russell llamó la Teoría de los Tipos Lógicos.95 La tesis central de esta teoría es que existe una discontinuidad entre una clase y sus miembros. La clase no puede ser miembro de sí misma, ni uno de los miembros puede ser la clase, dado que el término empleado para la clase es de un nivel de abstracción diferente —un tipo lógico diferente— de los términos empleados para sus miembros. Aunque en la lógica formal se intenta mantener la discontinuidad entre una clase y sus miembros, consideramos que en la patología de las comunicaciones reales esta discontinuidad se quiebra de manera continua e inevitable,96 y que a priori tenemos que esperar que se produzca una patología en el organismo humano cuando se dan ciertos patrones formales de esta quiebra en la comunicación entre la madre y el hijo. Trataremos de demostrar que esta patología, en su forma extrema, tendrá síntomas cuyas características formales llevarán a que la patología sea clasificada como esquizofrenia.

Ejemplos de cómo los seres humanos manejan comunicaciones que ponen en juego distintos Tipos Lógicos pueden tomarse de los siguientes campos:

1. El uso de distintos modos comunicacionales en la comunicación del humor. Los ejemplos son el juego, el no juego, la fantasía, el sacramento, la metáfora, etcétera. Aun entre los mamíferos inferiores parece existir un intercambio de señales que identifica ciertas conductas significativas como "juegos", etcétera.97 Esas señales son evidentemente de un Tipo Lógico superior al del mensaje que clasifican. Entre los seres humanos, esta estructuración y rotulación de mensajes y acciones significativas alcanzan una considerable complejidad, con la peculiaridad de que nuestro vocabulario para establecer tal discriminación está aún muy rudimentariamente desarrollado, y que nos apoyamos fundamentalmente sobre medios no verbales como la postura, el gesto, la expresión facial,

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Lo expuesto en este ensayo deriva de hipótesis desarrolladas por primera vez en el proyecto de investigación financiado por la Fundación Rockefeller entre 1952 y 1954 y administrado por el Departamento de Sociología y Antropología en la Universidad de Stanford, que dirigió Gregory Bateson. Desde 1954 el proyecto sigue en curso, patrocinado por la Fundación Josiah Macy (h.). A Jay Haley corresponde el mérito de haber reconocido que los síntomas de la esquizofrenia sugieren una incapacidad de discriminar los Tipos Lógicos. Esta idea fue ampliada por Bateson, quien agregó la de que síntomas y etiología podían describirse formalmente en términos de la hipótesis del doble vínculo. Esta hipótesis la comunicó su autor a D. D. Jackson, comprobando que concordaba ceñidamente con las ideas de este último sobre la homeostasis familiar. Desde entonces el doctor Jackson colabora en estrecha vinculación con el proyecto. El estudio de las analogías formales entre hipnosis y esquizofrenia ha sido obra de John H. Weakland y Jay Haley.

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A. N. Whitehead y B. Russell» Principia Mathematica, Cambridge. Cambridge University Press, 1910.

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G. Bateson, "A Theory of Play and Fantasy", Psychiatric Research Reports, 1955, 2: 39-51.

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Un filme, preparado por este proyecto, que lleva por título "The Nature of Play; Part I, River Otters", ha sido puesto al alcance del público.

la entonación y el contexto para la comunicación de estos niveles sumamente abstractos pero vitalmente importantes.

2. Humor. Este parece ser un método para explorar los temas implícitos en el pensamiento o en una relación. El método de exploración entraña el empleo de mensajes que se caracteri- zan por ser una condensación de Tipos Lógicos o modos comunicacionales. Se produce, por ejemplo, un descubrimiento cuando, de repente, surge con claridad que un mensaje era no sólo metafórico sino más literal, o viceversa. Es decir, el momento explosivo en el humor es el momento cuando la rotulación del modo experimenta una disolución y nueva síntesis. Por lo común, el epígrafe que los caracteriza como humor lleva a la reevaluación de las señales anteriores que adscribieron a ciertos mensajes un modo particular (por ejemplo, la literalidad o la fantasía). Esto tiene el efecto peculiar de atribuir modo a esas señales que previamente tenían el status de ese Tipo Lógico superior que clasifica los modos.

3. Las falsificaciones de las señales identificadoras de los modos. Entre los seres humanos se pueden falsificar los identificadores de modos, y así tenemos la risa artificial, la simulación manipulativa de la amistosidad, el truco de la confianza, el jugueteo y otras actividades semejantes. Falsificaciones análogas se han observado entre los mamíferos.98 Entre los seres humanos nos encontramos con un fenómeno extraño: la falsificación in- consciente de esas señales. Ello puede ocurrir dentro de la persona -—el sujeto puede ocultarse a sí mismo su propia hostilidad real bajo las galas del juego metafórico— o puede producirse como falsificación inconsciente de la falsificación que el sujeto tiene de las señales identificadoras de modo emitidas por otra persona. Puede confundir la timidez con el menosprecio. En verdad la mayor parte de los errores de la autorreferencia entra dentro de este rubro.

4. Aprendizaje. El nivel más simple de este fenómeno está ejemplificado por una situación en la cual un sujeto recibe un mensaje y actúa adecuadamente sobre la base de él: "Oí sonar el reloj y supe que era hora de almorzar. Entonces me dirigí a la mesa". En los experimentos de aprendizaje, el análogo de esta secuencia de acontecimientos es observado por el experi- mentador y por lo común tratado como un mensaje único de un tipo superior. Cuando el perro saliva en el intervalo que va entre el sonido de la campanilla y el ofrecimiento de carne en polvo, el experimentador acepta esta secuencia como un mensaje que indica: "El perro aprendió que la campanilla significa carne en polvo". Pero éste no es el último de la jerarquía de tipos que entran en juego. El sujeto experimental puede adquirir mayor pericia en el aprender. Puede aprender a aprender,99 y no es inconcebible que puedan darse en los

seres humanos niveles más elevados aun de aprendizaje.

5. Los niveles múltiples de aprendizaje y la clasificación de las señales como Tipos

Lógicos. Hay dos conjuntos inseparables de fenómenos, inseparables porque la capacidad de

manejar los tipos múltiples de señales es ella misma una pericia aprendida, por consiguiente una función de los niveles múltiples del aprendizaje.

De acuerdo con nuestra hipótesis, el término "función del yo" (tal como se emplea este término cuando se describe a un esquizofrénico como alguien que tiene "debilitada la

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C. R. Carpenter, "A Field Study of the Behavior and Social Relations of Howling Monkeys", Comparative

Psychology Monographs, 1934, 10: 1-168; véase también K. Lorenz, King Solomons Ring, Nueva York,

Crowell, 1952.

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G. Bateson, "Social Planning and the Concept oí Deutero-Learning", Conference on Sciencet Philosophy

and Religión, Second Symposium, Nueva York, Harper, 1942 (véase anteriormente página 187); también H.

F. Harlow, 'The Formation of Learning Sets", Psychological Review, 1949, 56:51-65; y C. L., Hull y otros,

función del yo") es precisamente el proceso de discriminar modos comunicacionales, sea

dentro de la persona o entre la persona y otros. El esquizofrénico manifiesta debilidad en

tres áreas de dicha función: a) tiene dificultad para asignar el modo comunicacional correcto a los mensajes que recibe de otras personas; b) tiene dificultad en asignar el modo comunicacional correcto a aquellos mensajes que él mismo profiere o emite de manera no verbal; c) tiene dificultad en asignar el modo comunicacional correcto a sus propios pensamientos, sensaciones y perceptos.

Llegados a este punto, es pertinente comparar lo dicho en el párrafo anterior con el enfoque de Von Domarus100 respecto de la elocución de los esquizofrénicos. Considera este autor que los mensajes (y el pensamiento) del esquizofrénico presentan una estructura silogística aberrante. En lugar de estructuras que derivan del silogismo en Bárbara, el esquizofrénico, según esta teoría, emplea estructuras que identifican los predicados. Un ejemplo de tales silogismos distorsionados es:

Los hombres son mortales. La hierba es mortal. Los hombres son hierbas.

Pero, tal como lo vemos nosotros, la formulación de Von Domarus es sólo una manera más precisa —y por consiguiente más valiosa— de decir que la elocución esquizofrénica es rica en metáforas. Con esta generalización estamos de acuerdo. Pero la metáfora es un instrumento indispensable del pensamiento y la expresión, una característica de toda comunicación humana, aun de la de los hombres de ciencia. Los modelos conceptuales de la cibernética y de las teorías energéticas del psicoanálisis son, después de todo, metáforas rotuladas. La peculiaridad del esquizofrénico no consiste en que emplee metáforas sino en que emplee metáforas no rotuladas. Tiene una especial dificultad en manejar las señales de aquella clase cuyos miembros asignan Tipos Lógicos a otras señales.

Si nuestro resumen formal de la sintomatología es correcto, y si el esquizofrénico de nuestra hipótesis es un producto de la interacción familiar, debería ser posible llegar a priori a una descripción formal de esas secuencias de experiencias que inducirían tal sintomatología. Lo que se sabe de la teoría del aprendizaje es congruente con el hecho evidente de que los seres humanos emplean el contexto como guía para la discriminación de los modos. Por consiguiente, debemos buscar no una experiencia traumática específica en la etiología infantil sino patrones secuenciales característicos. La especificidad que buscamos debe ser de un nivel abstracto o formal. Las secuencias tienen que tener esta característica: que a partir de ellas el paciente adquiera los hábitos mentales que están ejemplificados en la comunicación esquizofrénica. Es decir, tiene que vivir en un universo donde las secuencias

de acontecimientos sean tales, que sus hábitos comunicacionales desusados resulten adecuados de alguna manera. La hipótesis que presentamos es que secuencias de este tipo

producidas dentro de la experiencia externa del paciente son responsables de los conflictos interiores en la asignación de Tipos Lógicos. Para denominar tales secuencias no resueltas de experiencia, empleamos el término "doble vínculo".

El doble vínculo

Los ingredientes necesarios para que tenga lugar una situación de doble vínculo, según nuestra opinión, son:

1. Dos o más personas. A una de ellas la designamos, para los fines de nuestra definición,

100

E. von Domarus, "The Specific Laws of Logic in Schizophrenia", Language and Thought in

como la "víctima". No suponemos que el doble vínculo sea infligido sólo por la madre, sino que puede serlo o por la madre sola o por alguna combinación de madre, padre y/o hermanos.

2. Experiencia repetida. Suponemos que el doble vínculo es un tema recurrente en la experiencia de la víctima. Nuestra hipótesis no apela a una experiencia traumática única, sino a una experiencia tan reiterada que la estructura de doble vínculo pasa a ser una expectativa habitual.

3. Un mandato primario negativo. Este puede tener una de estas dos formas: a) "No hagas

eso, o te castigaré", o b) "Si no haces eso, te castigaré". Elegimos aquí un contexto de

aprendizaje basado en la evitación del castigo y no un contexto de búsqueda de la recompensa. Hay quizás una razón formal para esta selección. Suponemos que el castigo puede consistir o en el retiro del amor o en la expresión de odio o cólera o —lo que es más devastador— el tipo de abandono que resulta de la expresión de la impotencia extrema del progenitor.101

4. Un mandato secundario que está en conflicto con el primero en un nivel más abstracto,

y que, al igual que el primero, está reforzado por castigos o señales que anuncian un peligro para la supervivencia. Este mandato secundario es más difícil de describir que el

primario, por dos razones. En primer lugar, el mandato secundario se comunica al niño, por lo común, mediante medios no verbales. La postura, el gesto, el tono de voz, la acción significativa y las implicaciones ocultas en el comentario verbal pueden usarse todas para transmitir el mensaje más abstracto. En segundo lugar, el mandato secundario puede chocar con cualquier elemento de la prohibición primaria. La verbalización del mandato secundario puede, por consiguiente, revestir gran variedad de formas; por ejemplo: "No consideras esto un castigo"; "No me veas como el agente castigador"; "No te sometas a mis prohibiciones"; "No pienses lo que no debes hacer"; "No dudes de mi amor, del cual la prohibición primaria es (o no es) un ejemplo"; y así sucesivamente. Hay otros ejemplos posibles cuando el doble vínculo es infligido no por un individuo sino por dos. Por ejemplo, un progenitor puede negar en un nivel más abstracto el mandato del otro.

5. Un mandato negativo terciario que prohíbe a la víctima escapar del campo. En un sentido formal, quizá sea innecesario clasificar este mandato como un elemento separado, ya que el refuerzo en los otros dos niveles implica una amenaza a la supervivencia, y si los dobles vínculos han sido impuestos durante la infancia, es naturalmente imposible escapar. De todas maneras, parece que en algunos casos el escape del campo se vuelve imposible mediante ciertos procedimientos que no son puramente negativos, por ejemplo, las promesas caprichosas de amor y otras semejantes.

6. Por último, el conjunto completo de los ingredientes deja de ser necesario cuando la víctima aprendió a percibir su universo bajo patrones de doble vínculo. Casi cualquier parte de una secuencia de doble vínculo puede resultar entonces suficiente para precipitar el pánico o la cólera. El patrón de mandatos conflictuales puede llegar a ser asumido por voces alucinatorias.102

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Actualmente estamos afinando nuestro concepto de castigo. Creemos que engloba experiencias perceptivas de una manera que no puede ser abarcada por la noción de "trauma".

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J. Perceval, A Narrative of the Treatment Experienced by a Gentleman During a State of Mental

Derangement, Designed to Explain the Causes and Notare of Insanity, etc., Londres, Effingham Wilson,

El efecto del doble vínculo

En la religión oriental, el budismo Zen, la meta es lograr la iluminación. El maestro Zen intenta provocar la iluminación en su alumno por diversos medios. Unas de las cosas que hace es levantar una vara sobre la cabeza del discípulo y decir amenazadoramente: "Si dices que esta vara es real, te golpearé con ella. Si dices que esta vara no es real, te golpearé con ella. Si no dices nada, te golpearé con ella". Sentimos que el esquizofrénico se encuentra continuamente en la misma situación que ese discípulo, pero lo que consigue es algo semejante a la desorientación y no a la iluminación. El discípulo puede alzar su mano y arre- batar la vara al maestro, quien tal vez acepte esta respuesta, pero el esquizofrénico no tiene esta opción, dado que no le es posible preocuparse por la relación, y los fines y conciencia de su madre no son como los del maestro.

Nuestra hipótesis es que se producirá un colapso en la capacidad del individuo para discriminar entre Tipos Lógicos cada vez que se presenta una situación de doble vínculo. Las características generales de esta situación son las siguientes:

1) Cuando el individuo está envuelto en una relación intensa, es decir, una relación en la cual siente que es vitalmente importante que discrimine acertadamente qué clase de mensaje se le está comunicando, para poder responder a él de manera adecuada.

2) Y el individuo está atrapado en una situación en la cual las otras personas que intervienen en la relación expresan dos órdenes de mensajes y uno de ellos niega al otro.

3) Y el individuo es incapaz de comentar los mensajes que se expresan para corregir su discriminación del orden de mensajes al cual ha de responder, es decir, no puede formular una enunciación metacomunicativa.

Hemos sugerido que ésta es la clase de comunicación que se da entre el preesquizofrénico y su madre, pero también ocurre en las relaciones normales. Cuando una persona se encuentra atrapada en una situación de doble vínculo, responderá defensivamente de una manera similar al esquizofrénico. Un individuo tomará literalmente un enunciado metafórico cuando se encuentra en una situación en la que tiene que responder de alguna manera, en la que se enfrenta con mensajes contradictorios y cuando es incapaz de comentar las contradicciones. Por ejemplo, un día un empleado se fue a su casa en horas de oficina. Un compañero, empleado también, lo llamó por teléfono a su casa y le dijo con un tono ligero: "Bueno, ¿cómo llegaste allí?" El empleado respondió: "En automóvil". Respondió literalmente porque sintió que estaba frente a un mensaje que le preguntaba qué estaba haciendo en su casa cuando debería encontrarse en la oficina, pero que, mediante la manera como estaba formulado, negaba el hecho de que efectivamente fuera eso lo que se preguntaba. (Como el que habló sentía que no era asunto suyo, habló metafóricamente.) La relación era suficientemente intensa para que la víctima dudara de cómo sería utilizada la información, y por ello respondió literalmente. Esto es característico de cualquier persona que se siente "en las candilejas", como lo demuestran las cuidadosas réplicas literales de los testigos que comparecen ante un tribunal. El esquizofrénico se siente todo el tiempo "en las candilejas" de una manera tan terrible, que habitualmente responde con una insistencia defensiva sobre el nivel literal, aun cuando sea absolutamente inadecuado, por ejemplo cuando la otra persona está bromeando.

Los esquizofrénicos también confunden lo literal y lo metafórico en sus propias verbalizaciones cuando se sienten atrapados en un doble vínculo. Por ejemplo, un paciente puede tener deseos de criticar a su terapeuta por haber llegado tarde a la sesión, pero

posiblemente se sienta inseguro acerca de qué clase de mensaje representó esa llegada tarde, particularmente si el terapeuta se anticipa a la reacción del paciente y pide excusas por lo sucedido. El paciente no puede decir: "¿Por qué llegó tarde? ¿Es porque no me quería ver hoy?" Esto sería una acusación, y por ello el paciente se desplaza hacia una enunciación metafórica. Entonces puede relatar que: "Conocí una vez un tipo que perdió el barco; se llamaba Samuel, y el barco casi se hundió... etcétera". De esta manera desarrolla una historia metafórica, y el terapeuta puede o no descubrir que se trata de un comentario sobre su llegada tarde. Lo conveniente de una metáfora es que deja a cargo del terapeuta "o de la madre" ver una acusación en el enunciado, si así lo decide; o ignorarlo, si lo decide así. Si el terapeuta elige aceptar la acusación contenida en la metáfora, entonces el paciente puede aceptar como metafórico el enunciado que formuló referido a Samuel. Si el terapeuta señala que lo dicho no suena como un enunciado verdadero respecto de Samuel, el paciente, como una manera de evitar la acusación contenida en la anécdota, puede argumentar que existió realmente una persona llamada Samuel. Como respuesta a las situaciones de doble vínculo, el desplazamiento hacia un enunciado metafórico trae seguridad. Sin embargo, también impide que el paciente haga la acusación que desea hacer. Pero, en vez de hacer la acusación directa indicando que la anécdota es una metáfora, el paciente esquizofrénico trata aparentemente de rescatar el hecho de que se trata de una metáfora mediante el procedimiento de hacerla más fantástica aun. Si el terapeuta pasa por alto la acusación