4.5 Showcase examples
4.5.2 Stand-alone system
Si la esquizofrenia consiste en una modificación o distorsión del proceso de aprendizaje, tenemos que preguntarnos por la genética de la esquizofrenia, y no podemos contentarnos con meras genealogías a partir de las cuales discriminamos entre algunos individuos derivados a los hospitales y otros que no lo fueron. No existe una expectativa a priori de que las distorsiones del aprendizaje, que tienen un carácter sumamente abstracto y formal, aparezcan necesariamente con el contenido apropiado para ocasionar la internación en el hospital. Nuestra tarea como genetistas no será tan simple como aquélla en la que se concentraban los mendelianos, suponiendo por hipótesis una relación de uno a uno entre fenotipo y genotipo. No podemos simplemente suponer que los miembros hospitalizados portan un gene para la esquizofrenia y que los otros no. Más bien hemos de esperar que varios genes o constelaciones de genes alterarán patrones y potencialidades en el proceso de aprendizaje, y que algunos de los patrones resultantes, cuando se encuentren enfrentados con formas apropiadas de tensión ambiental, llevarán a la esquizofrenia manifiesta.
En términos más generales, cualquier aprendizaje, trátese de la absorción de un bit de información o de un cambio básico en la estructura de carácter de la totalidad del organismo, es, desde el punto de vista de la genética, la adquisición de una "característica
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Estas consideraciones alteran en cierta medida el antiguo problema del efecto evolutivo del uso y el desuso. La teoría ortodoxa sólo podía suponer que una mutación que redujera el tamaño (potencial) de un ór- gano en desuso tenía valor para la supervivencia en términos de la economía de tejidos de ahí resultante. La presente teoría implicaría que la atrofia de un órgano, que tiene lugar en el nivel somático, puede constituir un drenaje de la adaptabilidad total con que cuenta el organismo, y que este desperdicio de actividad es evitable si la reducción del órgano puede lograrse más directamente por medio de determinantes genéticos.
adquirida". Es un cambio en el fenotipo, del cual ese fenotipo fue capaz gracias a toda una cadena de procesos fisiológicos y embriológicos que remiten retrospectivamente al genotipo. Cada paso en esta serie retroactiva puede (concebiblemente) ser modificado o interrumpido por impactos procedentes del ambiente; pero, por supuesto, muchos de esos pasos serán rígidos, en el sentido de que el impacto ambiental en ese punto destruiría el organismo. Nos interesan aquí sólo aquellos puntos de la jerarquía en los cuales el ambiente puede ejercer cierto efecto, pero el organismo sigue siendo viable. Cuántos puedan ser estos puntos, es algo que estamos lejos de saber. Y, en última instancia, cuando lleguemos al genotipo, nos interesa saber si los elementos genotípicos que nos preocupan son o no viables. ¿Se producen diferencias de genotipo a genotipo que afecten la modificabilidad del proceso que lleva a las conductas fenotípicas que observamos? En el caso de la esquizo- frenia nos encontramos evidentemente frente a una jerarquía relativamente larga y compleja, y la historia natural de la enfermedad indica que esa jerarquía no es solamente una cadena de causas y efectos que van del libreto del gene al fenotipo, cadena que en ciertos puntos se toma condicionada por factores ambientales. Más bien, parecería que en la esquizofrenia los factores ambientales mismos presentan la posibilidad de ser modificados por la conducta del sujeto siempre que comienza a aparecer una conducta relacionada con la esquizofrenia.
Para ilustrar estas complejidades, tal vez sea aconsejable considerar por un momento los problemas genéticos que presentan otras formas de conducta comunicacional, como el humor, la habilidad matemática, la composición musical. En todos estos casos, tal vez existan considerables diferencias genéticas interindividuales respecto de aquellos factores que constituyen la capacidad de adquirir las habilidades apropiadas. Pero las habilidades mismas y su expresión particular dependen también en gran medida de circunstancias ambientales, y aun del adiestramiento específico. Pero, sumándose a estos dos componentes de la situación, se da el hecho de que el individuo que muestra capacidad, por ejemplo, en composición musical, tiene probabilidades de modificar su ambiente en una dirección que favorezca el desarrollo de su capacidad, y que, a su vez, creará para otros un ambiente que favorecerá su desarrollo en la misma dirección.
En el caso del humor, la situación puede ser un grado aun más complicada. No está claro que en este caso la relación entre el humorista y su entorno humano haya necesariamente de ser simétrica. Dando por supuesto que en algunos casos el humorista promueve el humor en los otros, en muchos otros casos ocurre la bien conocida relación complementaria entre el humorista y el hombre "serio". De hecho, el humorista, en la medida en que se adueña del centro del escenario, puede reducir a otros a la situación de recibir el humor sin contribuir ellos.
Estas consideraciones pueden aplicarse sin retoque alguno a la esquizofrenia. Cualquiera que observe las transacciones que se producen entre los miembros de una familia que contiene un esquizofrénico identificado, percibirá inmediatamente que la conducta sintomática del paciente identificado se adecúa a su entorno y, por cierto, promueve en los otros miembros aquellas características que evoca la conducta esquizofrénica. Por con- siguiente, además de los dos mecanismos estocásticos esbozados en el apartado precedente, nos encontramos ahora frente a un tercero, es decir, el mecanismo de aquellos cambios me- diante los cuales la familia, quizá gradualmente, se torna organizada (es decir, limita las conductas de los individuos componentes de manera que se adecúen a la esquizofrenia).
Una pregunta que se plantea con frecuencia es la siguiente: "¿Si esta familia es esquizofrenogénica, cómo es posible que no todos los hermanos sean diagnosticables como pacientes esquizofrénicos?''. Aquí es necesario insistir en que la familia, como cualquier otra
organización, crea la diferenciación entre sus miembros y depende de ella. Como en muchas organizaciones sólo hay lugar para un patrono, a pesar del hecho de que la organización opera con aquellas premisas que llevarían a suscitar la habilidad administrativa y la ambición de sus miembros; de la misma manera, también en la familia esquizofrénica puede haber lugar para un solo esquizofrénico. El caso del humorista es bastante comparable. La organización de la familia Marx, que pudo crear cuatro humoristas profesionales, tiene que haber sido bastante excepcional. Con más frecuencia, basta un individuo con estas características, para reducir a los otros a roles de conducta más comunes. La genética puede desempeñar un papel en la decisión de cuál de varios hermanos será el esquizofrénico —o cuál será el payaso—, pero de ninguna manera es claro que tales factores hereditarios puedan determinar completamente la evolución o los roles dentro de la organización familiar.
Una segunda pregunta, para la cual no tenemos una respuesta final, versa sobre el grado de esquizofrenia (genética y/o adquirida) que debe asignarse al progenitor esquizofrenogénico. Permítaseme, para los fines de la presente indagación, definir dos grados de sintomatología esquizofrénica, y observar que el así llamado "colapso psicótico" divide algunas veces estos dos grados. El grado más serio y conspicuo de sintomatología es lo que convencionalmente se denomina esquizofrenia. Yo lo llamaré "esquizofrenia patente". Las personas así afectadas se conducen de manera que se desvían groseramente del ambiente cultural. En particular, su conducta parece caracterizada por errores conspicuos o exagerados y distorsiones respecto de la naturaleza y el tipo lógico de sus propios mensajes (internos y externos), y el de los mensajes que reciben de otros. La imaginación parece confundida con la percepción. Lo literal se confunde con lo metafórico, los mensajes internos se confunden con los externos. Lo trivial se confunde con lo vital. El generador del mensaje se confunde con el receptor y el receptor con la cosa percibida. Y así sucesivamente. En general, estas distorsiones se reducen a lo siguiente: que el paciente se comporta de tal manera, que nunca será responsable de algún aspecto metacomunicativo de sus mensajes. Pero lo hace, además, de una manera que hace muy visible su condición: en algunos casos, inunda el ambiente con mensajes cuyo tipo lógico es o totalmente oscuro o engañoso; en otros casos, aislándose hasta tal punto, que no se entrega a ningún mensaje manifiesto.
En el caso "encubierto" la conducta del paciente identificado está caracterizada, de manera similar pero menos conspicua, por un cambio continuo del tipo lógico de los mensajes de él o de ella, y una tendencia a responder a los mensajes de otros (especialmente a los de otros miembros de la familia) como si fueran de un tipo lógico diferente del que el hablante pre- tendió. En este sistema de conducta, los mensajes que tienen lugar en el vis-á-vis son continuamente descalificados, sea indicando que constituyen réplicas inadecuadas a lo que el esquizofrénico encubierto ha dicho, o indicando que son el producto de alguna falla en el carácter o motivación del hablante. Además, esta conducta destructiva se mantiene en general de modo tal que no es descubierta. Mientras el esquizofrénico encubierto logra poner al otro en falta, su patología de él o de ella queda oscurecida y el reproche recae sobre el otro. Hay algunos elementos de juicio para indicar que estas personas temen colapsar en la esquizofrenia patente cuando se encuentran ante circunstancias que los obligarían a reconocer el patrón de sus operaciones. Llegarán a usar la siguiente amenaza: "Me estás volviendo loco", como una manera de defender su posición.
La que aquí denomino esquizofrenia encubierta es característica de los progenitores de esquizofrénicos en las familias que hemos estudiado. Esta conducta, cuando se da en la
madre, ha sido ampliamente caricaturizada; de manera que usaré aquí un ejemplo en el cual la figura central es el padre. El señor y la señora P. habían estado casados unos 18 años y tenían un hijo casi hebefrénico de 16. Su matrimonio es difícil y se caracteriza por una hostilidad casi continua. Sin embargo, ella es una jardinera hábil, y un sábado por la tarde trabajaban juntos plantando rosas en lo que habría de ser su rosedal. Ella recuerda que fueron momentos desusadamente placenteros. La mañana del lunes, el esposo partió para el trabajo como de costumbre, y una vez que se marchó, la señora P. recibió un llamado telefónico de una persona totalmente desconocida, que le preguntó, excusándose, cuándo entregaría la casa la señora P. Esto le cayó como una bomba. Ella no sabía que, desde el punto de vista del esposo, los mensajes del trabajo compartido en el rosedal estaban enmarcados en el contexto más amplio de la venta de la casa, que había efectuado la semana anterior. En algunos casos, parece casi como si el esquizofrénico patente fuera una caricatura del encubierto.
Si suponemos que tanto los síntomas groseramente esquizofrénicos del paciente identificado, como la "esquizofrenia encubierta" de los progenitores están determinados en parte por factores genéticos, es decir, que, dado el contexto experiencial adecuado, la genética hace que el paciente esté más expuesto en algún grado a desarrollar estos patrones particulares de conducta, entonces tenemos que preguntarnos cómo estos dos grados de patología pueden correlacionarse en una teoría genética.
Ciertamente, no existe actualmente una respuesta a esta pregunta, pero es claramente posible que nos encontremos aquí frente a dos problemas muy diferentes. En el caso del esquizofrénico patente, el genetista tendrá que identificar las características formales del paciente que hacen más posible que se vea llevado a un colapso psicótico por la conducta encubiertamente incoherente de sus progenitores (o por ésta en conjunción y en contraste con la conducta más coherente de las personas ajenas a la familia). Es demasiado pronto para hacer una conjetura específica de estas características, pero podemos presumir razonablemente que incluye algún tipo de rigidez. Quizá la persona propensa a la esquizofrenia patente esté caracterizada por alguna fuerza extra o por una especial adhesión psicológica al statu quo tal como él lo ve, en ese momento, adhesión que resultará lesionada o frustrada por los rápidos desplazamientos en marco y contexto por parte de los proge- nitores. O quizás este paciente puede caracterizarse por el elevado valor de algún parámetro que determina la relación entre la resolución de problemas y la formación de hábitos. Es po- sible que la persona que delega con demasiada rapidez en el hábito las soluciones sea la lesionada por aquellos cambios en el contexto que invaliden sus soluciones precisamente en el momento en que las ha incorporado a su estructura de hábitos.
En el caso de la esquizofrenia encubierta, el problema del genetista será diferente. Tendrá que identificar las características formales que observamos en los progenitores del esquizo- frénico. Lo que aquí se requiere parecería ser más flexibilidad que rigidez. Pero, teniendo como tengo, alguna experiencia en tratar con esas personas, debo confesar que siento que están rígidamente adheridas a sus patrones de incoherencia.
Si las dos preguntas que el genetista tiene que responder pueden unificarse considerando los patrones encubiertos como sólo una versión más suave de los patentes, o si se las puede subsumir bajo un mismo encabezamiento suponiendo que en algún sentido la misma rigidez opera en niveles diferentes en los dos casos, es algo que ignoro.
Pero, sea como fuere, las dificultades que enfrentamos aquí son enteramente características de cualquier intento por encontrar una base genética en cualquier
característica conductal. Un hecho notorio es que el signo de cualquier mensaje o conducta está sujeto a la reversión, y esta generalización es una de las contribuciones más importantes del psicoanálisis a nuestro pensamiento. Si comprobamos que un exhibicionista sexual es hijo de un padre timorato, ¿está justificado que vayamos a pedir al genetista que rastree la genética de alguna característica básica que haya de encontrar su expresión fenotípica tanto en la gazmoñería del progenitor como en el exhibicionismo de su descendiente? Los fenómenos de la supresión y de la sobrecompensación llevan continuamente a tropezar con la dificultad de que un exceso de algo en un nivel (por/ejemplo en el genotipo) puede llevar a una deficiencia de la expresión directa de eso mismo en algún nivel más superficial (por ejemplo en el fenotipo). E inversamente.
Estamos muy lejos, pues, de poder plantear preguntas específicas al genetista; pero creo que las consecuencias más amplías de lo que vengo diciendo, modifican de alguna manera la filosofía de la genética. Nuestro enfoque de los problemas de la esquizofrenia mediante una teoría de niveles o tipos lógicos ha puesto por primera vez en descubierto que nos problemas de la adaptación y el aprendizaje y sus patologías tienen que considerarse en términos de un sistema jerárquico donde se produce un cambio estocástico en los puntos limítrofes entre los segmentos de la jerarquía. Hemos considerado tres de estas regiones de cambio estocástico: el nivel de la mutación genética, el nivel de aprendizaje y el nivel de cambio en la organización familiar. Hemos puesto en descubierto la posibilidad de una relación, que la genética ortodoxa negaría, entre estos niveles, y hemos puesto en descubierto que por lo menos en las sociedades humanas el sistema evolutivo consiste no solamente en la supervivencia selectiva de aquellas personas que por azar eligen un ambiente adecuado, sino también en la modificación del ambiente familiar en una dirección que pueda potenciar las características fenotípicas y genotípicas de sus miembros considerados individualmente.