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campesinos y de su relación con Dios, por medio del Acompañamiento espiritual.

Sin duda que en la experiencia de cada uno de estos ancianos, en este trabajo observados, la experiencia rural es fundante en la forma de establecer vínculos no sólo con su entorno familiar, sino con el todo de su contexto.

Es una relación de confianza con una naturaleza que jamás tuvieron bajo su control; que les obligo a acomodarse a las circunstancias favorables y, con mayor razón, a las adversas. Esta forma de entender el mundo les permite confiarse en las manos de Dios ante un cuerpo del cual tampoco tienen control. “Tranquilidad y confianza son dos actitudes que corresponden a personas mayores, con las cuales ellas se convierten en una bendición para otros. (…) Confianza que es escuchar mejor, en la vida y el futuro.”(Grün, La vida es ahora: El arte de envejecer, 2012). Descubrir que sus vidas, al igual que el campo en el que viven, no dependen de ellos sino que deben confiarse en la misericordia de Dios y que los vientos sean favorables. A esto se agrega la confianza de los ancianos que

han vivido una larga existencia y que al observarla en su amplitud les regala una tranquilidad que da el vivir sin apuros de futuro.

Existe un sentido de comunidad importante, que se nota de manera más clara en Benjamín, que manifiesta su rol social que ha ejercido por años y que en el último instante de su vida viene a recordarle lo mejor de él y descubre la necesidad de volver a retomar dicha experiencia. En Ramón y Francisco pareciera que no fuese relevante; sin embargo, si se entiende la familia como un lugar social, se verá que ellos necesitan de ese entorno que les reafirme su experiencia de sentido de vida.

“La persona que envejece se siente impelida al retiro social no sólo por la crisis de identidad que experimenta en el interior, sino también por las actitudes y las prácticas colectivas de su grupo de pertenencia. Pero simultáneamente sigue experimentando la pertenencia social como una necesidad básica.” (Laforest, 1991).

Maravillosamente esa experiencia no se refleja aún en el campo en la vida de estos tres ancianos. Son reconocidos por sus familias, no sienten que su rol se haya visto desplazado, sino que saben que no les será arrebatado. Entender como una necesidad básica el sentido de pertenencia social permite reconocer que se sienten insertos en su núcleo social.

“Honneth arguye que una identidad bien integrada depende de tres formas de reconocimiento: amor o preocupación por la

persona (que da auto-confianza), respeto a sus derechos (que entrega auto-respeto) y aprecio por su contribución (que garantiza auto-estima).”(Larraín, 2003).

Pero también, como se decía anteriormente, si se entiende el campo como parte del vínculo familiar se puede reconocer también que ellos se sienten incluidos en el entorno natural que se desenvuelven. La enfermedad es brutal cuando irrumpe en sus vidas, porque ella podría sacarles de espacio relacional con la realidad en su totalidad.

Por ello el acompañamiento intenta situar el campo como un espacio de vínculo que no pierden, sino que deben aprender a relacionarse de otra forma, no se puede ni se debe cortar el vínculo. El campo es inclusivo, no excluyente.

Otra característica del mundo rural que es significativa es observar la vejez con veneración. Claro se descubre en Ramón, pero ellos ven la vejez con buenos ojos, valga la redundancia. Es decir, el haber compartido con sus abuelos y bisabuelos les ha permitido entender como parte del ciclo de la vida la etapa que les toca vivir. No les parece ajena. Se agrega además, que ellos viven la experiencia que, posterior a la jubilación, comienzan a vivir sus vidas con la libertad de hacer lo que verdaderamente sienten que le da sentido. “¿Cómo es el proceso de dar sentido? El punto de partida es la relación con el mundo externo al sujeto, con otros sujetos, con la naturaleza”(de la Garza Toledo, 2000). “En la sabiduría del mundo del mundo rural podemos reconocer: el sentido sagrado de la

familia y el respeto especial a los mayores.”(Conferencia Episcopal de Chile, 2007).

“Nuestra opinión pública está seducida por la juventud. (…) Por ello, nadie lanza ningún eslogan que afirme „¡Qué grande es ser mayor!‟, como si la vejez no tuviese su propia plenitud de vida y, sobre todo, como si no fuese una edad que puede contribuir al bien común. Esto supone una discriminación no teórica, pero sí práctica, de la persona mayor, un cierto „ageísmo‟ que aceptamos resignadamente como si no fuese una injusticia ante la que no sabemos como responder.”(Gafo, 1995).

Interesante es que, si bien existe un marcado sentido de familia, ésta no es tan cercana en cuanto a hijos y nietos. En el caso de los tres, los nietos no viven en el campo mismo y se encuentran a merced de la comprensión de la ancianidad que la sociedad les ofrece. Su vinculación con los abuelos no pareciera ser tan cercana, al menos no lo es en el discurso de ellos. “Hay dificultades para el encuentro y el diálogo familiar; a veces pareciera que hay un gran abismo entre las distintas generaciones que no logran entenderse.”(Conferencia Episcopal de Chile, 2007). En la observación de estos ancianos tan sólo se puede sugerir esta distancia producto de que ya no viven ancianos y nietos en el mismo lugar.

La religiosidad es una característica importante en el mundo campesino, “la capacidad de contemplar y admirar la belleza y armonía de la naturaleza, descubriendo en ella la obra de Dios.”(Conferencia Episcopal de Chile, 2007).

Claramente la mirada de reverencia al mundo rural que tienen estos ancianos es puramente religiosa; es decir, hay una comprensión de todo viene de Dios y que nada está en las manos de aquellos que trabajan el campo, todo es regalo, de lo cual se sienten profundamente agradecidos.

Son hombres agradecidos; no desconocen que la acción de Dios se ha manifestado en ellos a lo largo de la vida, esperan que siga siendo así en este último tiempo, pero la enfermedad viene a hacer tambalear esta confianza primitiva. Durante el acompañamiento que ellos mismos han buscado para reafirmar la presencia de Dios en sus vidas, tendrá como finalidad saber en confianza que Dios sigue acompañando hasta el último aliento y la vida eterna. “Dios nos sigue modelando a lo largo de la vida, también durante la vejez.”(Alonso Schokel, 1991).

“Desde un acompañamiento en clave espiritual y/o religioso, transmitir perdón y reconciliación es muy importante. Uno siente siempre la necesidad de reconocerse a sí mismo. No es posible aceptar al otro sino nos aceptamos nosotros tal como somos. Y esa necesidad es, en la última de la vida, especialmente urgente. Reconocer las propias luces y sombras de la vida pasada y presente es un ejercicio sanante.”(Prat Puigdengolas, 2003).

Esta cita precedente tiene sentido para describir que en los tres ancianos observados esto no sucede. Existe una cierta satisfacción con la vida vivida en ellos, sienten al menos, que han puesto todos sus esfuerzos posibles en construir

la vida lo mejor posible. Conscientes son de sus errores en el camino, pero ello no los sitúa en un conflicto existencial donde la culpa tenga cabida.

Viven la vida con conformidad, no con conformismo. Del mismo modo que la tierra ha sido fecundada, ellos experimentan la sensación de una vida fecunda. Donde lo que se sembró y lo que se cosechó siempre fue bueno, ha habido frutos, una familia que se ha construido a partir del campo y de sus esfuerzos, nuevamente se dice, son agradecidos. “Jesús usa el término „fecundidad‟ en vez de „rendimiento‟ en la parábola de la semilla (mc 4,26-27).” (Breemen, 2004).

“Se muestran más satisfechos los que habitan en el campo que los que habitan en la ciudad.”(Justel, 1983).

2. Conocer cómo tres ancianos campesinos elaboran sus

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