CHAPTER 5: CASE STUDY 1 – ADULT ED
5.2 Information artefacts in supporting the ED workflow
5.2.2. Characteristics of the information artefacts in supporting collaborative work
Preguntas base:
¿Cuál es su nivel educativo?
- Ninguno.
¿En qué barrio vive?
- En la estrella, parte baja.
¿Cómo está conformada su familia?
Vivo con dos hijos y un nieto.
¿Cuántos años lleva trabajando como madre comunitaria?
- Ahorita el 4 de abril voy a cumplir 21 años de estar trabajando con el jardín. El año pasado me pensaba retirar, por lo que he estado muy enferma; a mí me operaron del corazón, entonces he estado delicada de salud. El año pasado tuve un derrame, se me reventó el oído y estuve hospitalizada. Entonces ya no me querían dejar trabajar, y mis hijos me decían: “Eso ya no trabaje
más mamá”; pero entonces después de que faltó mi esposo, me siento más aburrida en la casa sola. Me amaño mucho con los niños trabajando. No estudié ni nada de eso, pero mi labor y todo, el cuidado con ellos…, las mamás se amañan conmigo.
¿En dónde nació? ¿En qué ciudad?
- Socotá, Boyacá.
¿Cuántos años lleva viviendo en Bogotá?
- 53 años
¿Antes de ser madre comunitaria a qué se dedicaba? ¿Qué trabajos tuvo antes de ser madre comunitaria?
- Trabajar en casas de familia, lavando ropa, planchando, haciendo de comer; los oficios de las casas. Nunca he trabajado en nada más, en aseo.
PREGUNTAS DE SU HISTORIA DE VIDA ANTES DE SER MADRE COMUNITARIA Preguntas acerca de las relaciones consigo misma:
¿Qué recuerdos tiene de su infancia?
- Eso sí muchos.
¿Qué recuerda?
- Lo primero es que me pusieron a estudiar y no aproveché. Yo me crié con mis abuelitos. Después de que ellos faltaron ya empecé yo a recorrer y recorrer la vida… a venirme del campo dejé a mi mamá; después de que mi mamá faltó ahí sí ya… me da mucho remordimiento.
Cuando usted era niña y pensaba en el futuro: ¿Qué quería ser cuando grande?
- Trabajar, trabajar y tener mucha plata y muchos hijos. Los hijos sí, bendito sea Dios. Pero no me cuidaba mucho de que fuera por ahí a desviarme o alguna cosa. Una vez yo me iba a bailar así, cuando tenía 14 años me dejaba convencer de mis primas y me iba a bailar. Una vez llegamos de una fiesta; mi mamá llegó y me pegó, mi abuelita dijo: “Prefiero partirle una pata pero no la dejo coger por allá. ¿Usted qué es lo que busca?, después de que tenga por allá un hijo; los hombres solo buscan…”. Mejor dicho, todo lo que ella me decía, esos mismos ejemplos se los cuento yo a mis hijas. Entonces, me pegó y yo duré como ocho días enferma de lo que ella me pegó; eso me sirvió de experiencia, que no tenía que hacer eso.
Ya después que tenía 14 años fue cuando me vine a Bogotá y vine a trabajar en una casa de familia. Ahí tenía mucha relación con las hijas de las señoras, ellas me daban mucha confianza y todo…, ya tuve mi novio, y fue cuando nos casamos.
Cuando usted estaba en el colegio: ¿Qué creía que era ser mujer?
- Estudiar; pero hice sino un año no más, porque mi mamá no tenía…, cosas así para poder comprarnos el uniforme. No tenía plata, éramos muy pobres y la que me daba el estudio era mi abuelita y yo por no hacerle caso ni a la una, ni a la otra me iba, más que todo era porque le enseñara el camino a la otra hermana mía, la que me sigue a mí. Ella sí estudió, también hasta la primaria no más. A mí me gustaba era trabajar, trabajar. Ayudar a sembrar maíz, papa, todo eso del cultivo de la comida.
¿Por qué sólo estudió un año?
- No aproveché porque no me gustaba que me mandaran, toda la vida he sido como rebelde en ese sentido. No me gustaba que mandaran, ni que me dijeran que hiciera las tareas…, no sé por qué motivo. Pero hoy en día sí me pesa, porque yo vine a aprender fue acá, cuando me dieron el jardín. Yo pensé que no me iban a dar el jardín, pero la señora Olinda tuvo mucha paciencia conmigo, por eso yo la quiero y la estimo tanto. Cuando en la casa me dicen mis hijos que me invitan a dar un paseo, yo les digo: “No, yo no voy por allá que estoy cansada”; y ellos me dicen: 180
“pero si la llama Olindita ahí mismo sale, así esté cansada, allá cae. Yo no sé qué tiene esa señora”; pero yo no permito que se metan con ella. Porque ella me ha dado muchos consejos y todo.
Cuando usted quedó en embarazo por primera vez: ¿Qué sabía sobre la maternidad?
- Nada. Cuando quedé embarazada me di cuenta fue cuando tenía como cuatro meses de embarazo, y le dije a mi esposo y él feliz.
Pero sus papás nunca la educaron sobre el tema…
- No. Mis abuelos nunca me dijeron a mí de eso nada. Me cuidaban cuando me veían hablando con un muchacho y ahí mismo mi mamá me reprochaba: que mirara, que no sé qué; que detrás del besito había otra cosa, lo más importante… todo eso. Pero así decir como ahora que hay la planificación y muchas cosas para enseñarle a las niñas, o a los hijos, a los varones también. Por eso yo tuve hartos hijos, porque en ese tiempo no había nada de planificación ni nada de eso. Ya cuando yo tuve mi cuarto hijo fue que dijeron en el hospital que planificara. Entonces me mandaron a la 34 o la 32 a planificar…, después de ocho años fue que hubo otra hija. Entonces ya sabía, ya uno se cuidaba y todo; pero aún con ser de eso, tuve siete hijos y dos abortos.
Cuando usted era niña y pensaba en el futuro: ¿Qué quería ser cuando grande?
- Trabajar, trabajar y tener mucha plata y muchos hijos. Los hijos sí, bendito sea Dios. Pero no me cuidaba mucho de que fuera por ahí a desviarme o alguna cosa. Una vez yo me iba a bailar así, cuando tenía 14 años me dejaba convencer de mis primas y me iba a bailar. Una vez llegamos de una fiesta; mi mamá llegó y me pegó, mi abuelita dijo: “Prefiero partirle una pata pero no la dejo coger por allá. ¿Usted qué es lo que busca?, después de que tenga por allá un hijo; los hombres solo buscan…”. Mejor dicho, todo lo que ella me decía, esos mismos ejemplos se los cuento yo a mis hijas. Entonces, me pegó y yo duré como ocho días enferma de lo que ella me pegó; eso me sirvió de experiencia, que no tenía que hacer eso.
Ya después que tenía 14 años fue cuando me vine a Bogotá y vine a trabajar en una casa de familia. Ahí tenía mucha relación con las hijas de las señoras, ellas me daban mucha confianza y todo…, ya tuve mi novio, y fue cuando nos casamos.
Cuando usted estaba en el colegio: ¿Qué creía que era ser mujer?
- Estudiar; pero hice sino un año no más, porque mi mamá no tenía…, cosas así para poder comprarnos el uniforme. No tenía plata, éramos muy pobres y la que me daba el estudio era mi abuelita y yo por no hacerle caso ni a la una, ni a la otra me iba, más que todo era porque le enseñara el camino a la otra hermana mía, la que me sigue a mí. Ella sí estudió, también hasta la primaria no más. A mí me gustaba era trabajar, trabajar. Ayudar a sembrar maíz, papa, todo eso del cultivo de la comida.
¿Por qué sólo estudió un año?
- No aproveché porque no me gustaba que me mandaran, toda la vida he sido como rebelde en ese sentido. No me gustaba que mandaran, ni que me dijeran que hiciera las tareas…, no sé por qué motivo. Pero hoy en día sí me pesa, porque yo vine a aprender fue acá, cuando me dieron el jardín. Yo pensé que no me iban a dar el jardín, pero la señora Olinda tuvo mucha paciencia conmigo, por eso yo la quiero y la estimo tanto. Cuando en la casa me dicen mis hijos que me invitan a dar un paseo, yo les digo: “No, yo no voy por allá que estoy cansada”; y ellos me dicen: “pero si la llama Olindita ahí mismo sale, así esté cansada, allá cae. Yo no sé qué tiene esa señora”; pero yo no permito que se metan con ella. Porque ella me ha dado muchos consejos y todo.
Cuando usted quedó en embarazo por primera vez: ¿Qué sabía sobre la maternidad?
- Nada. Cuando quedé embarazada me di cuenta fue cuando tenía como cuatro meses de embarazo, y le dije a mi esposo y él feliz.
Pero sus papás nunca la educaron sobre el tema…
- No. Mis abuelos nunca me dijeron a mí de eso nada. Me cuidaban cuando me veían hablando con un muchacho y ahí mismo mi mamá me reprochaba: que mirara, que no sé qué; que detrás del besito había otra cosa, lo más importante… todo eso. Pero así decir como ahora que hay la planificación y muchas cosas para enseñarle a las niñas, o a los hijos, a los varones también. Por eso yo tuve hartos hijos, porque en ese tiempo no había nada de planificación ni nada de eso. Ya cuando yo tuve mi cuarto hijo fue que dijeron en el hospital que planificara. Entonces me mandaron a la 34 o la 32 a planificar…, después de ocho años fue que hubo otra hija. Entonces ya sabía, ya uno se cuidaba y todo; pero aún con ser de eso, tuve siete hijos y dos abortos.
Preguntas acerca de las relaciones con su familia de origen: ¿Cómo era su vida al interior de su familia cuando era niña?
- Bien. Uno era feliz, por todo era feliz. A mí me tenían trabajando cuidando por allá en el monte, cuidando el ganado, cuidando las ovejas, las cabras; recibían ganado a cuidar y nosotras les ayudábamos. A parte de eso, nosotras llevábamos para hacer el almuerzo; como era lejos de la finca donde cuidábamos, era lejos de la casa. Nos ponían a hacer oficio, y aparte de cuidar los animales, teníamos que hilar una lana para hacer ruanas. Yo aprendí a hilar para hacer mis ruanas y para tejer y todo eso, para hacer sacos…, aprendí a tejer en unas varitas allá de monte. Les sacábamos así filo y era en nada que nosotras hilábamos y hacíamos nuestros saquitos, chalecos más que todo. Si nadie me enseñaba, una tía que estaba ahí haciendo sus trabajos yo me ponía y le ayudaba.
¿Usted qué recuerda del trato de sus papás? ¿Cómo la trataban sus papás cuando era niña?
- Me trataban muy bien, mis abuelos más que todo. Como yo era la hija mayor, la nieta mayor ellos, no permitían que ninguno de mis tíos me dijeran nada feo a mí. Ellos venían al pueblo y me compraban mis cosas para mí y todo. Después de que mi abuelita me entregó a mi mamá, que no quería hacerse cargo de mí, porque ella no quería mejor dicho, cargar con la responsabilidad mía. Por lo que nos juntábamos con otras tías, con mi tía la menor y otras primas y nos volamos de la casa. Hicimos ‘pandilla’ y nos vinimos para Bogotá; que en ese tiempo no le decían Bogotá, sino le decían era para el ‘Reino’…, ese era el nombre, ahí nos volamos y nos veníamos coladas en los buses, en las flotas que venían. Un señor compadre de mis abuelitos, nos reconoció a mi tía y a mí, y nos mandó llegar, porque íbamos todo el camino por esas peñas, con las cabras, y nos manteníamos con frutas que cogíamos por el camino. Entonces él nos atajó, nos dio almuerzo y nos dijo: “vengan un momento niñas para acá que les voy a hacer una preguntica”.
Quiero retomar el tema en el que usted me comentaba de que sus abuelos la entregaron a su mamá porque ya no querían asumir la responsabilidad suya.
- Hubo un tiempo en el que nos reunimos tres primas y una tía –la hermana menor de mi mamá,
que me lleva 5 años−, nos reunimos; porque mi tía se iba a encontrar por allá con el novio, y nosotras nos íbamos a ponerle cuidado. Cuando nos los encontrábamos yo le decía que le iba a contar a mi abuelito. Entonces mi abuelito le daba unas ‘trillas’ a ella, y yo iba y me escondía; porque yo le tenía miedo, pero él nunca me pagaba. Hubo un único día en que mi abuelita me pegó, pero eso sí fue por capricho mío, por no hacer caso. Hoy en día eso me sirvió mucho para pensar que lo que ella me dijo estaba mal hecho, y lo que yo estaba haciendo estaba mal hecho. Todo eso yo lo tengo, y con eso le doy ejemplos a mis hijos.
Pero, ¿por qué cree que ellos la entregaron?
- Ellos me entregaron porque llamaron a mi mamá y le dijeron: “Vea Aura Celia, le voy a entregar a su Graciela, porque ellas las dos se tapan mucho lo que hacen aquí. La una le tapa a la otra, y la otra le tapa a la una”. O sea, yo le tapaba muchas faltas a mi tía, y de pronto que yo iba a aprender lo que la otra estaba haciendo, y ellos no querían que eso me pasara. Ese día que llamaron a mi mamá y le dijeron: “Hasta aquí le cuidamos su niña. Ya casi está hecha y derecha, ya casi es una señorita, ya va a cumplir los 14 años. Entonces usted mire a ver, de aquí en adelante lo que le pase a ella es su responsabilidad”. Yo dije: “No, con ella no me voy”, y me puse a llorar, entonces 182
me dijeron: “¿Por qué no se va con su mamá?, Ella es su verdadera mamá”, y yo les dije: “No, porque ella es mi hermana”, yo creía que ella era mi hermana. Me preguntaron que por qué no me iba con ella y yo les dije que porque ella me quería echar a la laguna a que me comieran los sapos, y me preguntaron que de dónde yo sabía eso… Mi mamá dijo eso cuando yo estaba recién nacida. Lo dijo en un ataque de rabia, tal vez, por lo que el otro la dejó y a ella la habían regañado; pero no le pudieron pegar por haberme traído a mí. Traer al mundo a una niña, sin ni siquiera estar preparada, sin papá ni nada; Y como allá le dicen a uno que es un ‘hijo bastardo’…, -a mí no me da vergüenza que me digan que soy hija bastarda-. Yo llevo el apellido de mi mamá y de mi abuelito, yo debería llevar dos apellidos que son: Ortíz. Cuando me fueron a registrar –como me registró fue mi abuelito–, entonces me pusieron Ortiz Castañeda. Mi mamá dijo que Castañeda no, porque ella sabía en su conciencia que yo no llevaba ese apellido. Entonces el notario tachó donde decía Castañeda y me quedé con un sólo apellido. Por eso fue que ahorita al sacar los papeles para lo de mi esposo, me tocó irme a registrar de nuevo. Y pagué plata, por esa rayita. Por eso fue que ya me di cuenta. Como ese día estaba uno de mis tíos ahí en el pueblo, yo le dije que me acompañara a la notaría…, él sabía los secretos, y me acompañó, y allá preguntó: “¿Por qué ella no tiene ese apellido?, y el notario dijo: “Porque rayaron aquí”, –“Es que mi hermana cuando la fue a registrar hizo eso”.
Él dijo que me iba a ayudar con los papeles y se fue a la notaría y dijo: “Es que mi hermana vino a registrarla; pero los que pasaron a registrarla fueron mis papás”, o sea mis abuelitos, ellos pensaron que mi papá se llamaba Cristanto Castañeda, y por eso le pusieron Castañeda. Entonces cuando pasaron escribieron primero ese apellido, pero mi mamá dijo que ese apellido no, y quedó anulado. Pero ellá no borraron ni nada, sino lo que es: es, y ya quédese con un solo apellido. Y así quedó en la cédula, y quedó en todos los papeles. No nos habíamos dado cuenta hasta el tiempo en que falleció mi esposo, en que tocaba hacer unos papeles y me dijeron: “¿Usted por qué solo tiene un apellido y acá aparece Castañeda?, entonces me tocó ir a borrarlo. Yo le pregunté a mi tío que por qué yo tenía ese apellido, y él me dijo: “Lo que pasaba era que a usted le decían que era hija de fulano, pero su verdadero papá es el esposo de su mamá”, yo le pegué un empujón y le dije que por qué no me había dicho a mí, y él me dijo: “No. Porque los que le tenían que decir eran sus papás, y usted no se tomó el atrevimiento de seguirles preguntando”. La verdad no me interesaba, yo era así de egoísta, me decían que mi papá me tenía que dar el apellido, y yo decía que apellido para qué, si eso ya no me servía para nada.
¿Por qué la criaron sus abuelos?
- Porque cuando mi mamá me tuvo, era menor de edad todavía. Cuando ella me tuvo a mí, mis
abuelitos eran muy estrictos y corrieron al señor que era mi papá, por haber tomado la decisión de tener familia antes de ir a la Iglesia y ellos no permitían eso. No como ahora, que una pareja de 14 años va de una vez al matrimonio, y a tener bebés antes de tiempo. Y eso que mi mamá tenía en ese tiempo como 19 años –a esa edad tuve también yo mi primer hijo–. Entonces cuando ella me tuvo a mí, mis abuelitos no sabían que ella estaba embarazada. A ella la hacían madrugar a las 4 de la mañana para hacerle el desayuno a mi abuelo y a los obreros donde estaban trabajando. Entonces ahí –según lo que mi mamá nos contaba– ella llegaba, y como ella usaba su ropita ancha, nadie se daba cuenta; hasta cuando mi mamá se enfermó, que se sentía mal y no se quiso levantar a hacer el desayuno a mi papá. (Papá, porque no nos permitían en ese tiempo que les dijéramos abuelito).
Cuando usted estaba en esa época, ¿Qué sentía al no tener a su papá cerca?
- Yo me crié muy desprendida. Como en todo lado le dicen a uno: “Su papá es fulano de tal”, a mí me sobraron papás, porque me decían que a mi mamá la veían hablando con otros, y de todos esos ninguno era…, de todos esos ‘asolapados’, fue él (papá) el que había hecho ‘los platos rotos’. Yo no creo que mis abuelitos supieron tampoco.
En su relato usted menciona que nunca sintió confianza con su mamá de contarle las cosas que le pasaban, ¿Por qué?
- No, nunca. El único día que sentí como una corazonada fue el día que me despedí, que me dijo: “Bueno mija, cuídese mucho porque tal vez esta sea la última vez que nos veamos”, pero como yo ya había subido al bus, yo no tuve como la manera de haberle preguntado por qué me decía eso, 183
si estaba enfermo o algo. Yo le conté a mi esposo y él me dijo: “Por qué no se bajó. Haber perdido una hora, pero haberle preguntado por qué le dijo eso”. Él sí estaba enfermo, porque por algo me