Llega un momento en que cualquier realidad se acaba. Y entonces no hay más remedio que inventarla. Mario Benedetti
Cuando la Facultad Libre termina su ciclo en Venado Tuerto en 1994, la Biblioteca queda con escasa actividad. Para ese momento ya existía Babel, un bar puesto por los jóvenes en el centro de la ciudad. La ubicación del bar estaba definida dos años antes de abrirlo. Era una gomería que prácticamente estaba destruida y que abría una hora por día. “Nos interesó hacerlo ahí, por mezclar esa cosa entre vieja y nueva y ya con la idea de meter libros y ya con la idea de que el tipo que tome el café se pueda leer el diario. Esperamos casi dos años que desocupen esa gomería (...) Cuando el tipo la desocupó, la reciclamos, nos endeudamos, lo llevamos adelante”, cuenta Marcelo
Más de una vez los protagonistas se han definido como “gente de bares”. Marcelo cuenta que el café de los bares de Venado Tuerto era malo y todavía no se les ofrecía a los clientes el diario. En los viajes que hicieron a Buenos Aires, notaron que el café era mejor, se servía mejor tirado, se atendía mejor a los clientes y se podía leer el diario. Es así que Babel hizo foco en esa carencia y se convirtió en el primer bar literario de Venado Tuerto.
La apertura de Babel hizo que la energía del grupo estuviera puesta ahí: hacían de mozos, cobraban en la caja, organizaban eventos y presentaban libros de distintos escritores. De este modo, la Biblioteca se convirtió en un lugar de descanso para ellos. “Ninguno iba a descansar a la casa, íbamos a descansar ahí (…) era un lugar de relax, comíamos, jugábamos a las cartas y chupábamos
whisky, y a mí eso me pareció simpático durante un tiempito muy corto, después se convirtió en una cosa bastante aburrida”, cuenta Fernando.
En la Biblioteca la Facultad ya no funcionaba, el equipo de fútbol había descendido y la cantidad de charlas y seminarios bajaron. Con el objetivo de retomar las actividades dentro de la institución surge la idea de hacer otra revista. Como hacía tiempo no escribían y desde la Biblioteca no se hacían publicaciones, deciden que los primeros diez números de la revista no se publiquen, que solo sean para ellos mismos con el objetivo de ir puliendo su trabajo y hacer un mejor producto. “Estábamos todos con el culo al aire. Fines de los 90. Vamos a hacer una revista, pero no la lancemos, primero arranquemos para nosotros. Vamos desde el menos diez y cuando llegabas a la cero, se suponía que la uno era para la sociedad. Era un calentamiento”, recuerda Fabián. Fernando se había comprometido a hacer los primeros diez números, les propuso a sus compañeros que ellos solo debían dedicarse a escribir y dibujar. “Yo hago la revista, la armo, la publico, hago veinticinco ejemplares uno para cada uno de todos los que nos juntábamos martes por medio y el Negro Carpio se tenía que encargar de hacer un costillar. Se presentaba el costillar y éramos los encargados de leer la revista entre todos”.
Escriben una, escriben dos, tres. Cuando llegan a las diez revistas, a la número cero, la dejan de escribir, aparentemente no hay ganas. Hacen otra, pero no todos. Ahora son dos, ahora es para ganar plata, ahora son Fernando y Fabián. La empiezan a diseñar en la Biblioteca. Los que no escriben la revista cuestionan a los que la escriben por usar las instalaciones de la institución para un beneficio personal y no colectivo. Fabián y Fernando se van, dejan la Biblioteca. “Yo veía que la Biblioteca se estaba desinflando, estábamos muy cansados todos (...) imaginá desde el año 84 hasta el año 97, esto fue en el 95 más o menos. Once años de un nivel de exigencia y de postergación de todo lo personal muy fuerte (…) casi te diría que fui un padre ausente en ese período”, cuenta Fernando. La revista que produjeron Fabián y Fernando se llamó Lote, fue una revista cultural que llegó a publicar ciento un números. La producían en el departamento
de Fernando, en un contexto personal de él en el que se había separado de su mujer y por lo tanto necesitaba pasar una mensualidad y pagar un alquiler. Fue la primera revista de habla hispana en volcar todo su contenido a internet y recibió el premio a la mejor revista cultural de Argentina entregado por la Cámara Argentina del Libro. En el número cien Fernando deja la revista, ya vive en Rosario y desde la Municipalidad le proponen reabrir la Facultad Libre en la ciudad. En el 2005 Lote deja de existir.
Por su lado Marcelo, Edgardo y Pablo continúan con una consultora de opinión política que había puesto todo el grupo en 1989 llamada El Almario. En la época de la Facultad Libre conocen a Daniel Lutzky, un sociólogo que trabajó en la campaña de Alfonsín, quien les enseña técnicas relacionadas con el diseño de cuestionarios y la información a recolectar. Alquilan un departamento para utilizarlo de oficina. Empiezan a realizar encuestas fuera de Venado Tuerto. No hay más tiempo para la Biblioteca. En 1997 los protagonistas deciden dejarle la institución a un nuevo grupo. “Que circulara otra gente porque si no cuál es el riesgo, que se empiece a confundir lo público con lo personal. La Biblioteca había sido nuestra casa, pero no era nuestra casa (…) empezamos a pensar que había que oxigenar eso y que otros pibes nuevos, más pibes que nosotros, vinieran con ideas nuevas e innovaran eso”, cuenta Marcelo.
Marcelo continuó jugando al fútbol en otros equipos y actualmente es entrenador. Es productor de un programa de televisión que se realiza en la sala Castalia de la Biblioteca llamado Ideas en la ciudad. A finales del 2017 escribió su primer libro: La llanura hacia ninguna parte, donde compila una serie de textos escritos a lo largo de su vida, varios de ellos marcados por la experiencia de la Biblioteca. Fernando vive en Buenos Aires, es docente e investigador del Instituto De Altos Estudios Sociales. Le dejó la Facultad Libre a su hijo Adriano, quien la mantiene junto a otro grupo de trabajo en Rosario.
Fabián comienza a militar en política. Actualmente es Concejal por parte del socialismo y fue reelecto en tres ocasiones, cumpliendo doce años con ese cargo. Este año termina su mandato. También llegó a ser Presidente de la Cámara del Concejo Municipal.
Edgardo también empieza a militar en política y funda La Cámpora en Venado Tuerto. Actualmente continúa su trabajo en la consultora, que es su sustento económico.