«Señor, tu misericordia es eterna»
(Salmo 106,1)
I. Introducción
1. Hasta ahora, hemos profundizado en el sentido del «pecado del mundo», el
«pecado social» y «mi pecado».
La gracia que le pedimos a Dios durante estas semanas de oración sobre el pecado y la misericordia es conocer por dentro el pecado (su gravedad, lo que me estorba para mi vida y la de los otros) y así poder rechazarlo.
2. Tratamos de vivir todo este tiempo en paz. Puede que sintamos algún bloqueo, como algún obstáculo en la oración, tal vez por el tema, tal vez porque nos cuesta bastante sentir que somos pecadores…, pero sepamos que es un paso importante en nuestra vida el sentir esa gracia de saber que somos pecadores-perdonados.
3. Podemos estarle todos muy agradecidos a Dios, porque ya llevamos bastantes semanas en este «camino de experiencia espiritual» que son los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola.
Este camino lo estamos viviendo con «ánimo y liberalidad», que se manifiestan en la constancia y fidelidad que tenemos en la oración diaria, en la perseverancia que tenemos para asistir al encuentro semanal del grupo.
Y esta experiencia también se manifiesta cuando expresamos lo que son estos Ejercicios para nosotros: el nuevo ánimo con que vivimos la vida.
4. Ya hemos hablado, otras veces, de la importancia de la entrevista con el acompañante, que nos ayuda a profundizar en el fruto de los Ejercicios.
a. Esa entrevista-encuentro se puede hacer en forma personal con el acompañante, conversando de todo lo que vivimos en el proceso.
b. Pero también ayuda la «puesta en común» que tenemos en el encuentro semanal.
c. Es bueno que allí podamos expresar con toda sencillez y confianza Lo que Dios me va diciendo en la oración y en la vida…
Qué me va sugiriendo Dios para mi vida… (cómo cambiarla, mejorarla…, qué nuevos compromisos puedo adquirir…).
Qué versículo de la Palabra de Dios me toca más al corazón, me resuena más… y me ayuda en la vida.
5. En este camino y en este momento de los Ejercicios Espirituales, también seguimos bajo la gracia de la acción del Espíritu de Dios y la influencia del espíritu que no es de Dios: ¿cómo puedo distinguir esta acción diferente?
a. La acción del Espíritu de Dios me lleva a tener sentimientos de contrición, arrepentimiento, propósito de cambiar la vida, y puedo llegar a llorar lágrimas de dolor por los pecados, etc. Puede haber en mí malestar y sufrimiento por ser pecador; pero también hay en mí deseo de mejorar la vida, de no quedarme «autocentrado», es decir, fijándome siempre en mí mismo, sino también pensar en el bien de los demás…
b. El espíritu que no es de Dios me lleva a acciones y sentimientos contrarios. Me produce una paz falsa, superficial, en la que siento que no hay nada que cambiar…, que todo está suficientemente bien en mi vida anterior…, y también que la conversión es bastante difícil. Que hasta ahora he funcionado bien, que mi pecado no es tan grave y que no necesito cambiar y, además, el pensar en esto me produce miedo…
II. Meta y objetivo para esta semana
1. Desde el principio de esta primera semana de Ejercicios sobre mi pecado y la misericordia de Dios, insistimos en que la meta de nuestra reflexión no es solamente el saber que soy pecador, sino el sentir de verdad que soy pecador-perdonado.
2. Podemos decir que lo más importante del pecado no es el pecado en sí, sino que es el amor total con que Dios perdona, sin condiciones, al pecador.
3. Por eso conviene vivir todo este tiempo de reflexión en este ambiente de gustar y sentir muy en el corazón LA MISERICORDIA DE DIOS, el amor tan especial que me tiene y que se manifiesta de muchas maneras, pero de un modo particular en el perdón.
¡Dios nunca es mezquino en el perdón…!
4. Hasta ahora he comprendido que el sentirme pecador y el sentirme perdonado es una gran gracia de Dios y que pido con insistencia. No se trata de «conquistar» esa gracia con mucho esfuerzo personal mío, sino es Dios quien me la concede con toda generosidad…
5. Es bueno para el proceso de este camino espiritual el ser capaz de concretar dos cosas:
a. ¿Qué nombre le doy a mi pecado fundamental, a la raíz que produce mis pecados? (esto me ayuda a aclarar mis «afecciones desordenadas», de las que san Ignacio nos habla en los Ejercicios, o señalar los otros «absolutos», aquello que es lo más importante en mi vida y que no le permite a Dios ser Dios en mi vida. En definitiva, es todo aquello que «no me deja vivir»).
b. Hacer una lista bastante completa de aquellas cosas, actitudes de mi vida
(pecados) de las que siento que Dios me invita a liberarme y yo también siento que necesito liberarme, es decir, ordenar, mejorar para mi futuro (porque, no lo quiero olvidar, en los Ejercicios se trata de «ordenar mi vida»,
como dice san Ignacio).
III. Textos clave para esta semana
Me has salvado de la muerte para que camine en tu presencia, a la luz de la vida.
(Salmo 56,14) Mira, has sido sanado, no peques más.
(Juan 5,14) Cristo Jesús vino para salvar a los pecadores.
(1 Tito 1,15) Venid para que arreglemos cuentas.
Aunque vuestros pecados sean colorados, quedarán blancos como la nieve; aunque sean rojos como púrpura, se volverán como lana blanca.
(Isaías 1,18) Señor, te echaste a la espalda todos mis pecados.
(Isaías 38,17) Señor, me concediste vida y misericordia.
(Job 10,12) Dios, Padre de Cristo Jesús nuestro Señor, por su gran misericordia…, nos concedió renacer para la vida que esperamos.
(1 Pedro 1,3)
1. Con todos estos sentimientos, le muestro a Dios, con mucha sinceridad, mi
vida agradecida, porque experimento el haber sido salvado de la muerte, liberado por Dios de aquello en lo que tantos otros han caído… y esto no porque yo sea mejor o me lo merezca más que los otros, ¡sino por pura bondad de Dios!
IV. Organización y distribución de la oración
durante la semana
Nota: Recuerdo que es muy importante comenzar y seguir todos los pasos de la oración.
Termino siempre la oración con el coloquio señalado por san Ignacio de Loyola: ante la cruz de Jesús y las cruces de los crucificados, me pregunto:
– ¿Qué he hecho por Cristo? – ¿Qué hago por Cristo? – ¿Qué debo hacer por Cristo?