I. Introducción
1. San Ignacio de Loyola nos presenta sus Ejercicios Espirituales organizados en el «Principio y Fundamento» y en cuatro «semanas». Esta división en «semanas» no tiene nada que ver con nuestra organización del mes en semanas de 7 días.
2. San Ignacio intenta, con esta división, presentarnos toda la experiencia espiritual de los Ejercicios en cuatro fases o tiempos fuertes que son de distinta duración:
a. La primera semana se centra en la reflexión de nuestro pecado y la gran misericordia de Dios.
b. La segunda semana trata de la llamada del Reino y la vida pública de Jesús.
c. La tercera semana profundiza en la Pasión y Muerte de Jesús.
d. La cuarta semana es la consideración de la Resurrección de Jesús y la «Contemplación para alcanzar amor».
3. Hasta ahora, el recorrido espiritual, el camino que hemos seguido, comprende: a. Cinco semanas de preparación (para entrar en ambiente de oración y para
comprender mejor el método ignaciano).
b. Tres semanas de reflexión del Principio y Fundamento (¿cuál es mi Absoluto?).
4. San Ignacio, como siempre, insiste en que esta reflexión y oración que comenzamos es un tiempo muy importante, en el que es necesario conseguir la gracia y el fruto de la primera semana de los Ejercicios. En esta etapa se intenta alcanzar, como fruto muy especial, el sentir que soy pecador-perdonado. Esto quiere decir
a. Que de verdad soy pecador. Con esta gracia caeré en la cuenta de que muchas veces pongo excusas para no reconocer mi pecado; por ejemplo, pienso o digo: «Me engañaron», «no sabía», «soy muy débil», «tienen la culpa otros», «no soy yo el culpable»…
b. Pero la gran verdad no es que soy solamente pecador, sino que soy pecador
perdonado. Y tener experiencia de esto, es decir, aceptarlo y vivirlo, insistimos, es una gracia que Dios nos puede conceder:
Comprender y creer de verdad que soy pecador es gracia de Dios. Sin esa gracia no reconozco esto con facilidad, sino que me excuso…
Y reconocer que soy además perdonado, también es gracia muy especial que Dios me puede regalar. Porque lo normal es que yo crea que «compro» el perdón con mis buenas acciones, mis sacrificios, mi confesión, etc.
c. Reconocer estas dos cosas no es fácil y por eso san Ignacio dice que no se consigue por simple esfuerzo personal, sino que es Dios quien nos lo puede conceder.
Si no se alcanza ese fruto, esa gracia, no conviene seguir adelante haciendo esta experiencia espiritual. Es preferible interrumpir esta etapa, y tal vez en otra ocasión se pueda seguir haciendo los Ejercicios Espirituales.
II. Meta y objetivo de la semana
1. Ahora, comenzamos a reflexionar y orar sobre nuestro pecado y la misericordia sin límites que Dios nos tiene.
2. La meta y el objetivo de la semana dedicada a la oración sobre el pecado y la misericordia es «SENTIR», es decir, entender, caer en la cuenta, comprender de verdad
a. Que el pecado hace fracasar, destruye todo el plan de Dios. b. Que yo colaboro con ese mal que es el pecado.
c. Y esto me produce dolor ante tanto amor de Dios no correspondido.
3. La GRACIA especial de esta semana será que pueda comprender la malicia del pecado para rechazarlo. Que de ahora en adelante, en mi vida, yo ya no sea colaborador del pecado.
III. Texto clave para esta semana
Vio Dios que todo cuanto había hecho era muy bueno.
(Génesis 1,31)
1. ¡Ese era el proyecto de Dios! Con mucho dolor decimos que «era», porque, si miramos la historia y vemos nuestra realidad, sentimos profundamente que ese plan se rompe con el pecado.
Desde el proyecto y el plan que vemos en el Principio y Fundamento, si vivimos todos de verdad el «alabar-hacer reverencia-servir», que es «en todo amar y servir»,
¡todos seremos una comunidad de hermanos que comparten en paz la vida y luchan siempre por la VIDA!
2. Pero, por ejemplo, en Venezuela el 80% vive en condiciones de pobreza extrema o crítica y cada día muere mucha gente por el hambre, la violencia etc.
3. Cada año, en el mundo, mueren de hambre 50 millones de niños y adultos, porque se prefiere invertir en armas, para producir más guerras y más torturas y muertes…
4. En tantos países, la corrupción, la hipocresía, la injusticia, la explotación… parecen ser quienes gobiernan la humanidad…
5. En nuestro barrio, vemos y sufrimos el mal que producen la droga, el alcohol, el machismo, la violencia, el desprecio, el maltrato de la mujer, la familia rota, los pleitos entre vecinos, personas que pasan hambre, que no pueden vivir como humanos…
a. Todo eso es pecado… y lo produce el pecado.
b. Y yo… ¡soy cómplice de ese pecado…!
6. «La consecuencia del pecado es la muerte, mientras que el don de Dios es la VIDA» (Romanos 6,23).
IV. Organización y distribución de la oración
durante la semana
Notas:
a) Es muy importante que haga mi oración poniéndome en la presencia de Jesús Crucificado y teniendo muy presentes a todos los crucificados de la tierra (porque Jesús crucificado y los crucificados de la tierra son la explicación más clara del pecado y sus consecuencias. Son crucificados precisamente porque existe el pecado. Conviene que pueda concretar bien los crucificados más cercanos que yo conozco o con los que convivo… y quiero tenerlos muy presentes en mi oración).
b) Pongo especial cuidado en la oración de estos días y sigo los pasos indicados para la oración: presencia de Dios, petición de la gracia que quiero que se me conceda, reflexión del texto que se me propone, aplicación a mi vida, y luego termino con un coloquio…
c) Es recomendable que siempre pueda leer alguno de los salmos del perdón: 16 (15) - 17 (16) - 22 (21) - 25 (24) - 26 (25) - 31 (30) - 32 (31) - 36 (35) - 51 (50) - 69 (68) - 103 (102) - 130 (129) - 146 (145).
d) Voy a reflexionar durante la semana algunas consecuencias del pecado como realidades contrarias al plan de Dios, a su proyecto.