Dentro de la investigación para la recaudación de los datos pertinentes que permitan dar respuesta a la pregunta que convoca se hizo uso de dos técnicas de recolección de la información; la observación participante y la entrevista, las cuales se detallarán a continuación desde las perspectiva en la que fueron comprendidas para ser llevadas a cabo con las familias de primera infancia, teniendo en cuenta que se trata de un sujeto colectivo en el que hay niños y niñas menores de cinco años.
La observación participante.
Desde los planteamientos de Perera (2003) y González (2002) la interacción con el otro es el corazón de la configuración de la subjetividad y el espacio en el que se dan las representaciones sociales, es en los puentes que se establecen con otros en los escenarios sociales cotidianos en donde las formas de subjetivación moldearan de manera continua a un sujeto político que retroalimenta los entramados en los que es. Razón por la cual una de las herramientas más importantes dentro de la investigación para poder indagar sobre las representaciones sociales que participan en la configuración de la subjetividad política de los niños y niñas es la observación, en tanto nos permite enfocar en los discursos y acciones que son naturales y constantes en las
interacciones de este sujeto colectivo, la familia de primera infancia, que permean toda interacción que entre sus integrantes se da, “(…) es evidente que para entender las formas de vida y los tipos de acción social en un contexto dado, así como la actuación práctica de la cotidianidad de las personas, es imprescindible acudir a la observación” (Bonilla y Rodríguez, 2008, p. 228)
Así, comprenderemos la observación participante como el ejercicio del investigador de tomar nota de forma detallada de una situación social particular que es pertinente a la pregunta que busca solucionar, comprendiendo a esta como lo plantea Bonilla y Rodríguez (2008) como el conjunto de acciones que se dan entre uno o más sujetos en un momento y lugar determinado, acciones que se registran de manera escrita en diarios de campo en situ que se nutren y apoyan en audios, fotografías o videos.
La observación participante implica fijar la vista en lo narrado pero también en lo actuado por los participantes, en resaltar las enunciaciones que realizan dentro de su cotidianidad y las acciones que componen y caracterizan su entramado social, así por ejemplo, “la disposición de los objetos y las personas en los espacios proveen elementos importantes para conocer patrones de comportamiento institucionalizados, que pasan frecuentemente desapercibidos a simple vista para los individuos involucrados en la situación” (Bonilla y Rodríguez, 2008, p. 238), de modo que será en estos fragmentos de realidad social que se describen por medio de la observación en los que será posible observar los procesos de subjetivación social que les configuran como un sujeto particular.
Lo anterior implica que para llevar a cabo la observación participante el investigador debe poseer claridad acerca de las relaciones que existen entre la pregunta y los objetivos que busca lograr, así como con las referencias teóricas, pues esto facilitará no solo la selección de la situación social a registrar sino además las particularidades a las que deberá presentar especial atención, aquellas que de forma más evidente representan un ejemplo de la realidad social que se busca comprender.
“(…) la observación participante trata de aprender cómo es la vida desde la perspectiva de quien experimenta una determinada situación a la vez que se mantiene también como un investigador desde afuera. El investigador debe tomar notas objetivas acerca de lo que ve, registrar todas las explicaciones y observaciones en sus notas de campo. Las conversaciones informarles y las interacciones con los miembros de la población que está siendo estudiada también son componentes importantes de esta técnica y deben ser registradas en los diarios de campo de la manera más detallada posible” (Páramo, 2008, p. 172)
De lo anterior y por último, se puede mencionar que la observación participante permite un groso mayor de información recolectada de la que puede reunirse en técnicas de indagación directa con los participantes, en tanto, está no es filtrada sino experimentada, en la medida que su informalidad y transversalidad a toda la interacción permite un retrato más fidedigno de los entramados sociales, por supuesto que esto es acompañado de la rigurosidad de las notas y descripciones del investigador, la cual dará validez a lo encontrado.
En la medida que la intencionalidad de la investigación radica en la comprensión de un fenómeno social acontecido en la interacción de un sujeto colectivo en un contexto particular, se hace necesario que uno de los instrumentos a utilizar sea la entrevista a profundidad, en la que según Páramo (2008) partimos de la idea que la persona a la que entrevistamos es el experto y es la intencionalidad del investigador el aprender de este, desde las narraciones que realiza al elaborar sobre preguntas determinadas que se formulan con el propósito de escudriñar en los diversos matices que en conjunto conforman el objeto de investigación.
“La entrevista a profundidad es una técnica diseñada con el fin de provocar un retrato vívido de las perspectivas del participante en el tópico de investigación en el que está interesado el entrevistador” (Páramo, 2008, p. 125) Lo que implica que este tipo de entrevista está estructurada por una serie de preguntas de tipo abierto, que invitan a la construcción de relatos que den cuenta de experiencias y opiniones sobre los temas que se están indagando, es decir, es una técnica que
desde ciertos interrogantes permite conocer a profundidad las elaboraciones de los estudios de caso sobre el tema de la investigación.
De lo cual es importante tener en cuenta que sí bien las preguntas de este tipo de entrevista son formuladas y diseñadas con anterioridad, al momento de hablar con los estudios de caso es posible y probable que se puedan formular nuevas preguntas que permitan redondear las ideas o ahondar en los relatos, “(…) el investigador debe ser flexible al surgimiento de temas no previstos que pueden ser importantes” (Bonilla y Rodríguez, 2008, p. 172), así como eliminar interrogantes que son contestados dentro de las narraciones surgidas en otros puntos.
Narrativas autobiográficas familiares:
Al preguntarse la investigación por la subjetividad política, de forma necesaria se hace importante tener en cuenta el carácter histórico de los sujetos involucrados, aspecto que se puede reconstruir metodológicamente desde los relatos, en la medida que “La subjetividad política concebida de manera narrativa nos permite la construcción de relatos sobre uno mismo (como individuo y como colectivo). Podemos pensar a la narración como herramienta de poder y de capacidad que nos permite comprendernos.” (Ruíz y Prada, 2012, p. 3)
Ahora bien, dado que el proyecto se formula en términos de un sujeto colectivo, los instrumentos existentes de recolección de la información son insuficientes para el propósito de la investigación, es por ello que se plantea como instrumento la narrativa autobiográfica familiar, entendiéndola como un insumo que permite que las múltiples voces de los sujetos que conforman a la familia
como colectivo creen una historia de vida común, en donde lo que se narra es su experiencia como familia, lo cual exige que se permita que en el hilo discursivo se vayan añadiendo otros para completar un hecho, que distintos opinen desde su memoria particular (en la medida que lo que se recuerda y olvida no es necesariamente lo mismo de una a otra persona) y que hayan correcciones o comentarios acerca de lo contado.
Estará enmarcada, entonces dentro de la categoría de las técnicas historia oral en tanto
“(…) permite mostrar las vivencias, los sentimientos, los pensamientos y todo el entorno que rodeaba una situación o persona a partir de la realidad de mundo que experimentaba en un momento específico que busca ser expresada en el presente, teniendo en cuenta la percepción actual de los hechos pasados” (Páramo, 2008,p.131)
Esta técnica busca permitirle al sujeto familia encontrar su propia voz como colectivo, de representarse a sí mismos desde la historicidad que comparten, desde los lazos que han construido y los afectos que han marcado sus propios entramados intersubjetivos. Se piensa esta técnica desde la performatividad de la palabra para la constitución del ser, al partir de una idea de igualdad discursiva en la contribución de memoria para reconstruir una misma escena en la que pueda habitar todos en su colectividad, es decir, en donde la palabra de la abuela, la madre, el tío, el padrino y la niña tiene el mismo protagonismo en la reconstrucción de un evento que se vivió como familia, que se experimentó al ser familia y que por ende les permite constituirse como sujeto colectivo