En el marco de los resultados de la investigación se destacan las representaciones que los y las jóvenes poseen de sí mismos, desde su perspectiva subjetiva, pero también desde la forma en que los adultos los conciben, así como la sociedad misma. De este modo, fue posible determinar aproximaciones reveladoras frente a lo que significa ser joven a partir de sus diferentes problemáticas, expectativas y horizontes de sentido, fundados en el entramado de sus subjetividades. Allí encontramos una creciente necesidad por espacios que posibiliten el autoreconocimiento del ser joven y el potencial que implica.
4.5.1 Del joven delincuente al joven político
En los programas radiales los jóvenes eligieron temas como la drogadicción y la delincuencia, estos temas generaron gran interés en ellos dado el contexto y las múltiples problemáticas sociales que los atraviesan, sin embargo, generó curiosidad el hecho de que la mayoría de los jóvenes muestran un interés por estos problemas que se asocian a una visión del joven como delincuente o problema, frente a ello, fue reiterada la mención con respecto a la importancia de espacios deportivos y artísticos como medio para superar “el camino de la droga o el mundo de la delincuencia”. Resultó pues de mayor interés de los jóvenes el ocuparse del sujeto joven como problema, al pensar al sujeto joven en otras instancias que le permitan reafirmarse políticamente.
“A mí me parece que hay que hacer un programa sobre la drogadicción en los jóvenes, pues porque este es un problema muy grave aquí, hay que entender al joven drogadicto” (Brayan). “Yo quiero hacer un programa sobre la delincuencia juvenil y sobre qué está haciendo el colegio y otros grupos para ayudar a los jóvenes que están robando” (Steven).
“A mí me gustaría hacer un programa de una metalera que es rechazada por escuchar música pesada” (Laura). Los anteriores intereses surgen en el contexto de planeación de los programas radiales en ellos se refuerza la idea de los jóvenes como problema, allí se constatan las narraciones bien sea desde una incomprensión social frente a experiencias diferentes de vivir, relatadas desde el “rechazo” pero también se devela el gran interés por reconocer, “entender” cómo se están abordando estas problemáticas desde la Institución así como desde ONGs.
Lo anterior se revalidó en el taller de cine foro de los Simpson, donde se les pidió a los y las jóvenes que dramatizaran una noticia, frente a esto los dramatizados se caracterizaron primero por presentar hechos noticiosos que reproducían la forma como los noticieros transmiten la información: amarillista, sesgada, parcializada, y en algunos casos sucesos triviales, igualmente noticias donde la mujer aparecía como víctima, al ser violada, golpeada o juzgada por un aborto o ejercer la prostitución, así como los jóvenes se autonarraban desde roles de delincuentes, drogadictos, personas violentas pero también violentados (legítimamente) por fuerzas del estado como la policía.
De lo anterior se desprende la necesidad de brindar oportunidades que como un abanico de posibilidades permitan que los sujetos jóvenes se desidentifiquen frente a concepciones del joven como delincuente y más bien lo relacionen con percepciones del joven con carácter político, y por ende transformador, donde se gesten miradas que posibiliten pensarlos y pensarlas como sujetos que son y no como simple tránsito. Aquí resultan vitales los aportes de Martínez (2013) cuando afirma que existen algunas tendencias a pensar al joven desde “la minoría de edad” lo que implica concebirlo como “ciudadano de segunda mano” o bien otras miradas que lo conciben
como “símbolo del consumo” o de la “diversión”, es así que para este autor el adultocentrismo opera como un dispositivo que:
(…) considerado como la hegemonía de la interpretación del mundo desde la postura del sujeto adulto/masculino/occidental, opera, de un lado, como un dispositivo de control social que establece las mismas relaciones de dominio centro-periferia, y que permite la ilusión de una modelo evolutivo en el desarrollo psicológico de los sujetos, en donde la juventud aparece como un tránsito a la adultez y por tanto, un sujeto que “está siendo” sin “ser”, y de otro, como una moratoria social en la cual el sujeto es desrresponsabilizado y ubicado en el escenario del ocio, privilegiado o en la condición del “no futuro” (p.56).
Lo anterior pone de manifiesto la incidencia altamente negativa que tienen las posturas adultocentristas en la condición de los jóvenes, donde estos se ven limitados a miradas
reduccionistas que plantean su existencia como tan solo un paso hacia la adultez y donde se le despoja de su condición política, es decir, de su potencia y carácter transformativo, sin embargo es allí, en la reafirmación vivenciada de esta potencia, que los y las jóvenes están en la
posibilidad de desplegar políticas de la resistencia, que como tales, colisionan con las miradas adultocéntricas que desvalorizan toda una serie de interioridades que se gestan desde el cambio y la ruptura con el orden establecido.
Así, desde la desidentificación de las etiquetas sociales que marginan al joven al escenario de la delincuencia y del apoliticismo, que es posible generar líneas de fuga que le permitan a la sociedad una mirada inclusiva, que reafirmen a las juventudes desde su pluralidad y potencial político, donde sus vidas no se posponen ni transitan hacia la adultez, ni se circunscriben a la preparación para ser algo en el futuro, porque ya son en el presente.
4.5.2. La negación del sujeto joven en el contexto de la escuela
Dentro de los hallazgos que arroja el presente trabajo se encontró la ausencia de espacios de participación para los jóvenes en la institución, entre las pocas referencias que existen frente
al hecho de que la palabra de los y las jóvenes sea tomada en cuenta se encuentra el gobierno escolar, lo cual se relaciona con el hecho de que muchos jóvenes legitimen esta instancia como participativa sin asignar un mayor valor de incidencia en las dinámicas educativas.
“Me gustaría que aquí hubiese grupo de teatro o danzas” (Angélica). De acuerdo a lo anterior, es importante matizar que los y las jóvenes al manifestar inconformidad por la ausencia de dichos espacios de participación, refieren lo artístico y deportivo, dejando ver que para ellos y ellas dichos escenarios también constituye participación, y desbordan las instancias participativas que les ofrece la Institución.
“La clase de artística es de creatividad, pero de todas formas siempre nos toca seguir lo que dice la profesora” (Jessica). Esta ausencia de espacios de participación se encuentra acompasada por un desinterés de los jóvenes frente a muchas temáticas que se desarrollan en cada una de las áreas de su ciclo educativo, paralelo a esto manifiestan un interés no correspondido por la institución frente al arte, la música, expresiones como el grafiti, el anime, la danza entre otros; dicha ausencia de espacios se ejemplifica en la ausencia de una biblioteca, o grupos artísticos y culturales, así como un espacio paupérrimo en cual pueden pasar su tiempo de descanso, carente de zonas verdes, o simplemente un lugar donde sentarse.
“En el colegio no tenemos espacio para ser jóvenes sino que nos forman para salir a trabajar” (Pablo). “Queremos espacios para practicar el arte o el deporte pero acá no se puede ni jugar en la
Lo anterior visibiliza la ausencia de una escuela que se pregunte por quién es el sujeto joven, cuáles son sus intereses, sus anhelos, y deseos, una escuela que sume en el olvido vía invisibilización a toda una gama de formas sentir, pensar y ser en el mundo, y donde además de una inversión económica se precisa una inversión semántica frente a la forma como se concibe al joven y a la educación.
Igualmente, es palpable que dentro de la Institución existe un desconocimiento y desinterés por las formas en que los jóvenes configuran su subjetividad a partir de la mediación que establecen con los dispositivos tecnológicos, al punto de caer en tecnofobias que impiden hacer reflexión y nuevos usos de dichos mecanismos tecnológicos.