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Methodology and plan of thesis

In document Does the West still need warriors? (Page 36-39)

El reconocimiento de la palabra convivencia, se celebra dentro de la institución únicamente frente a la obediencia a un manual con decretos y normas preestablecidos y configurados por

unos pocos directivos y docentes. Las situaciones de convivencia únicamente se analizan desde los parámetros estipulados allí.

Figura 4.

La convivencia es un sistema reglado que depende de un manual, del cual se debe reconocer y adoptar, para no infringirlo. Se reconoce su escasa funcionalidad por varios miembros de la comunidad educativa, en cuanto a la práctica de su contenido. Tal y como menciona Rocha (2003):

No existe el consenso. Simplemente un ingeniero de PEI elabora un documento que es aprobado por las directivas docentes. No existe un proceso de construcción colectivo o de reflexión que dé lugar a la puesta en común de diferentes

perspectivas. Se trata, en la mayoría de los casos, de elaboraciones éticas y filosóficas del quehacer escolar de manera descontextualizada. (p.71)

Esto nos hace reflexionar acerca de cómo las disposiciones de una comunidad tienden a darse, conforme la institución da sus directrices, e intentan someterse a las normas preestablecidas. Es tal el caso de la comunidad rural, que con mayor ahínco toma muy en cuenta la opinión docente, ya que este se convierte en el portador de la autoridad y el conocimiento en la vereda.

El parámetro político de las instituciones hace que los integrantes de la comunidad educativa se sometan a ciertas reglas como a quienes no es posible indagar sobre sus opiniones ya que tienen otras cosas por hacer o también cuando se entrega toda la responsabilidad al colegio.

Leyes como la 1620 de 2013, la ley 115, las Guías Pedagógicas para la Convivencia(2014), entre otras, simplemente incorporan normas que deben ser aplicadas y reguladas dentro de los establecimientos educativos con los parámetros de nuevas tendencias como el bullyng y la identidad de género pero esto, la mayoría de las veces no identifica al sujeto sino que más bien lo denomina como un aplicativo al cual se deben incorporar actualizaciones constantes para evitar un estancamiento estructural y de forma solo para cumplir con parámetros institucionales. Aunque dentro de todos estos estatutos se incorporen estándares de convivencia, es importante recalcar que la convivencia no se diseña, sino que se define según las identidades de los sujetos circundantes en cada época, espacio y circunstancia contextual.

Para poder hacer un análisis específico de las maneras en que se gestionan las situaciones de convivencia en la institución demarcada, se ha hecho indispensable hacer una introspección de lo que sucede en la medida que van ocurriendo los comportamientos en la institución. Las

entrevistas a coordinador y docentes también dio pinceladas a lo que ellos esperan que sea la institución.

Esto lo evidencia el siguiente apartado;

“Se trabajan estrategias de convivencia desde la citación a padres en dificultades de convivencia y se toman las respectivas medidas para las sanciones correspondientes al incumplir los deberes estipulados en el manual”. (Respuesta del coordinador de colegio en cuanto al manejo de la convivencia.)

En cuanto a preguntas de ¿cómo ve la convivencia en el colegio? Y la opinión sobre lo que la escuela debe enseñar con respecto a la convivencia y el buen vivir en comunidad, se recibieron afirmaciones como la importancia de conocer el horizonte institucional, la visión y la misión del colegio, la solución acertada de problemas y la atención a los casos de conflicto en el colegio por

parte de las directivas. Para ellos, mejorar la convivencia escolar es tener menos casos de peleas y discusiones entre estudiantes y los acuerdos de convivencia desde el punto de vistas de

citaciones y compromisos escritos. En este caso afirman Alvarado, Ospina, Botero, Patiño y Cardona (2011), que el sujeto es sometido por la institución en la medida en que da por valioso el hecho de que debe adaptarse a un orden direccionado, que lo acepte y que se comprometa con estatutos inscritos sin su previa participación ni elección frente a la postura de los mismos.

Aunque la propuesta del MEN (20014) sea:

brindar herramientas pedagógicas a los establecimientos educativos de todo el país y su comunidad educativa para facilitar el proceso de ajuste de los manuales de convivencia de manera participativa, la puesta en marcha de la ruta de

promoción, prevención, atención y seguimiento para la convivencia escolar, la definición del papel que juegan las familias, el equipo docente y el grupo estudiantes en estos procesos y finalmente, la preponderancia que tiene para el proyecto de vida de las y los estudiantes, la vivencia y el ejercicio de los DHSR (derecho humanos sexuales y reproductivos). (p. 5).

Es latente la tendencia a la “falsa participación” por parte de estudiantes, padres de familia y vecinos de la vereda en cuanto a la pregunta por el liderazgo de los mismos dentro del colegio; las autoridades institucionales (coordinador, docentes, etc.) procuran afirmar que sí hay

participación en formación en el patio, izadas de bandera y comités intentando tener fachadas de estilo y producción institucional que no se salga de los parámetro estatales. Por eso se hace necesario vincular aquí lo que se define como convivencia y el hecho de participar.

La convivencia es diálogo, formas de vida, solidaridad y manejo de las relaciones. A la par participación se puede dar como el respeto al otro, el uso de la palabra, la diferencia de

pensamientos. Estos son conceptos que solo se atribuyen a un individuo que es parte de un colectivo y que de una forma u otra se incorpora en él y confluye con perspectivas creadas desde la subjetividad. Pero para denominar la relación intrínseca que tienen en una comunidad es más acertado citar a Rodríguez (2008) cuando afirma que “participar significa que la gente sea capaz de estar activamente presente en los procesos de toma de decisiones que atañen al colectivo” (p. 16) y también que la diferencia de opiniones se da a partir de un diálogo que posibilite puntos de acuerdo en un ambiente cooperativo donde las opiniones pueden presentarse diversas o

igualitarias pero que son esas posibilidades las que transforman al sujeto como agente activo de participación y manejo del poder en aras de una convivencia democrática, ya que como muestra Morán (2013), la socialización política encuentra su origen en espacios donde se desarrollan prácticas sociales y son sus narraciones las que los transforman. Así mismo, estos se prestan para nuevos eventos de relaciones con y entre los sujetos.

Ya que esta investigación se centra en proceso de ética del cuidado y buen vivir, los padres también pueden reflejar la convivencia desde sus creencias personales y familiares como una enseñanza generacional que demarca un componente político de comportamiento. Se socializa a partir de este en una comunidad como la de Río Frío, donde el sometimiento de la mujer a su esposo se encuentra muy marcado por la cultura de aguante y de entregar del sufrimiento a un ser superior que les hace tener esa paciencia que varias veces se refleja en la información

suministrada. El sujeto reconoce formas de involucrarse dentro de las tendencias culturales y exigencias o pautas de una sociedad que se configura en un entorno específico.

Figura 5.

Aquí es posible reflejar el punto de vista del cuidado de sí y del otro cuando se titula la inquietud de la mujer con respecto a su esposo y la formación de ella como sujeto desde el intento por el bienestar de su marido. La convivencia en estos casos también tiene como estatuto el seguir los parámetros de hogares patriarcales, donde el sometimiento más que a otra persona, está relacionado con un ser superior que concede bienestar. Conocerse a sí mismo y ocuparse de sí mismo,

Permite a los individuos efectuar, por cuenta propia, o con ayuda de otros, cierto número de operaciones sobre su cuerpo y su alma, pensamientos, conducta o cualquier forma de ser, obteniendo así una transformación de sí mismos con el fin de alcanzar cierto estado de felicidad, pureza, sabiduría o inmortalidad. (Foucault, 1990, p.48).

Para diversidad de mujeres, el estado de bienestar también radica en tener paciencia con su hogar, el diálogo con su familia y la unidad entre ellos, así tenga que desatender ciertas

inquietudes personales para ver reflejada su realización como personas. El objetivo primordial para muchas, es la conservación de su hogar.

Así una madre de familia afirma;

“Para el cuidado y el buen vivir es importante cuidar a los hijos, darles de comer y dar de comer al esposo, tenerle listo todo cuando vaya a trabajar y los niños vayan al colegio”. (María Inés Alonso. Madre de familia de la escuela.) De esta manera su trabajo con respecto a la gestión de la convivencia se ve reflejado desde sus hogares, con el bienestar de sus hijos y su esposo, en la medida de las posibilidades. Para debatir entre esas posibilidades de reconfiguración de una ética del cuidado y el buen vivir en

comunidad a la par del aporte de todos los puntos sociales que la rodean, es vital determinar los tipos de diálogo que se manejan y las raíces vivenciales que implica abordar este tema como problemática y posibilidad de aporte significativo desde el desarrollo del sujeto como ente participativo y comprometido con la formación de cultura política real.

Es indispensable señalar la representación de liderazgo frente a los niños y niñas, ya que esta se encuentra ya situada en docentes, directivos y padres de familia, que son quienes exponen y formulan proyectos de vida, incentivan a la responsabilidad, desde cada de los medios que les permite ejercer su dominio y jefatura sin escuchar las necesidades reales de aquellos por quienes se pretenden las propuestas.

Las nuevas figuras de participación hacia una institución más humana, reflejado en el texto de la ley 1620 de 2013 y su decreto reglamentario (1965) que patrocina el respeto por la diferencia y la formación ciudadana del individuo se convierte también en solo una norma de estrategias que se deben cumplir.

Los intentos del gobierno nacional por formular rutas de convivencia y humanización, únicamente se han convertido en un compilado de archivos para mantener al día, pocas veces se

tiene en cuenta la diversidad cultural y modos de socialización que se propagan por sí solos en un colectivo ávido de identidad.

Aquí cabe anotar esos leguleyismos que enuncia Rocha (2003) donde no hay espacio para expresar intereses sino un establecimiento de propuestas que en sí mismas enmarcan

contrariedades de libre participación, pero sometida a las reglas propuestas en la norma vigente. El reto de la democratización escolar debe situarse tanto en el reconocimiento de la diversidad de pensamiento como en el cuidado que se debe tener para intervenir sin instrumentalizar los episodios de participación que se puedan fundar a partir de criterios emergentes que intenten problematizar experiencias insertando estrategias reales de intervención y desarrollo local.

El desarrollo de la democracia soporta un alto valor de individuación a la vez que implica un gran nivel de institucionalización de los aspectos de la convivencia entre las personas. En esta relación dialéctica, la socialización política se constituye en un fenómeno que sintetiza el conflicto que el individuo requiere para ser cada vez más él, a la vez que transita por el proceso de

institucionalización. (Castillo, 2003, p. 15)

Salir de los prototipos territoriales es el canto desesperado de las colectividades que no tienen voz y que únicamente deben aplicar la norma sin mostrar el reflejo de su rostro para que sea más sencillo vincular un estado de bienestar que atiende a las necesidades materiales pero que

siempre se olvida del ser activo ansioso de mostrar el rostro de su tierra. Un ser no pasivo que sea el transeúnte de su personalidad y que involucre su interior con el de los otros para preparar

espacios de pervivencia que le permitan dar voz a sus expectativas de naturaleza y de mundo en la construcción de una sociedad taquicardia por ser enunciada desde sus entrañas.

La evidencia del desarrollo cultural y la generación de propuestas dinámicas de formación de sujeto por medio de sus intereses debe focalizar la mirada a considerar la construcción de amplios espacios de desarrollo del ser humano para repensar una socialización donde no es prioridad el hacer políticas, sino plasmar las que emergen de la vida cotidiana de los individuos que participan en la construcción cultural y social de su entorno.

En línea con Alvarado et al.,(2012): “la socialización política implicaría un proceso de concientización frente a la urgencia de visibilizar y hacer públicos los discursos a partir de la acción colectiva”.(p. 245), es por eso que es tan indispensable tanto la opinión del estudiante como la del docente, padre de familia y líderes comunales, ya que es la voz de ellos la que configura una constructo de sociedad la cual está dispuesta a las mismas relaciones que se generan por medio de su propia interacción y el reconocimiento de las diferencias del otro. Es indispensable concluir con lo que dice Díaz (2001), acerca de la socialización política la cual configura sujetos plurales y distintos en contextos en los cuales es necesarios realizar acuerdos conforme a sus pensamientos y diferencias, ponerlos en común y construir estructuras de convivencia sólidas.

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