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4. Methodology & Analysis

4.2.4. Classication Model Training

Jung era muy consciente del hecho de que el fenómeno de la sincronía era incompatible con el pensamiento tradicional de la ciencia. Como la creencia en la causalidad, como la ley funda­ mental de la naturaleza, estaba tan extendida y tan profundam en­ te arraigada, dudó muchos años antes de publicar sus observacio­ nes sobre los acontecimientos que se resistían a entrar en este molde. Postpuso la publicación de su obra sobre este tema hasta haber recogido él mismo y otras personas centenares de ejemplos convincentes de sincronías, para estar absolutamente seguro de que tenía algo válido que exponer.

Mientras se enfrentaba a este fenómeno, Jung se interesó en el desarrollo de la física cuántica de la realidad y en la visión alter­ nativa del mundo que estaba aportando. Mantuvo muchos inter­ cambios intelectuales con Wolgang Pauli, uno de los fundadores de la física cuántica, y se familiarizó con los conceptos revolu­ cionarios de este campo. Jung era consciente del hecho de que sus propias observaciones parecían mucho más plausibles y aceptables en el contexto de la nueva imagen emergente de la re­ alidad. Un apoyo suplementario a las ideas de Jung provino nada menos que de Albert Einstein; durante una visita personal, éste le animó a proseguir la elaboración de su concepto de sincronía, porque era un concepto totalmente compatible con el nuevo pen­ samiento de la física (Jung 1973).

Como toda esta exposición sobre la naturaleza arbitraria y ambigua del tiempo y del espacio podría parecer inverosímil, e incluso imposible, a alguien que no haya tenido experiencias transpersonales, parece apropiado mencionar algunas alternati­ vas asombrosas a nuestra comprensión habitual de la realidad, que han emergido a lo largo de este siglo en la física moderna. Las fantásticas y aparentemente absurdas comprensiones profun­ das procedentes de los estados holotrópicos palidecen considera­ blemente cuando las comparamos con las atrevidas hipótesis so­ bre el microcosmos y el macrocosmos mantenidas por muchos

representantes prominentes de la física moderna. Las teorías más osadas sobre la naturaleza de la realidad que han sido formuladas por los físicos cuánticos, los astrofísicos y los cosmólogos son tomadas en serio cuando pueden ser respaldadas por ecuaciones matemáticas, mientras que conceptos similares se consideran de forma crítica, e incluso se ridiculizan, si proceden de la investi­ gación sobre la conciencia o de la psicología transpersonal.

Según la teoría dominante sobre la génesis del cosmos, hubo una situación, hace aproximadamente 15.000 millones de años, en el que el tiempo y el espacio no existían. Éstos fueron creados jun­ to con la materia durante el big bang, momento en que nació el universo en una explosión cataclísmica de proporciones inimagi­ nables a partir de un punto o singularidad sin dimensiones. Y, a la inversa, miles de millones de años después de este momento, el tiempo y el espacio pueden dejar de nuevo de existir cuando el universo se colapse. Un proceso singular ya está sucediendo en nuestro cosmos en aquellos lugares en el que estrellas gigantes agonizan y se contraen rápidamente, dejando de existir y origi­ nando lo que los físicos llaman “agujeros negros”. En el interior de estos agujeros negros, más allá de una determinada frontera que los físicos denominan “horizonte de sucesos” el tiempo, el es­ pacio y las leyes físicas no existen ya tal como los conocemos.

A principios de siglo, en un avance conceptual sin preceden­ tes, Albert Einstein sustituyó el espacio tridimensional y el tiem­ po lineal de Newton por un continuo espacio-tiempo de cuatro dimensiones. En el universo de Einstein se puede viajar en el es­ pacio-tiempo de la misma forma que viajamos habitualmente a través del espacio. La famosa ecuación de Einstein sugiere que el tiempo se vuelve más lento proporcionalmente al aumento de ve­ locidad de un sistema en movimiento, y se detiene cuando la ve­ locidad de éste alcanza la de la luz. En un sistema en movimien­ to más rápido que la luz, el tiempo iría hacia atrás. El físico californiano Richard Feynman recibió el premio Nobel por su descubrimiento de que una partícula que avanza en el tiempo es idéntica a una partícula que retrocede en el tiempo.

Los físicos teóricos John Wheeler, Hugh Everett y Neil Gra- ham llegaron a ser conocidos por su “hipótesis de múltiples mun­ dos”, conforme a la cual el universo se divide a cada instante en un número infinito de universos. En su libro, que fue un éxito de ven­ tas, Kip S. Thorne (1994), profesor de física teórica en el Instituto de Tecnología de California, expuso seriamente la posibilidad de utilizar en el futuro “agujeros de gusanos”, por ejemplo, para trans­ portarse a diversos lugares del universo que se hallan a años luz e incluso para retroceder en el tiempo. Según David Bohm (1980), colaborador durante mucho tiempo de Albert Einstein, el mundo tal como lo conocemos supone sólo un aspecto de la realidad: su “orden explicado” u “orden desplegado”. Su matriz generadora es el “orden implicado”, una región normalmente oculta, en la que tanto el espacio como el tiempo se hallan “plegados”.

He incluido esta breve incursión en el mundo de la física mo­ derna porque el pensamiento imaginativo y creativo de esta dis­ ciplina presenta un asombroso contraste con el enfoque corto de miras que tienen de la psique y de la conciencia humanas los psi­ quiatras y psicólogos convencionales. Es sin duda alentador ver hasta qué punto los físicos han sido capaces de superar muchos prejuicios hondamente enraizados en su investigación para com ­ prender el mundo de la materia. Quizá las hipótesis más descon­ certantes de la física contemporánea nos ayuden a abordar con una mente abierta los hallazgos extraordinarios y cargados de re­ tos de la investigación actual sobre la conciencia.