Si bien resulta evidente que el tiempo lingüístico se relaciona con el tiempo humano, no podemos considerarlo un simple reflejo del tiempo cronológico. Una de las dificultades que se observan en la forma de presentar el paradigma de la conjugación verbal es que la estructura y el funcionamiento de los tiempos verbales se muestra de manera excesivamente rígida y jerarquizada. Por un lado, la rigidez proviene de presentar cada una de las categorías verbales como una forma totalmente diferente de las demás y con las que, pareciera, no entabla ningún tipo de relación. La jerarquización, por otro lado, deviene de una presentación escalonada de las categorías en función de que se presentan los modos, que se dividen en tiempos que, a su vez, se relacionan con el aspecto ya sea perfectivo o imperfectivo. Tanto la rigidez como la jerarquización nos llevan a una visión reduccionista de las formas verbales y sus relaciones y no explican los valores que pueden presentar ciertos usos que Rojo y Veiga denominan “dislocados”: un mecanismo que interrelaciona en el interior del sistema verbal ciertos rasgos de contenido temporal con ciertos rasgos de contenido modal y posibilita, así, que determinadas formas puedan expresar más de una combinación modo-temporal de contenidos gramaticales como, por ejemplo, un matiz de irrealidad en el caso de cantaba, cantaría y algunas formas compuestas (1999: 2896). En función de analizar la dislocación, se pueden comparar los siguientes ejemplos:
1.a) En este momento son las diez de la mañana. b) Dentro de un rato serán las diez.
c) Serán las diez (haciendo alusión al momento de enunciación). 2.a) En aquel momento tenía treinta años.
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c) En aquel momento tendría treinta años.
Podemos observar que los ejemplos de los enunciados 1.a) y 2.a) indican simultaneidad respecto del origen y una referencia anterior; los señalados como 1.b) y 2.b) refieren posterioridad. En cambio, 1.c) y 2.c) presentan los mismos valores que los que figuran en a), pero surge un desajuste respecto entre el valor central y la relación temporal expresada, por lo que muestra un valor adicional de probabilidad que no tienen los otros ejemplos anteriores. Otro tipo de dislocación se produce con determinadas formas verbales que presentan algún vector de anterioridad en su significación, tal como puede ilustrarse con los siguientes ejemplos:
3. a) La radio anunció que llovería.
b) Entonces me comunicaron que tu primo vivía en el campo. c) No creí que estuvieras∼estuvieses tan enojada.
En el primer caso, la forma verbal llovería refiere una relación temporal de posterioridad respecto de ‘anunció’ que, a su vez, indica anterioridad al origen; mientras que en los enunciados siguientes las formas vivía y estuvieras∼estuvieses orientan el proceso de manera tal que parece simultáneo al tiempo que denota el verbo principal (v. Rojo y Veiga, 1999 § 44.2.3).
Al respecto, Bello (1841, 1847) sostiene una fuerte posición temporalista, que ha dejado la impronta en la mayoría de los estudios posteriores sobre el tiempo verbal en español. En su propuesta, el sistema verbal se estructura a través de dos categorías fundamentales: el tiempo y el modo. Para este autor la temporalidad verbal es una categoría gramatical deíctica que expresa la orientación de un suceso respecto de un punto central o de otro punto que, a su vez, se relaciona directa o indirectamente con el punto central.
El tiempo verbal gramatical implica la relación de un evento con una referencia, que indica el punto o intervalo con respecto al cual se ubica el suceso. Si bien cualquier momento puede funcionar como referencia, las lenguas prefieren el momento de la emisión del enunciado. Las relaciones temporales básicas son el resultado del análisis de cómo se vinculan el evento y su referencia, que puede ser anterior, simultáneo o posterior a él. De estas relaciones básicas derivan las tres relaciones temporales fundamentales, conocidas como presente, pasado y futuro. Teniendo en cuenta estas relaciones temporales, los tiempos verbales se clasifican en:
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• Absolutos o deícticos, que se determinan a partir de su relación con el momento de emisión; y
• Relativos o anafóricos, que se orientan de acuerdo con otra referencia. Explican Rojo y Veiga (op. cit.) que en el español se consideran tiempos deícticos: 4(a) el presente –juega-, 4(b) el perfecto simple –jugó-, y 4(c) el futuro –jugará-, que indican respectivamente simultaneidad, anterioridad y posterioridad en relación con el momento del habla, como podemos observar en los siguientes ejemplos:
4.a) En este momento, Tevez juega en Boca. b) El año pasado Tevez jugó en Europa.
c) El excelente centrodelantero jugará en Italia el año próximo.
En cambio, como podemos observar a continuación, en 5.a) el pretérito imperfecto –jugaba-, 5.b) el pluscuamperfecto –habían cerrado-, y 5.c) el condicional –entrarían- son tiempos anafóricos, dado que la referencia de simultaneidad, anterioridad y posterioridad establece relación con el tiempo pasado, tal como se ilustra en los siguientes ejemplos:
5. a) Cuando era joven, jugaba como los dioses.
b) No les entregaron la llave porque ya habían cerrado el negocio. c) El preceptor les avisó que al día siguiente entrarían temprano.
En relación con el presente y el futuro hay dos tiempos relativos: el pretérito perfecto –han dicho-, que indica anterioridad respecto del presente; y el futuro perfecto – habrán terminado-, que señalan anterioridad con el futuro. Estas relaciones se observan en:
6. a) Le han dicho muchas cosas, pero él no le cree a nadie. b) Para el sábado que viene ya habrá llegado.
Finalmente, el español tiene un tiempo relativo de tercer grado: (i) el condicional perfecto –habría leído-. Para establecer su significado es necesario considerar dos referencias, dado que este tiempo señala anterioridad respecto de una segunda referencia (R2) que es posterior a una primera referencia (R1) y, a su vez, esta última es anterior al momento de la emisión:
7. Esta mañana los empleados afirmaron (R1) que al mediodía (R2) el jefe ya habría
leído los expedientes.
En definitiva, analizar la noción de temporalidad presenta una gran complejidad por los múltiples y diferentes aspectos que la conforman. Si bien, en un comienzo, su estudio se centró en el análisis de las desinencias verbales que incluyen las categorías de
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concordancia, número y persona, junto con las inherentes de tiempo, modo y aspecto, en español el tiempo no se expresa solo a través de la variación morfológica, sino que también se pueden emplear procedimientos sintácticos como los que intervienen en la construcción de perífrasis verbales. Además, la morfología flexiva del verbo participa de la interpretación temporal del enunciado a partir de incluir las nociones que aporta otra categoría sumamente vinculada con el tiempo como es el aspecto, que será el tema del próximo apartado.