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Chapter 2 Background Work

2.4 Network-based Approaches

2.4.2 Climate Networks

“… en la esperanza de una cooperación suprema, que redima de una manera definitiva la capital de la republica de los males que periódicamente la aflijen; que coloque las diversas clases de su población en las condiciones de todas las sociedades cultas i cristianas; que le proporcione todas las mejoras hijienicas de que bajo el clima mas sano i mas hermoso de la tierra, es susceptible, i por ultimo, que le permita disfrutar de todas las comodidades i embellecimientos que hoy son todavía medianamente posibles….[sic]”

– Benjamín Vicuña Mackenna, La Transformación de Santiago: Notas e Indicaciones Respetuosamente Sometidas a la Ilustre Municipalidad, al Supremo Gobierno y al Congreso Nacional por el Intendente de Santiago (1872), p.5 –

La acción del Estado sobre la ciudad se hizo presente por primera vez con una mirada global sobre la ciudad gracias a la acción del intendente de la ciudad de la época: Benjamín Vicuña Mackenna (1831-1886) (fig.136). La cita corresponde a la introducción de su texto La Transformación de Santiago que publicó en 1872 (fig.137). El plan de transformación consideraba la intervención de Santiago comprendiéndolo por primera vez como un todo y consistía en la implementación de una serie de proyectos de infraestructura, espacios públicos y nuevos edificios.506 Antes de ejercer como intendente, Vicuña Mackenna

debió permanecer un tiempo alejado del país, exiliado a causa de su participación en asuntos políticos. Esto le permitió, entre 1852 y 1872, conocer Europa y Norteamérica en viajes que renovaron su mirada urbana germinando importantes influencias externas en su visión de ciudad.507 De vuelta a Chile,

fue nombrado Intendente de Santiago por el presidente Federico Errázuriz Zañartu (1871-1876). En 1872 materializó sus ideas de transformación de la ciudad en el texto que era a su vez un informe al municipio, al parlamento y al

506 Pérez y Rosas, “Cities within the City: Urban and Architectural Transfers in Santiago de Chile, 1840-

1940” en Almandoz, (ed), Planning Latin America's Capital Cities, 1850-1950, p.115.

507 “Producto del exilio, Vicuña Mackenna emprende su primer viaje en 1852. Zarpa desde el puerto

de Valparaíso en el barco Francisco Ramón Vicuña con rumbo a California donde la fiebre del oro concentra a un gran número de inmigrantes en busca de riquezas. De allí cruza a México, para luego navegar el Mississippi y recorrer Nueva York, Filadelfia y Washington, llegando a Paris en 1853. Este mismo año asumía como prefecto del Sena el Barón de Haussmann, ejecutor del programa urbano sustentado por Napoleón III.” García Huidobro en Pérez y Salazar, Arquitectura y Cultura en el Santiago de Ansart.

Fig.136: Marcial Plaza Ferrand, “Benjamín Vicuña Mackenna” (1909).

Fig.137: Vicuña Mackenna, La

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gobierno y que incluía un diagnóstico del estado de la ciudad y un cálculo de la necesaria inversión para financiar los proyectos de transformación urbana. El texto se enfocaba en la descripción de veinte proyectos de reforma urbana, consistentes principalmente en el desarrollo de un camino de cintura que se constituiría como una suerte de cordón sanitario, ejecutado en parte en las avenidas Vicuña Mackenna y Matta, además de la proposición de una serie de obras de mejoramiento urbano, tales como la ejecución de la canalización del Mapocho, la transformación de los barrios del sur, la masificación del uso del agua potable, la construcción del cauce de Negrete y del canal de San Miguel, la creación de nuevas plazas –entre las que destacaba el Paseo del Santa Lucía y el término de la Plaza de Abastos– la creación de nuevas recovas, la construcción de escuelas, la apertura de calles tapadas y la construcción de un nuevo matadero, entre otros.508 Muchas de estas obras que fueron planteadas

en la década de 1870 debieron esperar el término de los conflictos de la Guerra del Pacífico para ser realizadas, aprovechando de hecho la incorporación de los yacimientos salitreros de Tarapacá y Antofagasta durante la década de 1880 que permitieron financiar parte de los proyectos.509 Además, el Intendente

consideraba fundamental la contribución y cooperación de privados para muchas de las obras, quienes donaron ya sea terrenos para ampliar y continuar calles o bien financiaron proyectos directamente, como ocurrió por ejemplo con la forestación del Cerro Santa Lucía.510

En su plan, el Intendente se preocupó especialmente del problema de las calles tapadas por predios conventuales, proponiendo su apertura: “Al asumir Vicuña Mackenna la Intendencia de Santiago (1872) plantea la continuación de la gestión de apertura de calles que se había iniciado a principios del siglo XIX. Éstas estaban generalmente obstruidas por edificaciones y predios conventuales.”511El autor se refiere en su texto a la importancia de transformar

la ciudad que aún permanecía con un aspecto colonial a través del proyecto de apertura de las calles tapadas. Vicuña Mackenna aspiraba a transformar la antigua ciudad en una moderna e higiénica, definida por espacios públicos. Es por ello que describe que “Santiago durante los dos primeros siglos de su fundación no fue sino un inmenso convento (lo que bastante se echa de ver todavía), era por esto mismo una ciudad de tapias i una ciudad tapada.”512 La

ciudad conventual a la que hace referencia Vicuña Mackenna la vemos retratada en la figura 138 donde se destacan, sobre el plano de Sobreviela, las macro-

508 El texto del Intendente manifiesta la aspiración a modernizar la ciudad a partir de nuevos

postulados higiénicos pues consideraba, entre otras cosas, la pavimentación de las calles, la canalización del Mapocho y el abovedamiento de canales, aemás de la masificación del suministro de agua potable, el mejoramiento de mercados y de las condiciones sanitarias del matadero y la higienización de los barrios populares.

509 Ver Gonzalo Bulnes, Guerra del Pacífico (Valparaíso: Sociedad Impr. y Litogr. Universo, 1911-1919). 510 De hecho, Pérez y Rosas proponen que “[l]a idea de cooperación que caracterizaba la operación

política de Vicuña Mackenna se refleja bien en la organización de su plan.” En Almandoz, (ed). Planning Latin America's capital cities, 1850-1950, p.115. Traducción de la autora.

511 Valdés en Pérez y Salazar, Arquitectura y Cultura en el Santiago de Ansart. Ver también Arturo

Almandoz (ed.), Planning Latin America's Capital Cities, 1850-1950.

512 Vicuña Mackenna, La Transformación de Santiago, p.70.

Fig.138: Ignacia Valdés, “Estado de obstrucción de calles por conventos” en base a plano Sobreviela (1793).

Fig.139: Claude Gay, Plano de Santiago (1831), fragmento indicando apertura de calle Nueva de la Merced.

189 manzanas conventuales: de San Francisco, Monjas Clarisas, Monjas Agustinas, La Merced y Santo Domingo. Estas macro-manzanas fueron configurándose desde el período de la Colonia como consecuencia de la ampliación de terrenos conventuales, ya que a las órdenes se les permitió clausurar calles fundacionales debido a su importante influencia tanto política como social.

Como indica el Intendente, el claustro de Santo Domingo llegaba entonces hasta el río, el convento de la Merced se extendía hasta el cerro Santa Lucía, el monasterio de las monjas Agustinas se extendía hasta La Cañada conteniendo “en su área una viña de muchos millares de plantas frutales.” El convento de Las Claras por su parte bloqueaba la calle Moneda, y así continúa agregando que “todos los demás edificios relijiosos [sic] de la ciudad, de manera que en la capital colonial del reino no podía andarse sino, como en Troya, haciendo grandes rodeos.”513 En este contexto Vicuña Mackenna pone de relieve su

proyecto de apertura de calles que se convertiría, en sus palabras, en la innovación del siglo. Su referente principal fue la apertura de la calle Nueva de la Merced (fig. 139), que en 1830 había dividido el convento homónimo en su centro, y la apertura del convento de las Agustinas, que veinte años después abrió paso a la calle Moneda.

La trama conventual que se superpuso al trazado de calles y manzanas colonial durante los primeros siglos, debía dar paso a los nuevos proyectos y de hecho, “[d]e las dieciséis calles que Vicuña Mackenna propone abrir, nueve [tuvieron] directa o indirecta relación con edificios o predios conventuales.”514 Según el

Intendente, el impulso de apertura de calles continuó gracias a la buena disposición de los religiosos. Por ejemplo, los padres de Santo Domingo habían aceptado comunicar, por el límite norte de su claustro, a las antiguas calles de las Ramadas y de las Capuchinas. Con respecto al sitio del convento de San Francisco, el proyecto de apertura de calles incluía también a los franciscanos, ya que “[i]guales ofrecimientos de benévola i liberal disposición ha hecho el reverendo padre provincial de San Francisco, para prolongar mas allá de la Alameda la calle del Estado.”515 Sin embargo, esta prolongación nunca llegó a

realizarse, por lo que la macro-manzana franciscana retuvo sus grandes dimensiones hasta su posterior transformación en el barrio París – Londres que no fue sino una nueva forma de apertura de calles y de modernización urbana.

513 Vicuña Mackenna, La Transformación de Santiago, p.70.

514 Valdés en Pérez y Salazar, Arquitectura y Cultura en el Santiago de Ansart. 515 Vicuña Mackenna, La Transformación de Santiago, p.71.

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Además del texto sobre la transformación de Santiago, el plan del Intendente fue graficado en el plano de la ciudad de Santiago realizado por el ingeniero Ernesto Ansart en 1875 (fig.140). Éste fue encargado por el Intendente en 1873 bajo los siguientes parámetros: “… el artículo duodécimo prescribe a la Municipalidad la obligación de levantar un gran plano de la ciudad en que se detallen para el presente y para los siglos futuros las condiciones más indispensables de edificación de una ciudad moderna.”516 En el plano de 87 x

516 Vicuña Mackenna, “Informe Sobre el Proyecto de Ley Acerca de la Transformación de Santiago”

(30 julio 1873) en Discursos Parlamentarios, Obras Completas de Vicuña Mackenna Vol.XII:I Cámara de Diputados, (Santiago: Universidad de Chile, Departamento General de Prisiones-Imp 1939), p.991.

191 101 cm destaca el trazado de plantas de 47 edificios y la inclusión de 25 perspectivas representando la fachada de los que se consideraban como hitos urbanos en la época, piezas arquitectónicas de carácter monumental, lo que sumó una variante tridimensional al objeto. Entre estos hitos civiles, religiosos y militares destacaba la iglesia de San Francisco. El interés de este plano radica en que junto a una simple representación del estado de la ciudad, Ansart combinaba la proyección de un posible futuro a través de la representación de las propuestas de transformación urbana al incluir, por ejemplo, obras de infraestructura en parte realizadas y en parte proyectadas, como es el caso de la canalización del río Mapocho que aparece representada en el plano antes de ser realizada.517 Por otra parte, la cartografía presenta una doble condición de

expansión y límite,518 expansión debido a la representación del crecimiento de

la trama urbana en el territorio y límite por el proyecto del Camino de Cintura, una suerte de frontera entre la ciudad formal y la informal que en palabras de Vicuña Mackenna, era “propiamente donde comienza la ciudad moderna.”519

Al analizar la cartografía destaca también la orientación del plano con el sur hacia arriba, sin considerar la convención de orientar el norte consecuentemente. Esto podría reflejar dos hechos: primero, la intención de destacar un área de expansión que había sido especialmente considerada en el

Plan de Transformación de Santiago, el área al sur de la Alameda, nuestra zona

de estudio; y segundo, el establecimiento de la lógica de una nueva centralidad en torno a la Alameda, que ya no era límite sino un epicentro urbano, como lo hemos manifestado anteriormente. En este nuevo escenario destacaba la ubicación del sitio de San Francisco en una situación de centralidad absoluta, en un momento en que se volvió necesario sitiar al sitio, reducirlo y controlarlo. Igualmente, los colores del plano indican que la nueva extensión de la ciudad requería de una táctica de intervención a partir de zonas, subdelegaciones que permitieran un mejor control del territorio urbano.

En el plano de Ansart el sitio franciscano original pasa a ser la subdelegación 20, indicada en el plano, donde se reconoce una zona consolidada de la ciudad entre las calles Alameda, San Francisco, San Diego y Av. Matta (fig.141). Es decir, el sitio franciscano es reconocido como una área delimitable y reconocible en el plano. Las primeras subdivisiones territoriales oficiales de la ciudad fueron determinadas a través de la lógica de administración eclesiástica a través de las parroquias nombre derivade del latín parochia y del griego paroikía que significa “habitar cerca,” permitiendo así la creación de un sistema que debía organizar a un conjunto de habitantes de la ciudad. Según el Censo General de

la República de Chile, levantado en abril de 1854 por la Oficina de Estadística

517 Ver Castro Osorio en Pérez y Salazar, Arquitectura y Cultura en el Santiago de Ansart. Tal como

señala Pérez, “El plano de Ansart, pensado como una visión sintética y concentrada de ese momento, aparece como una suerte de corte histórico y proyectual.” Pérez y Salazar, Arquitectura y Cultura en el Santiago de Ansart.

518 Martínez en Pérez y Salazar, Arquitectura y cultura en el Santiago de Ansart.

519 Vicuña Mackenna, Una Peregrinación a través de las Calles de la Ciudad de Santiago (Santiago:

Biblioteca de autores chilenos, 1902), p.27.

Fig.141: Elaboración propia en base a plano de Ansart (1875), destacando subdelegación coincidente con los terrenos franciscanos originales.

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la ciudad de Santiago correspondía a la suma de las parroquias que eran consideradas urbanas, es decir: Catedral, Santa Ana, San Lázaro, San Isidro, La Estampa y San Saturnino.520 Como se indicó anteriormente, además de la

administración parroquial, la definición de distancias entre las órdenes mendicantes en la ciudad, y con el centro y obispado determinó zonas de influencia y la primera lógica de barrios en la ciudad colonial. A fines del siglo XIX y en paralelo a estas subdivisiones de la ciudad, durante el gobierno del Presidente Montt fue promulgada la norma legal chilena “Ley de Comuna Autónoma” (1891), la que como su nombre lo establece otorgaba autonomía a las municipalidades, confirmando la necesidad de recurrir a la subdivisión del territorio como una forma de control por un lado y de modernización por otra.521 Este cambio en la división del territorio, de parroquias a comunas, fue

otro ejemplo de laicización de la ciudad desde el punto de vista territorial, hoy ambas lógicas de administración se superponen en el territorio.

Al observar la evolución de la ciudad a partir de las cartografías históricas de Santiago se puede comprender como ésta adquirió una nueva forma a fines del siglo XIX e inicios del XX. En esta nueva ciudad era posible visualizar los aspectos y trazas que persistían desde la época colonial y su articulación con las reformas y renovaciones que se produjeron a fines del XIX. Los planos dan cuenta de cómo la nueva lógica de crecimiento de la ciudad ya no basaba el orden en el módulo regular de la manzana, como lo graficaba Frezier en su plano, sino que se estructuraba a partir de sus calles, traspasando la lógica de crecimiento de una ciudad con cuadrícula a una ciudad de carácter reticular, donde el proyecto de apertura de las calles tapadas adquiría sin duda una relevancia fundamental. Esta transformación en el modo de concebir la ciudad implicó entonces el traspaso de una ciudad pre-urbanizada a una urbanizada, es decir, aquella que ubicó en sus calles las redes urbanas como el alcantarillado, situación que se registró en Santiago a fines del siglo XIX. En este mismo momento el agua pasó de repartirse a través de acequias que circulaban por el centro de la manzana, tal como aparecía representado en el plano de Frezier, a hacerlo a partir de una compleja red que fue trazaba por debajo de la calzada.522 A modo de ejemplo, si observamos la figura 142 que

retrata la ciudad de Guadalajara en México, vemos la contraposición de la cuadrícula del trazado colonial de calles con la retícula de la red de distribución de aguas. A ello hay que sumar la retícula de servicios de transporte como los tranvías, que se sobrepuso a la lógica de la cuadrícula colonial para dotar de infraestructura y modernidad a la ciudad del siglo XX, trazado que vemos graficado en el plano de Santiago en 1910, con la figura que representa la infraestructura de ferrocarriles y tranvías (fig.143), pasándose de esta manera

520 Ver Censo jeneral de la República de Chile: levantado en abril de 1854 (Santiago de Chile: Del

Ferrocarril, 1858) y Serrano p.31.

521 Ver “Lei de Organización i Atribuciones de las Municipalidades” (Lei promulgada con fecha 24 de

diciembre de 1891 en el núm. 4,111 del Diario Oficial) en Boletín de las leyes i decretos del gobierno (Santiago, Chile: Imprenta Nacional, 1891), pp.261-313.

522 Ver en esta tesis Capítulo 1, “El Sitio Suburbano: La Ciudad de los Conventos, s. XVI-XVIII,” pp.71-

116.

Fig.143: José Rosas, “Santiago 1910, infraestructura, ferrocarriles y tranvías” (2010).

Fig.144: Ricardo Larraín Bravo, “Líneas de Nivel” (1909).

Fig.142: Fr. Pedro Antonio Buzeta, “Plano de la ciudad de Guadalajara (México) con la nueva red de distribución de agua” (1741).

193 de una lógica de damero (cuadrícula) a una lógica de redes de servicios (retícula).523

Debemos considerar también las nuevas tendencias higienistas que promovieron la construcción del alcantarillado.524 En 1909 Ricardo Larraín

Bravo, arquitecto chileno educado en Francia, publicó La Higiene Aplicada a

las Construcciones: Alcantarillado, Agua Potable, Saneamiento, Calefacción, Ventilación (fig.145), texto que sustentó el proyecto de transformación de la

ciudad bajo la noción de saneamiento urbano, al establecerse el necesario complemento de la nueva forma de planificar la ciudad con una serie de proyectos de infraestructura urbana, como la red de alcantarillado:

“La Higiene (Aplicada a las Construcciones) constituye, un intento monumental por integrar en torno a este concepto las ideas arquitectónicas y urbanas vigentes en el período y expresa la convicción de que determinados aspectos técnicos tienen la capacidad de dar forma a la arquitectura y transformar la ciudad.”525

De hecho, el texto de Larraín Bravo registró el proceso de instalación del sistema de alcantarillado, dando cuenta de la complejidad de la propuesta que no es otra sino la comprensión de una condición geográfica previa de la ciudad, es decir, la pendiente natural en sentido sur – poniente (fig.144). Aquello, sumado a la configuración de manzanas ordenadas en un damero, generó la posibilidad de proponer un eficiente sistema de alcantarillado en forma de zigzag526 (fig.146). La construcción de este trazado permitió consolidar la

antigua trama de damero colonial, frustrando de paso nuevas propuestas de vías diagonales que rompían con el trazado tradicional y conciliando, de alguna manera, el presente con el pasado a través de un proyecto urbano.527

Además de estos importantes proyectos de infraestructura, la celebración del Centenario permitió la gestación de una serie de obras edilicias que entregarían un nuevo aspecto a la ciudad. La conmemoración debía poner de manifiesto una ciudad que exhibiera los atributos de una auténtica capital. Nuevas fachadas inspiradas en un evidente estilo francés lograron complementar proyectos urbanos como la canalización del Mapocho, que permitió anexar un importante terreno al cauce del río, transformándose posteriormente en el Parque Forestal.

523 Ver José Rosas, Wren Strabucchi, Germán Hidalgo, Ítalo Cordano y Lorena Farías, “Santiago 1910,

Infraestructura, Ferrocarriles y Tranvías” en Proyecto Fondecyt Nº 1085253, Santiago 1910. Construcción Planimétrica de la Ciudad Premoderna. Transcripciones entre el Fenómeno de la Ciudad Física Dada y la Ciudad Representada (2010).

524 Ver Fernando Pérez, José Rosas y Luis Valenzuela, “Las Aguas del Centenario,” Revista ARQ 60

(2005), pp.72-74.

525 Pérez, Rosas y Valenzuela, “Las Aguas del Centenario,” pp.72-74.

526 Según indican Pérez, Rosas y Valenzuela, “Larraín Bravo se había opuesto tenazmente a aprovechar

las antiguas acequias de la ciudad –que corrían desde la Colonia por la medianería oriente-poniente