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Chapter 6 Conclusions

6.5 Future Work

A partir de la revisión bibliográfica efectuada sobre el tema, es posible reconocer dos dimensiones de existencia para la representación.

Una es la de orden exterior o material, dada por todas las expresiones sensibles de referencia al mundo de las que dispone un sujeto. Dichas expresiones serían siempre empíricas, pues existirían con independencia del sujeto (p.e. una vez dicha, la palabra existe por sí misma).

La otra es la de orden interior o ideal, asociada a las operaciones mentales del sujeto para la elaboración de sus referencias al mundo. Estas representaciones serían ideales porque sus referencias existirían solo en la conciencia del sujeto, y se desarrollarían o extinguirían en ella. Como se expuso en las críticas al enfoque de los estudios culturales, desde la perspectiva semiótica ambas dimensiones implicarían el uso de signos.

Esta dualidad es adoptada por los estudios del discurso al considerar a este como un fenómeno de orden social que imbrica al lenguaje con el sujeto hablante, su interlocutor, su contexto y sus creencias expresadas, por lo que resulta lógico creer que

en el discurso existen tanto un componente material (el texto) como otro ideal (p.e. ideologías).

Sin embargo, el objetivo de estudiar las representaciones presentes en el discurso obliga a plantear un dilema metodológico: si el discurso es un evento comunicativo que usualmente involucra dimensiones verbales y no-verbales a partir de la actuación de sujetos en alguna situación específica (Van Dijk, 1999, p. 246), entonces desde el punto de vista de la observación de los textos —los productos materiales del discurso (p. 247)— solo podría accederse objetivamente a la dimensión material o sensible de las representaciones.

Esto se refuerza al considerar que el principal objeto de estudio del discurso es la enunciación (véase capítulo 4), un evento que no puede ser directamente estudiado, excepto a través de “las huellas del acto en el producto” (Kerbrat-Orecchioni, 1993, p. 41).

Dicho de otro modo, si las unidades de análisis de una investigación son textos —como en este estudio—, es imposible observar directamente las representaciones ideales-mentales: solo pueden deducirse o inferirse a partir de la interpretación de las representaciones materiales. Asimismo, la única manera de acceder a las representaciones mentales es mediante las materiales, pues es imposible observar directamente la conciencia de los sujetos, salvo que ellos decidan comunicarse, es decir, que produzcan representaciones materiales.

En consecuencia, la única forma de analizar las representaciones en el discurso (evento comunicativo) es mediante su dimensión material, esto es, a partir de los textos, audibles, como en una conversación, o visuales-legibles, como en un aviso publicitario o una nota periodística.

Para todos los fines metodológicos se entenderá entonces que las representaciones discursivas son las expresiones materiales de las referencias que la conciencia de los hablantes/oyentes elabora sobre el/un mundo, en una situación comunicativa.

Vistas de este modo, las representaciones discursivas existen siempre en el texto, aunque den cuenta de una realidad no-material (p.e. las ideas). Esa realidad puede ser relativa al macro-nivel de la cultura o mundo de sentido de los hablantes (p.e. la ideología), tanto como a un simple concepto abstracto (p.e. ayer) o a un elemento del entorno material (p.e. una mesa).

La capacidad sustitutiva de la representación no vale exclusivamente para un tipo de objetos —en el sentido peirceano—, sino para todos. En otras palabras, la representación discursiva permite conocer objetos de distinto orden.

Asimismo, la representación discursiva sustituye o re-presenta al enunciado en sí mismo, ya que es una estructura que da forma material a un decir. No es lo mismo un discurso narrativo que otro argumentativo, del mismo modo que la narración periodística no es igual a la literaria, aunque elementalmente puedan tener los mismos componentes (p.e. sustantivos, verbos, adjetivos, etc.).

Esto significa que la representación discursiva da cuenta de ciertos modos de composición o formas. Entonces, la representación discursiva manifiesta la relación sintagmática entre sus elementos.

Finalmente, dado el principio de intertextualidad —versión Kristeva—, es claro que el texto no solo sustituye a objetos/ideas y al enunciado mismo, sino que también a otros discursos anteriores, con los que establece un vínculo.

Siguiendo a Foucault, esto puede extenderse a las formaciones discursivas con las cuales la representación dialoga, e incluso con la cultura misma. En consecuencia, puede decirse que la representación discursiva manifiesta además la relación paradigmática que posee con otras representaciones en la cultura.

Visto así, la representación discursiva puede definirse desde tres dimensiones de sustitución y siete tipos (véase Tabla 1.2):

§ En términos epistemológicos, permite conocer al discurso en cuanto evento comunicativo, a través del texto, tanto como a los enunciadores y enunciatarios, cuando el texto es entendido como un enunciado, e incluso a cualquier entidad material o ideal, si se estudia desde el punto de vista de los signos.

§ En términos sintagmáticos, manifiesta el modo en que se construye o estructura en cuanto representación, a través de su tipo o forma textual (p.e. narrativa o retórica) o mediante el género al cual se acopla.

§ En términos paradigmáticos, manifiesta su relación con otras representaciones y discursos, estableciendo límites y contexto a su sentido, no solo en cuanto al estilo sino también en cuanto dispositivos definidos social e históricamente.

Tabla 1.2

Dimensiones y tipos de la representación discursiva

Dimensión de sustitución representación Tipo de Descripción Epistemológica

(qué es lo que la

representación discursiva permite conocer)

Sígnica Todo signo representa un objeto material o ideal, de modo icónico, indicial o simbólico. Textual Todo texto representa a la situación social-

interaccional llamada discurso. Enunciativa Todo enunciado representa a su

enunciador y a su enunciatario. Sintagmática

(cómo se construye o estructura la

representación discursiva)

Formal Todo texto representa una estructura o composición formal.

Genérica Todo texto representa estructuralmente a cierto tipo relativamente estable de enunciados. Paradigmática (cómo se relaciona la representación discursiva con otras representaciones)

Interdiscursiva Todo texto representa a otros discursos- textos anteriores.

Socio-cultural Todo texto es representación del mundo de sentido en el cual se produce, y por tanto permite comprenderlo y actuar en él.

La distinción entre dimensiones y realidades de la representación discursiva no es suficiente para dar cuenta del método. Para lograrlo es necesario identificar sus objetos de estudio y unidades de análisis.

Siguiendo a Lotman (1988 [1970], pp. 71-73), un texto es una expresión delimitada y organizada de signos. Desde este punto de vista es posible coincidir con la mirada de Brown & Yule (1983, p. 6) respecto del texto como un concepto técnico que define al registro verbal del acto comunicativo llamado discurso. Así, se distinguen

cinco niveles de análisis discursivo a partir de un texto, ordenados según su complejidad:

§ El primer nivel corresponde al texto en cuanto conjunto organizado y delimitado de signos que expresa sentido como un todo y no solo como la suma de partes.

§ El segundo nivel corresponde al discurso como evento comunicativo en el cual es posible reconocer a los sujetos de la enunciación.

§ El tercer nivel corresponde al interdiscurso en cuanto conjuntos de discursos que mantienen relaciones temáticas y/o formales entre sí.

§ El cuarto nivel corresponde a los mundos de sentido en los cuales dichos discursos e interdiscursos existen.

Por supuesto, también es factible sugerir la existencia de un nivel preliminar (o nivel cero) correspondiente a los signos, que operan como unidades constituyentes de todo texto y establecen el grado más particular de observación, tan específico que en el fondo los inhabilita para constituir un nivel independiente por sí mismos, ya que todo discurso se basa en ellos.

Desde este punto de vista, la revisión de las teorías del signo, del lenguaje, de la semántica, de la narración y de la argumentación respecto de la representación cobran valor. Gracias a esto es posible formular los siguientes postulados metodológicos (véase Tabla 1.3):

A. Si el discurso es una situación comunicativa cuya expresión material es el texto, entonces el texto, en cualquiera de sus formas, debe considerarse siempre como la unidad de análisis primaria de la representación discursiva: aquello con lo que se trabajará para acceder al objeto de estudio.

B. Si el objeto de estudio es el texto, en cuanto conjunto organizado de signos, la clave para observarlo estaría en el proceso de significación. Entonces la unidad de análisis secundaria para la representación discursiva podría incluir: los significados denotativos y connotativos (Barthes, 1971); la descripción de los elementos y del proceso de semiosis, considerando las significaciones icónicas,

indexicales y simbólicas (Peirce, 1986); el reconocimiento de las relaciones sintagmáticas y paradigmáticas entre signos (Saussure, 1945), o las posibilidades semánticas dadas por el cuadrado semiótico (Greimas, 1987), por ejemplo. C. Si el objeto de estudio es el discurso, en cuanto evento comunicativo y relación

entre sujetos, la clave para observarlo estaría en el proceso de enunciación. Entonces, la unidad de análisis secundaria de la representación discursiva debería ser el enunciado, lo que implica reconocer y describir al enunciador, al enunciatario y a las modalidades de enunciación, así como los posicionamientos y las estrategias del enunciador (Benveniste, 1999). Para estas últimas, los análisis semánticos, narrativos y argumentativos son útiles.

El nivel semántico de las estrategias enunciativas puede analizarse mediante los elementos señalados en el párrafo B, más otros como los marcos semánticos (Fillmore, 1982; Lakoff, 2004) y las isotopías (Greimas, 1987).

El nivel narrativo de las estrategias de enunciación puede analizarse a través de la descripción de los elementos clásicos del relato, como el uso de mímesis y diégesis, o la existencia de peripecia, hamartía y anagnórisis (Aristóteles, trad. en 1974); la caracterización de la voz y el modo narrativos (Genette, 1989a), y/o la observación de las estructuras profundas y de superficie (Greimas, 1987).

El nivel retórico de las estrategias enunciativas puede analizarse gracias a diversos elementos, desde la lógica de Bellenger (1992) sobre la argumentación por valores hasta el uso de falacias (Hamblin, 1970; Van Eemeren & Grootendorst, 2002) y figuras retóricas, sean lingüísticas o visuales (Phillips & McQuarrie, 2004).

Por cierto, dado el hecho de que el discurso incluye al contexto, diversas manifestaciones de la situación discursiva y de la relación entre el hablante y el oyente debieran ser consideradas, como la deixis (Fillmore, 1971) y los actos de habla (Austin, 1990; Searle, 1976).

D. Si el objeto de estudio es el interdiscurso, es decir, el conjunto de textos que mantienen relaciones temáticas, formales e ideológicas entre sí, la clave para observarlo está en las características formales o genéricas de dichos textos. Luego, la unidad de análisis secundaria de la representación discursiva estaría integrada por las formas textuales, el género, la intertextualidad y las circunstancias sociales e históricas de su producción.

Observar las formas textuales puede requerir, además de los múltiples dispositivos propios de la semántica, la narratología y la retórica, de los esquemas prototípicos sugeridos por Adam (1992) para reconocer a la descripción, la explicación, la narración, la argumentación y el diálogo10.

En el caso de los géneros, junto a las variables señaladas por Bajtin (1982) pueden ser muy útiles las reflexiones de Fairclough (2003, pp. 30-38) sobre las cadenas y las mixturas de géneros, así como el modelo de Collin (2012, pp. 92-93) para un estudio etnográfico y discursivo del género.

La intertextualidad puede registrarse mediante el análisis del discurso reportado, al modo de Fairclough (2003, pp. 47-55) o de Holt (1996), o bien con un modelo como el de Gee (2011, pp. 165-168).

Para incluir las circunstancias sociales e históricas de la producción discursiva la aproximación de Foucault (1970) es tal vez la más recomendada, aunque no necesariamente la más clara ni sistemática, por lo que también se recomiendan el enfoque de Van Dijk (1997a, pp. 33-38) sobre los elementos del contexto situacional (véase capítulo 5) y su teoría de modelos de contexto (Van Dijk, 2011).

Dado que el interdiscurso incluye aspectos ideológicos, tanto los procesos de significación como de enunciación, mencionados en los párrafos B y C, son complementos válidos.

10 Por ejemplo, cualquier secuencia descriptiva debería articularse a través de operaciones de anclaje

referencial, reformulación, calificación y asociación con un referente (Adam, 1992, pp. 85-95), mientras que una secuencia explicativa debería estructurarse mediante una pregunta, una resolución y una

E. Si el objeto de estudio es el mundo de sentido del hablante, la clave para su observación yace en una mirada holística del discurso en cuanto sistema de representación. Entonces, la unidad de análisis secundaria de la representación discursiva estaría formada por el vínculo sistemático los elementos indicados antes, con énfasis en la enunciación y sus estrategias.

Tabla 1.3

Objetos de estudio y unidades de análisis de la representación discursiva

Objetos de estudio Unidades de análisis

Primaria Secundaria

Texto

(conjunto organizado de signos)

Texto Proceso de significación: denotación y connotación, semiosis y tipos de significado, relaciones sintagmáticas y paradigmáticas, cuadrado semiótico.

Discurso

(evento comunicativo)

Texto Proceso de enunciación: el enunciado (la

representación del enunciador y el enunciatario), las modalidades de enunciación y las estrategias semánticas, narrativas y argumentativas del enunciador.

Interdiscurso

(conjunto de discursos que poseen una relación formal, temática o ideológica)

Texto Características formales y/o genéricas: forma textual, género discursivo, intertextualidad, circunstancias sociales e históricas de su producción.

Mundo de sentido

(estructura simbólica que orienta la comprensión de la realidad y la acción social)

Texto Mirada holística sobre el discurso, como un sistema completo de representación: todos (o un grupo) de los elementos indicados para los objetos de estudio anteriores.

Como puede advertirse, en varios de estos postulados hay condicionales. Esto se debe a que es una propuesta metodológica en progreso y abierta a debate. En todo caso, se espera que sea útil para el desafío de lidiar con la representación discursiva más allá de los límites de los enfoques teóricos tradicionales.

Pese a estas distinciones, hay un aspecto de la representación discursiva que no ha sido del todo delimitado: el concerniente al mundo de sentido al cual el discurso tributa.

De algún modo esto se describe en la Teoría de Representaciones Sociales, en el marco del sentido/conocimiento común al que dichas imágenes mentales refieren. Sin

embargo, como se ha visto en las críticas a ese enfoque, esta forma de entender la cognición social es cuestionable porque sugiere cierta imposición o adecuación del sujeto, y no un diálogo o una co-construcción, como pareciera ser el caso, al menos desde la perspectiva semiótica-discursiva. Para profundizar en este asunto se postula considerar la noción de imaginario social.