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4.3 Architecture Design

4.3.2 CloudStack prototype

Mientras en Pereira se sentaban a negociar, con la misma “beligerancia y radicalización” las escogedoras del Quindío desarrollaban sus protestas, las de la trilladora La Libertad11 de Montenegro a la cabeza. Fuertemente controlado por

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caciques y gamonales tanto política como económicamente y tanto en la zona rural como en la urbana, en el Quindío se destacaba Carlos Barrera U., Coronel liberal de la Guerra de los mil días quien se propuso “meter en cintura a las escogedoras de Montenegro”. Para tal fin Barrera envió primero a sus agentes políticos que solo lograron enterarse del apoyo solidario a las escogedoras por parte de un amplio sector de la comunidad. En segunda instancia, Barrera envió a Montenegro como mediador a su gran amigo Braulio Botero L., quien “desenmascarado por las obreras” tuvo un “estruendoso fracaso.”12

Con la instalación de un campamento al lado de la trilladora por parte de las escogedoras montenegrinas frente a la intención de los administradores de sacar el café de las trilladoras, junto con la militarización de la ciudad “el clima de tensión en la población era bastante alto”. (Escobar, B., pág. 82) En estas condiciones el enfrentamiento entre las huelgusitas, sus compañeros sindicalistas y de ciudadanos del común que los apoyaban contra una Fuerza Pública parcializada, se hizo inevitable. La prensa regional registro ampliamente los acontecimientos. “La huelga de Montenegro culminó con un choque sangriento y dos muertos (…), 5

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La Patria, marzo 5 de 1935, pág. 1ª. La Defensa, febrero 11 de 1935, pág. 2ª. Citados por Escobar B., pág. 69

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heridos a bala (…) 17 individuos detenidos e incomunicados”, señalo La Patria en primera página el 10 de marzo de 1935.

Las huelguistas de Montenegro, además del apoyo de la población y el acompañamiento permanente de sindicatos de Pereira, Manizales y Armenia, contaron con el respaldo de las principales autoridades políticas y administrativas del municipio. Por su manifiesta simpatía con el movimiento de las escogedoras el Alcalde de Montenegro, Januario García (militante unirista), fue destituido fulminantemente y los señores Luis Carlos Flores y Lisímaco Salazar –Presidente y Secretario del Consejo respectivamente- fueron detenidos y

enviados a la cárcel de Armenia. 13

Una de las escogedoras de Montenegro testimonió tiempo después que: “Trabajaba en la trilladora de Jesús Marulanda desde 1933 (…) como la situación del trabajo era muy dura acordamos las escogedoras presentar un papel con las solicitudes. Éramos 37 trabajadoras muy jóvenes. Como el (patrón) se negó a estudiar el pliego, declaramos la huelga. De Armenia enviaron al camarada Jaime Cuellar (…) y nos auxiliaron varios artesanos de Montenegro que eran comunistas. Cuando la policía iba a sacar el café nosotras las

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mujeres y los compañeros los enfrentamos a piedras y un zapatero rompió algunos costales. La policía abrió fuego y dos de los camaradas (…) cayeron muertos y otros heridos. Luego se acordó que nos dispersáramos y logramos que Cuellar

huyera porque de seguro lo hubieran matado”. 14

No obstante los cruentos resultados que dejó la represión oficial, el movimiento se radicalizó mucho más y continuaron las acciones de agitación no solo en Montenegro sino también en Armenia, donde circuló un volante convocando a una manifestación en contra del gobierno y señalando que “terminada la manifestación en Armenia se convocaría a otra en Calarcá”.15 En efecto, Escobar da cuenta de una segunda oleada de huelgas y manifestaciones en toda la región entre 1936 y 1937. Y respecto de Montenegro cita a El Diario que informaba en primera página sobre el viaje a Montenegro, el 8 de marzo de 1936 –es decir un año después de la huelga de 1935- de representantes del sindicalismo pereirano a fin de participar en la manifestación en conmemoración de los obreros caídos en la lucha, refiriéndose ese medio concretamente a “Jaime Cuellar, a Luisa García y al hijo mayor del señor Merejo”. (ibid. 9/03/1936) Lo que indica que

14Medina P., pág. 211. En Escobar B., pág. 39

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posteriormente a los enfrentamientos narrados más arriba se produjeron otros que arrojaron más muertes de sindicalistas.

Pero la huelga de las escogedoras no solo tuvo repercusión geográfica, también en otros sectores de la población laboral, entre los que debemos al menos mencionar, la amenaza de huelga de las empleadas del servicio doméstico en Manizales. “Este gremio ‘compite´ con el de las escogedoras, aún en el día de hoy, en los niveles de sobre-explotación a que son sometidas” pues no eran consideradas trabajadoras, quedando a merced de los maltratos de las patronas y al abuso sexual de sus patrones. (Escobar B., pág. 85) “También se anuncia que las sirvientas preparan la huelga para dentro de pocos días, y ya están haciendo las gestiones del caso a fin de iniciar un movimiento unánime en toda la ciudad”. (La Patria, 2/06/1935, pag. 3a)

El trabajo de Escobar B. –muy fundamentado en el seguimiento de los acontecimientos por parte de la prensa escrita-, resalta cómo se refleja en la manera de tratar la información la constante tensión entre los liberales y conservadores. Concretamente muestra con mucha claridad como la prensa regional controlada por el Partido Conservador se complacía con las protestas contra el gobierno liberal, y

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como los medios controlados por los liberales tergiversaban los sucesos para “limpiar” al gobierno.

Finalmente Escobar considera que la importancia fundamental de este movimiento radica en que fue llevado a cabo “por un puñado de trabajadoras, soslayando el acendrado machismo que pulula por estos lares, cuyo atraso social, político y cultural no les garantizaba ningún papel relevante en la historia.” Considera el autor que el movimiento de las escogedoras “se puede considerar, sin exageración ninguna, de la mayor importancia dentro de la historia laboral y sindical no solo a nivel nacional sino también en el ámbito latinoamericano de la época”. (Escobar B., pág. 5.)

Aun cuando trata un período mucho más actual (finales del Siglo XX), la interesante investigación Mujeres trabajadoras del café, realizada por Martha Garzón - analiza la participación de las mujeres (recolectoras, escogedoras, alimentadoras) en el proceso productivo del café y las relaciones sociales de producción que se dan en torno a esas labores. Constatando las condiciones deplorables a las que siguen sometidas las escogedoras y el desconocimiento nacional sobre el tema, dicho estudio es un “testimonio de aquellas mujeres por cuyas manos pasa cada grano del café más suave del mundo”. (Garzón, 2002)

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III-.

LO SOCIAL

En la primera década del siglo XX, no menos del 90% de los cuatro millones de colombianos y colombianas vivía en la zona rural. Las condiciones de vida y de salud eran sumamente precarias para la inmensa mayoría.

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Los servicios públicos básicos eran prácticamente inexistentes. Las epidemias o las infecciones gastrointestinales mataban a uno de cada seis niños antes de cumplir un año. Las enfermedades se trataron fundamentalmente con infusiones u otras formas de medicina casera, a los médicos solo acudía la minoría que podía pagarlos.

El analfabetismo superaba el 75%, solo uno de cada 6 niños iba a la escuela. Apenas uno de cada 50 colombianos terminaba secundaria, y uno de cada 200 iba a la universidad. (Melo, 2003)

En los primeros años del siglo XX en Colombia, la tasa de natalidad llegó a 45 y 50 nacimientos por cada mil habitantes, un promedio de 7 u 8 hijos nacidos por mujer. En el transcurso de las tres primeras décadas del siglo, la esperanza de vida se incrementó en ocho años, llegando en 1930 a 36 años en promedio. La mortalidad infantil descendió a 200 defunciones por cada 1.000. (Gómez Henao, 1999)

Las mujeres estaban teóricamente confinadas en el hogar, sin derechos, sin ciudadanía, sometidas al marido, según la ley, y a la religión, según la tradición. Las que recibían un salario, “era casi con seguridad por trabajar en el servicio doméstico”, que incluía con frecuencia obligaciones sexuales, y muchas tenían

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que someterse a la violencias y humillación por parte de sus parejas.

Ninguna mujer estudiaba bachillerato, no existía para ellas y sin ese requisito ninguna podía inscribirse en la universidad. Las pocas maestras, llevaban algo de educación a las zonas rurales. La “maldición del embarazo frecuente” las asediaba a todas. Las mujeres de clase alta o media podían disfrutar de cierta independencia en sus hogares o su vida social, pero igualmente estaban sometidas a obligaciones de fidelidad y ascetismo (Melo, 2003)

III-1-. La Salud Reproductiva