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4.3 Architecture Design

4.3.1 Prototypes modelling

El hecho más significativo en la vida laboral de las mujeres en el Siglo XX es su ingreso como fuerza obrera. Mujeres de origen rural rompieron con el hogar al emigrar a los centros urbanos, donde por la vía laboral se vincularon a organismos de socialización secundaria. En Colombia el éxito del proceso fabril no puede ser comprendido sin el aporte del trabajo femenino. (Reyes Cárdenas, 1995)

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En 1923 en Medellín, desde mucho tiempo atrás capital industrial de Colombia, “el 73% de la fuerza laboral obrera eran mujeres, jóvenes y solteras. El 58% de ellas oscilaban entre los 15 y 24 años; entre los años 1915-40, el 85% de las mujeres obreras eran solteras. La mujer casada no era aceptada en las fábricas, tanto la Iglesia como los patrones seguían considerando que el trabajo obrero era incompatible con la vida familiar (Ibíd., 1995)

Con la instalación de las trilladoras de café se crea un nuevo grupo social en el país, una modalidad asalariada nunca vista en los centros urbanos: las seleccionadoras o escogedoras de café. (Ramírez Bacca, 2010) Aun cuando la mayor parte de las obreras de las trilladoras residían en los centros urbanos, en general hacían parte de la masa de campesinos migrantes atraída por las promesas de prosperidad económica generada por la industria cafetera. Ellas conformaban un grupo heterogéneo: adolescentes, ancianas, madres de familia, madres solteras, huérfanas y viudas por la violencia, ex prostitutas y prostitutas ocasionales.

La vinculación de las mujeres en la industria del café fue intensa. En Antioquia en sólo cuatro años, de 716 trabajadoras de las trilladoras de café en 1916, se pasó a 1.216 en 1920. Esta proporción se mantuvo hasta la década de los treinta,

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cuando el número de escogedoras llegó a 1.986. Las escogedoras configuraban el grupo mayoritario de trabajadores con respecto a otras industrias (fábricas de textiles, cigarrillos, fósforos, cervezas y litografías, entre otras), tal y como se evidencia en 1922, cuando de un total de 3.847 trabajadores urbanos, 1.340 eran mujeres escogedoras, es decir, el 34% de la población obrera urbana de Medellín. (Ibíd.)

La trilla significó una gran innovación que muy rápidamente se convirtió en una de las principales actividades industriales de Medellín, Cali y Manizales. En 1923 en Cali los primeros tres establecimientos industriales eran trilladoras, y la mayoría operaban con personal femenino. (Machado, 2001) En 1936 el Viejo Caldas ocupaba el tercer lugar en la producción industrial del país, después de Cundinamarca y de Antioquia y por encima del Valle y del Atlántico. Para ese año, más del 80% de la producción industrial del Viejo Caldas provenía de la trilla del café. (CRECE, 2005)

La década 1930-1940 es uno de los períodos más importantes en la historia nacional contemporánea. Tras 44 años de hegemonía conservadora, el Partido Liberal regresa al poder. Los sectores de la izquierda no tradicional entendieron la oportunidad que representaba el reformismo de López

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Pumarejo en medio de la primera gran crisis del capitalismo mundial. Socialistas y comunistas intensificaron su activismo y ampliaron sus áreas de influencia. Las condiciones eran propicias para hacer avanzar el movimiento de masas, y fue así como se conformaron las ligas campesinas y los sindicatos agrarios en el sector rural. En este contexto se desarrolló el movimiento de las escogedoras del grano de café para la exportación.

Debe tenerse en cuenta que el alto grado de explotación de la mano de obra femenina en el espacio urbano-industrial –en este caso en las trilladoras e instalaciones de beneficio del grano para la exportación-, no fue menor que en la zona rural. Las condiciones exigidas a las escogedoras para ser aceptadas en las trilladoras reflejan el grado de discriminación y las limitaciones de las que ellas eran objeto. A pesar de ser en su mayoría mujeres solteras y muy jóvenes, para su admisión en las trilladoras se tenían en cuenta “sus antecedentes de buena conducta”; no eran aceptadas las que pertenecían al “gremio de las sirvientas”; en algunos casos se les exigía “portar tarjeta postal”. Desde luego “el salario más elevado de la escogedora más rápida no alcanzaba el nivel del salario promedio que recibían los hombres por su trabajo en la industria urbana. La mayoría de ellas ganaban entre la mitad y dos terceras partes de dicho salario.” (Ramírez Bacca, 2010)

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El primer conflicto laboral del movimiento de las escogedoras de café tuvo lugar entre 1934 y 1935, en el marco de la primera propuesta de “huelga nacional del café” lanzada por el Partido Comunista y acogida por amplios sectores de trabajadores vinculados a la producción, industrialización y comercialización del grano. El movimiento de las escogedoras no obstante sus precarias condiciones, paradójicamente tomó la iniciativa en esta huelga que comprometía gran parte de los departamentos de Antioquia, el Viejo Caldas, Tolima y Valle del Cauca. Entre otras reivindicaciones, se exigía un aumento del 40% del salario de los colectores, las escogedoras, los peones y los arrieros; jornada laboral de ocho horas; y descanso dominical remunerado. (Escobar, B., pág. 45)

En 1934 en el Viejo Caldas existían sindicatos de ferroviarios, de braceros, de escogedoras de café y de empleados del comercio. En 1935 se contaban en la región 29 organizaciones sindicales con aproximadamente 5.000 afiliados y afiliadas, distribuidos geográficamente así: 40 % en Pereira; 29% en La Dorada; 29% en Manizales; 13% en Armenia; y 4% en Marmato. (Ibid. pág. 37) Las escogedoras de café sindicalizadas apenas eran 400 (tan solo el 8% del total de estas empleadas) en todo el Departamento, frente a 1.135

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ferroviarios, 676 agricultores, 660 choferes y similares, 636 artesanos.10

En 1935 una oleada de huelgas de las escogedoras estalló en las trilladoras de los principales centros urbanos de la zona cafetalera. El 19 de enero de ese año todas las escogedoras de Manizales se declararon en huelga general. (Credencial Historia, 2007) El reclamo era por la jornada de 8 horas, el aumento del salario y el amparo de la legislación nacional que regía la compensación por accidentes industriales. Los patrones contaron con el apoyo oficial para dispersar por la fuerza las asambleas de las trabajadoras y desmantelar las cocinas colectivas que se utilizaban para alimentar a las huelguistas. “La represión contra las trabajadoras y contra los sindicalistas que las apoyaban fue brutal (…) los sindicalistas eran conducidos para ser juzgados en jaulas de hierro y varios trabajadores murieron a manos de la policía por defender a las escogedoras.” (Sixirei Paredes, N.D).

El epicentro de las manifestaciones de las escogedoras en el Viejo Caldas fue la pequeña población de Palestina, seguida por Chinchiná, Santa Rosa, Pereira y Montenegro. Desde Palestina se empezaron a establecer contactos con casi todas las

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trilladoras del departamento y de la región cafetera occidental. Es así como el 29 de enero de 1935 el periódico El Diario, de Pereira, publicó un manifiesto titulado Obreros y Obreras de Pereira, y en el cual se anunciaba la constitución de “un frente único de defensa de las escogedoras de café amenazadas por la represalia oficial y patronal, y la elección de un comité pro huelga general (…) que da la voz de alerta a todas las trabajadoras de la ciudad para que estén listas a nuestro llamamiento.” (Escobar, B., pág. 34) Pocos días después del anuncio, las escogedoras pereiranas se lanzaron a la huelga y, recorriendo las principales calles de la ciudad, lanzaron consignas contra el gobierno y los explotadores de las trilladoras. En respuesta el Alcalde de Pereira, Marceliano Ossa, envió un ‘piquete’ de policías a una de las trilladoras a fin de reprimir la manifestación y proteger a los propietarios y administradores. Al tiempo se expidió un decreto municipal mediante el cual se declaraba “fuera de la ley la huelga que sostiene el gremio de las escogedoras de café” y se prohibían “las reuniones y manifestaciones populares, tanto públicas como privadas, mientras subsista el estado de anormalidad”.

La acción de la fuerza pública en Pereira dejó como saldo varias obreras heridas gravemente, entre ellas a Ana Naranjo y Luisa Cárdenas y la muerte por impactos de bala del obrero Benjamín Hernández. (Ibíd., pág. 55)

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La situación en Pereira tuvo repercusión en la Cámara de Representantes, en la que Jorge Eliecer Gaitán abrió un debate en contra de las autoridades de ese municipio y del Departamento por la forma en que habían tratado la protesta de las escogedoras. Igualmente, la prensa liberal y conservadora mediante grandes titulares dio cuenta del debate de la Cámara y de la situación en Caldas. (Ibid. pág. 60) Tras la destitución del Alcalde de Pereira y la renuncia del Gobernador de Caldas, se acordó una mesa de negociación con la presencia del gobierno, los representantes de las trilladoras y una comisión mixta de las huelguistas, esta última conformada por Nieves Camargo, María Cecilia Uribe, Elvira Rosa Ríos, asesoradas por Cenón Murillo y José Antonio Alzate. (Ibid, pág. 66)