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4   RESULT INTERPRETATION 50

4.2   C LUSTER V ALIDATION 55

4.2.2   Cluster Validation 66

Desde las corrientes feministas se ha mantenido una postura crítica frente a la mayoría de las formulaciones sobre la igualdad de los derechos o en otras áreas como la pobre- za, la desigualdad, o el bienestar, por tomar como punto de partida conceptos que no tienen en cuenta la especificidad de la situación de las mujeres. A partir de esa premisa, su pretensión de abstracción y de neutralidad en las diferencias de sexos resulta discri- minadora para las mujeres. Esta crítica se ha hecho de manera especial de la mayoría de las teorías de la justicia, tanto en los enfoques idealizados como los relativizados por ser ciegos a las diferencias de poder y de recursos y a los contextos. Sin embargo, ello no quiere decir que se niegue la posibilidad de avanzar en la elaboración de un

marco abstracto que identifique esas diferencias y que permita diseñar una estrategia de desarrollo que tenga como objetivo la equiparación de hombres y mujeres.

¿Hasta dónde el desarrollo humano ofrece un marco capaz que recoja las exigencias para la igualdad de género? El paradigma de desarrollo humano abre muchas posibili- dades para la transformación de las relaciones de género y la mejora de las condiciones de las mujeres, posibilidad que una visión más economicista del desarrollo no permite. Pero, al no ser una teoría normativa completa, ni una teoría de la justicia, necesita de concreciones para evaluar los funcionamientos y las capacidades. ¿Garantiza esto que tenga en cuenta adecuadamente la situación de las mujeres?

Hay consenso en considerar que el enfoque de las capacidades, más allá de las apli- caciones que del mismo se hayan hecho por el PNUD en sus informes anuales, es un marco conceptual válido para abordar la desigualdad de género. La base de este consenso parte de estimar que el espacio evaluativo que se propone para hacer las comparaciones interpersonales, las capacidades, abre una ventana a una adecuada in- corporación de la situación de la mujer en la evaluación del bienestar. Pero más allá de este acuerdo inicial, las reacciones varían de manera importante sobre su idoneidad.11

El hecho de basarse en los funcionamientos y capacidades para evaluar el bienestar, implica que se abren las dimensiones que lo componen más allá de las económicas, que habían sido el núcleo de las anteriores propuestas de bienestar. Haber fijado el ingreso o la renta como la medida única llevó a despreciar otras dimensiones sustan- ciales del bienestar, sobre todo la del cuidado, que se ha considerado como función propia de las mujeres en la mayoría de las sociedades. Desde siempre, el feminismo ha venido reclamando la inclusión de estas dimensiones que se producen en un espacio donde el mercado no actúa. Por lo tanto, la introducción de esas dimensiones lleva a otorgar al enfoque de las capacidades un primer reconocimiento.

Pero no toda evaluación que parta del enfoque de las capacidades permite asegurar que tenga en cuenta de manera suficiente la dimensión de género. Para que esa eva- luación sea aceptable para el feminismo deberá reunir algunas especificaciones deter- minadas: i) las diferencias de género a la hora de analizar la conversión de los recursos en funcionamientos; ii) las diferencias de género en la consideración de cuáles deban ser los conjuntos de capacidades prioritarios; y, iii) la interactuación del género en la elección y la responsabilidad personal.

Hay que destacar la importancia de este último elemento, que distingue entre la elec- ción y las circunstancias en que ésa se produce, haciendo la siguiente pregunta: ¿pue- den los hombres y las mujeres ser plenamente responsables de los funcionamientos

11 Se pueden distinguir tres posiciones a la hora de juzgar esa idoneidad del enfoque de las capacidades para

las preocupaciones feministas: i) una línea que considera fundamentalmente positiva su aportación y que, aunque requiera matizaciones, permite adoptarlo como adecuado; ii) otra que presenta objeciones más serias al estimar que es necesario complementar las categorías analíticas de Sen con otras si se quiere garantizar la comprensión real de la situación de la mujer; y, iii) una tercera, que modifica algunos de los planteamientos de Sen por considerarlos insuficientes.

que elijen del conjunto de capacidades de que disponen? La respuesta del feminismo es que las elecciones de las mujeres no son genuinas o voluntarias porque son refle- jo de preferencias fruto de las limitaciones, lo que se llaman preferencias adaptadas, y una serie de influencias personales y sociales, que es necesario analizar desde una perspectiva de género. Por eso se necesita una teoría normativa satisfactoria de la formación de las preferencias que ayude a construir una teoría de la responsabilidad. En definitiva, el enfoque de las capacidades requiere de mayores especificaciones des- de la perspectiva feminista y debe mantenerse la preocupación para que ese enfoque se interprete adecuadamente, evitando un sesgo androcéntrico. Pero, en todo caso, tiene un potencial mucho mayor para enfrentar las cuestiones de género que otras teorías de la justicia y del bienestar.

Cuadro 5. Propuestas desde el feminismo

A nivel teórico las economistas feministas han desarrollado un marco alternativo que va más allá de considerar la exclusión y discriminación de las mujeres y las desigualdades de género; proponen un marco que conceptualiza el conjunto de la economía, la esfera del mercado y del no mercado, el trabajo pagado y no pagado, la producción y la reproducción social del cuidado. Los conceptos económicos feministas tienen muchos puntos de contacto con las economías morales que se basan en la cooperación, la reciprocidad, se orientan hacia las necesidades y enfatizan la importancia del dar y del cuidado para satisfacer las necesidades.

¿Se corresponden estas pretensiones con el paradigma del desarrollo humano? Para el PNUD el objetivo de desarrollo sobre la igualdad entre hombres y mujeres es indivisible del objetivo de desarrollo humano. La desigualdad es fundamental en el desarrollo humano: las diferencias en las capacidades se traducen en resultados imposibles de validar como justos.

La forma en que la provisión de cuidados se organiza y divide entre el hogar, el mercado, el Estado y las instituciones sin fines de lucro tiene importantes implicaciones tanto para aquellos que tienen acceso a un cuidado adecuado como para quienes asumen la carga que los cuidados representan. Aunque la cuestión del cuidado figura con creciente frecuencia en las agendas de investigación y de política de los países industrializados avanzados, no se trata de una tendencia generalizada. La economía política y social del cuidado es fundamental para la igualdad de género. (UNRISD, La economía política y social del cuidado, 2009).

¿Cómo crear un nuevo enfoque del cuidado y establecer políticas democráticas del cuidado? Para generar un sentido de solidaridad, UNRISD propone recurrir a un componente básico, y menospreciado, del cuidado: la parte receptora. Solo si se piensa en todos los seres humanos -no únicamente en los frágiles y vulnerables- como receptores continuos de cuidados podrá lograrse la unidad de los proveedores de cuidados. Es mediante la articulación de nuestras propias vulnerabilidades que estaremos menos propensos a distanciarnos del cuidado y tendremos mayores posibilidades de percibirlo como una actividad que es fundamental, y no marginal, para nuestras vidas.

Desde estas consideraciones, dos propuestas para avanzar en la conexión entre perspectiva de género y desarrollo humano son: a) La introducción del cuidado como parte esencial del bienestar; b) Las capacidades colectivas y el desarrollo de las capacidades en cuanto garantizan el cambio institucional que permita la equidad de hombres y mujeres.

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