4 RESULT INTERPRETATION 50
4.2 C LUSTER V ALIDATION 55
4.2.1 Misclassification Matrix and Visual Analysis 55
(PNUD) constituyen una referencia importante, aunque no exclusiva, del enfoque del desarrollo humano. Su definición del desarrollo humano ha servido para informar estrategias de desarrollo, así como para la elaboración de indicadores. En el primer Informe, de 1990, se definía así: “El desarrollo humano es el proceso de expansión de las opor- tunidades del ser humano, entre las cuales las tres más esenciales son disfrutar de una vida prolongada y saludable, adquirir conocimientos y lograr un nivel de vida decente.”. Aunque posteriormente se fueron incorporando nuevos elementos lo cierto es que se generalizó como refe- rente la breve definición inicial de “ofrecer a las personas mayores oportunidades”. En la vigésima edición del Informe, de 2010, se revisa el concepto de desarrollo hu- mano para adecuarlo a las exigencias actuales. El Informe se pregunta por la vigencia del enfoque, ya que éste no consiste en “un conjunto de preceptos fijos y estáticos, sino (de) un concepto en constante evolución, cuyas herramientas analíticas se adaptan a los cambios que ocurren en el mundo”. No hay que esforzarse mucho para reconocer la importancia y profundi- dad de los cambios ocurridos en estos veinte años y, en consecuencia, tener que pro- ceder a la adecuación de la definición del desarrollo humano ante la nueva realidad. Los dos escenarios donde nace y se replantea el desarrollo humano, 1990 y 2010, res- pectivamente, se caracterizan por ser testigos de una especial agitación en torno a los
objetivos y políticas del desarrollo, si bien de signo muy distinto en cada caso. En el primero, la concepción neoliberal asume la hegemonía, que encuentra en el llamado Consenso de Washington la recopilación de los principios y políticas que propugna, y supone el fin de una trayectoria de varias décadas de economía del desarrollo. En el segundo, aparece con fuerza la crisis del ese modelo de desarrollo dominante, más allá de los avatares de la específica crisis financiera y monetaria. Si en 1990, frente al concepto neoliberal, el desarrollo humano se define como una propuesta alternativa; ahora, en el 2010, se plantea si tiene la vigencia necesaria para dar respuesta a los retos del futuro de una sociedad planetaria cada vez más interdependiente.
El Informe de 2010 reafirma la potencialidad del desarrollo humano para ofrecer un paradigma, aunque reconoce que debe saber adaptarse y recrearse desde su definición original. Parte de reafirmar la validez del objetivo fundamental, la expansión de las op- ciones de las personas como fundamento del concepto, pero reconoce que no es su- ficiente. La novedad se encuentra en el énfasis en los aspectos institucionales y en las dimensiones colectivas. El Informe 2010 supone un giro importante en la definición del desarrollo humano al introducir la dimensión colectiva como parte integrante de él. La nueva definición es bien expresiva de esta línea cuando señala que, al elemento primitivo de aumentar las opciones de las personas, hay que “participar activamente en conseguir un de- sarrollo equitativo y sostenible en un planeta compartido”. Así la nueva definición completa la an- terior y se reformula así: “El desarrollo humano supone la expresión de la libertad de las personas para vivir una vida prolongada, saludable y creativa; perseguir objetivos que ellas mismas consideren va- lorables; y participar activamente en el desarrollo sostenible y equitativo del planeta que comparten. Las personas son los beneficiarios e impulsores del desarrollo humano, ya sea como individuos o en grupo.”. En ella se ponen de relieve los fundamentos básicos del desarrollo humano: su natura- leza sustentable, equitativa y empoderadora y su flexibilidad. No basta con conseguir resultados en un momento dado, ya que estos logros pueden ser frágiles y suscepti- bles de retrocesos. Más aún, pensando en el derecho de las futuras generaciones, urge velar porque el desarrollo humano perdure en el tiempo, es decir que sea sostenible. El desarrollo humano no es el resultado de esfuerzos individuales, sino que se realiza en el marco de determinadas estructuras que lo impulsan o lo dificulta. Por eso, debe abordar las disparidades estructurales, o sea debe ser equitativo. Además, debe facultar a la gente para ejercer su capacidad de decidir y de participar, dar forma y beneficiarse de los procesos que le competen en el plano personal, comunitario y nacional; es de- cir, el desarrollo humano debe ser empoderador. Por último, este enfoque insiste en mantener la deliberación y el debate y en dejar siempre la puerta abierta a la discusión. Son las personas quienes, individualmente o en grupo, dan forma a estos procesos. El paradigma del desarrollo humano es aplicable a todos los países, ricos y pobres, y a todos los seres humanos. Es lo suficientemente flexible, sólido y activo como para servir de modelo en el próximo siglo.
Si bien otros documentos del PNUD habían introducido categorías que tomaban en consideración las dimensiones colectivas, especialmente el proceso del desarrollo de las capacidades, uno de cuyos elementos centrales son las capacidades colectivas,
faltaba una consideración más integrada de ellas en el núcleo mismo de la concepción del desarrollo humano. El hecho de que el Informe 2011 de continuidad a ese enfo- que pone de manifiesto el carácter estratégico de la propuesta.
Gráfico 1. Las otras dimensiones del desarrollo humano: más allá de la salud y educación
Empoderamiento
Vulnerabilidad y sostenibilidad
Desigualdad
Fuente: Elaboración propia.
El Informe, de 2011, Sostenibilidad y equidad: Un mejor futuro para todos, sigue esa línea y resalta el vínculo que existe entre esas dos dimensiones básicas del desarrollo humano que adelantaba el Informe de 2010. Se concentra en conseguir un progreso sostenible y equitativo; afirma que los apremiantes desafíos globales de sostenibilidad y equidad deben tratarse de forma conjunta y, al mismo tiempo, señala las políticas nacionales y globales que podrían impulsar estos objetivos vinculados. Una doble perspectiva muestra de qué manera la degradación ambiental intensifica la desigualdad mediante su impacto adverso en las personas de menores recursos y la forma en que las des- igualdades en desarrollo humano profundizan el deterioro ambiental.
Es necesaria una acción decidida en ambos frentes para mantener los avances en desarrollo humano obtenidos recientemente por la mayoría de los países más pobres del mundo, tanto para el bienestar de futuras generaciones como para las actuales. El desarrollo humano, que implica expandir las opciones de la gente, se basa en la exis- tencia de recursos naturales compartidos. Para promoverlo, es necesario velar por la sostenibilidad local, nacional y mundial, proceso que puede -y debe- hacerse fomen- tando la equidad y el empoderamiento.
Al avanzar hacia mayor sostenibilidad ambiental, se intenta asegurar que se tengan plenamente en cuenta las aspiraciones de los pobres de una vida mejor, y al mismo tiempo, apunta a vías que permitan que la gente, las comunidades, los países y la comunidad internacional propicien la sostenibilidad y la equidad de modo que se re- fuercen entre sí.
Informes anteriores han demostrado que los estándares de vida de la mayoría de paí- ses han mejorado y que, de hecho, desde hace décadas tienden hacia la convergencia.
Sin embargo, el Informe 2011 prevé un retroceso alarmante de dichas tendencias en caso de que el deterioro medioambiental y las desigualdades sociales sigan intensi- ficándose, con una previsión de que los países menos desarrollados invertirán esta tendencia y se alejarán de nuevo de los patrones globales antes de 2050. El Informe muestra cómo los más desfavorecidos del mundo son los que más sufren la degrada- ción medioambiental, también en su entorno personal más inmediato, y la despropor- cionada falta de poder político, dificultando aún más que la comunidad internacional llegue a un consenso sobre los cambios de políticas globales necesarios.
Desde la nueva definición, el núcleo constitutivo del desarrollo humano se encuen- tra en la capacidad de cada sociedad para definir y llevar adelante su futuro, lo que comporta un proceso colectivo de funcionamiento, y que éste responda a objetivos comunes propios del desarrollo humano. Esta definición enfatiza la importancia que la dimensión colectiva tiene en la propuesta del desarrollo humano, en dos sentidos:
i) el primero, que el bienestar colectivo tiene un valor por sí mismo, no solamen- te como instrumento para conseguir el bienestar de las personas;
ii) el segundo, que la dimensión colectiva supone prestar atención a las relaciones que se dan entre los distintos agentes, individuales y sociales, en la definición de sus objetivos y en la forma de alcanzarlos. El desarrollo consiste en el fun- cionamiento adecuado de todos los agentes involucrados en el proceso común de decisión sobre su futuro.
En otras palabras, no hay desarrollo si no hay la capacidad de poner en marcha un proceso colectivo. Por eso las relaciones entre los agentes resultan cruciales. ¿Qué condiciones tienen que darse para que de la interacción entre todas las partes se de un resultado que permite funcionar como colectivo? El bienestar colectivo implica ese buen funcionamiento y difícilmente se alcanzarán resultados de bienestar colectivo sin la existencia de objetivos comunes. No es posible pensar en capacidades de rela- ción fuertes sin ellos, más bien su calidad y grado de aceptación impulsarán la crea- ción de capacidades colectivas específicas. En resumen, sin preocupaciones comunes, el esfuerzo colectivo no encuentra estímulos.