Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
El más tembloroso, el más insoportable. Los amorosos buscan,
Los amorosos son los que abandonan, Son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar, No encuentran, buscan.
Jaime Sabines
¿Así hablas tú? ¿De esta manera nos expresamos cotidianamente? ¿Qué quiere expresar Jaime Sabines? ¿Es fácil interpretar el poema? En el frag- mento anterior se usa la lengua de una manera especial, se utilizan re- cursos estilísticos para expresar sentimientos buscando la belleza a través de las palabras.
La función poética o estética
La comunicación que establecemos incluye diversos tipos de mensajes que tienen como finalidad solicitar algo, aconsejar, expresar algo con palabras bellas, explicar, etcétera. De ahí que la lengua tenga diferen- tes funciones.
Función referencial: Se emplea cuando hablamos sobre objetos externos al hablante; explicamos esos objetos y sus relaciones; no hay información sobre el que emite el mensaje. Ejemplo: “Para preparar gelatina de frutas, se necesita: agua, grenetina natural y frutas naturales como guayaba, manzana, uvas o fresas”.
Función sintomática: Cuando expresamos pensamientos manifesta- mos, sin querer, nuestros estados de ánimo, nivel cultural o socioeco-
nómico, o si pertenecemos a algún grupo social. En el ejemplo: “Ayer en la fiesta, o sea, te explico, hice un oso, que no inventes, pero en fin, x”, el hablante no nos dice que pertenece a una clase social determi- nada pero inferimos que así es por la manera de expresarse.
Función apelativa (del latín apelare llamar): Esta función se ma- nifiesta sobre todo en las órdenes, pero hay casos más sutiles de man- datos que casi no lo parecen, en particular en la cultura mexicana en la que la cortesía es básica: “¿Sería mucha molestia si me ayudas a cambiar de lugar este sillón, por favor?”. Llamamos la atención del oyente para modificar su conducta a través de provocar una reacción o una respuesta. La función apelativa se utiliza con frecuencia en la publicidad, aunque en formas menos sutiles: compre, vea, venga, consuma…
Función fática: Esta función tiene como objetivo abrir el canal de comunicación para poner en contacto a los interlocutores; una vez abierto el canal, el emisor y el receptor pueden intercambiar ideas y poner en práctica otras funciones. Al hablar, usamos frases hechas que no dan información sustancial: ¿Cómo te ha ido? ¡Hola!, Hace calor; y muletillas como ¿me oyes?, ¿me explico?, ¿sí?, cuyo objetivo es verificar que el proceso de comunicación es efectivo.
Función metalingüística: Cada materia o ciencia tiene un objeto de estudio, pero para explicar ese objeto se utiliza la lengua, en nuestro caso, el español. La lingüística (ciencia que estudia la lengua) tam- bién usa la propia lengua para explicar los fenómenos que la confor- man: la lengua es objeto de estudio y, al mismo tiempo, el medio para estudiarla.
De modo que la función metalingüística es la capacidad que te- nemos para reflexionar y analizar la lengua usando la propia lengua; la empleamos con frecuencia, por ejemplo, cada vez que nos pregun- tamos: ¿Cómo se dice: yo forzo o yo fuerzo? ¿Qué significa bifurca- ción? O cuando afirmamos: el adjetivo es un modificador directo del sustantivo.
Función poética o estética: El escritor utiliza la lengua y sus recur- sos estilísticos, como las figuras literarias, para expresar su sentir a tra- vés de su obra. La función poética es fácil de identificar pero, en el caso de algunos poemas, resulta difícil de interpretar ya que en el len- guaje poético las palabras cobran significados diferentes: “a los seis meses ríes con cinco azahares, con cinco diminutas ferocidades”, dos versos de un bello poema del escritor español Miguel Hernández. ¿Será que el bebé tiene flores en la boca? Claro que no, los azahares son blancos y bellos, como los dientes del hijo amado. Se trata de un ejem- plo bellísimo de la función poética.
TEMA 31 Funciones de la lengua 190
Identifica las funciones de la lengua en los siguientes fragmentos:
Ejercicio 31.1
En abril de 1953, menos de doce meses antes de que muriera Frida Khalo, a los 47 años, se inauguró la primera exposición importante de su obra en México, su ciudad natal. Para entonces, su salud había decaído tanto, que nadie esperaba verla ahí. Sin embargo, a las 8 de la noche, cuando la Galería de Arte Contem- poráneo en la Ciudad de México, apenas acababa de abrir sus puertas al pú- blico, una ambulancia se acercó y la artista, vestida con su traje regional predi- lecto, se hizo transportar sobre una camilla de hospital hasta su cama de cuatro postes, que se instaló en la galería esa misma tarde.
Herrera, Hayden. Frida: una biografía de Frida Kahlo. México, Diana, 1995, p.11.
Función:
Justificación:
Yo soy Carlota Amelia de Bélgica, Emperatriz de México y de América: tengo ochenta y seis años de edad y setenta de beber, loca de sed en las fuentes de Roma. Hoy ha venido el mensajero a traerme noticias del Imperio. Vino cargado de re- cuerdos y de sueños, en una carabela cuyas velas hinchó una sola bocanada de viento luminoso preñado de papagayos. Me trajo un puñado de arena de la isla de Sacrificios, unos guantes de piel de venado y un enorme barril de maderas pre- ciosas rebosante de chocolate ardiente y espumoso, donde me voy a bañar todos los días de mi vida hasta que mi piel de princesa borbona, hasta que mi piel de loca octogenaria, hasta que mi piel blanca de encaje de Alerón y de Bruselas, mi piel nevada como las magnolias de los Jardines de Miramar, hasta que mi piel, Maximiliano, mi piel quebrada por los siglos y las tempestades y los desmorona- mientos de las dinastías, mi piel blanca de ángel de Memling y de novia de Bé- guinage se caiga a pedazos y una nueva piel oscura y perfumada, oscura como el cacao de Soconusco y perfumada como la vainilla de Papantla me cubra entera, Maximiliano, desde mi frente oscura hasta la punta de mis pies descalzos y perfu- mados de india mexicana, de virgen morena, de Emperatriz de América.