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En un cuento irlandés, recogido actualmente de boca del pueblo, se encuentran los rasgos fundamentales de la leyenda de Perseo; y el dios Fomoré Balar resulta ser el abuelo que, como Acrisio, muere a manos de su nieto.

O'Donovan nos cuenta que el nombre de ese personaje vive aún en la tradición de toda Irlanda; y que, en ciertas partes de la isla, ese nombre —que antaño se escribía Balar Balcheimnech, "Balar el de los golpes poderosos", y hoy se ha convertido en Balor Beimeann, "Balor el de los golpes" — constituye el terror de los niños. Era un guerrero que vivía en la isla de Tory, antiguamente Torinis. Esta isla está situada al noroeste, en el océano Atlántico, pero a corta distancia de Irlanda. Allí es donde los evemeristas de cierta época situaron la residencia de los Fomoré, adversarios de la raza de Nemed, y la torre de Conann, en el intento de tomar la cual fue aniquilada dicha raza. Así pues, el Balar —o, más exactamente, el Balor— popular moraba en Tory, tal como lo hiciera el temible Conann de los manuscritos épicos.

Tenía un ojo en medio de la frente y otro en la parte posterior del cráneo. La mirada de este último era mortal, por lo que Balor lo mantenía permanentemente oculto y sólo lo descubría cuando quería desembarazarse de algún enemigo. De ahí que en Irlanda se use la expresión "ojo de Balor", suil Baloir, para dar a entender lo que en castellano llamamos "mal de ojo". Es el ojo cuya mirada, según el relato de la batalla de Mag Tured, hiere de muerte a Nuadu, rey de los Tuatha De Danann.

Un druida le predijo a Balor que sería muerto por su nieto. En este caso, el druida desempeña el mismo papel que el oráculo en la leyenda griega de Acrisio y Perseo. Como Acrisio, Balor sólo tenía una hija que se llamaba Ethné, o Ethniu, genitivo Ethnenn, según la antigua ortografía de este nombre. Tal es el nombre que en el siglo XI le atribuye el "Libro de las conquistas" a la hija de Balar. Como vemos, dicho nombre había permanecido vivo en la tradición popular. En Grecia, Ethné se llamaba Dánae.

Para desmentir la predicción del druida y no ser muerto por su nieto, Balor resolvió actuar de manera que ese nieto no llegara a existir jamás. Encerró a su hija en una torre inexpugnable construida en la cima de una roca casi inaccesible cuyo extremo se perdía entre las nubes y cuya base era azotada por las olas en la costa oriental de la isla de Tory. Aún hoy se muestra esa torre a los curiosos, y se la llama la gran Torre, Tor mor. Allí relegó Balor a la bella Ethné, dándole por compañeras y guardianas a doce mujeres cuya misión consistía en impedir que se acercara hombre alguno e incluso que Ethné llegara a sospechar que en este mundo existían hombres.

Ethné permaneció prisionera largo tiempo y se convirtió en una mujer de cumplida belleza; y, fieles a su consigna, sus compañeras jamás le hablaron de hombres. Sin embargo, desde lo alto de su torre, Ethné veía pasar navíos a menudo; y observó que esos navíos eran conducidos por seres humanos que no tenían exactamente el mismo aspecto que las mujeres que la rodeaban. Más de una vez pidió que le explicaran ese misterio, pero sus discretas compañeras se negaron a complacerla.

Hasta aquí, la tradición popular irlandesa coincide con la leyenda griega de Acrisio y Perseo y con el relato que, en el siglo XI, nos ofrece la tradición erudita irlandesa conservada por el "Libro de las conquistas". La torre situada en las costas de Irlanda donde se dice que Ethné fue encerrada por su padre es idéntica a las habitaciones de muros reforzados de bronce1 donde, según el relato griego, el rey Argos retuvo prisionera a su hija Dánae. Pero

una vez llegados a este punto, en el cuento que repite el pueblo irlandés encontramos intercalada una leyenda originariamente ajena al mismo: se trata de la que ha

proporcionado a la mitología griega el combate de Heracles contra Gerión, el del triple cuerpo.

Sabemos que Gerión es un personaje de tres cabezas1 e incluso tres cuerpos2 que poseía

un rebaño de vacas. Vivía junto con su rebaño en una isla situada más allá del Océano, y mantenía encerradas a sus vacas en un establo oscuro. Heracles lo derrotó y se llevó las vacas.3 Heracles es una personificación del sol y las vacas representan los rayos de ese

astro, mantenidos en la oscuridad por el dios de la noche y liberados al amanecer por el dios solar cuando el astro del día, hasta entonces privado momentáneamente de su brillo diurno, se alza luminoso sobre el horizonte. La fábula de Heracles y Gerión pertenece tanto a la mitología griega como a la latina, en la cual Gerión recibe el nombre de Caco. Pero volvamos a la leyenda irlandesa.

En el cuento popular irlandés, y conforme con la tradición antigua, hasta ese punto de la narración Balar personifica a la noche; pero de ahí en adelante y durante cierto tiempo, debido a una de esas alteraciones frecuentes en las literaturas populares modernas, va a confundirse con el dios del día y desempeñar el papel del semidiós griego Heracles.

En la costa irlandesa que se enfrenta a la isla en cuestión vivían juntos tres hermanos: Gavida, Mac Samhthainn y Mac Kineely, el primero de los cuales era herrero, mientras que el tercero tenía una vaca a la que llamaban Glas Gaivlen (o mejor Glas Goibhnenn), es decir, la vaca "azul del herrero". Su leche era tan abundante que despertaba la envidia de todos los vecinos; muchas veces trataron de robarla, por lo que era necesario vigilarla continuamente.

Fácil resulta reconocer al triple Gerión en los tres hermanos; y, si bien las vacas de aquél, en este caso, han sido reducidas a una sola, ésta produce, en compensación, una prodigiosa cantidad de leche. Balor quiso apoderarse de esta vaca maravillosa. Hasta entonces había adquirido fama mediante numerosas hazañas: había capturado varios navíos, había encadenado a muchos guerreros vencidos y sus expediciones a la vecina costa de Irlanda le habían procurado abundante botín. Pero le faltaba algo: poseer la Glas Gaivlen, la vaca azul del herrero.

Para conseguirla recurrió a la astucia: se presentó en la forja en el momento en que la vaca era guardada por uno de los tres hermanos, quien cometió la imprudencia de confiar en Balar y dejar el cabestro de la preciosa vaca en manos de este ambicioso sin escrúpulos que, rápido como el relámpago y tirando de la vaca por la cola, regresó a su isla. Penetró en ü; ella por el puerto que hoy se llama Port na Glaise, "el puerto

de la Azul". En este relato aparece un rasgo perteneciente a la leyenda romana de Caco. Caco, desdoblamiento de Gerión, arrastra las vacas de Heracles por la cola.4

Mac Kineely, el propietario de la vaca, quiso vengarse de Balor. Guiado por los consejos de un druida y un hada, se disfrazó de mujer y el hada lo llevó en alas de la tempestad hasta el otro lado del estrecho que separaba su morada de la isla donde vivía Balor. El hada se detuvo con él sobre la cima de la roca donde se elevaba la torre en que vivía prisionera la hija de Balor, la bella Ethné, y habló así: Vengo acompañada de una noble dama a la que he

rescatado de las manos de un hombre tan cruel como audaz que la había arrancado de su familia. Vengo a pedirte asilo para ella. Las guardianas de Ethné no se atrevieron a ignorar el

pedido del hada, quien penetró en la torre con Mac Kineely y sumió en un sueño mágico a las doce matronas. Cuando despertaron, tanto el hada como su pretendida compañera habían desaparecido. El hada se había elevado por los aires con Mac Kineely y lo había trasladado fuera de la isla, hasta la costa opuesta, por la misma ruta aérea que emplearan para llegar a ella. Así pues, al despertar, las doce matronas encontraron sola a Ethné; pero ésta, como Dánae, estaba encinta.

1 . Hesíodo, "Teogonia", verso 287.

2 ;. Esquilo, "Agamenón", verso 870. Según Apolodoro. "Biblioteca", libro II, c. V,

sec. 10, par. 2, esos cuerpos habrían estado reunidos por su parte media, compartiendo un vientre común. "Fragmenta historicorum graecorum", t. I, p. 140.

3 Hesíodo, "Teogonia", versos 287-294.

4 Cauda in speluncam tractos, versisque viarum Indiciis raptos, saxo occultabat opaco.

Sus guardianas le dijeron que la visita del hada y su compañera sólo había sido un sueño, y le recomendaron que no se lo mencionara jamás a Balar. Pero, pese a tales recomendaciones, el noveno mes tocó a su fin; y, fenómeno poco común, Ethné dio a luz tres hijos. Desde luego, fue imposible ocultarle este hecho a Balar, quien se apoderó de ellos y mandó que los envolvieran en una sábana sujeta con un alfiler y los arrojaran en un abismo marino. Para alcanzarlo era preciso que la persona a la que se le confió esta misión atravesara un pequeño golfo; y justamente cuando lo surcaba, el alfiler se desprendió de la sábana y cayó al agua junto con uno de los niños. Cuando el portador de la carga llegó al abismo, en la sábana sólo quedaban dos niños. Así pues, los ahogó y volvió donde Balar, quien creyó que su despiadada orden había sido debidamente cumplida.

¿Qué se hizo del niño caído en el golfo? Antes de responder a esta pregunta, diremos que todavía hoy se muestra el lugar donde se dice que se produjo este accidente, lugar conocido como "Puerto del alfiler", Port-a-Deilg. Cuando el alfiler se desprendió y el niño cayó al agua, allí se encontraba, invisible, el hada a la que debía su nacimiento, la cual lo tomó en sus brazos, se elevó por los aires, atravesó el estrecho, ganó la costa de Irlanda y llegó a la morada de Mac Kineely, a quien entregó el recién nacido a la vez que le informaba que se trataba de su hijo. Mac Kineely confió la criatura a su hermano Gavida, el herrero, quien la crió y le enseñó su oficio.

Entretanto, Balor creía haber derrotado al destino; pero no había perdonado la injuria infligida a su hija y que recaía sobre él mismo. Cuando supo por su druida el nombre del culpable, decidió vengarse. Un día atravesó el estrecho con una tropa de guerreros y sorprendió a Mac Kineely. Lo tomó por los cabellos, mientras que otros guerreros sostenían los pies y manos del desdichado, imposibilitado de defenderse. La cabeza de Mac Kineely, extendido sobre una piedra blanca, fue cortada por Balor: su sangre corrió sobre la piedra y trazó vetas rojas que todavía hoy se muestran a los curiosos, y que, según los campesinos irlandeses, constituyen testimonios irrecusables de ese lúgubre y antiguo episodio. Se la llama piedra de Neely, por abreviatura de piedra de Kineely. Da nombre a dos parroquias; y, en 1794, un anticuario local, sin cambiarla de lugar, la hizo colocar sobre un pilar de dieciséis pies de altura: a sus ojos, constituía uno de los más respetables y serios monumentos de la historia irlandesa.

Pero volvamos a Balor. La muerte de Mac Kineely había borrado de su espíritu cualquier huella que pudiera quedar de la pena provocada por el parto de Ethné. Su felicidad era completa y ninguna nube turbaba el claro cielo de sus esperanzas. Gavida, hermano del desdichado Mac Kineely, se había convertido en herrero suyo; y, desde luego, Balor no sabía que uno de los tres hijos de Ethné había escapado de la muerte, y que ese hijo era el joven obrero que ayudaba a Gavida. Era preciso que se cumpliera la profecía del druida, y ese joven era quien debía materializarla matando a su abuelo. El joven sabía muy bien lo que Balor ignoraba: que era hijo de Mac Kineely y que éste había perecido a manos de Balor. Visitaba a menudo el lugar donde se había cometido el asesinato; sentía correr sus lágrimas y no regresaba a su casa sin haber jurado vengar a su padre.

Un día Balor fue a la forja. Gavida estaba ausente y el joven obrero se encontraba solo. Balor se puso a conversar con él y le contó sus hazañas, sin omitir el asesinato de Mac Kineely, del que se jactó como si se tratara de una de sus proezas más honrosas. Había llegado el momento que los decretos del destino fijaran para la venganza. El joven herrero sintió hervir en sus venas la sangre de su padre. Estaba junto a la fragua, donde unas barras de hierro enrojecían a la espera del golpe del martillo. Tomó una y, golpeando a Balor por detrás, introdujo el hierro candente en el ojo mágico habitualmente cerrado que sólo se abría para aniquilar a los infortunados a quienes alcanzara su mirada. Balor cayó: estaba muerto. Así como en Grecia Perseo mató a su abuelo Acrisio, también el joven herrero mató al suyo, y ese acontecimiento justificó la profecía del druida igual que el otro confirmara la predicción del oráculo griego; y en Irlanda, además, se satisfizo a la justicia, ya que el crimen cometido por Balor al matar a Mac Kineely fue legítimamente castigado. Como se puede ver, en este cuento que nos ha conservado la tradición aparecen dos de los nombres propios contenidos en los monumentos del siglo XI: el de Balar, hoy Balor, y el de su hija Ethniu, hoy Ethné. Pero parece que los narradores populares han olvidado cómo se llamaba el joven

matador de Balor. Por nuestra parte, ya hemos visto que ese joven fue Lug, el Hermes griego, el Mercurio grecorromano; en fin, uno de los Tuatha De Danann.

8.

Los tres obreros de los Tuatha De Danann y los tres Cíclopes de Zeus según