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RESEARCH METHODOLOGY AND DESIGN

3.5 DATA ANALYSIS

3.5.1 Coding qualitative data

Los temas doctrinales contenidos en el libro de Job son muy variados, además de fundamentales por su centralidad teológica. Entre estos temas se encuentran: la concepción de Dios como Creador y Señor de la historia, la acción inescrutable de la providencia divina, la relación entre creación y redención, entre justicia y sabiduría divinas, entre responsabilidad y retribución, el significado del sufrimiento del justo, los límites y el carácter fragmentario del conocimiento humano, la relación entre el camino de fe y el conocimiento humano, etc. Se comprende por todo esto la significativa imagen utilizada por san Jerónimo al inicio de su comentario al libro de Job: «Explicar a Job es como tener en la mano una anguila o una pequeña morena: cuanto más fuerte se la

aprieta, más rápido escapa de la mano». La gran armonía de motivos y contenidos humanos y espirituales de la obra, además de la problemática fundamental que plantea sobre la justicia divina y el sentido de la vida ante lo absurdo del sufrimiento, es lo que define, en último término, no obstante, el perfil del libro de Job y da testimonio de su profundidad teológica. En nuestro estudio nos acercamos a estos dos temas, que recorren de un modo especial toda la obra: el sufrimiento del justo y la cuestión de la relación entre la justicia y la sabiduría divinas.

a) El sufrimiento del justo

Indudablemente, uno de los argumentos centrales del libro de Job es el problema de por qué Dios permite el sufrimiento del justo[31]. Ante este enigma, tanto en el ámbito de la literatura veterotestamentaria como en el de las antiguas tradiciones extrabíblicas, habían surgido un variado número de respuestas, con una cierta validez, algunas de las cuales aparecen también en el libro de Job, en boca de uno u otro de los protagonista. En los textos bíblicos encontramos respuestas como las siguientes: el sufrimiento representa el castigo por el pecado (Jb 4, 8), es fuente de corrección moral (Jb 33, 14-24), sacrificio expiatorio vicario (Is 52, 13-53, 12), medio de conversión (Is 1, 25.26; 48, 10), de purificación (Sal 66, 10), camino necesario en la realización de los planes divinos (Gn 50, 20), realidad que, si es bien acogida, es premiada con la vida eterna en Dios (Sb 2-3) y otros más. El libro de Job, en cuanto tal, a pesar de no explicar el significado último del dolor y del sufrimiento, ofrece un enfoque que podríamos llamar pedagógico: Dios permite el sufrimiento del justo para acrisolar su virtud y para que su rectitud se demuestre verdadera y auténtica. Este es el motivo que aparece en el prólogo del libro. Dios permite que Job sea tentado para demostrar que su virtud no era interesada (como insinuaba Satanás) ni se apoyaba en motivaciones instrumentales debido a que todo le iba bien y no tenía dificultades que superar (cf. 1, 6-11; 2, 3.5). En este sentido, el libro de Job evidencia, en el marco veterotestamentario en el que se sitúa, que si ocasionalmente el sufrimiento puede ser consecuencia de un castigo cuando está ligado a la culpa, sin embargo, no todo sufrimiento es efecto de una culpa ni debe ser entendido como consecuencia de un castigo.

Esta enseñanza no era, ciertamente, del todo nueva, pues formaba parte de la tradición deuteronomista, así como también de la historia patriarcal. En Dt 8, 2.16, la actuación de Dios en relación al pueblo de Israel durante la dura marcha del desierto es interpretada como una prueba con la que Dios quiso mostrar la fidelidad de Israel, principalmente, ante la propia mirada de la nación: «Acuérdate de todo el camino que Yahvé tu Dios te ha hecho andar durante estos cuarenta años en el desierto para humillarte, probarte y conocer lo que había en tu corazón: si ibas o no a guardar sus mandamientos». Y en la historia de Abrahán, Dios prueba la fe y la obediencia del patriarca pidiéndole que sacrificase a Isaac, el hijo de las promesas (Gn 22, 1). Abrahán obedece, mostrando así la fuerza de su fe, que permanecerá en la historia bíblica como modelo paradigmático a imitar (cf. Si 44, 20; Rm 4, 1-25). En el libro de Job emerge de

modo especial esta doctrina relacionada con el sufrimiento del justo, constituyendo el argumento central de la obra: los padecimientos y aflicciones que sufre Job, en efecto, sirven para poner en evidencia su rectitud ante los que le acusaban, en primer lugar, ante Satanás, al permanecer fiel en medio de las contradicciones (cf. 1, 21-22; 2, 10), y así exclama: «Desnudo salí del seno de mi madre, y desnudo volveré a él. Yahvé me lo ha dado, y Yahvé me lo ha quitado: Bendito sea el nombre de Yahvé». El redactor añade: «En todo esto, Job no pecó ni profirió nada indigno contra Dios».

b) La justicia y la sabiduría divinas

La situación descrita en el libro de Job pone en evidencia un segundo tema de gran importancia: la justicia inescrutable de Dios, que va más allá de toda lógica humana[32]. De hecho, el más profundo sufrimiento de Job parece residir en lo incomprensible de su situación. No son las tragedias familiares o los dolores físicos los que producen una crisis en su espíritu, ya que en esto Job da prueba de una insuperable integridad y de una fe desinteresada, como se lee en el prólogo. Lo que se pone a prueba es la fe en un Dios justo. El lamento de Job, como muestran los soliloquios (27, 1-23; 29-31), es causado, sobre todo, por el conflicto íntimo que en él se genera entre lo amargo de su situación y su fe irremovible en la justicia de Dios. Él cree con una fe inquebrantable que Dios gobierna de un modo justo todo con sus leyes, restableciendo la justicia cuando es necesario. En esta convicción, Job concuerda con sus amigos, los cuales, sin embargo, deducen consecuencias excesivamente rígidas a partir de la posición retribucionista. Lo que Job no consigue explicarse es por qué Dios parece haberse olvidado de su lealtad, por la que siempre le bendecía, y se muestra indiferente ante su desgracia, faltando, al parecer, a su compromiso de fidelidad. ¿Por qué el Altísimo no muestra su justicia? Job no llega a entender la actuación de Dios y, por esto, proclama con dolor su inocencia.

El largo silencio de Dios ante sus peticiones parece confirmarlo. Este silencio, casi culpable a los ojos de Job, lo empuja a pronunciar la célebre apología, en la que confiesa sin fisuras su inocencia: «¡Ojalá que alguien me escuchara! ¡He dicho mi última palabra! A Shadday le toca responder. El libelo que haya escrito mi adversario ¡juro que sobre el hombro lo llevaré, ceñido como una diadema! Le daría cuenta de mis pasos, me acercaría a él como un príncipe» (31, 35-37). Solo al final, en su teofanía, Dios dará una respuesta, aunque no ligada a una visión legalista de la grandeza divina. Al responder a Job, Dios muestra la limitación de la capacidad humana para entender los misterios de la creación y, por tanto, de modo indirecto, la incapacidad de la inteligencia humana para comprender los más elevados designios divinos referidos a la salvación de los hombres. No obstante, con sus palabras, Dios guía a Job para que acepte su sufrimiento, que no es un signo de lejanía por parte de Dios, sino un misterio que debe ser aceptado con actitud de humildad y confianza (Jb 33, 1-13.31-33). El sufrimiento tiene un lugar preciso en los planes divinos de salvación, aunque el hombre no sea capaz de entender todo su significado. En el momento de la prueba se pide la confianza en Dios y en su sabiduría infinita. Por ello encontramos en el libro de Job una llamada a vivir en la escucha de la

sabiduría divina, porque todo coopera al bien de los que aman a Dios (cf. Rm 8, 28). Ciertamente, a pesar de ser una nueva etapa de la revelación sobre la doctrina relacionada con el sentido del sufrimiento, el libro de Job deja todavía un vasto espacio de sombra. El sufrimiento se presenta como lugar de encuentro del hombre con Dios y consigo mismo, encuentro que crea vínculos estrechos entre la criatura y el Creador; se presenta también como una prueba que sirve para mostrar la fidelidad y rectitud del justo, que por eso mismo llega a ser un intercesor privilegiado ante Dios a favor de sus semejantes (Jb 42, 8). Pero todo esto, en el contexto general de la revelación, muestra todavía contornos débiles e imprecisos. La respuesta definitiva sobre el significado del sufrimiento y de la aparente ocultación de la justicia divina ante el dolor será dada por Cristo, que revelará el sentido del misterio, haciéndonos descubrir su valor a la luz de la sublimidad del amor divino. El amor de Dios es, en efecto, la respuesta más adecuado a la pregunta sobre el sentido del dolor; respuesta dada por Dios al hombre en la Cruz de Cristo. La «cruz, síntesis del dolor y del sufrimiento, no es solo un lugar de encuentro entre Dios y el hombre, sino medio de comunión de la divinidad con la humanidad de Cristo, hombre-Dios. Es prueba de fidelidad del Verbo hecho hombre al proyecto salvador del Padre e instrumento de salvación del “sufrimiento definitivo: la pérdida de la vida eterna, el ser rechazado por Dios, la condenación”. Por último, es sobre todo “epifanía” del amor de Dios, “el amor infinito tanto del Hijo unigénito como del Padre, que por esto entrega a su Hijo. Este es el amor hacia el hombre, el amor por el mundo: el amor salvífico”»[33].

BIBLIOGRAFÍA ESENCIAL

Job

ALONSO SCHÖKEL, L. - SICRE DÍAZ, J. L., Job, Cristiandad, Madrid 1983.

BIZZOTTO, M., Il grido di Giobbe. L’uomo, la malattia, il dolore nella cultura

contemporanea, San Paolo, Cinisello Balsamo 1995.

BONORA, A., Dio e l’uomo sofferente. Riflessioni sul libro di Giobbe, Paoline, Cinisello

Balsamo 1990.

FEDRIZZI, P., Giobbe (SB), Marietti, Torino 1972.

FESTORAZZI, F., Giobbe, en AA.VV., Il messaggio della salvezza. V. Gli «Scritti»

dell’Antico Testamento, LDC, Leumann (TO) 1990, 55-83. LÉVÊQUE, J., Job et son Dieu (EtB), 2 voll., Gabalda, Paris 1970.

MAGGIONI, B., Giobbe e Qohelet. La contestazione sapienziale nella Bibbia, Cittadella,

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MARTINI, C. M., Avete perseverato con me nelle mie prove. Riflessioni su Giobbe,

Piemme, Casale Monferrato 1990.

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1994, 143-179.

RAVASI, G., Giobbe, Borla, Roma 1984.

SCAIOLA, D., Giobbe, en BONORA, A. - PRIOTTO, M. y coll., Libri Sapienziali e altri

scritti (Logos 4), LDC, Leumann (TO) 1997, 57-70. VIRGULIN, S., Giobbe (NVB), Paoline, Roma 1980.

NOTAS

 1 Este es el tema principal del libro según la mayoría de los comentadores; cf., por ejemplo, M. H. POPE, Job,

LXXIII-LXXXIV; D. J. A. CLINES, Job 1-20, xxxiv-xxxvii; N. C. HABEL, The Book of Job, 60-69; G. RAVASI,

Giobbe, 50-107; E. WIESEL, Personaggi biblici attraverso il midrash, Assisi 1978, 189-211.

 2 Una breve panorámica en G. RAVASI, Giobbe, 170-180. Para el pensamiento de san Gregorio Magno, B.

CALAT I, La lettura di Giobbe secondo Gregorio Magno, en ÍDEM (ed.), La provocazione di Giobbe, 55-63.

Sobre santo Tomás, cf. L. PEROT TO, Tommaso d’Aquino.Commento al Libro di Giobbe, Bologna 1995. Cf.

también M. PERRAYMOND, La figura di Giobbe nella cultura paleocristiana, tra esegesi patristica e

manifestazioni iconografiche, «Pontificio Istituto di Archeologia Cristiana», Ciudad del Vaticano 2002.

 3 Cf. en particular el comentario tipológico de san Zenón de Verona, Tract. 15, 2. El texto se lee en la liturgia de las horas del sábado de la semana VIII del tiempo ordinario. San Zenón, escritor eclesiástico del s. IV, oriundo

de África, Mauritania o Numidia, llegó a ser obispo de Verona después de haber realizado estudios en Cartago.

 4 Sobre esta y otras opiniones con respecto al nombre de Job, cf. M. H. POPE, Job, 5-6; D. J. A. CLINES, Job 1-

20, 10-11.

 5 Respecto a los problemas textuales, cf. M. H. POPE, Job, xliii-l y la bibliografía citada en D. J. A. CLINES, Job

1-20, xci-xciii.

 6 Sobre la versión griega de Job, cf. J. ZIEGLER (ed.), Septuaginta. Iob (Vetus Testamentum Graecum XI, 4),

Vandenhoeck und Ruprecht, Göttingen 1982.

 7 Cf. The Targum of Job. The Targum of Proverbs. The Targum of Qohélet (The Aramaic Bible 15), texto preparado por C. MANGAN [Job], J. F. HEALEY [Proverbios], P. KNOBEL [Qohélet], T. & T. Clark, Edinburgh

1991.

 8 Cf. W. E. AUFRECHT, Aramaic Studies and The Book of Job, en ÍDEM (ed.), Studies in the Book of Job,

Waterloo (Ont.) 1985, 54-66.

 9 Sobre la estructura del libro de Job, cf. especialmente G. FOHRER, Zur Vorgeschichte und Komposition des

Buches Hob, VT 6 (1956) 249-267; G. RAVASI, Giobbe, 18-29; J. L. SICRE, Introducción, en L. ALONSO

SCHÖKEL - J. L. SICRE, Job, 36-55.

10 La ubicación de Uz en el territorio de Edom, además de los nombres idumeos de los amigos de Job, encuentra un fundamento en Gn 36, 28; Jr 25, 20 y Lm 4, 21, en donde se menciona Uz como nombre de persona o como ciudad o localidad idumea. En lo que se refiere a la región aramea de Hauran, las opiniones se basan en Gn 10, 23; 22, 21; 2 Cro 1, 17 (donde Uz es nombre de persona) y en una afirmación de Flavio Josefo (Ant. Jud. 1, 6, 4).

11 Cf. G. RAVASI, Giobbe, 284-286.

12 Cf. A. NICCACCI, Ma la sapienza, da dove giunge? (Gb 28), en BONORA, A. - PRIOT TO, M. e coll., Libri

Sapienziali e altri scritti, 281-287.

13 Cf., en particular, G. FOHRER, Zur Vorgeschichte und Komposition des Buches Hob, VT 6 (1956) 249-267; J.

L. SICRE, Introducción, 63-68; D. J. A. CLINES, Job 1-20, lvi-lvix. Una reseña de las teorías sobre la relación

entre el prólogo y el diálogo poético en Y. HOFFMAN, The Relation Between the Prologue and the Speech-

Cycles in Job, VT 31 (1981) 160-170.

14 Cf. J. LÈVÊQUE, La datation du livre de Job, en VTS 32 (1981) 206-219; J. L. SICRE, Introducción, 68-79.

15 Un estudio de los arameísmos del libro de Job en N. H. SNAIT H, The Book of Job. Origin and Purpose,

London 1968 (19722), 104-112. Un hecho curioso es que el libro de Job introduce, a veces, una palabra aramea en paralelo con el término hebreo (cf. 16, 19; 39, 5; 40, 18), o usa el término arameo en lugar del hebreo (3, 25; 5, 22; 15, 17; 16, 22; 30, 3.6). Este fenómeno se extiende a la sintaxis.

16 Cf. M. H. POPE, Job, xxxi.

17 Esta opinión fue defendida por H. GESE, Lehre und Wirklichkeit in der alten Weisheit, Tübingen 1958, 70-78.

18 Cf. G. RAVASI, Giobbe, 33-40; J. L. SICRE, Introducción, 79-83.

19 Entre otros, L. Hirzel, A. Dillmann, F. Hitzig y G. Hölscher.

20 Este género literario, difundido en el mundo sapiencial mesopotámico, posee una estructura formada de prólogo, epílogo, debate propiamente dicho y teofanía, en la que se resuelve la cuestión debatida (cf. J. J.-A.

Job fue especialmente defendida por H. Richter (Studien zu Hiob, 1959) y hoy la proponen algunos comentaristas, entre los que se encuentra D. J. A. Clines. Estudiosos como G. von Rad (Sabiduría en Israel, 264), no obstante, han rechazado con decisión la pertenencia de Job al género literario de debate. Como afirma V. Morla Asensio, la negativa por parte de algunos comentadores a aceptar el género de disputa legal para Job se basa en la constatación de que, aunque Job desea ardientemente poder afrontar ante un tribunal a su acusador, al final, precisamente a causa del desarrollo literario del libro, pierde la esperanza de obtener esa posibilidad (Libros sapienciales y otros escritos, 153-154).

21 Así C. WEST ERMANN, Der Aufbau des Buches Hiob, Stuttgart 1956 (1978) 27-39.

22 Opinión frecuente en autores del siglo XVIII y defendida en particular por J. F. GENUNG, The Epic of Inner Life

being the Book of Job, Boston 1891, 20-29. Genung, sin embargo, reconocía que no había que interpretar el término «epopeya» en sentido estricto, tanto porque la obra carece de acción externa como porque en ella aparecen elementos propios de los géneros dramático, didáctico y dialógico.

23 Esta opinión ha sido atribuida a Teodoro de Mopsuestia. En época reciente fue defendida por H. M. Kallen, estudioso americano que publicó en 1918 un ensayo titulado The Book of Job as a Greek Tragedy restored. Esta hipótesis, sin embargo, ha sido rechazada por la mayor parte de los estudiosos (Lowth, Merx, Jastrow, Peters, De Wilde, etc.).

24 Cf., en particular, S. G. F. BRANDON, The Book of Job, its Significance for the History of Religions, en

«Religion in Ancient History», New York 1969, 180-192; J. GRAY, The Book of Job in the Context of Near

Eastern Literature, ZAW 82 (1970) 251-269; D. COX, The Triumph of Impotence. Job and the Tradition of

Absurd, Roma 1978; G. RAVASI, Giobbe, 128-161; J. L. SICRE, Introducción, 21-36.

25 Cf. ANET 589-591.

26 Cf. ANET 596-600. El texto, descubierto por S. Landerdorsfer, ha llegado a nosotros en una redacción del siglo VII a.C., muy fragmentaria.

27 Cf. ANET 438-440.

28 Cf. ANET 437-438. La obra ha llegado hasta nosotros en una versión de comienzos del primer milenio a.C. Está compuesta por diez escenas de longitud desigual.

29 Se trata de 156 líneas escritas sobre un papiro conocido como «papiro de Berlín 3024». De modo análogo al libro de Job, un prólogo y un epílogo en prosa enmarcan el cuerpo central, que presenta la forma de un soliloquio poético (cf. ANET 405-407).

30 ANET 407-410. El poema nos ha llegado en 131 líneas fragmentarias de difícil lectura.

31 Cf. P. FEDRIZZI, Giobbe, 15-60; A. MAT T IOLI, Le ultime ragioni dell’esistenza del male e della sofferenza nel

libro di Giobbe, en La Sapienza della Croce oggi, Torino 1976, III 157-187; J. LÉVÊQUE, Sofferenza e

metamorfosi. Una lettura del libro di Giobbe, «Communio» 6/33 (1977) 4-16.

32 Cf. G. VON RAD, Sabiduría en Israel, 247-261; G. RAVASI, Giobbe, NDTB, 641-643; A. BONORA, Giustizia,

NDTB, 719-722.

33 M. M. ZANGHERAT T I, Il problema della sofferenza nella «Salvifici doloris», Frigento (AV) 1990, 73-74. Entre