RESEARCH METHODOLOGY AND DESIGN
3.2 RESEARCH DESIGN
3.4.1 Pilot study
a) Diferencias entre la parte en prosa y la parte en verso del libro
No hay duda de que existen diferencias temáticas y literarias dentro de las diferentes secciones del libro de Job, lo que ha motivado una variada gama de teorías sobre el
origen y formación del libro. Las principales diferencias se pueden resumir, básicamente, en dos: la imagen diversificada que ofrece de Dios, un Dios dialogante y cercano en el prólogo, y un Dios soberano, majestuoso y poderoso en la sección de los diálogos poéticos; y la que ofrece de Job, un Job paciente y humilde en el prólogo, y un Job rebelde en la sección de diálogos, que ante su desventura reclama una respuesta coherente por parte de Dios. Otras diferencias se refieren, sobre todo, al uso del nombre divino y al tema principal de la obra. Respecto al nombre divino, mientras que en las secciones narrativas, es decir, en la introducción y el epílogo, recurre el nombre de «Yahvé» (23 veces), dicho nombre aparece solo 6 veces en la sección poética (12, 9; 38, 1; 40, 1.6; 28, 28). Las secciones narrativas, por otra parte, nunca utilizan los nombres divinos ’El, ’Eloah y Shadday, que la parte poética menciona, respectivamente, 55, 41 y 31 veces. Sobre el tema principal del libro, la sección narrativa subraya, sobre todo, la rectitud y la paciencia de Job, por el contrario, en los diálogos, el tema que emerge es el sentido de la existencia humana, del dolor y de la providencia divina. Estas anomalías han planteado la necesidad de llevar a cabo un examen detenido de la historia redaccional del libro.
b) Historia de la redacción
No existe un acuerdo entre los estudiosos sobre el autor, la fecha de composición, el lugar de origen y las fuentes utilizadas en el libro de Job[14]. Se considera, generalmente, una obra compuesta, escrita durante un largo período de tiempo, lo que habría permitido la unificación de las diferentes partes. El texto definitivo habría sido obra de un escritor con capacidades literarias muy elevadas. Comúnmente se piensa que el estrato más antiguo lo formaban el prólogo (1, 1-2, 13) y el epílogo (42, 7-17), los únicos escritos en prosa. Sucesivamente se habrían añadido los diálogos de Job con sus tres amigos (3-27; 29-31) y la teofanía con la retractación de Job (38, 1-42, 6), tal vez, hacia los siglos VI-V;
a continuación, la intervención de Elihú (32-37), durante el postexilio, y, por último, el himno a la sabiduría (c. 28). El libro habría adquirido, probablemente, su forma canónica definitiva hacia el siglo V a.C.; ciertamente, durante el postexílico y como muy tarde
antes del 250 a.C. Quienes aceptan sustancialmente esta reconstrucción están de acuerdo, sobre todo, en el aspecto secundario de la intervención de Elihú, que separa la apología de Job del c. 31 de la respuesta divina del c. 38 y que no sigue la estructura tripartita de las otras intervenciones. Además, Elihú no recibe respuesta alguna, ni de Job ni de Dios, ni añade nada sustancialmente nuevo a lo que ya habían dicho los otros amigos de Job. Otras hipótesis literarias son consideradas más discutibles.
El cuadro general que acabamos de trazar necesita todavía ser precisado con algunas observaciones. Si nos atenemos a la lengua del libro, el colorido arameo que posee parece exigir una redacción, al menos parcial, durante el período de florecimiento del arameo, es decir, a inicios de la época postexílica, a fines del siglo VI o durante la primera
mitad del siglo V. También parece situar el libro en el período postexílico la crítica que se
presente en otros libros sapienciales de época tardía (cf. Sirácide). Sin embargo, la obra presenta en su conjunto un claro fondo patriarcal, premosaico: no existen, por ejemplo, referencias a los elementos característicos de la religión mosaica y de la reforma deuteronomista (sacerdocio, culto centralizado, etc.), siendo los sacrificios ofrecidos por Job mismo o por sus amigos en un lugar poco definido (1, 5; 42, 8); emergen elementos de vida seminómada, como el hecho de que la riqueza se mida en rebaños y esclavos (1, 3; 42, 12). El marco narrativo y temático revela, además, como aclararemos más adelante, un paralelismo sorprendente con la antigua literatura sumeria, egipcia, mesopotámica y cananea, en particular, de Ugarit, del 2000 a.C. Podemos señalar, por último, que el hecho de que el profeta Ezequiel, en el siglo VIII a.C., recuerde la figura de
Job junto a Noé y a un cierto Danel (14, 14.20), conocido a través de la literatura cananea, hace pensar en la existencia de una epopeya muy antigua sobre el personaje y las vicisitudes de Job; epopeya que habría experimentado remodelaciones sucesivas hasta adquirir su forma actual.
c) Coherencia interna de la obra
A pesar del complejo trabajo redaccional que la obra supone, esta no carece de una cierta coherencia interna, en la que las diferentes partes se relacionan armónicamente constituyendo una unidad temática articulada y diferenciada, en la que cada episodio encuentra un contexto preciso de lectura. El estudio de la historia redaccional permite, por su parte, profundizar en las grandes líneas del proceso de maduración religiosa del pueblo de Israel, que, guiado siempre por Dios, experimentó, a lo largo de su recorrido histórico, la asperidad del camino que conducía a la comprensión del misterio de Dios y del sufrimiento.
El primer estrato –prólogo y epílogo–, que presenta la historia de Job, su prueba, su fidelidad sin límites y su recompensa, con la multiplicación de los bienes perdidos, expresa bien la idea de retribución, según la cual, el justo, puesto a dura prueba, si se mantiene fiel, no dejará de experimentar aun en esta vida terrena la bendición de Dios (no necesariamente traducida en bienes materiales), que premia a quienes le son fieles.
La parte escrita en poesía –el diálogo de Job con sus amigos y la teofanía– habría sido incluida para afrontar una situación religiosa más compleja. El autor de esta segunda fase, utilizando como marco la unidad precedente, habría querido problematizar la rígida corriente de la sabiduría tradicional, contraponiendo al principio simplista de la retribución terrena (la de los amigos de Job), la experiencia de un hombre justo y la realidad de un Dios personal, misterioso e insondable en sus designios y en su actuación, que no se deja definir ni como contable del universo ni como juez vinculado rígidamente por una ley al modo humano. Dentro de esta óptica más amplia es donde el autor ha querido situar el problema del mal, sin rechazar del todo, no obstante, la doctrina tradicional encerrada en el primer estrato. La conservó en su obra, porque contenía un importante núcleo de verdad: la esperanza de que la actuación recta recibe su premio y
que el sufrimiento no es el destino final del hombre justo, ya que al final, el amor de Dios y la salvación se manifestarán plenamente. Job se convierte así en símbolo de la esperanza para el creyente.
La inclusión de la tercera unidad parece haber sido motivada del deseo de incluir en el libro un nuevo intento de respuesta al problema del mal, que, quizá durante ese período, se había introducido en la reflexión sapiencial de Israel: la explicación de que el mal es un medio que Dios utiliza para la educación y purificación del corazón del hombre, impío o justo. En el libro así formado se habría añadido, por último, el capítulo 28, un poema que puede leerse de modo independiente al resto de la obra, pero que la completa proponiendo una tesis radical: la doctrina del temor de Dios como único camino hacia la verdadera sabiduría e inteligencia, tema que pondrá de relieve la literatura sapiencial bíblica de los últimos siglos. Precisamente por este motivo, muchos comentadores consideran que el capítulo 28 de Job es obra de un escritor tardío.
5. CARACTERÍSTICAS Y GÉNERO LITERARIO
El libro de Job une con gran habilidad, aunque no sin contrastes, el marco narrativo formado por el prólogo y el epílogo con el diálogo poético contenido en el cuerpo central de la obra. El marco narrativo sigue un recorrido claro y lineal, que atrae la atención debido a su expresividad, su colorido y el creciente dramatismo. El diálogo poético se mueve, a su vez, con gran maestría en el terreno de la poesía hebrea. Se trata de una composición poética enriquecida con los más variados recursos de la retórica: paralelismos, sobre todo sintéticos, que hacen progresar las ideas, quiasmos (20, 2-3), asonancias (16, 12), onomatopeyas (41, 10), repetición de términos en posiciones significativas (como, por ejemplo, “maqôm”, lugar, en 28, 1-23), himnos (c. 28, en el que se asiste a un progresivo desvelarse de las ideas), juegos de palabras, metáforas tomadas del mundo vegetal y animal, etc. En su conjunto se detecta la presencia de muchos elementos lingüísticos arameos, más numerosos que en ningún otro libro del Antiguo Testamento. Por esta razón y por las peculiaridades filológicas que presenta el libro considerado en su unidad, se ha pensado en un original arameo que el traductor hebreo habría respetado lo más posible[15].
Con respecto al género literario, la investigación actual se muestra indecisa a la hora de indicar un género literario específico, y tiende a considerar el libro de Job una obra única en su género, que posee en parte las características de todas las diversas formas literarias que se le han atribuido, debido a que cada uno de los posibles autores parciales utilizó una gran variedad de procedimientos formales: didascálico, dramático, épico, lírico, etc.[16]. Muchos aceptan, también aquellos que admiten la existencia histórica del protagonista, que la obra pertenece sustancialmente al género sapiencial[17], con la inclusión de textos de género dramático y lírico, presentes, sobre todo, en la exposición en diálogo, que habría tenido por finalidad presentar, a través de los diferentes interlocutores, el problema del sufrimiento del justo, planteando diversas soluciones.
Según otras hipótesis[18], el libro de Job sería un poema didáctico que expone una convicción religiosa[19]; una obra perteneciente al género «diálogo/debate» y, concretamente, de disputa judicial[20]; un escrito asimilable al género de lamentación o lamentación dramatizada[21]. Quienes admiten el género de controversia o disputa legal subrayan la preeminencia del carácter judicial: la apelación al juez (13, 1-28; 16, 18-21; 19, 21-29), la sentencia (42, 7-16) y la declaración de sometimiento del acusado (40, 1- 5; 42, 1-6), que se desarrolla en la obra, especialmente en los últimos capítulos. Quienes incluyen Job en el género de lamentaciones, argumentan apelándose a la continuidad del libro con la tradición sálmica, caracterizada por la súplica del justo que, acusado y perseguido, se dirige a Dios para poner en él su confianza (cf. 3, 1-26; 10, 1-22; 13, 20- 27).
Un menor consenso han recibido quienes han clasificado la obra en el género de epopeya[22] o de drama al estilo griego[23]. Quienes incluyen la obra en el género sapiencial subrayan que el diálogo entre Job y sus amigos ilumina el debate sobre la insuficiencia de la sabiduría tradicional, completándolo con una reflexión sobre la inaccesibilidad de la sabiduría y un discurso sobre los misterios escondidos en la creación (36, 1-41, 26).