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Calendar instruments and the retrieval of events from autobiographical memory

4.2. Aim of the study

4.3.4. Coding scheme and method of analysis

Cuando el habla y el pensamiento se unen, aparece un tipo especial de habla, llama- da por Vygotsky habla privada, la cual es audible, pero se dirige a uno mismo y no a los demás. Contiene información y comentarios autorreguladores. Es el tipo de recurso que los mayores emplean cuando enfrentan una tarea difícil de pasos múltiples. Nos hablamos a nosotros mismos en voz alta: “Lo primero es poner el cable rojo en el con- tacto rojo; luego el cable verde debe encajar en el lugar marcado con un punto ro- jo…”. Los niños pequeños también hacen esto, aunque con mayor frecuencia que los mayores. Por ejemplo, Susana juega en la computadora y dice: “Debo moverlo aquí y luego acá, ¡ups!, después arriba…”, conforme desplaza el ratón para mover un ca- mioncito por un laberinto en la pantalla. Hugo, de dos años, se dice a sí mismo: “Ana- ranjado-amarillo, anaranjado-amarillo…” mientras separa dados en grupos.

A diferencia del habla pública, que comunica con los demás, suele ser abrevia- da y condensada. El habla privada parece egocéntrica, como si al niño no le impor- tara ser entendido. Vygotsky señala que este egocentrismo no es una deficiencia del habla sino un indicador de otra función del habla a esta edad. El habla privada no necesita ser completamente explícita, puesto que sólo debe ser inteligible para el ni- ño. El niño tiene un sentido intuitivo de la audiencia interior.

Ésta es el habla que Piaget (1923/1926) denominó habla egocéntrica, a la que se- ñaló sobre todo durante los monólogos colectivos en los que varios niños juegan juntos. Para Piaget, el habla egocéntrica refleja el nivel preoperacional de pensamiento, cuando el niño tiene una visión del mundo y no puede adoptar simultáneamente

otras perspectivas. En los monólogos colectivos, los niños sostienen al mismo tiempo, cada uno, una conversación dirigida a sí mismos, sin importar si se entiende lo que ex- presan. Con la maduración, este tipo de habla desaparece y cuando el niño alcanza la etapa de operaciones concretas, es remplazado por el habla social normal. Para Piaget no hay relación entre el habla egocéntrica y la autorregulación (Zivin, 1979).

En una serie de experimentos, Vygotsky (1934/1987) demostró que el monólo- go colectivo no es totalmente egocéntrico sino también social por naturaleza. La fre- cuencia del habla era mayor en situaciones grupales que cuando los niños estaban solos. Si el habla fuera totalmente egocéntrica, el índice permanecería igual, sin im- portar cuántos niños estuvieran cerca. Vygotsky sostiene que los monólogos colectivos y, al parecer, el habla egocéntrica son formas de emergencia del habla privada. Esta habla privada temprana tiene manifestaciones exteriores y es autodirigida, pero pue- de parecer similar al habla comunicativa. El habla privada no desaparece con la edad —de acuerdo con Vygotsky y en oposición a lo que afirma Piaget—, sino que se vuel- ve menos audible, conforme se mueve gradualmente al interior de la mente y se con- vierte en pensamiento verbal. En los niños pequeños, el habla que se utiliza en la comunicación y la que se utiliza en el habla privada no se distinguen fácilmente y su- ceden simultáneamente en el mismo contexto. El habla pública y la privada se sepa- ran gradualmente en dos vertientes distintas en los niños mayores y en los adultos.

Según Luria (1969), el habla privada ayuda a los niños a hacer su conducta más de- liberada. En una serie de experimentos, Luria descubrió que las instrucciones genera- les no tienen efecto en la conducta de los niños de tres y tres años y medio; como respuesta a la instrucción “Aprieta el botón dos veces”, los niños lo hacen cualquier can- tidad de veces. Sin embargo, cuando a estos niños se les enseña a decir: “Aprieta, aprie- ta” y esta habla privada se coordina con la acción, ellos consiguen regular su conducta. He aquí otro ejemplo. El señor Pérez levanta la mano y dice a los niños de preesco- lar: “Cuando baje la mano, brincan”. Todos comienzan a brincar incluso antes de que él prepare la mano. El resultado es diferente cuando dice: “Vamos a decir todos juntos ‘uno, dos, tres, brinca’, y brincamos cuando digamos ‘brinca’”. Los niños dicen jun- tos las cuatro palabras, y todos brincan solamente cuando dicen: “Brinca”. Repetir rít- micamente las palabras ayuda a los niños a inhibir los brincos a destiempo.

Un maestro también puede utilizar el habla privada para ayudarle a un niño con sus rabietas. Éric, de cuatro años de edad, hace una rabieta casi todos los días en la fila del almuerzo porque no es capaz de esperar su turno. Cuando entra al salón del almuerzo, su maestro ensaya con él lo que va a suceder. “Te vas a parar en la fila, va- mos a contar cuántos hay antes de ti, luego vas a recibir una cuchara, un tenedor y tu co-

mida, y te vas a sentar”. El maestro asesora a Éric y lo anima a que repita en voz alta lo

que van a hacer, tendiendo un dedo, luego dos, y luego tres, para las tres acciones que debe recordar. Cuando llegan a la fila del almuerzo, los dos, el maestro y Éric, seña- lan “uno” con el dedo índice y el maestro oye a Éric decir: “Párate en la fila”. Enton- ces hacen la señal “dos” mientras Éric dice: “Cuenta”. Juntos cuentan: “Faltan dos personas para llegar al turno de Éric... Falta una persona para el turno de Éric... El turno de Éric”. Luego hacen la señal de “tres” y Éric dice: “Tomo mi tenedor, mi cu- chara y la comida, y me siento”. Tras una semana, Éric necesita pocos recordatorios fuera de las señales con los dedos y no hay rabietas en el salón del almuerzo. Tres se- manas después el maestro ya no interviene. Unas veces Éric hace las señas con sus dedos para ayudarse, pero no siempre las necesita.