2.8 Managing Strategy in a Turbulent Business Environment
2.8.3 Collaborative Relationships and Environments
La literatura infantil, de igual forma, es un concepto problemático, polémico y cuestionado, difícil de definir. Algunos críticos como Juan Cervera (1998) lo han definido como toda manifestación y actividad que tiene como base la palabra con la finalidad de interesarle al niño como destinatario final de las obras. No se piensa únicamente al niño como consumidor de libros, sino como un protagonista activo que vincula sus lazos con la cultura, ya que para Cervera, la función de la literatura infantil es encontrar respuestas a las necesidades del niño.
Autores como Eliseo Diego manifiesta que “la literatura para niños debe aspirar a convertirse en literatura de los niños” (citado en Alonso, 2008, p. 23), es decir que mientras la literatura infantil sea escrita por adultos seguirá siendo literatura para niños,
y no de los niños, evidenciando un cambio en la concepción de los niños como lectores receptivos únicamente, que revelan una necesidades especiales que deberán ser satisfechas y pensadas por la literatura para ganar más lectores infantiles, ocupando una posición diferenciadora en la literatura en general.
Por su parte Teresa Colomer (1999) cita tres funciones indispensables de la literatura infantil:
(…) 1. iniciar el acceso a la representación de la realidad ofrecida a través de la literatura y compartida por una sociedad determinada; 2. Desarrollar el aprendizaje de las formas narrativas, poéticas y dramáticas a través de las que se vehicula el discurso literario; y 3. Ofrecer una representación articulada del mundo que sirve como instrumento de socialización de las nuevas generaciones (p. 15).
Esto sirvió para definir unas reglas que deberían tener los libros y cuentos para niños, como ser sencillos, con pocas palabras y comprensibles, dirigido a cierta edad y responder a los intereses de esa edad. Y algunos temas son censurados, como la muerte, la crueldad, la sexualidad por pertenecer al mundo de los adultos, y se quisiera mantener el mundo infantil alejado de esos temas. Allí aparece la discusión frente la dualidad fantasía y realidad, para algunos el mundo de los ogros, brujas, hadas y bosques encantados podría ser peligroso, y el realismo propiciaría espacios para reconocer problemáticas propias, y surgen así, innumerables cuentos disfrazados de realistas.
Montes (2001) define la literatura infantil como un “campo aparentemente inocente y marginal donde, sin embargo, se libran algunos de las combates más duros y más reveladores de la cultura” (p. 17) y hace mención a la literatura infantil como un universo de palabras particulares, con reglas de juego propias, y con un discurso particular mediado por el adulto escritor que se dirige a los niños, seguramente desde una concepción e imagen de infancia y de niño que para Montes (2001) es importante definir,
Una característica fundamental de la literatura infantil es, que es un conjunto de obras dedicadas a lo infantil, al niño. Y este niño es una edad biológica y es una construcción social. En base a estos dos factores, y quizá más al segundo, es a esa imagen creada a quien hablamos, a quien se le escribe (p. 25)
De este modo, la literatura infantil encierra, por un lado, el sentido dado en el texto por el autor, y por otro, el que construye el lector a partir de su experiencia, conocimientos y presaberes. Montes (1999) precisa sobre el lugar de la literatura infantil instalada en la
frontera indómita. Y es la reflexión sobre el lugar que han ocupado en la vida de las personas los cuentos, la ficción y la literatura, ya que en las familias promedio de las escuelas, es en la etapa de la infancia donde tienen la oportunidad de disfrutar los mundos imaginativos.
La frontera, que alberga la literatura infantil, debe permanecer indómita, es decir, que no caiga bajo el dominio de la pura subjetividad, ni de lo absolutamente exterior. Y es allí, donde la educación puede contribuir al ensanchamiento o no de esta frontera donde habitan las palabras, las rimas, la poesía, la literatura. Que en el ámbito escolar debe ser un hacer independiente, puesto que posee sus propias reglas y su propio espacio.
En el mercado editorial y en los géneros clasificados como literatura infantil se puede encontrar una gran variedad de libros con ilustraciones, pero el libro álbum posee unas características particulares que lo diferencian del libro ilustrado o el libro de imágenes. Así, el libro álbum se reconoce porque en él coexiste un diálogo entre el texto y la ilustración, en el que la imagen ocupa un espacio importante en cada una de las páginas y donde no se puede prescindir de ellas para la construcción del sentido de la historia.
El libro álbum está catalogado dentro del género de la literatura infantil cuya característica primordial es la utilización de dos códigos, la imagen y el texto, para contar la historia. En este sentido vemos que lo esencial en el funcionamiento de un libro-álbum, es el establecimiento de una relación entre texto e imagen. La imagen, como diría Escarpit (2002), debe ser una imagen de comunicación que tenga una función activa (no sólo descriptiva sino narrativa), la naturaleza del libro álbum es bipartita, y palabra e imagen están en constante interacción para brindar al lector un espectáculo coordinado. Si cada una se mostrara por separado, sería muy difícil captar el sentido total del libro.
El origen del libro álbum es dado bajo los intereses contemporáneos sobre los lenguajes visuales, la imagen y el diseño, ya que requiere del uso y juego de recursos técnicos y otras artes para su elaboración, como la plástica, la fotografía, la pintura, el collage, entre otros. Por tanto, las características y la modalidad de lectura, como lo
explica Díaz (2007), establecen una tensión dinámica que conviven en una misma página, que puede variar de formato, tamaño, acabados, papel, etc.
[...] el libro álbum se define como un libro donde intervienen imágenes, textos y pautas de diseño gráfico. [...] se reconoce porque las imágenes ocupan un espacio importante en la superficie de las páginas; ellas dominan el espacio visual. También se reconoce porque existe un diálogo entre el texto y las ilustraciones o lo que puede llamarse una interconexión de códigos. [...] Debe prevalecer tal dependencia que los textos no puedan ser entendidos sin las imágenes y viceversa (Díaz, 2007. p. 92-93).
Atendiendo a esas consideraciones, es importante destacar el valor que tienen los elementos materiales del libro álbum en la construcción de sentido del texto y que se presentan previos a la lectura del mismo, refiriéndose Díaz (2007) a las guardas como
ese elemento que funciona como vestíbulo del libro, son esas páginas que funcionan como bisagra entre la tapa y el cuerpo del libro, cubren la portada y contraportada, ya que proponen elementos que anticipan mediante indicios la historia, ayudan a crear una atmosfera para el desarrollo perceptivo. Así se asegura que ningún elemento introducido en el libro álbum es gratuito “todo elemento es un signo, todo elemento tiene un valor” (p. 99).
Así, el libro álbum, es un género en construcción como lo declara Colomer, El álbum se ha desarrollado en un espacio nuevo, sin tradición anterior en la literatura infantil e incluso sin tradición anterior en la literatura de los adultos. Ello le ha obligado a experimentar con las reglas y a fijar sus propias pautas. La falta de tradición ha permitido entonces que los álbumes incorporaran con mayor rapidez y facilidad que otros géneros los nuevos temas y características artísticas de la cultura actual (Colomer, 1996, p. 30).
Aunque, su desarrollo ha sido sobresaliente en el campo de la literatura, tanto que ya se cuenta con textos y autores destacados y reconocidos dentro del género, tanto en la escritura como la ilustración de los mismos, por destacar algunos: Sendak, Van Allsburg, Shaun Tan, Kveta Pacovská, Rébecca Dautremer, Anthony Browne y David Mckee, en Colombia nos encontramos con Ivar DaColl, Isol, María Paula Bolaños, Rafael Yockteng y Jairo Buitrago, entre otros autores más.
Sin duda, la experiencia de lectura que posibilita el libro álbum rompe con la tradicional, donde la lectura de la palabra escrita se ordena en secuencias y es lineal, ya
que la lectura de la imagen exige una lectura espacial, definida por el lector, quien decide qué ver primero y qué después, la imagen invita a detenerse, a fijarse en detalles, a descubrir signos, esta capacidad no debe ser menospreciada en los niños, ya que su constante contacto con el mundo audiovisual, la televisión, el cine, la publicidad, ha permitido un desarrollo perceptivo a cualquier propuesta visual.
Es por esto que para Díaz (2007) “el libro álbum es un género en construcción en el sentido que aún no han sido agotadas las posibilidades de significación de sus elementos visuales. Aún no se han sellado la calidad y los modos de relación entre el texto y las ilustraciones. Aún se siguen pidiendo préstamos a otros formatos visuales, a otras tecnologías donde la imagen lleva más tiempo elaborando una gramática propia (p. 107).
Dentro de este marco, el libro álbum contemporáneo puede dirigirse a diversas edades, aunque es el niño su receptor potencial, posee una dimensión semántica donde se registra el contrapunteo del código textual y visual, siendo una de las características más sobresalientes. De esta forma, en el libro álbum “debe prevalecer tal dependencia que los textos no pueden ser entendidos sin las imágenes y viceversa” (Díaz, 2007, p. 93). Así, los vacíos que presenta el texto escrito son llenados por la imagen y viceversa, pero también por el lector, quien es el encargado de llenar los intervalos de sentido en el tejido que realiza de los dos códigos lingüísticos, de esta forma se reclama el rol constructivo del lector, quien debe ser capaz de asegurar una participación activa en el proceso de lectura.
Existe una evidente relación entre la palabra y la imagen en los libros álbum. Esta relación es problemática pues se encuentran en una sola obra, y por el contrario de lo que se piensa, ambos códigos han de complementarse en la pluralidad de sentidos que le otorga el lector. Así, analiza la relación entre el lenguaje icónico y el lenguaje lingüístico, ya que la contribución de la ilustración ha sido fundamental al despertar la afición por la lectura. Díaz (2008) estima las siguientes relaciones entre el texto y la ilustración:
Dependencia Quiere decir, sin más, ‘sometimiento’ al texto:
a) Redundancia que puede deberse a la falta de destreza del ilustrador, pero que también puede ser una opción estilística; refuerza algún aspecto del texto.
b) Adición a la ilustración es, a menudo, amplificadora y sobre informativa: Añade ideas y propuestas del ilustrador o de éste en coordinación con el autor.
c) Colaboración o interdependencia: grado de dependencia o, mejor, de interdependencia entre los lenguajes verbal e icónico.
Contradicción Se refiere a la reunión de dos versiones opuestas de la historia presentadas al mismo tiempo por la ilustración y el texto lingüístico que la acompaña, versiones que ponen de manifiesto una actitud irónica por parte del autor. Desde la lógica de la representación, la palabra afirma mientras que la imagen muestra. Admitimos, así pues, que la imagen tiene también una función narrativa. En la contradicción con intención irónica, en cambio, texto verbal e imagen están situados en niveles distintos de la diégesis. En un álbum, la contradicción entre lo que el texto dice y lo que las ilustraciones muestran obliga al lector a construir el sentido de la obra reuniendo y contrastando ambas piezas.
Sustitución La desaparición absoluta de la palabra en una historia contada mediante imágenes.
Se suscribe en el libro álbum la importancia de la lectura imágenes como un elemento constitutivo de significado y que puede ser leído e interpretado, así con la lectura del libro álbum se desecha la idea erudita de que la lectura tiene que ver exclusivamente a la decodificación del código alfabético del texto escrito, y donde el lector leer diversos signos, lee el mundo, los rostros, las pinturas, las imágenes, etc.
También, Arzipe & Morag (2003) hacen hincapié en el estudio de la interacción entre el texto escrito y la imagen en el libro ilustrado, donde cada uno, texto e imagen, es creado con una intención estética particular. Pero requiere de una lectura y relectura, que los niños están en capacidad de hacer y disfrutar, pues saben que entre más veces lean el mismo libro lo comprenderán en su totalidad. Asimismo, la televisión y al internet a dado apertura a la lectura de otro tipo de textos distintos al escrito, por tanto, las prácticas de lectura cambian a su vez.
Para esto, se contempla a Díaz (2007) quién recurre al modelo de la triada semiótica por Charles Sanders Pierce donde se expone la relación que existe entre una imagen, su referente y su interpretante, donde dicha teoría explica el hecho de que cada persona activa su interpretación cada vez que observa una imagen de acuerdo a la información que ya posee. Pierce define tres unidades (ícono, índice, símbolo) a las que Díaz añade dos más (informantes y enganche):
Icono: es el referente real, la reproducción fiel de la realidad o el objeto que recrea desde la interpretación del sujeto y carga cultural.
Índice: no se refiere directamente al referente de realidad, sino que lo insinúa. Vincula una estrategia que es la anticipación, da las claves para inferir aquello que va a suceder en la historia.
Símbolo: se refiere a formas más amplias y abiertas de significación que están presentes en toda la trama. Por ejemplo, el simbolismo del color, el uso de formas, luz o perspectiva, entre otros.
Informantes: son elementos que dan cuenta de una información importante para la contextualización de la historia, aquellas unidades que dan información acerca de la edad del personaje, del estado del tiempo, etc.
Enganche: esta unidad Díaz la asemeja a un hipervínculo de internet, que sirven como conexión a los distintos planos de la historia y unifica el relato (Díaz, 2007, p. 34).
Al mismo tiempo, se retoma el concepto de metonimia que describe Bajour (2010) para hacer referencia a una característica esencial del libro álbum refiriéndose a lo dicho, o no, por el texto y lo dicho, o no, por la ilustración, para la construcción conjunta de sentidos; donde se revela gradualmente una sorpresa a través de elementos introducidos en la imagen. Lo que pretenden es mantener el interés, la atención de los lectores. La metonimia es la sustitución de un término por otro que guarda con el primero una relación de contigüidad, la significación se desplaza de un término a otro con el que tiene una relación que es vista como natural. Un ejemplo sería cuando en el libro álbum se encuentran figuras incompletas que se completan en las páginas siguientes, de esta forma se completa el sentido y se corrobora una hipótesis del lector.